martes, 7 de noviembre de 2017

Presentación del nº 2 de CRÁTERA en Catarroja

 
 



Próxima presentación del nº 2 de CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea, el próximo jueves día 9 de noviembre, a las 19:30 horas, en la Sala Multiusos de la Casa Palacio de Vivanco (Camí Real, 22), sede del Ajuntament de Catarroja (Valencia).

Introducirá el acto el Excmo. alcalde de Catarroja D. Jesús Monzó i Cubillos.

Intervendrán Gregorio Muelas Bermúdez, José Antonio Olmedo López-Amor y Jorge Ortiz Robla, fundadores y directores de la revista, acompañados por Bibiana Collado Cabrera, miembro del Comité asesor y Accésit del prestigioso Premio Adonáis en 2016 y ganadora del Premio Complutense de Literatura 2017.

Organiza:

Crátera. Revista de crítica y poesía contemporánea, Ajuntament de Catarroja y Asociación Literaria Crátarroja.
 



Contenidos y colaboradores del n.º 2:
 
Ilustraciones:
Cubierta: Juan Carlos Mestre
Portadillas: Enriqueta Hueso, Ricardo Ranz, Marcelo Díaz, Sara García Lafont.
 
Inéditos:
Luis Antonio de Villena, Nuno Júdice, Jorge Riechmann, Enrique Falcón, Alejandro López Andrada, Juan Ramón Barat, Guadalupe Grande, Marta López Vilar, Vanesa Pérez-Sauquillo, Verónica Aranda, José Cabrera Martos, Rafael Correcher, Sergio Navarro, David Trashumante, Ramon Ramon, Teresa Ramos.
 
La mirada de Basho (haikus):
Félix Arce Araiz, Mila Villanueva, Xaro Ortolá.
 
Experimental:
Juan López de Ael, Fran Soto (selección de David Acebes Sampedro).
 
Traducción:
Robert Serban por Elisabeta Botan; Stela Sourafí y Ceofanis Panagiotópoulos por Natasa Lambrou.
 
La entrevista:
Nacho Escuín por Jorge Ortiz Robla
 
Investigación:
Hilde Domin y el despertar de la conciencia poética” por Gema Estudillo.
 
Reseñas:
Entre dos nadas. Antología consultada” de Francisco Brines por José Luis Morante;
“Cantó un pájaro. Antología esencial” de Vicente Gallego por Santos Domínguez;
“Sin ir más lejos” de Fermín Herrero por David Acebes Sampedro;
“Poesía Completa” de Mário de Sá-Carneiro por José Ángel García Caballero;
“De exilios y moradas” de José Luis Zerón Huguet por Gregorio Muelas Bermúdez;
“El primer día” de Julio César Galán por Gregorio Muelas Bermúdez;
“Tú me mueves” de Agustín Pérez Leal por José Antonio Olmedo López-Amor;
“Sangre seca” de Josep M. Rodríguez por José Antonio Olmedo López-Amor.
 
Leído por:
La noche de Europa” de Dionisio Cañas por Ramón Campos;
“Geometría del Abismo” de David Sarrión Galdón por Jorge Ortiz Robla;
“Cada noche un poema. Antología” de Montserrat Abelló por Antonio Praena;
“Acadèmia d´idiomes invisibles” de Anna Bou Jorba por Eduard Xavier Montesinos.
 
 






domingo, 22 de octubre de 2017

Solzhenitsyn, la conciencia del Gulag

 
 



Alexandr Solzhenitsyn fue sentenciado en 1945 a ocho años de prisión por las opiniones antiestalinistas que escribió a un amigo. Deportado en la Rusia central, enseñó matemáticas al tiempo que escribía. Sus experiencias en el "gulag" le proporcionaron material para su primera novela: Un día en la vida de Iván Denisovich (1962). En 1969 fue expulsado de la Unión de Escritores Soviéticos por denunciar la censura oficial, que había prohibido algunos de sus libros. Sin embargo, fue galardonado en 1970 con el Premio Nobel de Literatura. A raíz de la publicación en Francia en 1973 de la primera parte de El Archipiélago Gulag, un análisis del sistema de prisiones soviético, del terrorismo de Estado y de la policía secreta, Solzhenitsyn fue deportado a Alemania Oriental y privado de la ciudadanía soviética en febrero de 1974. En 1990 recuperó oficialmente la ciudadanía y pudo regresar al fin a su país en 1994, tras la caída del Imperio Soviético.




El "gulag" era la red de campamentos de la autoridad soviética para la seguridad del Estado, es decir, campos de concentración para disidentes políticos y sociales. Se estima la cifra de doce millones de personas confinadas en dichos campos, víctimas del infierno de la represión. Muchos artistas "contestatarios" padecieron la barbarie estatal, un caso célebre es el del poeta Joseph Brodsky, Premio Nobel de Literatura de 1987.
 
 


El Archipiélago Gulag (fragmento):

"Sobre la superficie de una corriente rápida es imposible distinguir los reflejos, tanto próximos como lejanos; aunque el agua no sea turbia, aunque la espuma no la cubra, la constante oscilación de la corriente, el inquieto burbujear del agua hacen que los reflejos sean deformes, imprecisos, incomprensibles."
 
 
 

 
 
Gregorio Muelas Bermúdez






domingo, 1 de octubre de 2017

Mi venganza es amar. Ana Pérez Cañamares

 
 


Mi venganza es amar
Ana Pérez Cañamares
Asociación de Escritores Extremeños, 2017
 
 
Mi venganza es amar es el cuaderno 90 del Aula Literaria Jesús Delgado Valhondo, que publica la Asociación de Escritores Extremeños, bajo la dirección de Antonio Orihuela y Marino González Montero. Un aula por la que han pasado autores tan ilustres como Francisco Brines, Ada Salas, Antonio Gamoneda, Félix Grande, Ana Rossetti, Jorge Riechmann, Juan Carlos Mestre u Olvido García Valdés, por citar sólo algunas de sus primeras entregas.

Y es que la obra de Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968) no es para menos, autora de diversos poemarios, como La alambrada de mi boca (Baile del Sol, 2007) o Las sumas y los restos (Devenir, 2013), con el que obtuvo el Premio Blas de Otero-Villa de Bilbao 2012, además de aforismos y haikus, es una poeta activa y reivindicativa, que participa con frecuencia en festivales y cuya poética ya ha sido vertida a diferentes lenguas, como el inglés, el griego, el polaco, el croata y el portugués.

Nos encontramos con una autora con obra y consecuencia, que en este cuaderno, de significativo título, reúne algunas de sus composiciones más emblemáticas, que se hallan enmarcadas entre dos composiciones que adoptan una forma semejante al haiku, como la última, que me permito reproducir a continuación por su agudeza e ingenio:

Capitalismo.
Mi venganza es amar
lo que él desprecia.”

Esta antología, breve pero densa, se inicia con una declaración de intenciones, “Poética y política”, donde en apenas tres versos la autora declara su filiación con el otro partiendo de sí misma, es decir, escribiendo sobre ella y sus circunstancias, “porque yo/ soy cualquiera”. El resto no tiene desperdicio, son muchos los temas que Ana Pérez Cañamares toca y versa desde los emotivos primeros poemas, que dedica a la memoria de su madre, como “Generaciones”, y siempre sin cejar en el valor y el poder de la palabra para que “no olvide pelear por su utilidad”. También hay lugar para la metapoesía, para la reflexión sobre la propia escritura del poema y sus vicisitudes, donde afirma: “Escribo palabras como barandillas./ Me asomo desde ellas y no me caigo”.

Pero es tal vez en los últimos poemas donde más y mejor aflora el sentido que Ana Pérez Cañamares aporta a su poesía, donde conecta con lo social con necesaria vocación de denuncia, por ejemplo a la libertad condicionada en “Hijo mío”, donde afirma: “si quisiera tener otro hijo/ tendría que llevarlo al Banco de la esquina/ porque suya es mi casa”. Una vocación que comparte con David Trashumante, a quien dedica un poema y con el que coincide en la necesidad de escribir sus inquietudes para decirlas en voz alta.

En definitiva, Ana Pérez Cañamares consigue concitar lo emotivo, lo metapoético y lo social en apenas treinta páginas, un mérito que comparte con generosidad porque dice: “yo tengo un nosotros”, “yo no soy sólo yo”.

 
Gregorio Muelas Bermúdez



jueves, 21 de septiembre de 2017

Presbicia. Jorge Ortiz Robla

 
 


Presbicia
Jorge Ortiz Robla
Baile del Sol Ediciones, Tenerife, 2016
 
 
Presbicia es el significativo título con el que Jorge Ortiz Robla (Las Palmas de Gran Canaria, 1980) publica su nueva entrega poética, tras el éxito de su opera prima La simetría de los insectos (Lastura, 2014), y lo hace en una editorial señera y en una colección emblemática, la tinerfeña Baile del Sol en el número 197 de su colección “Sitio del fuego”.

No podía elegir mejor título su autor pues la presbicia, también denominada vista cansada, se debe a una anomalía o defecto del ojo que imposibilita ver con claridad los objetos cercanos, en efecto, ese es el sentido de este poemario, donde Jorge Ortiz Robla nos invita a reflexionar sobre las cosas cotidianas, aquellas que vemos día a día y que la mayoría de las veces, de estar tan cerca, apenas reparamos o nos detenemos en ellas, es en estas cosas donde el poeta, como muy bien señala David Trashumante en el comentario que firma en la contraportada, es “el que ve, el que mira, el que enfoca desde lo múltiple” la vida, pero con la debida distancia para observar con actitud crítica y compromiso social, es esta una de las señas de identidad del estilo del poeta canario afincado en Catarroja, otra, tal vez la más definitoria, es el lenguaje que emplea, caracterizado por una envidiable sencillez tras la que se vislumbra un intenso trabajo de depuración.

Las dos citas que encabezan el libro, de Fernando Pessoa y Pablo Neruda, señalan los puntos de vista que guiarán el contenido del poemario y la necesidad de cambiar el mundo que nos rodea. Como dos son los ejes, o partes, sobre los que se articula: “La tierra es circular”, que agrupa diez poemas breves, y “Presbicia”, bajo cuyo epígrafe se reúnen veintidós poemas.

De lúcida podemos calificar la palabra de Jorge Ortiz en el poemario que nos ocupa pues es su realidad y su desnudez, liberada de prejuicios, la que le permite decir con voz clara y precisa lo que nuestros ojos, los del lector activo, inquieto, necesitan.

Sin más título que el cardinal que los ordena, los diez poemas que constituyen la primera parte indagan, o más bien reflexionan, sobre el otro lado, que se extiende sobre “la grieta sucia, casi opaca” porque “la tierra es circular/ como los puntos de vista”.

En la segunda parte es donde lo lírico y lo social se imbrican para poner de relieve la intrínseca ceguera de una sociedad decadente, así reza en el poema paradigma:

La economía sufre presbicia.
La religión sufre presbicia.
La política sufre presbicia.
La sociedad sufre presbicia.
Hay que cambiar la lente,
hay que volver a aprender
hay que enseñar
a enfocar.”

Pero Jorge Ortiz también echa mano de las nuevas tecnologías, que no son más que una ilusión de libertad, como el pájaro enjaulado que no aprende a volar.

El ojo es la metáfora, a través de él enfoca el “punto próximo” y “el punto remoto” para decir lo que no queremos escuchar, y lo hace con un lirismo conciliador, que pone el acento en la necesidad de desvelar lo aparentemente rutinario, como el fin, cuyo sonido nos acompaña desde el inicio, parafraseando un verso de Agustín Fernández Mayo, referente del autor; o la capacidad de amar, algo relativo y temporal, que es lo que nos hace precisamente humanos, sobre una anécdota de Stephen Hawking.

Los versos de Jorge Ortiz ponen en solfa esa moral que permanece impasible ante el drama de aquellos que buscan una nueva vida desde el otro lado del océano porque como dice en el poema “Borges”:

Era la nieve
la que moraba dentro
de sus pupilas.”

Y es que, en definitiva, Jorge Ortiz nos habla de cerca para decirnos con voz lírica lo que nuestros ojos, cansados de promesas, no ven o prefieren no mirar. Ese es el mensaje del poeta, miren y lean y, sobre todo, actúen sobre la realidad.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



miércoles, 20 de septiembre de 2017

Taller de Poesía con Vicente Gallego

 
 


Noticia publicada en Todo Literatura:
 
 
 
El domingo día 8 de octubre de 2017 tendrá lugar un nuevo Taller de Poesía con Vicente Gallego (Valencia, 1963), organizado por la asociación cultural Concilyarte, presidida por Mila Villanueva. Dicho taller se llevará a cabo en un lugar emblemático, espacio de serenidad, reflexión y recogimiento, el Monasterio franciscano de Santo Espíritu (Sancti Spiritu) del Monte, sito en Gilet (Valencia).

El monasterio del siglo XVII (la iglesia actual), aunque fundado por María de Luna, esposa de Martín I el Humano (1356-1410), a raíz de la pacificación de Sicilia, cuenta con una dilatada historia y además ya ha sido escenario de diversos talleres y encuentros de poesía, como el reciente II Encuentro Internacional de Poetas Ártemis, que tuvo lugar del 26 al 28 de mayo del presente año.

En esta ocasión, el autor de Saber de grillos (2015) y Ser el canto (2016), por citar sus últimos y premiados poemarios, Premio Emilio Alarcos y Generación del 27, respectivamente, ambos publicados por Visor, orientará el Taller, en primer lugar, a repasar los fundamentos teóricos del oficio, centrándose especialmente en los peligros que acechan la escritura poética. En segundo lugar, dedicará un apartado a descubrir a nuevos poetas, que a pesar de no ser demasiado conocidos han sido autores de excelentes textos. Por último, se centrará, sobre todo, en la puesta en común de los poemas escritos por los asistentes, creando un clima de confianza y diálogo propicio a la creación.

El horario del Taller abarcará de 10 a 19 horas, y el precio establecido para la matrícula es de 50€. Para más información, pueden solicitarla a través del número de teléfono que aparece en el cartel anunciador.

 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



sábado, 16 de septiembre de 2017

La esperanza es una cosa con alas. Emily Dickinson

 
 


La esperanza es una cosa con alas
Emily Dickinson
Edición de Hilario Barrero
Ravenswood Books Editorial, 2017
 
 
Ravenswood Books Editorial publica el n.º 2 de su colección “La isla primavera” -de ensayo, antologías y otras literaturas-, una selección de poemas breves de Emily Dickinson (1830-1886) con el bellísimo título La esperanza es una cosa con alas, una exquisita edición de Hilario Barrero (Toledo, 1946), que además de la traducción, es autor de las ilustraciones y el prólogo, que “como un tapiz colgado en la mansión del silencio” nos invita a adentrarnos en el país de esta misteriosa poeta norteamericana.

Antes de entrar en materia es preciso detenerse en el excelente trabajo que viene desarrollando esta pequeña editorial, que desde Almería y de la mano de Antonio Cruz Romero pretende editar sin imperativos ni obligaciones pero con gran ilusión a autores tal vez menos conocidos y otros foráneos, además de sostener el magazine homónimo, que ya ha alcanzado su n.º 10. Vaya por delante mi enhorabuena por su decidida apuesta por la calidad y el diseño.

Y qué decir de la edición que nos ocupa, pues que se trata de una auténtica belleza donde nuestro poeta en Nueva York, Hilario Barrero, ha vertido al castellano, con ajustada precisión y enorme delicadeza, los versos de la poeta de Amherst (Massachusetts), amén de acompañar los textos con quince dibujos de cosecha propia a lápiz y en blanco y negro, además de la sugestiva ilustración en color de cubierta, con su inconfundible estilo.

Una antología bilingüe que reúne cincuenta y cinco composiciones, ordenadas cronológicamente, tan breves como la vida de la poeta, que “murió en mayo a los 55 años”. Prisionera de sí misma su vida fue una cárcel y, sin embargo, tras su lectura nos queda una esperanza alada, como ese júbilo que inicia el libro, fruto del soñado viaje al mar “de un alma de tierra adentro”. Incluso cuando “el tiempo demasiado feliz se evapora” la angustia no tiene “demasiado peso para volar”.

No dejen de leer a una poeta tan clásica como actual en esta original propuesta, una antología de autor donde Hilario Barrero establece un fructífero diálogo emocional que se inició en “noviembre de 1979” y que “nunca cesa de cantar”.

 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



martes, 12 de septiembre de 2017

Calles/ Carrers. André Cruchaga

 
 
 
 
Calles/ Carrers
André Cruchaga
Traducción al catalán Pere Bessó
Imprenta y Offset Ricaldone, El Salvador, 2017
 
 
 
PRÓLOGO

OFICIO PARA SONÁMBULOS



Corta la vida o larga, todo
lo que vivimos se reduce
a un gris residuo en la memoria.

Ida Vitale



La poesía de André Cruchaga es un apasionante viaje iniciático por las calles más intrincadas y oscuras del alma humana, unas calles humedecidas por el relente de la melancolía, porque el paisaje de fondo que se vislumbra en sus poemas no es más, ni menos, que un reflejo bruñido de nuestro interior más torturado. Un fondo, por otro lado, plagado de contrastes, al que el poeta salvadoreño ha sabido aplicar la forma idónea, el poema en prosa.

André Cruchaga hace poesía del conocido aserto de José Saramago, según el cual el Nobel portugués decía escribir para desasosegar, es decir, para incomodar la sensibilidad del lector con la intención de poner en crisis el sustrato de su conciencia. Para ello, el autor recurre a un lenguaje incisivo a la par que efectista para provocar ese despabilamiento capaz de abstraer al individuo del confortmismo más inocuo y vacío. Porque la vida duele y somos herida abierta, André Cruchaga indaga en sus extremos con el poder que le otorga la palabra encendida.

A priori no resulta sencilla la lectura de los versos de Cruchaga, que es capaz de llevar el lenguaje al más alto nivel de inventiva, llegando a asumir los presupuestos surrealistas. Así las metáforas, tan deslumbrantes como crípticas, se suceden e hilvanan de un modo muy singular. Sin duda, André Cruchaga exhibe un estilo propio, sin parangón en el ámbito latinoamericano actual, que gracias a su innegable calidad estética, forjada en el yunque del culteranismo más ecléctico y vanguardista, con más espacios de sombra que de luz, y merced al ritmo subterráneo de su escritura, ha conseguido trasponer fronteras, tanto físicas como idiomáticas, así sus libros han visto la luz en Estados Unidos, México y Cuba, y sus versos se han vertido a diversas lenguas, como el francés, el inglés, por Grace B. Castro H., el euskera, el catalán, de la mano de Pere Bessó, y el rumano, gracias, entre otros, a Elisabeta Botan y Andrei Langa. Un cosmopolitismo que dice mucho del eco y alcance de su obra.

Y es que a André Cruchaga ninguna palabra le es ajena, ninguna se resiste a formar parte de su discurso, un discurso, por otro lado, que fluye torrencial y cadencioso, como expresión cifrada de un pensamiento crítico. De ahí que su léxico sea asombrosamente amplio, con un uso eficaz de la sinestesia, el clímax y otras figuras retóricas, dispuestas al servicio del ideario poético de su autor, siempre fiel a su estética, de la que se desprende una reflexión sobre el sufrimiento y la angustia. Podríamos tachar a su poesía de existencialista y sería insuficiente para definir una propuesta que en verdad supera cualquier etiqueta, todas parecen exiguas para abarcar los múltiples matices de unos poemas de esencia onírica.

Una extensa cita de Joan Brossa, referente del poeta, a modo de proemio (conviene nombrar a otros autores, como Efraín Huerta, Vicente Huidobro, Ida Vitale o José Martí, o los franceses Jacques Prévert, Louis Aragon o Paul Éluard, a los que el poeta cita entre sus páginas y que permiten reconocer algunas de sus influencias) abre paso al “Litoral” de versos que transitan por las calles de un libro complejo, metafísico, que es un dechado de significantes y significados. Si antes se hacía alusión al culteranismo, ahora se podría hablar de un conceptismo barnizado por el influjo de la vanguardia. André Cruchaga bebe de muchas aguas para calmar su ansia, pero es su enorme capacidad dialéctica y la plasticidad de las imágenes que crea las principales características de un estilo tan elocuente como preciso.

Los ochenta y tres poemas que integran este libro se erigen en otras tantas maneras de interpretar el mundo, el mundo propio del poeta, que, con su decir particular, único, enuncia la estrecha relación o permanente vínculo que hace de las cosas un flujo continuo. No es de extrañar que estos poemas no se agoten en una sola lectura pues exigen del lector una atención metódica, solo así, tras sucesivas lecturas, podrá advertir los numerosos senderos que se bifurcan, la multiplicidad de matices y aristas, el tono de denuncia que vierte en su poesía.

Nos hallamos ante poemas que se estratifican en diversas voces, expresadas en letra normal y en cursiva y habitualmente marcadas por paréntesis, guiones o corchetes. Ciertamente no existe mejor forma de enunciar este vehemente discurso contra la intolerancia. Pero si algo caracteriza el estilo de Cruchaga es el particular tratamiento que hace de los temas que le preocupan: la muerte, porque el poeta sabe “de antemano que toda la carne va a dar a la tierra”, como “tardío colofón de epitafios”; la angustia, o el miedo. Cualquier poema, extraído al azar, es un paradigma, tal es la inquietud del poeta por descifrar la verdadera raíz del sufrimiento.

Otro de los grandes logros de la poesía de André Cruchaga es su capacidad para hacer concreto lo abstracto a través de la creación de imágenes de un gran poder sugeridor y una asombrosa fisicidad, cuya interpretación coadyuva a contrarrestar los efectos deshumanizadores del gran capital. Sin duda, nos hallamos ante una poesía que no pretende dejar indiferente a nadie, pues el oficio del poeta debe ser alertar al lector u oyente sobre las presumibles consecuencias de un mundo que navega a la deriva y que amenaza con arrastrar al hombre en su vorágine, pues éste, libre de su albedrío, se devana en trivialidades propias de un incipiente estado de sonambulismo.


Gregorio Muelas Bermúdez
Catarroja, Valencia, abril de 2017


sábado, 26 de agosto de 2017

Quimera. Revista de Literatura Nº 402

 
 


Quimera. Revista de Literatura Nº 402
VV. AA.
Ediciones de Intervención Cultural, Barcelona, 2017
 
 
Quimera. Revista de Literatura dedica su n.º 402, Mayo 2017, a Mario Levrero (Jorge Mario Varlotta Levrero) (1940-2004) y nos ofrece un Dossier especial de treinta y cinco páginas sobre el escritor uruguayo, organizado por Mateo de Paz, donde intervienen autores de la talla de Elvio E. Gandolfo, Ignacio Echeverría, Rebeca García Nieto, Antonio Muñoz Molina, David Pérez Vega, Juan Gracia Armendáriz y Rubén Martín Giráldez, donde se entrelazan recuerdos e impresiones sobre el autor de La novela luminosa, además se publica una selección de textos del montevideano pertenecientes a su colección de artículos periodísticos Irrupciones (Criatura Editora, 2013).

Pero este número nos ofrece mucho más en sus habituales secciones, así en “El salón de los espejos”, Fernando Clemot entrevista a Iván Repila con motivo de su debut en Seix Barral con una obra de riesgo, Prólogo para una guerra. En “Los pescadores de perlas” Kike Parra publica tres microrrelatos inéditos: “La habitación de intrusos”, “Preparativos” y “Un viaje a la Toscana”; y en “El castillo de Barba Azul” Marta Agudo Ramírez nos adelanta cuatro poemas en prosa de Historial Cuerpo, de reciente aparición.

En la voz humana” Ana Gorría realiza una completa entrevista a Antonio Álamo, uno de los más firmes valores del teatro de nuestro país, con obras como La oreja izquierda de Van Gogh, Los borrachos o La copla negra. En “El holandés errante” Álex Chico relata la segunda (y última) jornada de “Un peregrino vuelve a casa”, su viaje por los alrededores del palacio y el monasterio de Yuste, siguiendo los pasos de Pedro Antonio de Alarcón. Con magníficas imágenes de Salvador Retana, se detiene en esta ocasión en el célebre cementerio alemán, en la historia literaria del camposanto militar que aloja a “soldados que perdieron su vida en España durante dos guerras mundiales”, desde Álvaro Valverde a José Carlos Llop, pasando por Santos Domínguez Ramos y José María Muñoz Quirós, entre otros, hasta recalar en Cuacos, de la mano de la obra de Ciro Bayo.

Y llegamos a “El ambigú”, la sección de reseñas, donde podemos leer siete visiones críticas de: Luz en las grietas de Ricardo Martínez Llorca, por Teresa Rivas; Del infierno de José Abad, por Alfonso Salazar; Pequeños tratados de Pascal Quignard, por Ricardo Martínez Llorca; Acordes de una antigua canción de José Agudo, por José Antonio Arcediano; Mediodía de Víktor Gómez, por Pilar Fraile; Otro cielo de Santiago de Navascués, por Gonzalo Gragera; y Perros ladrando en la nieve de Kenneth Koch, por José Ángel Cilleruelo.

Cierra ocho interesantes “Recomendaciones” del equipo de Redacción. Enhorabuena por su entrega mensual a la mejor literatura.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



lunes, 14 de agosto de 2017

Sonanta de siervo. Antonio Berlanga Pino

 
 


Sonanta de siervo. Gacelas, casidas y otros poemas
Antonio Berlanga Pino
Editorial Seleer, 2016
 
 
PRÓLOGO CON LÁGRIMAS DE ESTRELLA

Sonanta de siervo es el particular homenaje de Antonio Berlanga Pino a la poesía hispano-árabe, como reza el subtítulo, el presente volumen acoge “gacelas, casidas y otros poemas”, formas con una larga tradición en las letras castellanas y que en el siglo XX alcanzan su mayoría de edad con obras tan conocidas como Diván del Tamarit de Federico García Lorca, y Casida de la alta madrugada de Félix Grande, pero estos géneros también han cruzado el Charco y se puede rastrear su influencia en autores como el mexicano Jaime Sabines o el argentino Ricardo Molinari.
Un amplio eco del que no es ajeno el poeta malagueño Antonio Berlanga Pino, cuya obra se caracteriza por el cultivo de las más diversas formas tradicionales, como el romance en su anterior poemario, Romancero andaluz. Pero si algo caracteriza su poesía es un decidido afán de renovación en los temas, Antonio Berlanga es un poeta actual, que emplea con maestría las formas clásicas para decir con acierto cosas de nuestro tiempo y lo hace con la elegancia y el ritmo que dichas formas le prestan en un ejercicio de erudición realmente admirable.
Al son de la sonanta a la que alude el título, Antonio Berlanga acorda los versos con la sabiduría popular que le ofrece su tierra andaluza. Este poemario trasciende su intención inicial de tributo para erigirse en una aportación personal a dichas formas, respetando su esencia pero renovando su fondo, así sobre el sustrato de los versos yace un original sentimiento de nostalgia ligado a una historia amorosa o de desamparo, con tintes amargos.
El poeta de Álora tiene la virtud de introducir nuevos temas al acervo cultural de estas formas milenarias, temas sociales donde deja entrever su actitud crítica hacia una realidad presente que no le deja indiferente, en este sentido es paradigmática la “Gacela del niño sirio yaciente en la orilla”, que se (pre)ocupa de un triste y dramático episodio acontecido en una playa turca.
El libro se estructura en tres apartados, el primero se ocupa de la “gacela” (en árabe “ghazel”) y en él podemos encontrar catorce composiciones donde el amor y su ausencia marcan el ritmo de unas composiciones hilvanadas con pasión contenida, así resulta paradigmática la “Gacela del amor imposible”, citemos unos versos donde se aprecia el estilo del autor, que aúna elegancia y precisión:
Como quién tiene un reloj de sombra
y en el corazón grandes remos y olas.

Las flores de mi herida se deshacen
en verdaderas hojas otoñales.

El segundo apartado se compone de veintitrés casidas, donde Antonio Berlanga Pino asume un loable reto al recuperar esta forma tradicional de la poesía árabe (qaṣīda), imbuida de un sentimiento de nostalgia ligada a una temática de raíz amorosa. Belleza y sensibilidad se dan la mano en estas composiciones tan ricas y variadas, donde de nuevo podemos hallar una voluntad de renovación en los temas, así la “Casida del grito colectivo” pone el acento en el sufrimiento de los otros, he aquí unos versos que ilustran de manera magistral ese llanto sobre la tierra:

No quiero oír la Alhambra de la pena
con los niños deshechos que no sueñan.

Pero el grito es un toro que se eleva
desde el mar a los últimos planetas.

La poesía de Antonio Berlanga Pino es de una plasticidad asombrosa, sus versos muestran una imaginería visual que desde un contexto eminentemente andaluz, con referencias a motivos de su tierra, como la guitarra, entronca con lo universal para hacerse memoria, una memoria donde el dolor, la amargura, la desolación, la melancolía, la tristeza, y en definitiva la pena, y su manifestación física en lágrimas, es el asunto recurrente que unifica los poemas. Antonio Berlanga nos cuenta diversas historias de trágicas consecuencias respetando la idiosincrasia con una sabiduría popular llena de ingenio y gracia.

Cierra el volumen la sección “Otros poemas”, que alberga veintiuna canciones, y “Cuatro nombres: Elísabet, Gabriela, Elena, Soledad”, donde el poeta dedica una canción a cada nombre propio de mujer, que simboliza una idea concreta.

La riqueza verbal y el ritmo, de una vivacidad deslumbrante, unido a un desbordante colorido, donde predominan los tonos verde, naranja y negro, son las señas de identidad de un poeta que a pesar de emplear determinadas formas cargadas de clasicismo, tiene la virtud de renovar cada género, es por ello que resulta realmente atípico en el actual panorama lírico, trazando así una senda tan honda como singular, que entronca con un pasado amarillo oro.


Gregorio Muelas Bermúdez