domingo, 9 de julio de 2017

Diversos (Poetas alrededor de Pamplona)

 
 


Diversos (Poetas alrededor de Pamplona)
VV. AA.
Ediciones del 4 de agosto, Logroño, 2017
 
 
Ediciones del 4 de agosto, con sede en Logroño (La Rioja), publica Diversos (Poetas alrededor de Pamplona) en su colección “Planeta Clandestino”, que con su sencilla estética y característico formato alcanza con este volumen su número 191.

Diversos (Poetas alrededor de Pamplona) reúne a ocho poetas que, en efecto, han nacido en Pamplona o en sus alrededores, es decir, en la provincia de Navarra. Ocho autores con una voz singular, propia, que gracias a este libro, en realidad una antología, trasciende el ámbito de lo local para compartir su particular poética, y lo hace en una edición bilingüe castellano-euskera.

Los poemas están precedidos por un oportuno prólogo de Alfonso Pascual Ros, que invita a adentrarse en la obra de estos “ocho poetas, ocho” en “dos lenguas” y de “dos o tres generaciones temporales”, por su alto nivel de compromiso con la vida.

Ocho poetas “con más o menos recorrido poético”, a saber: Beatriz Chivite (1991), Hedor Etxarte (1986), Inaxio Goldaracena (1975), Irati Iturritza Errea (1997), Leire Alonso Allué (1994), Leyre Ochoa Catalán (1993), Luis Garde Iriarte (1961) y Mikel Sanz Tirapu (1977).

Desde la poesía ingeniosa, crítica y precisa de Beatriz Chivite (Pekineko Kea, Metro, Biennale) hasta la poesía experimental y rompedora de Mikel Sanz Tirapu (Mi nombre en tu voz, Esquirlas personales), pasando por la voz firme de Inaxio Goldaracena (Anestesia, Orión), que nos regala el inédito “Instrucciones de vuelo (Aita)”: “El silencio/ es más fuerte en este lugar.”, la obra de estos ocho poetas navarros no dejará indiferente al lector inquieto ávido de nuevas experiencias poéticas.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



miércoles, 21 de junio de 2017

Arqueología de un milagro. Jesús Aparicio González

 
 


Arqueología de un milagro
Jesús Aparicio González
Ruleta Rusa Ediciones, 2017
 
 
Jesús Aparicio González (Brihuega, Guadalajara, 1961) publica su undécimo poemario, Arqueología de un milagro, en Ruleta Rusa, una bella edición con una sugerente imagen de portada de Pablo Aparicio Resco, que combina tres elementos harto significativos: un fósil, un gorrión y las piezas de un puzzle.

Este poemario confirma la madurez expresiva alcanzada por su autor en sus anteriores trabajos, La papelera de Pessoa/ La luz sobre el almendro y La paciencia de Sísifo, ambos publicados por Libros del Aire en 2012 y 2014, respectivamente.

Tras la cita inicial de Basilio Sánchez, que inspira el título y parece definir su aspiración de alcanzar “el milagro fecundo, luminoso, de unas pocas palabras”, nos encontramos con setenta y ocho poemas, sin división en partes.

Inicia el libro un “Prólogo en azul” que es toda una declaración de intenciones: “Ensaya un himno/ que cante a esas nubes que pasaron”. A lo largo del poemario se concitan variados temas, como la piedad en “Volver”: “perdonar es dejar una página en blanco”; la invitación a una tregua con la tecnología y el asfalto en aras de una necesaria reconciliación con la naturaleza en “Las afueras”; o el tiempo y sus adverbios en “Predicciones”: anteayer, hoy, ayer, ahora, mañana. Pero si hay un tema capital ese no es otro que el milagro que engendra el verso, “como germen de trigo”, contra la rutina y el tedio de los días arrancados al calendario. A ese milagro y su origen, los silencios, los papeles en blanco, consagra su escritura para buscar en ellos “una pregunta que desvele quién soy”. El poeta escribe para entender y que le entiendan, con la sapiencia del gorrión, que más cerca del cielo nos observa.

De un lirismo sobrecogedor y bajo una forma aparentemente sencilla, tras la cual se vislumbra un gran trabajo de depuración estilística, Jesús Aparicio González escribe “con el alma en barbecho”, la ventana abierta y la mirada prendida en la tierra de “luz y pájaros”.

Con ritmo sosegado y tono celebratorio, Jesús Aparicio canta con la certeza del mirlo desde la rama de su pensamiento a las cosas cotidianas que, sin embargo, determinan nuestros pasos. Con la hondura de quien camina con la serenidad necesaria para meditar sobre la esencia de las cosas, Jesús Aparicio nos regala su palabra, liberada de alardes expresivos, sin altanerías ni estridencias. Son numerosos los poemas que invitan a esa reflexión, he aquí una bella muestra:

UN SALMO ANTE LA TUMBA DE CAMUS

Dichoso el que ha aprendido sobre la carretera
que sólo hay dos caminos
para los valientes:
el suicidio y la esperanza.

El resto llena
de lágrimas y máscaras
las papeleras.

Jesús Aparicio hace del conocido aserto “menos es más” su santo y seña. Así dice el poeta en la última estrofa del poema que da título al libro y que lo cierra: “Polvo de las estrellas/ que el poema levantan:/ fragmentos de una vida/ que crece si se apaga.”
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 18 de junio de 2017

La poesía en Castellón: anexo

 
 



Con el fin de completar la información vertida en mi artículo “La poesía en Castellón: esplendor y diversidad”, publico el siguiente anexo donde amplio la nómina de autores significativos que ilustran lo mejor de la lírica en la ciudad de la Plana y sus alrededores, poetas emergentes unos, consolidados otros, cuyo quehacer lírico merece, sin duda, ser citado.

Así entre los jóvenes destaca Carlos Loreiro (1987), Premio Nacional de Poesía Joven 2014 por Los poemas de Marcelo Aguafuerte: crónicas para el buey Apis, publicada por Leteo, y los emergentes Carlos eMe y Aitana Molina.


Entre los que ya cuentan con una obra sólida destacan Marcelo Díaz, autor de Mapa de costas, Sin ciel/no y Criar la luz, Rafael Mesado, con los poemarios Samsara y Laberintos, Pasqual Mas i Usó (Biblioteca de guerra) y el cacereño afincado en Castellón Juan María Calles, que con Una figura de barro obtuvo el prestigioso Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández en 2014.


También merece ser citada la intensa actividad de El Pont Cooperativa de Lletres, espacio de encuentro de cooperación y de difusión en lengua catalana en las comarcas norteñas del País Valenciano, compuesto por Josep Lluís Abad, Antoni Albalat (Els peus de la boira, Love is), Vicent J. Almela, Joan Andrés Sorribes, Joan Campos, Susanna Lliberós (Compàs d´espera, Llibre dels Espills), Mònica Meló, Manel Pitarch y, sobre todo, Josep Porcar (La culpa, Llambreig).


Otros autores destacables son Pedro Gómez (Abrasados) y Joan Garí, que en Física dels límits (2001) logra una sabia combinación de trascendencia y humor.

También merece citarse la labor de los profesores Santiago Fortuño Llorens y Lluís Meseguer, cuyo feraz magisterio ha sido fundamental.

 
Y por último, el apoyo a la cultura y la investigación por parte de la Fundación Dávalos-Fletcher, patrocinador del Premi Tardor de Poesía.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez





viernes, 9 de junio de 2017

La poesía en Castellón: esplendor y diversidad

 
 



Artículo publicado en MUNDIARIO:
 
 
 
 
La poesía en Castellón goza en la actualidad de un momento de verdadero esplendor, un hecho fehaciente que se encuentra estrechamente ligado a la efervescente actividad poética que se viene desarrollando en la Comunidad Valenciana desde hace varios años.
 

En efecto, son muchos los autores y los espacios, muchas las asociaciones y las tertulias, que tienen su cuna y su sede en la ciudad de Castellón de la Plana y sus alrededores. Así, entre los autores podemos citar a Rosa María Villaroig (Brisa ahora, tierna brizna, antaño, Piel hendida adentro), Amelia Díaz Benlliure (Tuya es la voz, Una historia no contada), Rosario Raro (Puerto Libertad), Bibiana Collado Cabrera (Como si nunca antes, El recelo del agua), Eloy Sánchez Guallart (Manifiesto asténico, Como soles patagónicos), Lluïsa Lladó (El bosque turquesa, El arca de Wislawa), Soledad Benages (Soledumbre), Iris Almenara (Ombligo, mundo y raíz), Pilar Bellés y Jesús G. Moreda.
 

En cuanto a los espacios, merecen citarse algunos muy emblemáticos, como el Real Casino Antiguo de Castellón, sede de ALCAP, las librerías Argot y Babel, la cafetería-librería Sar Alejandría, El Convent o el nuevo espacio creativo La Bohemia, que regenta Manu Vives.
 

Por lo que toca a las asociaciones y tertulias, las hay con solera, como ALCAP (Asociación Literaria Castellonense Amigos de la Poesía) que preside Víctor Vázquez Bayarri; Verba Manent y Poetas sin sofá, con Soledad Benages y María José Sangorrín a la cabeza; la Tertulia poética El Almadar, donde se dan cita algunos de los autores nombrados anteriormente: Amelia Díaz Benlliure, Eloy Sánchez Guallart y Lluïsa Lladó, además de la escritora alemana afincada en Nules Petra Dindinger Biermann (Eternos), Enric Serra (Capitán Ahab) o Marcelo Díaz (Sin ciel/no), entre otros; y las Tertulias del Racó d´Adall. Cabe destacar que tanto Poetas sin sofá como El Almadar editan sendas publicaciones periódicas, a saber: Cuadernos de Poesía por Poetas sin sofá, que ya va por su número 9; y Azharanía, de El Almadar, que recientemente ha publicado su número 13, dos publicaciones que cada vez adquieren mayor prestigio, con importantes colaboraciones de autores españoles y latinoamericanos.

 
Capítulo aparte merecen las editoriales ACEN Editorial (Asociación Cultural de Escritores Noveles) y, sobre todo, Unaria Ediciones, el proyecto editorial que dirige Amelia Díaz Benlliure con tesón e ilusión desbordante y donde han visto la luz obras tan importantes como Infierno y nadie, la antología poética esencial de Antonio Marín Albalate.

Mucho talento y múltiples iniciativas que han hecho de Castellón de la Plana una de las capitales de la poesía en España.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 

 



domingo, 4 de junio de 2017

Puerto Libertad. Rosario Raro

 
 


Puerto Libertad
Rosario Raro
Unaria Ediciones, 2014
 
 
Unaria Ediciones, que dirige con mano maestra la poeta Amelia Díaz Benlliure, publica Puerto Libertad de la escritora castellonense Rosario Raro, un poemario anterior a su célebre novela Volver a Canfranc. Editado en la colección “Además de la palabra”, que pretende aunar los múltiples aspectos artísticos de los poetas, sorprende de entrada su pequeño formato, apaisado y realmente de bolsillo.

El libro reúne más de doscientas composiciones, poemas breves, escritos a la manera del haiku, respetando la estrofa japonesa en su estructura occidental: tres versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente, organizadas en dos grandes apartados, “Oriente” y “El regreso a Occidente”, con un bello colofón, casi una poética, bajo el epígrafe “Del uno al otro confín”, que también figura en la contraportada:

"Escribo para
robarle a la muerte
la última frase."

Lo encabeza un certero prólogo del escritor valenciano Juan Luis Bedins, actualmente presidente de CLAVE (Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios) y autor de los poemarios Desde aquel balcón remoto (Ed. Instituto de Estudios Modernistas, 1994) y Escucho otra cadencia en mi memoria (Paginacero, 2005), entre otros.

El poemario cuenta, además, con otro interesante atractivo, la traducción al japonés de las composiciones reunidas en “Oriente” por Javier Porcar Rebollo.

Rosario Raro demuestra ser una autora cosmopolita pues sus poemas se hacen eco de experiencias vividas en diferentes partes del globo, desde lugares exóticos, como Coyoacán y Katmandú, al litoral mediterráneo. En ese periplo vital la autora escribe un contenido misceláneo, en ocasiones con espíritu oriental:
 
"Guarda la hoja:
escondida en el bosque
o en un libro."

Y en otras con vocación de aforismo:

"Lo literario
es siempre la sospecha
de cualquier verdad."

También podemos apreciar rasgos de otros géneros, como el microrrelato o la greguería. En definitiva un conjunto de ideas y recuerdos que se armonizan bajo el pulso de la mano pensativa de Rosario Raro, ahora dedicada de lleno a la novela pues acaba de publicar La huella de una carta en Planeta, que como Volver a Canfranc promete ser otro éxito de ventas.

He aquí la Rosario Raro más ocurrente, más íntima, que abre y cierra el poemario con una dedicatoria y “El haiku del lector” que ofrece escribir al lector activo que acepte el reto de añadir su propia visión de las cosas que nos hacen y nos deshacen, que nos rodean y nos gobiernan.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



viernes, 19 de mayo de 2017

La flor de la vida. Heberto de Sysmo

 
 


La flor de la vida. Elogio de la geometría sagrada
Heberto de Sysmo
Lastura, 2016
 
 
Poesía matemática, cuántica… estamos cansados de leer etiquetas abarcadoras, todas resultan insuficientes a la hora de calificar a una obra tan compleja en su entramado y con afán divulgador como la de Heberto de Sysmo pues su poesía, audaz e inteligente, no deja indiferente a nadie.

José Antonio Olmedo López-Amor está detrás, o más bien dentro, de Heberto de Sysmo, un seudónimo que engloba dos referentes de su poesía, la del poeta cubano Heberto Padilla (1932-2000), gran amigo de Evgeni Estuchenko, de quien adopta el nombre, y la del lenguaje vanguardista, de hecho el escritor valenciano es un confeso amante del neologismo, y ese “sysmo”, que más bien sería seísmo por el alcance de su palabra, es deudor de ese ardor creativo, de esa energía que en José Antonio Olmedo encuentra su horma. Así el libro se inicia con un afortunado neologismo, “laripse”, una palabra que leída del revés da como resultado la palabra “espiral”, que será fundamental a la hora de interpretar el texto.

Tras El Testamento de la Rosa (Ediciones Cardeñoso, 2014) y La soledad encendida (Ultramarina Cartonera & Digital, 2015), libro de haikus co-escrito con quien suscribe estas líneas, poemarios ya maduros donde Heberto de Sysmo probó diversas formas con maestría, le llega el turno a La flor de la vida, bellísimo título que se encadena con un no menos bello subtítulo, que nos pone en la pista de su temática, Elogio de la geometría sagrada. José Antonio Olmedo adopta el título de la figura geométrica compuesta de diecinueve círculos completos del mismo diámetro y treinta y seis arcos circulares que forman un conjunto hexagonal, que a su vez se incluye en un círculo mayor. Los diecinueve círculos completos se solapan creando patrones radiales simétricos que asemejan flores.

Publica Lastura, de la mano de Lidia López Miguel, que como muy bien reza su lema, “el idealismo como concepto editorial”, ha aceptado el riesgo de darle cabida en el n.º 42 de su magnífica colección de poesía Alcalima, que dirige Isabel Miguel.

El poemario, de entrada, cuenta con diversos atractivos a tener muy en cuenta, que, sin duda, aportan un valor añadido a un libro que es en sí una pieza de arte lingüístico y conceptual. En primer lugar la sugerente ilustración de cubierta, obra de la artista y también poeta Vanessa Torres, que además se encarga de ilustrar las portadillas, con su peculiar estilo gráfico, de imaginación desbordante y reminiscencias cósmicas. En segundo lugar, aunque no menos importante, un breve comentario de Francisco Brines, que figura en la contraportada.

Pero ahí no se acaban los resortes de la obra, nada más abrir el volumen nos hallamos con nuevas aportaciones: un prólogo del propio autor que nos introduce sabiamente en la lectura y que titula “Ensayo de un entrópico desorden. El axioma del sofisma”, donde nos desgrana algunas de las claves necesarias para desentrañar los versos, como la espiral logarítmica, la sucesión de Fibonacci o la teoría del centésimo mono o masa crítica, un texto erudito que expresa un loable interés por la ciencia, algo poco común en el gremio lírico.

Pero hay más, el análisis y notas del escritor vallisoletano David Acebes Sampedro, tan necesarias para comprender la esencia de las partes y las composiciones que las integran, pues es en su estructura, reflejo geométrico del tema en que se inspira, donde podemos descifrar su universo poético.

Siete cantos compuestos por siete poemas cada uno, con títulos más que sugerentes: “Cuerpos geométricos”, “Las llaves de la vida”, “Versos áureos”, “Humanas reflexiones”, “Sinergia del amor cuántico”, “Sonetos atlantes” y “Las siete leyes de la creación & Tradición Hermético-Alquímica”, y todos introducidos por una cita significativa de un autor representativo, a saber: Platón, Johannes Kepler, Francisco Salinas, Eddie J. Bermúdez, Antonio Praena, H.D.S., y Rabindranath Tagore, respectivamente. Por el camino nos encontramos con otros referentes, como Juan Eduardo Cirlot o la teósofa rusa Helena P. Blavatsky. Todo constituye un conjunto armónico cuyas piezas se sustentan unas a otras hasta reproducir en sus páginas esa “flor de la vida”, cuyo patrón ornamental está presente desde la Antigüedad.

Pero no acaban ahí sus múltiples reminiscencias pues el poemario es un dechado de virtudes líricas, no sólo por su vocabulario, extremadamente rico y culto, sino también por su ritmo, en él están presentes diversas formas, desde el endecasílabo blanco al verso libre, desde los siete sonetos “atlantes”, en que el último verso de cada estrofa rima y que dedica a los elementos, a los veintisiete “haikus” de “Humanas reflexiones”, que adoptan la estrofa japonesa pero basándose en la “Teoría de Cuerdas”.

Como podemos observar, nos encontramos con un poemario atípico, que exige una lectura atenta, con composiciones de gran belleza, he aquí una muestra:

LLAVE PSICOLÓGICA

Nuestro conocimiento es el estigma
que siempre sangrará contra sí mismo,
tratando de cruzar eternos puentes,
pensando en la pasión que lo arrebata.
Pero hay puentes a pasos invisibles
quizá muy cerca nuestro, quizá lejos,
que el propio ansia de ver niega convulso
cual claridad prohibida al impaciente.
En la morfología de una lágrima
podemos vislumbrar su procedencia;
si proviene de un llanto o de una risa,
mas no podemos comprender su origen
ni las formas que adopta su estructura…
Salina solución de un sentimiento.

Hasta aquí la epidermis de un poemario que es el fruto de cinco años de trabajo y que ya ha sido objeto de diversas reseñas, por parte de Carlos Alcorta, Manuel Guerrero Cabrera, Antonio Rivero Taravillo, José Carlos Rodrigo Breto o Jesús Cárdenas Sánchez, algo que da cuenta de su interés y alcance, y que lo han hecho merecido finalista de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana en su modalidad de poesía, que entrega la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE).
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 14 de mayo de 2017

Cantos al camino. Isabel Alamar

 
 


Cantos al camino
Isabel Alamar
Playa de Ákaba, 2017
 
 
La escritora valenciana Isabel Alamar publica su primer poemario con un título muy sugestivo, Cantos al camino, y lo hace en el número 4 de la colección “La historia que contamos” de Playa de Ákaba. A pesar de ser su opera prima, Isabel Alamar ya había sido incluida en diversas antologías, como Poesía experimental española (Calambur, 2012), Arquitectura de la palabra (Institució Alfons el Magnànim, 2012) o Un viejo estanque (Comares-La Veleta, 2013), además de publicar poemas y reseñas en prestigiosas revistas digitales, tales como Espacio Luke, Culturamas, La Galla Ciencia o Todoliteratura.es. Una intensa actividad literaria a la que más recientemente ha sumado la plástica, con retratos de escritores coetáneos.

Los que tenemos la suerte de conocerla sabemos del talento y el tesón que su autora atesora y el libro que reseñamos es el fruto de un esfuerzo continuo en su labor creativa. Un esfuerzo bien recompensado, pues no podría abrir mejor el libro que con el espléndido prólogo que lo inaugura, firmado por Jaime Siles. Un texto que añade valor a un libro ya de por sí hermoso, compuesto por doscientos dos poemas, en su mayoría breves, de una lucidez sintética y de apariencia sencilla pero que denotan una gran fuerza emotiva.

El poemario se divide en tres grandes apartados con títulos muy significativos que nos sitúan en el entorno en el que se ahorma su escritura: “En busca del yo”, “El yo con la naturaleza” y “La naturaleza a solas”. La propia estructura sugiere ese viaje iniciático del yo a la naturaleza, principio y fin donde el yo reposa, así el discurso se desplaza progresivamente desde “el centro del yo”, que camina en solitario, hasta los haikus que conforman la última sección, algunos tan bellos como estos:

Al amanecer
la luz en la maceta
toca a la flor.”

o

Sobre la tormenta
extiende sus alas rojas
el viejo colibrí.”

En las citas que abren las tres secciones es posible atisbar sus influencias, desde los clásicos japoneses, Masaoka Shiki y Yamaguchi Sodô, hasta autores contemporáneos con los que la autora guarda una gran afinidad, como Kepa Murua, al que ha dedicado varios estudios, y su paisana Susana Benet.

La estrofa japonesa es, sin duda, la veta que Isabel Alamar explora con singular maestría pues todas sus composiciones tiene ese aire oriental a la hora de mostrar la naturaleza, sin embargo, el yo poemático, un manifiesto lirismo y cierto misticismo en esa visión espiritual del mundo como “flujo y reflujo de mariposas”, se filtran como haces de luz configurando un estilo muy peculiar que trasciende la pura ortodoxia para trazar su propia senda, ello nos tienta a calificarlo de liberal y, sin embargo, es tan miscelánea su escritura que, no obstante las referencias culturales que a priori asimilan su discurso con la tradición china y japonesa, Isabel Alamar es, ante todo, una poeta de su tiempo, que discurre por los caminos transversales de su época, la nuestra, tan compleja, y es ahí precisamente donde reside su mayor virtud, la de caminar serena bajo el temporal hasta que sus pasos “se confundan con el paisaje”, hasta encontrarse consigo misma, siendo al fin parte del todo, una manera original de escapar de la nada.
 
Gregorio Muelas Bermúdez