miércoles, 10 de enero de 2018

Raíz olvido. Jesús Cárdenas y Jorge Mejías

 
 
 
 
Raíz olvido
Jesús Cárdenas y Jorge Mejías
Mclein y Parker, 2017
 
 
Lo primero que llama la atención de Raíz olvido, además de su sugerente título, sobre el que nos detendremos más adelante, es, sin duda, su bellísima presentación pues nos encontramos con una verdadera edición de coleccionista, la editorial, Mclein y Parker, no ha escatimado en detalles para hacer de este poemario una exquisitez para los amantes de la lírica y de la pintura pues son dos los autores que firman el presente libro, el poeta Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaira, Sevilla, 1973) y el artista Jorge Mejías (Sevilla, 1967). No es para menos dado que ambos han unido su talento para regalarnos un libro que, de entrada, es una delicia por la calidad del papel y lo hermoso del diseño, que hacen de Raíz olvido un libro realmente apetecible, que se puede degustar con más de un sentido.

Raíz olvido es el número 4 de la colección Clemátide de textos ilustrados, y el noveno poemario de Jesús Cárdenas, un poeta tan prolífico como riguroso, que desde hace unos años nos viene entregando con regularidad poemarios de calidad, por citar los más recientes: Mudanzas de lo azul (2013), Después de la música (2014), Sucesión de lunas (2015) y Los refugios que olvidamos (2016).

Desde el propio título se ahonda en aquello que rehuye todo artista que se precie, esa vorágine del tiempo que engulle las cosas y los hechos, que amenaza a la memoria en nombre de la nada más voraz que conocemos. En el propósito de huir de esa nada se afanan los autores ofreciendo lo mejor de sus respectivas trayectorias, con la esperanza de dejar una honda huella tras su paso a través de un lenguaje tan simbólico como abstracto, capaz de superar nuestra mera condición de “sedimento”: «pétalos / fieramente voraces que se fugan / una vez que, voraces, se han velado».

Con Raíz olvido Jesús Cárdenas da un paso firme en ese camino ascendente que el poeta sevillano se ha trazado, confirmando una envidiable madurez creativa. Se acompaña esta vez del pincel de su paisano Jorge Mejías, que en este trabajo se expresa con su característico estilo, entre el vanguardismo y el expresionismo.

El libro cuenta, además, con una prologuista de excepción, Ana Gorría, que introduce sabiamente al lector en un libro que nos seduce gracias a la perfecta simbiosis entre las ilustraciones y los poemas, a la «trabazón lírica entre palabras e imágenes», entre ambos ponen en marcha una sinfonía de trazos y versos en tres movimientos o partes, con títulos significativos: “En busca del instinto”, “Llamaradas en lo metálico” y “Lo confuso, la tensión”. No sabemos muy bien si los dibujos de Jorge Mejías ilustran los poemas o los poemas de Jesús Cárdenas dan voz a los dibujos pues raras veces se alcanza un nivel de afinidad y compenetración tan brillante como el que podemos disfrutar en Raíz olvido.

Las citas iniciales de Francisco Basallote, mentor del autor, José Ángel Valente y Masaoka Shiki dan paso a una “Advertencia” que es toda una declaración de intenciones:

No se sale indemne de aquí.
Todo lo verdadero tiene un coste.

¿Seguro que deseas abrir esta puerta?

Puede que halles tallados nuestros nombres.

Jesús Cárdenas nos ofrece treinta y ocho poemas de ritmo imparisílabo donde se suceden imágenes deslumbrantes, algunas, como las raíces y el río, serán recurrentes a lo largo de todo el poemario por su marcado simbolismo. En la dicotomía entre el arraigo y la fugacidad de las aguas fluyentes se mueve el discurso del poeta y la paleta de Mejías, que conjuga los tonos cálidos, telúricos, como la «superficie rojiza», con los fríos, acuosos, como «el azul profundo añil». Otra imagen elocuente es el espejo, donde todo fluye y donde se siembra la duda que nos hace efímeros.

Pero si hay un discurso que prevalece es el existencial, son muchos los poemas donde Jesús Cárdenas reflexiona sobre lo que somos: «desnudos y pequeños», buscando un horizonte perdurable en «las orillas del sueño» para huir del abismo silencioso, del «vacío de la vida». Son numerosos los temas que la pluma del autor apuntala para salvarse del naufragio, de las «dudas tormentosas» que «nos hacen cuestionarnos lo que somos».

Podemos argüir que todo el poemario es una lucha eminentemente lírica contra el tiempo y sus efectos venideros. Mientras llega el ocaso Raíz olvido nos propone seguir gozando con el tacto, con la vista y con el pensamiento.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
 



martes, 9 de enero de 2018

El infierno empapelado de José Donoso. Una lectura de "El obsceno pájaro de la noche"

 
 
 
 
Artículo publicado en el Numéro 11 - juin 2017 de la Revue des Sciences du Langage de la Faculté des Lettres et des Langes de la Université Ammar Telidji de Laghouat, Algérie.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
Valencia – España
 
 
 
Una historia personal del “Boom”

El obsceno pájaro de la noche es una de las novelas más memorables de aquel fenómeno narrativo conocido como “Boom”, que José Donoso (1924-1996), autor de la novela, conoció tan bien pues no sólo fue uno de sus grandes protagonistas, sino también uno de sus mejores estudiosos, publicando en 1972 el célebre ensayo Historia personal del “Boom”, que como muy bien reza el título es una visión subjetiva, un testimonio a medio camino entre lo autobiográfico y lo anecdótico, donde Donoso relata sus inicios como escritor y sus encuentros con Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, autores que, como veremos, lo marcarían profundamente.

En El obsceno pájaro de la noche se dan cita una galería de personajes humanos deformados por una realidad grotesca que los animaliza, así pues el escritor chileno exhibe todo un bestiario de seres que se mueven en los contornos de una realidad extrema, la del Chile de la época, inserto en un contexto socio-político muy problemático y que a la postre habría de tener una violenta consecuencia tras la caída de Salvador Allende (1908-1973) y el advenimiento del régimen dictatorial de Augusto Pinochet (1915-2006). Una situación que el autor podía prever y que, sin duda, influencia el carácter esperpéntico de los personajes, como esperpéntica fue la gestación de la novela, pues como declara el propio autor fue un episodio de esquizofrenia provocado por una alergia a la morfina durante su internamiento forzado por unas úlceras el que finalmente le permitió terminarla tras ocho años de trabajo demorado por graves angustias que le obligaron a interrumpir su escritura en no pocas ocasiones, tal vez por lo ambicioso y complejo de su trama, deviniendo en “un infierno empapelado”. (1)

Gestada en un entorno tormentoso que a la postre provocaría la salida del escritor de Chile, no sólo por el desbordamiento de su propio trabajo en la novela, cuya vorágine le obligaba a acumular ingentes materiales, la inmensa mayoría sin orden ni concierto, sino también por el ambiente asfixiante que inundaba el país, que le ahogaba hasta el extremo de decidir abandonar su tierra con motivo de un congreso internacional de escritores en Chichén-Itzá, México, en 1965, organizado por la Inter-American Foundation for the Arts (IAFA). De ahí se trasladaría con su mujer a España, a la costa catalana, en concreto a Sitges, con algunas estancias en Estados Unidos, sobre todo en la Universidad de las Montañas Rocosas, en Colorado, para impartir talleres de creación literaria.

Este tormento, este tour de force con su propia obra hace que cuando El obsceno pájaro de la noche ve por fin la luz en 1970, en la editorial Seix Barral, el movimiento en el que se inserta se encuentre en plena efervescencia y sus autores fundacionales hallan dado ya a la imprenta sus obras más significativas: el colombiano Gabriel García Márquez y Cien años de soledad (1966), el argentino Julio Cortázar y Rayuela (1967), el mexicano Carlos Fuentes y La muerte de Artemio Cruz, el peruano Mario Vargas Llosa y La ciudad y los perros (1963), así pues José Donoso viene a sumarse a esta pléyade con una obra que inicia el período epigonal de dicho movimiento, en una línea similar a la del peruano Alfredo Bryce Echenique y su novela Un mundo para Julius, aparecida en el mismo año. Lo que nos motiva a hablar de un “Boom” antes y después de la gran novela de Donoso. Si Coronación (1957) está considerada la última novela galdosiana de Hispanoamérica, con ese final apoteósico que da título al libro, Casa de campo (1978) supondría la última entrega verdaderamente importante, a la par con El otoño del patriarca (1978) de Gabriel García Márquez, del “Boom”, que su compatriota Antonio Skármeta se encargaría de finiquitar al año siguiente, con la publicación de Soñé que la nieve ardía, inaugurando un nuevo período narrativo que, de acuerdo con Donald L. Shaw (2), daríamos en llamar “Posboom”, en el que eclosionarían toda una serie de autores que dominarán el panorama literario hasta la actualidad, tal es el caso del argentino Ricardo Piglia (Respiración artificial, 1980), de los mexicanos Salvador Elizondo (Elsinore, 1988) y Laura Esquivel (Como agua para chocolate, 1988) y de los también chilenos Isabel Allende (La casa de los espíritus, 1982) y Roberto Bolaño (Los detectives salvajes, 1998).

Resulta curioso constatar que es en este período cuando la figura de la mujer novelista verdaderamente eclosiona, así a las autoras ya citadas podríamos añadir otros nombres importantes, como la argentina Luisa Valenzuela (Cola de lagartija, 1983), la chilena Diamela Eltit (Lumpérica, 1983), la puertorriqueña Rosario Ferré (La casa de la laguna, 1996), la nicaragüense Gioconda Belli (La mujer habitada, 1988) y las mexicanas Ángeles Mastretta (Arráncame la vida, 1986), Carmen Boullosa (Antes, 1989) y Elena Poniatowska (Hasta no verte Jesús mío, 1969). Todas iniciaron su andadura en los años centrales del “Boom”, sin embargo será más tarde cuando su narrativa alcance el lugar de preeminencia que actualmente ocupa, con aportaciones experimentales y lecturas políticas que, en muchos casos, lograrán alcanzar los primeros puestos en las listas de ventas.


Historia de una novela “obscena”

Comencemos rastreando su origen, así Donoso tuvo el primer atisbo de la historia en una calle de Santiago en 1959, cuando vio a un chico deforme vestido de terno en el asiento trasero de un coche de lujo conducido por un chófer privado. A partir de esta imagen, el escritor se sumió en la redacción de la novela, un largo proceso de reescrituras, de frustraciones, que culminó, literalmente, en una dolencia física como consecuencia de ese pájaro que, como declaró el autor en varias entrevistas, le comía las entrañas.

Pero de dónde procede el título, originalmente titulado “El último de los Azcoitía”, José Donoso tomó el definitivo de un fragmento de una carta que Henry James escribió a sus dos hijos mayores: “la herencia natural de cualquiera capaz de desarrollar una vida espiritual es un bosque animado en el que el lobo aúlla y el obsceno pájaro de la noche parlotea”. Una vida espiritual al que aspiran algunos personajes de la novela pero que sólo le es posible desarrollar a la voz narradora, con sus extrañas peripecias. Luego están las siete brujas, las seis viejas y el Mudito, que viven su encierro con estupor y resignación a la espera de un milagro redentor en la figura del niño santo de Inés Mateluna.

No podía, pues, escoger mejor título para la obra, sugerente en extremo, metafórico, evocador, poético, pero de una belleza blasfema, oscura, que sintetiza magistralmente la aspiración del autor de sobrevolar unas vidas condenadas al ostracismo de esas sombras que dominan el caótico espacio que las cobija.
     
En cuanto a los antecedentes de la novela, los podemos hallar en su anterior obra, En el lugar sin límites, una novela corta originalmente publicada en 1966, donde relata la miseria en un prostíbulo de un pequeño pueblo. Con este libro, que fue escrito en plena creación de El obsceno pájaro de la noche, debía cumplir con una deuda pendiente con la editorial chilena Zig-Zag y que le imposibilitaba finalizar la obra que estaba redactando:

creo que una de las razones por las que mi novela grande estaba bloqueada y permaneció así durante tantos años, fue porque la empresa Editora Zig-Zag, propietaria de la revista Ercilla, de la cual durante tantos años fui redactor, me había prestado la suma exorbitante de mil dólares en el año 1960, contra una posible novela aún no comenzada, que yo debía escribir para ellos algún día.

(Historia personal del "Boom")

Buscando finalizar esta obra, se trasladó por tres meses a la casa de Carlos Fuentes en México y en ese ambiente de tranquilidad surgió El lugar sin límites, obra que, precisamente, se desprendió de un capítulo de El obsceno pájaro de la noche. Al final Donoso pudo saldar su compromiso con Este domingo (1966), donde al igual que en Coronación presenta la decadencia de una familia burguesa, pues En el lugar sin límites acabó viendo la luz en México, en la conocida editorial Joaquín Mortiz.

No es difícil imaginar a un Donoso obsesionado con dar forma definitiva a esa enorme amalgama de papeles inconexos que acabarán conformando la novela hasta alcanzar el aura de leyenda por las excéntricas anécdotas que rodearon no sólo su proceso de creación, sino también las circunstancias de su publicación, así debemos comentar que la obra fue postulada al prestigioso Premio Biblioteca Breve, que ya habían ganado Mario Vargas Llosa en 1962 con La ciudad y los perros, y cinco años después su gran amigo Carlos Fuentes por Cambio de piel, ahora “El pájaro”, como la llamaba Donoso, era candidata segura para ganar, pero no obtuvo el premio por una grave crisis financiera sufrida por Seix Barral, que terminó con la salida de Carlos Barral ante las disensiones que habían surgido entre los directivos de la editorial acerca de la gestión de ésta. Finalmente el jurado optó por no adjudicar el premio. Sin embargo, fue puesta en todas las librerías junto a un cartel publicitario, cuya imagen era una jaula abierta. El Premio Biblioteca Breve volvió a otorgarse en 1971, recayendo en Sonámbulo del sol de la cubana Nivaria Tejera.

No obstante, la polémica fue un excelente reclamo publicitario para la novela, que enseguida alcanzó el lugar preeminente que hoy ocupa entre la crítica.


La historia

Una vez trazada esta panorámica, que explicaría el lugar singular, por no decir simbólico, que ocupa la obra, una sucinta sinopsis nos puede dar una idea del alcance social de esta novela, dominada por personajes abyectos, y esta es una de las características principales de Donoso como novelista, su enorme capacidad de inventiva para desarrollar e insertar estos personajes imaginarios en un contexto “real”, el del Chile beato y aburguesado de mediados del siglo pasado, convulsionado por ráfagas políticas de signo contrario.

Así El obsceno pájaro de la noche narra, principalmente, la historia del Mudito, Humberto Peñaloza, un hombre obsesionado por ser alguien renombrado, y Jerónimo de Azcoitía, un millonario y aristócrata incapaz de concebir un heredero para perpetuar su estirpe, personajes cuyas existencias se entrelazan entre sí y, a su vez, con las de una realidad deformada en las voces narradoras del primero de ellos, conduciendo al lector indistintamente atrás y hacia adelante en el tiempo, yendo de escenario en escenario –conventos, casas, mansiones: lugares predilectos de Donoso, para perderle en la incertidumbre y el desconcierto que provoca la ruptura de todo orden lógico del hilo argumental.

La voz que narra esta historia, extravagante las más veces y otras cómica, fluye pues de los labios de Mudito, tal vez el más acabado ejemplo del antihéroe donosiano, en forma de confesión alucinada, en primera, en tercera e incluso en segunda persona, como en un viaje hacia el fin de la noche, es decir, hacia la nada, creando un mundo destinado, por la maldición intrínseca de toda existencia a la finitud, a la pérdida de cualquier posible identidad. Las viejas que pueblan la Casa de la Encarnación de la Chimba y los monstruos de la Rinconada, ilustran cada matiz de la desesperación y cada uno de los ínfimos placeres cotidianos.

En ese ambiente malsano e infecto reside también la madre Benita, nada mejor que la pluma del propio autor para retratarla:

la mirada de la madre Benita no penetra debajo de las camas ni en los escondrijos, es preferible compadecer, servir, permanecer a este lado, aunque eso signifique matarse trabajando como se ha matado usted durante años entre estas viejas decrépitas, en esta casa condenada, rodeada de imbéciles, de enfermas, de miserables, de abandonadas, de verdugos y víctimas que se confunden y se quejan y tienen frío y hambre que usted se desespera por remediar.

Así, durante los veintinueve capítulos que integran la novela asistimos perplejos a los vaivenes de esta troupe en un ambiente religioso que se asemeja más al infierno que al paraíso de las sagradas escrituras.

Pero cuánto hay de fantasía. Aunque fábula desconcertante, no debemos desdeñar un aspecto tan interesante como el de los elementos autobiográficos, que jalonan la novela pues la mayoría de los personajes marginales que la pueblan fueron inspirados por personas que formaron parte de su infancia. Sus páginas son un reflejo de las obsesiones del artista, asediado por la memoria y sus fantasmas. ¿No se podría interpretar el texto como un ejercicio de estilo que en realidad pretende ser un exorcismo literario para ahuyentar esos fantasmas?.

No es “realismo social” lo que encontramos en la novela, sino más bien una “irrealidad” que se mueve en los contornos de la ensoñación y la fantasía, y es precisamente por esa frontera indefinida que sostiene con la realidad, unido a su audacia compositiva, que la obra se inserta de lleno en el período central de un movimiento o generación literaria que habría de marcar un hito muy significativo para la narrativa en lengua castellana.


Las máscaras del antihéroe

Las portadas de las sucesivas ediciones de la novela de Donoso insisten en ese carácter surrealista de sus personajes. A la sobria edición inaugural de Seix Barral le seguirán otras muchas dado el alcance y repercusión de la obra (solo para la tirada de la primera edición se imprimieron 15.000 ejemplares), definida por Luis Buñuel como “obra maestra” y considerada por el prestigioso e influyente crítico literario Harold Bloom como una de las obras esenciales del canon de la literatura occidental del siglo XX (3).

Desde gárgolas a personajes carnavalescos, es el caso de la edición de Alfaguara de 1999, para representar la monstruosidad de unos personajes bizarros que se mueven en ambientes deliberadamente sórdidos. Podríamos enumerar las ediciones más significativas y su peculiar presentación al lector. Ya en la cuarta edición de Seix Barral, de 1974, se presenta con una portada muy sugerente a la par que inquietante: un saco raído cuyas arrugas simulan un rostro deforme. Una forma original a la que seguirían otras más figurativas, como las gárgolas que hemos mencionado anteriormente o aquellas que nos recuerdan a las célebres “pinturas negras” de Francisco de Goya, cuya influencia también podríamos rastrear en algunos pasajes de la novela, sobre todo en la ambientación y en la actitud de ciertos personajes. En la última edición hasta la fecha, la de Debolsillo (Penguin Random House) de 2017, se recrea en este aspecto, con tres máscaras depositadas debajo de una silla donde un huso es custodiado por un personaje disfrazado de médico de la peste negra.

La apariencia exterior de la novela insiste en ese carácter de deformidad de los personajes, que viven recluidos, casi refugiados, de una realidad exterior amenazante, así en las andanzas de Inés Mateluna, la Gina, extramuros, el Mudito teme las posibles consecuencias de exponerse a “los verdugos”, al doctor Azula, “siempre ávido de glándulas y úteros”, en la “noche terrible transcurriendo apaciblemente afuera”.

Esa dicotomía de espacios, el de la burguesía adinerada y el de los bajos fondos, acaban configurando dos círculos dantescos, donde cada uno cuenta con sus propias reglas de juego y con su propia moralidad, del contacto esporádico de ambos deviene el alumbramiento del hijo de Inés, fruto de la relación burlesca entre el Mudito, disfrazado de Gigante, y esa huérfana díscola cuya juventud y vitalidad choca con la vida monacal de las viejas.

En una entrevista Donoso comenta:

En El obsceno pájaro de la noche yo jugué con lo monstruoso, lo esperpéntico, lo negro, lo miserable. Era un tipo de fuga del realismo. Aquí también me escapo de él, a través del artificio. Para mí la fuga del realismo no es lo fantástico, sino lo artificial. Es otra forma de deformación, de irrealidad.

Obsesionado con escribir la gran novela de Chile, como le había vaticinado su amigo Pablo Neruda, José Donoso levanta un edificio novelesco de enorme trascendencia para la evolución del género en Hispanoamérica. Tal vez sea esta, en efecto, esa gran novela chilena a la que su autor aspiraba, pero no en el sentido balzaciano, dickensiano si se quiere, no desde el realismo decimonónico, no como un gran fresco nacional, sino desde la creación de todo un universo propio, desquiciante, opresivo, donde los personajes deambulan aquí y allá como arquetipos de una sociedad abúlica, desnortada, que no es otra que la del Chile de la época. En este sentido resulta cuanto menos curioso el hecho de que el escritor residiera fuera de su país durante prácticamente todo el período de escritura de la novela, viviendo a caballo entre España -Mallorca y Barcelona- y Estados Unidos.

Ese universo tiene su centro en un convento de Santiago de Chile, la Casa de Ejercicios Espirituales de la Encarnación de la Chimba, donde viven:

las cuarenta viejas asiladas, las tres monjas y las cinco huerfanitas, y asistencia de sus propios hijos, nueras y nietas.

Un universo de patios abandonados y puertas tapiadas, un universo desvencijado a punto de derrumbarse, que sus moradores van cediendo poco a poco a la porquería, a la basura, incapaces de adueñarse de las múltiples estancias abandonadas. Un universo que amanece con la muerte, con la descripción del funeral por la Brígida.


La casa

Pero si hay una gran metáfora en la novela esa es, sin duda, la casa, entendida unas veces como espacio mítico, y otras como miniatura de otro espacio mayor pero igualmente cerrado, asfixiante, hostil. Sobre este tema señala el propio Donoso:

Para mí la casa es el espacio donde ocurre la fábula, donde sucede la novela, el lugar de la acción y la pasión, del orden y las reglas, y del catastrófico, aunque a menudo insignificante, advenimiento del caos. Insisto en el tema porque soy, esencialmente, un hombre de casas -tal vez también de ciudades-, rara vez un hombre de paisaje y de campo (...) he sido un hombre condenado a las ciudades, y amante de las ciudades. Y dentro de las ciudades, de las casas; y dentro de las casas, de las habitaciones y las familias.

(Conjeturas sobre la memoria de mi tribu) (4)

Paradójicamente la casa es un espacio inmenso, no del todo conocido, constituido por interminables corredores, plagado de rincones donde se acumula el polvo y la basura, un espacio laberíntico donde aparecen y desaparecen los personajes de forma misteriosa. Tanto o más interesante resulta la distribución interior: pasillos, patios, habitaciones cerradas… recovecos que parecen un trasunto de la esquizofrenia como proyección exterior de la mente de los personajes, de personalidad tan intrincada como el extraño lugar que habitan.

Así la describe Donoso en la propia novela:

Fue, al comienzo, una modesta casa para monjas de clausura que el terrateniente construyó en sus ricas propiedades de la Chimba, al norte de la capital, y que alojaría a su hija durante su vida.

Y más tarde escribe:

Abandonado a las necesidades sin concierto de distintos tiempos, este edificio creció tanto y tan anárquicamente que ya nadie recuerda […] los patios primitivos destinados a encerrar a la hija del fundador.

Como podemos observar, la casa es el espacio sobre el que se sustenta el imaginario de José Donoso, un espacio íntimo con una gran carga simbólica y que posee una estructura estamental, jerárquica. En Donoso la casa no es sinónimo de hogar puesto que no se trata de un lugar cómodo, la inestabilidad de los personajes que la pueblan se plasma en los numerosos recodos que la conforman, hasta el punto de crear una especie de sinergia que solo encuentra parangón en la célebre “Casa tomada” de Julio Cortázar.

Conclusión

Sin duda El obsceno pájaro de la noche es un retablo de las obsesiones donosianas, una obra poblada de fantasmas insertos en un mundo caótico, irracional, onírico, dominado por un tiempo que no sigue un orden cronológico, sino que avanza y retrocede de acuerdo con la pulsión de los personajes, sin duda, todo un desafío a la inteligencia del lector y, ante todo, un reto para el propio autor, que lejos del discurso racional y lineal al uso plantea una novela polifónica, coral, donde se dan cita muchas voces al mismo tiempo y en un mismo espacio cerrado, laberíntico, claustrofóbico.

Tal vez el gran logro de Donoso en esta novela sea el de mostrar que la realidad es más ambigua de lo que nuestros ojos adocenados, cansados de cotidianidad, habitualmente nos muestra pues no hay una sola visión de la misma, ni es tan bella y ordenada. Frente a esa visión errónea, Donoso ofrece otra más oscura, más cruda, menos bucólica porque el infierno solo existe en la tierra.

A pocas obras del “Boom” le cabe tan bien el marchamo de “obra maestra”. En definitiva, una obra clave de lo que se ha dado en llamar “postmodernidad” y que abrió nuevas sendas en la narrativa latinoamericana merced a su complejidad y su inteligencia.




Bibliografía:


- DONOSO, J. El obsceno pájaro de la noche, Biblioteca EL MUNDO, 2001.
- DONOSO, J. Historia personal del “Boom”, Alfaguara, 1999.
- DONOSO, J. El lugar sin límites, Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas, 2005.
- DONOSO, J. Coronación, Salvat, 1983.
- DONOSO, J. Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, Alfaguara, 1996.
- SHAW, D.L. Nueva narrativa hispanoamericana. Boom. Posboom. Posmodernismo, Ediciones Cátedra, Madrid, 2005.
- OVIEDO, J.M. Historia de la literatura hispanoamericana, Alianza Editorial, 2014.
- CORTÁZAR, J. Bestiario, Punto de lectura, 2016.
- Entrevista en el programa “A fondo”, RTVE, por Joaquín Soler Serrano, 1977.


(1) Carlos Droguett (1912-1996). Fue un prolífico novelista y cuentista chileno vinculado a la Generación Literaria de 1938. El reconocimiento internacional le llegó con la publicación en la prestigiosa editorial Seix Barral de Eloy (1960), novela que tuvo un gran éxito y que rápidamente fue traducida a diversas lenguas. Posteriormente publicó 100 gotas de sangre y 200 de sudor (novela, 1961), Patas de perro (novela, 1965), Los mejores cuentos (cuentos, 1967), Supay, el cristiano (novela, 1968), El compadre (novela, 1967), El hombre que había olvidado (novela, 1968), Todas esas muertes (novela con la que obtuvo el Premio Alfaguara en 1971), El cementerio de los elefantes (cuentos, 1971), Después del diluvio (novela teatralizada, 1971), Escrito en el aire (crónicas, 1972), El hombre que trasladaba las ciudades (novela, 1973), Materiales de construcción (ensayo, 1980), y El enano Cocorí (novela, 1986). En forma póstuma se han publicado las novelas Matar a los viejos (2001), La señorita Lara (2001) y Sobre la ausencia (2009). Al otorgarle en 1970 el Premio Nacional de Literatura, el jurado destacó que su renovadora técnica narrativa trascendía los límites del país y le equiparaba con los principales novelistas contemporáneos. Droguett se radicó en Suiza en 1976 a causa de la dictadura militar instaurada por Augusto Pinochet en 1973. Nunca regresó a Chile.

(2) Donald L. Shaw.

(3) Bloom, Harold (1994). «The Chaotic Age: A Canonical Prophecy - Latin America». The Western Canon: The Books and School of the Ages (Nueva York: Harcourt Brace).


(4) José Donoso. Conjeturas sobre la memoria de mi tribu. Alfaguara. 1996. pp. 327