miércoles, 21 de junio de 2017

Arqueología de un milagro. Jesús Aparicio González

 
 


Arqueología de un milagro
Jesús Aparicio González
Ruleta Rusa Ediciones, 2017
 
 
Jesús Aparicio González (Brihuega, Guadalajara, 1961) publica su undécimo poemario, Arqueología de un milagro, en Ruleta Rusa, una bella edición con una sugerente imagen de portada de Pablo Aparicio Resco, que combina tres elementos harto significativos: un fósil, un gorrión y las piezas de un puzzle.

Este poemario confirma la madurez expresiva alcanzada por su autor en sus anteriores trabajos, La papelera de Pessoa/ La luz sobre el almendro y La paciencia de Sísifo, ambos publicados por Libros del Aire en 2012 y 2014, respectivamente.

Tras la cita inicial de Basilio Sánchez, que inspira el título y parece definir su aspiración de alcanzar “el milagro fecundo, luminoso, de unas pocas palabras”, nos encontramos con setenta y ocho poemas, sin división en partes.

Inicia el libro un “Prólogo en azul” que es toda una declaración de intenciones: “Ensaya un himno/ que cante a esas nubes que pasaron”. A lo largo del poemario se concitan variados temas, como la piedad en “Volver”: “perdonar es dejar una página en blanco”; la invitación a una tregua con la tecnología y el asfalto en aras de una necesaria reconciliación con la naturaleza en “Las afueras”; o el tiempo y sus adverbios en “Predicciones”: anteayer, hoy, ayer, ahora, mañana. Pero si hay un tema capital ese no es otro que el milagro que engendra el verso, “como germen de trigo”, contra la rutina y el tedio de los días arrancados al calendario. A ese milagro y su origen, los silencios, los papeles en blanco, consagra su escritura para buscar en ellos “una pregunta que desvele quién soy”. El poeta escribe para entender y que le entiendan, con la sapiencia del gorrión, que más cerca del cielo nos observa.

De un lirismo sobrecogedor y bajo una forma aparentemente sencilla, tras la cual se vislumbra un gran trabajo de depuración estilística, Jesús Aparicio González escribe “con el alma en barbecho”, la ventana abierta y la mirada prendida en la tierra de “luz y pájaros”.

Con ritmo sosegado y tono celebratorio, Jesús Aparicio canta con la certeza del mirlo desde la rama de su pensamiento a las cosas cotidianas que, sin embargo, determinan nuestros pasos. Con la hondura de quien camina con la serenidad necesaria para meditar sobre la esencia de las cosas, Jesús Aparicio nos regala su palabra, liberada de alardes expresivos, sin altanerías ni estridencias. Son numerosos los poemas que invitan a esa reflexión, he aquí una bella muestra:

UN SALMO ANTE LA TUMBA DE CAMUS

Dichoso el que ha aprendido sobre la carretera
que sólo hay dos caminos
para los valientes:
el suicidio y la esperanza.

El resto llena
de lágrimas y máscaras
las papeleras.

Jesús Aparicio hace del conocido aserto “menos es más” su santo y seña. Así dice el poeta en la última estrofa del poema que da título al libro y que lo cierra: “Polvo de las estrellas/ que el poema levantan:/ fragmentos de una vida/ que crece si se apaga.”
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 18 de junio de 2017

La poesía en Castellón: anexo

 
 



Con el fin de completar la información vertida en mi artículo “La poesía en Castellón: esplendor y diversidad”, publico el siguiente anexo donde amplio la nómina de autores significativos que ilustran lo mejor de la lírica en la ciudad de la Plana y sus alrededores, poetas emergentes unos, consolidados otros, cuyo quehacer lírico merece, sin duda, ser citado.

Así entre los jóvenes destaca Carlos Loreiro (1987), Premio Nacional de Poesía Joven 2014 por Los poemas de Marcelo Aguafuerte: crónicas para el buey Apis, publicada por Leteo, y los emergentes Carlos eMe y Aitana Molina.


Entre los que ya cuentan con una obra sólida destacan Marcelo Díaz, autor de Mapa de costas, Sin ciel/no y Criar la luz, Rafael Mesado, con los poemarios Samsara y Laberintos, Pasqual Mas i Usó (Biblioteca de guerra) y el cacereño afincado en Castellón Juan María Calles, que con Una figura de barro obtuvo el prestigioso Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández en 2014.


También merece ser citada la intensa actividad de El Pont Cooperativa de Lletres, espacio de encuentro de cooperación y de difusión en lengua catalana en las comarcas norteñas del País Valenciano, compuesto por Josep Lluís Abad, Antoni Albalat (Els peus de la boira, Love is), Vicent J. Almela, Joan Andrés Sorribes, Joan Campos, Susanna Lliberós (Compàs d´espera, Llibre dels Espills), Mònica Meló, Manel Pitarch y, sobre todo, Josep Porcar (La culpa, Llambreig).


Otros autores destacables son Pedro Gómez (Abrasados) y Joan Garí, que en Física dels límits (2001) logra una sabia combinación de trascendencia y humor.

También merece citarse la labor de los profesores Santiago Fortuño Llorens y Lluís Meseguer, cuyo feraz magisterio ha sido fundamental.

 
Y por último, el apoyo a la cultura y la investigación por parte de la Fundación Dávalos-Fletcher, patrocinador del Premi Tardor de Poesía.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez





viernes, 9 de junio de 2017

La poesía en Castellón: esplendor y diversidad

 
 



Artículo publicado en MUNDIARIO:
 
 
 
 
La poesía en Castellón goza en la actualidad de un momento de verdadero esplendor, un hecho fehaciente que se encuentra estrechamente ligado a la efervescente actividad poética que se viene desarrollando en la Comunidad Valenciana desde hace varios años.
 

En efecto, son muchos los autores y los espacios, muchas las asociaciones y las tertulias, que tienen su cuna y su sede en la ciudad de Castellón de la Plana y sus alrededores. Así, entre los autores podemos citar a Rosa María Villaroig (Brisa ahora, tierna brizna, antaño, Piel hendida adentro), Amelia Díaz Benlliure (Tuya es la voz, Una historia no contada), Rosario Raro (Puerto Libertad), Bibiana Collado Cabrera (Como si nunca antes, El recelo del agua), Eloy Sánchez Guallart (Manifiesto asténico, Como soles patagónicos), Lluïsa Lladó (El bosque turquesa, El arca de Wislawa), Soledad Benages (Soledumbre), Iris Almenara (Ombligo, mundo y raíz), Pilar Bellés y Jesús G. Moreda.
 

En cuanto a los espacios, merecen citarse algunos muy emblemáticos, como el Real Casino Antiguo de Castellón, sede de ALCAP, las librerías Argot y Babel, la cafetería-librería Sar Alejandría, El Convent o el nuevo espacio creativo La Bohemia, que regenta Manu Vives.
 

Por lo que toca a las asociaciones y tertulias, las hay con solera, como ALCAP (Asociación Literaria Castellonense Amigos de la Poesía) que preside Víctor Vázquez Bayarri; Verba Manent y Poetas sin sofá, con Soledad Benages y María José Sangorrín a la cabeza; la Tertulia poética El Almadar, donde se dan cita algunos de los autores nombrados anteriormente: Amelia Díaz Benlliure, Eloy Sánchez Guallart y Lluïsa Lladó, además de la escritora alemana afincada en Nules Petra Dindinger Biermann (Eternos), Enric Serra (Capitán Ahab) o Marcelo Díaz (Sin ciel/no), entre otros; y las Tertulias del Racó d´Adall. Cabe destacar que tanto Poetas sin sofá como El Almadar editan sendas publicaciones periódicas, a saber: Cuadernos de Poesía por Poetas sin sofá, que ya va por su número 9; y Azharanía, de El Almadar, que recientemente ha publicado su número 13, dos publicaciones que cada vez adquieren mayor prestigio, con importantes colaboraciones de autores españoles y latinoamericanos.

 
Capítulo aparte merecen las editoriales ACEN Editorial (Asociación Cultural de Escritores Noveles) y, sobre todo, Unaria Ediciones, el proyecto editorial que dirige Amelia Díaz Benlliure con tesón e ilusión desbordante y donde han visto la luz obras tan importantes como Infierno y nadie, la antología poética esencial de Antonio Marín Albalate.

Mucho talento y múltiples iniciativas que han hecho de Castellón de la Plana una de las capitales de la poesía en España.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 

 



domingo, 4 de junio de 2017

Puerto Libertad. Rosario Raro

 
 


Puerto Libertad
Rosario Raro
Unaria Ediciones, 2014
 
 
Unaria Ediciones, que dirige con mano maestra la poeta Amelia Díaz Benlliure, publica Puerto Libertad de la escritora castellonense Rosario Raro, un poemario anterior a su célebre novela Volver a Canfranc. Editado en la colección “Además de la palabra”, que pretende aunar los múltiples aspectos artísticos de los poetas, sorprende de entrada su pequeño formato, apaisado y realmente de bolsillo.

El libro reúne más de doscientas composiciones, poemas breves, escritos a la manera del haiku, respetando la estrofa japonesa en su estructura occidental: tres versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente, organizadas en dos grandes apartados, “Oriente” y “El regreso a Occidente”, con un bello colofón, casi una poética, bajo el epígrafe “Del uno al otro confín”, que también figura en la contraportada:

"Escribo para
robarle a la muerte
la última frase."

Lo encabeza un certero prólogo del escritor valenciano Juan Luis Bedins, actualmente presidente de CLAVE (Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios) y autor de los poemarios Desde aquel balcón remoto (Ed. Instituto de Estudios Modernistas, 1994) y Escucho otra cadencia en mi memoria (Paginacero, 2005), entre otros.

El poemario cuenta, además, con otro interesante atractivo, la traducción al japonés de las composiciones reunidas en “Oriente” por Javier Porcar Rebollo.

Rosario Raro demuestra ser una autora cosmopolita pues sus poemas se hacen eco de experiencias vividas en diferentes partes del globo, desde lugares exóticos, como Coyoacán y Katmandú, al litoral mediterráneo. En ese periplo vital la autora escribe un contenido misceláneo, en ocasiones con espíritu oriental:
 
"Guarda la hoja:
escondida en el bosque
o en un libro."

Y en otras con vocación de aforismo:

"Lo literario
es siempre la sospecha
de cualquier verdad."

También podemos apreciar rasgos de otros géneros, como el microrrelato o la greguería. En definitiva un conjunto de ideas y recuerdos que se armonizan bajo el pulso de la mano pensativa de Rosario Raro, ahora dedicada de lleno a la novela pues acaba de publicar La huella de una carta en Planeta, que como Volver a Canfranc promete ser otro éxito de ventas.

He aquí la Rosario Raro más ocurrente, más íntima, que abre y cierra el poemario con una dedicatoria y “El haiku del lector” que ofrece escribir al lector activo que acepte el reto de añadir su propia visión de las cosas que nos hacen y nos deshacen, que nos rodean y nos gobiernan.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



viernes, 19 de mayo de 2017

La flor de la vida. Heberto de Sysmo

 
 


La flor de la vida. Elogio de la geometría sagrada
Heberto de Sysmo
Lastura, 2016
 
 
Poesía matemática, cuántica… estamos cansados de leer etiquetas abarcadoras, todas resultan insuficientes a la hora de calificar a una obra tan compleja en su entramado y con afán divulgador como la de Heberto de Sysmo pues su poesía, audaz e inteligente, no deja indiferente a nadie.

José Antonio Olmedo López-Amor está detrás, o más bien dentro, de Heberto de Sysmo, un seudónimo que engloba dos referentes de su poesía, la del poeta cubano Heberto Padilla (1932-2000), gran amigo de Evgeni Estuchenko, de quien adopta el nombre, y la del lenguaje vanguardista, de hecho el escritor valenciano es un confeso amante del neologismo, y ese “sysmo”, que más bien sería seísmo por el alcance de su palabra, es deudor de ese ardor creativo, de esa energía que en José Antonio Olmedo encuentra su horma. Así el libro se inicia con un afortunado neologismo, “laripse”, una palabra que leída del revés da como resultado la palabra “espiral”, que será fundamental a la hora de interpretar el texto.

Tras El Testamento de la Rosa (Ediciones Cardeñoso, 2014) y La soledad encendida (Ultramarina Cartonera & Digital, 2015), libro de haikus co-escrito con quien suscribe estas líneas, poemarios ya maduros donde Heberto de Sysmo probó diversas formas con maestría, le llega el turno a La flor de la vida, bellísimo título que se encadena con un no menos bello subtítulo, que nos pone en la pista de su temática, Elogio de la geometría sagrada. José Antonio Olmedo adopta el título de la figura geométrica compuesta de diecinueve círculos completos del mismo diámetro y treinta y seis arcos circulares que forman un conjunto hexagonal, que a su vez se incluye en un círculo mayor. Los diecinueve círculos completos se solapan creando patrones radiales simétricos que asemejan flores.

Publica Lastura, de la mano de Lidia López Miguel, que como muy bien reza su lema, “el idealismo como concepto editorial”, ha aceptado el riesgo de darle cabida en el n.º 42 de su magnífica colección de poesía Alcalima, que dirige Isabel Miguel.

El poemario, de entrada, cuenta con diversos atractivos a tener muy en cuenta, que, sin duda, aportan un valor añadido a un libro que es en sí una pieza de arte lingüístico y conceptual. En primer lugar la sugerente ilustración de cubierta, obra de la artista y también poeta Vanessa Torres, que además se encarga de ilustrar las portadillas, con su peculiar estilo gráfico, de imaginación desbordante y reminiscencias cósmicas. En segundo lugar, aunque no menos importante, un breve comentario de Francisco Brines, que figura en la contraportada.

Pero ahí no se acaban los resortes de la obra, nada más abrir el volumen nos hallamos con nuevas aportaciones: un prólogo del propio autor que nos introduce sabiamente en la lectura y que titula “Ensayo de un entrópico desorden. El axioma del sofisma”, donde nos desgrana algunas de las claves necesarias para desentrañar los versos, como la espiral logarítmica, la sucesión de Fibonacci o la teoría del centésimo mono o masa crítica, un texto erudito que expresa un loable interés por la ciencia, algo poco común en el gremio lírico.

Pero hay más, el análisis y notas del escritor vallisoletano David Acebes Sampedro, tan necesarias para comprender la esencia de las partes y las composiciones que las integran, pues es en su estructura, reflejo geométrico del tema en que se inspira, donde podemos descifrar su universo poético.

Siete cantos compuestos por siete poemas cada uno, con títulos más que sugerentes: “Cuerpos geométricos”, “Las llaves de la vida”, “Versos áureos”, “Humanas reflexiones”, “Sinergia del amor cuántico”, “Sonetos atlantes” y “Las siete leyes de la creación & Tradición Hermético-Alquímica”, y todos introducidos por una cita significativa de un autor representativo, a saber: Platón, Johannes Kepler, Francisco Salinas, Eddie J. Bermúdez, Antonio Praena, H.D.S., y Rabindranath Tagore, respectivamente. Por el camino nos encontramos con otros referentes, como Juan Eduardo Cirlot o la teósofa rusa Helena P. Blavatsky. Todo constituye un conjunto armónico cuyas piezas se sustentan unas a otras hasta reproducir en sus páginas esa “flor de la vida”, cuyo patrón ornamental está presente desde la Antigüedad.

Pero no acaban ahí sus múltiples reminiscencias pues el poemario es un dechado de virtudes líricas, no sólo por su vocabulario, extremadamente rico y culto, sino también por su ritmo, en él están presentes diversas formas, desde el endecasílabo blanco al verso libre, desde los siete sonetos “atlantes”, en que el último verso de cada estrofa rima y que dedica a los elementos, a los veintisiete “haikus” de “Humanas reflexiones”, que adoptan la estrofa japonesa pero basándose en la “Teoría de Cuerdas”.

Como podemos observar, nos encontramos con un poemario atípico, que exige una lectura atenta, con composiciones de gran belleza, he aquí una muestra:

LLAVE PSICOLÓGICA

Nuestro conocimiento es el estigma
que siempre sangrará contra sí mismo,
tratando de cruzar eternos puentes,
pensando en la pasión que lo arrebata.
Pero hay puentes a pasos invisibles
quizá muy cerca nuestro, quizá lejos,
que el propio ansia de ver niega convulso
cual claridad prohibida al impaciente.
En la morfología de una lágrima
podemos vislumbrar su procedencia;
si proviene de un llanto o de una risa,
mas no podemos comprender su origen
ni las formas que adopta su estructura…
Salina solución de un sentimiento.

Hasta aquí la epidermis de un poemario que es el fruto de cinco años de trabajo y que ya ha sido objeto de diversas reseñas, por parte de Carlos Alcorta, Manuel Guerrero Cabrera, Antonio Rivero Taravillo, José Carlos Rodrigo Breto o Jesús Cárdenas Sánchez, algo que da cuenta de su interés y alcance, y que lo han hecho merecido finalista de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana en su modalidad de poesía, que entrega la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE).
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 14 de mayo de 2017

Cantos al camino. Isabel Alamar

 
 


Cantos al camino
Isabel Alamar
Playa de Ákaba, 2017
 
 
La escritora valenciana Isabel Alamar publica su primer poemario con un título muy sugestivo, Cantos al camino, y lo hace en el número 4 de la colección “La historia que contamos” de Playa de Ákaba. A pesar de ser su opera prima, Isabel Alamar ya había sido incluida en diversas antologías, como Poesía experimental española (Calambur, 2012), Arquitectura de la palabra (Institució Alfons el Magnànim, 2012) o Un viejo estanque (Comares-La Veleta, 2013), además de publicar poemas y reseñas en prestigiosas revistas digitales, tales como Espacio Luke, Culturamas, La Galla Ciencia o Todoliteratura.es. Una intensa actividad literaria a la que más recientemente ha sumado la plástica, con retratos de escritores coetáneos.

Los que tenemos la suerte de conocerla sabemos del talento y el tesón que su autora atesora y el libro que reseñamos es el fruto de un esfuerzo continuo en su labor creativa. Un esfuerzo bien recompensado, pues no podría abrir mejor el libro que con el espléndido prólogo que lo inaugura, firmado por Jaime Siles. Un texto que añade valor a un libro ya de por sí hermoso, compuesto por doscientos dos poemas, en su mayoría breves, de una lucidez sintética y de apariencia sencilla pero que denotan una gran fuerza emotiva.

El poemario se divide en tres grandes apartados con títulos muy significativos que nos sitúan en el entorno en el que se ahorma su escritura: “En busca del yo”, “El yo con la naturaleza” y “La naturaleza a solas”. La propia estructura sugiere ese viaje iniciático del yo a la naturaleza, principio y fin donde el yo reposa, así el discurso se desplaza progresivamente desde “el centro del yo”, que camina en solitario, hasta los haikus que conforman la última sección, algunos tan bellos como estos:

Al amanecer
la luz en la maceta
toca a la flor.”

o

Sobre la tormenta
extiende sus alas rojas
el viejo colibrí.”

En las citas que abren las tres secciones es posible atisbar sus influencias, desde los clásicos japoneses, Masaoka Shiki y Yamaguchi Sodô, hasta autores contemporáneos con los que la autora guarda una gran afinidad, como Kepa Murua, al que ha dedicado varios estudios, y su paisana Susana Benet.

La estrofa japonesa es, sin duda, la veta que Isabel Alamar explora con singular maestría pues todas sus composiciones tiene ese aire oriental a la hora de mostrar la naturaleza, sin embargo, el yo poemático, un manifiesto lirismo y cierto misticismo en esa visión espiritual del mundo como “flujo y reflujo de mariposas”, se filtran como haces de luz configurando un estilo muy peculiar que trasciende la pura ortodoxia para trazar su propia senda, ello nos tienta a calificarlo de liberal y, sin embargo, es tan miscelánea su escritura que, no obstante las referencias culturales que a priori asimilan su discurso con la tradición china y japonesa, Isabel Alamar es, ante todo, una poeta de su tiempo, que discurre por los caminos transversales de su época, la nuestra, tan compleja, y es ahí precisamente donde reside su mayor virtud, la de caminar serena bajo el temporal hasta que sus pasos “se confundan con el paisaje”, hasta encontrarse consigo misma, siendo al fin parte del todo, una manera original de escapar de la nada.
 
Gregorio Muelas Bermúdez



miércoles, 3 de mayo de 2017

Los refugios que olvidamos. Jesús Cárdenas

 
 


Los refugios que olvidamos
Jesús Cárdenas
Anantes Gestoría Cultural, 2016
 
 
Jesús Cárdenas Sánchez (Alcalá de Guadaira, Sevilla 1973) es un poeta incansable, tenaz, autor prolífico que año tras año, desde la publicación de La luz de entre los cipreses (Ediciones En Huida, 2012), ha ido entregando a la imprenta poemarios de calidad contrastada y con eco en los medios. Ahora publica de nuevo en Anantes Gestoría Cultural, tras Sucesión de lunas (2015), un libro de bellísimo título, Los refugios que olvidamos, con un sugerente motivo de cubierta, “Manchas de invierno”, realizado por Jorge Mejías Garrón.

Lo primero que podemos constatar es que no nos encontramos con una mera colección de poemas, el autor sevillano organiza a conciencia las cuarenta y nueve composiciones que integran el libro en torno a cuatro apartados con epígrafes muy significativos: “La humedad”, “Hojas secas”, “Anclaje” y “Sumideros”, de similar extensión, excepto el tercero, más breve, en los que prescinde de citas y se expresa con cuidada vehemencia y en ritmo imparisílabo.

Era tu voz el único refugio/ señalado en la cumbre”. La poesía es refugio y estos versos sintetizan el espíritu que recorre todo el poemario, donde naturaleza y sentimiento son los ejes sobre los que Jesús Cárdenas articula su discurso, veraz, melancólico y en apariencia sencillo, tras el que se vislumbra un arduo trabajo de depuración estilística. El sevillano es un trabajador incesante del verso, al que se entrega con pasión y denuedo, por eso en su poesía se advierten tintes biográficos, tal vez con el fin de recordar “sin rencores”, “sin llamas, rescoldos ni cenizas”.

Existen varios refugios, como el cuerpo amado, “celeste y vibrante”, “bajo el conjuro de la Vía Láctea”, con un lenguaje elegante que no desdeña el clasicismo, Jesús Cárdenas concita los grandes temas de la lírica tradicional pero con un estilo muy personal que tiene en el silencio su enemigo íntimo, de ahí su empeño por nombrar las cosas queridas, para no perderlas, para, en definitiva, no olvidarlas.

Un halo de melancolía parece recorrer todo el libro, en busca de ese anclaje metafísico que trascienda la herida, como en el emotivo poema que dedica a la memoria de su madre, “Ante el castillo de Sancti Petri”. Por eso “ante la quebradura temporal de la especie”, después de mucho andar sobre terrenos baldíos, dice el poeta: “Es hora de verter el vino reservado/ para las grandes ocasiones/ en las copas que guardan el sabor a embalaje”.

Tal vez porque “hay una realidad más allá de ésta” damos las cosas “a fondo perdido”, aunque a menudo nuestra perspectiva se doble hacia dentro, hacia noches sin luna, es ahí donde la poesía de Jesús Cárdenas encuentra su horma, en esa visión melancólica que le impele a decir que “nada vale nada”, una suerte de incomprensión a la que se impone una mirada crítica sobre la “perversa realidad”.

Pero si algo destaca es esa mirada irónica que tan bien sabe aderezar con apuntes culturalistas, me refiero a “La primavera no se refleja en la ventana del jardín de E. E. Cummings” y “La camarera del Folies Bergère”. El más extenso de los poemas, el bellísimo “Deserción de la materia”, es la antesala a ese “Fin de etapa” que cierra el libro, con un verso muy significativo: “Ya sabes lo que hacer: ponme a resguardo”.

En efecto, con Los refugios que olvidamos parece que su autor pretende cerrar una etapa de su obra, experiencial y meditativa, para iniciar otra que a buen seguro será fructífera.

 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



sábado, 29 de abril de 2017

Errata de fe. Carlos Roberto Gómez Beras

 
 


Errata de fe
Carlos Roberto Gómez Beras
Isla Negra Editores, San Juan, Puerto Rico, 2015
 
 
Errata de fe es el sugerente título con el que Carlos Roberto Gómez Beras (1959) publica su nuevo poemario, un libro bellamente editado por Isla Negra, editorial de larga tradición en el ámbito caribeño, que desde Puerto Rico lleva a cabo una impecable labor que trasciende su carácter insular para llegar a los diferentes lugares de habla hispana. En España la obra del poeta dominicano tiene un amplio eco gracias a la buena acogida por parte de la crítica de su anterior poemario, Mapa al corazón del hombre (Isla Negra Editores, 2012).

La colección “Filo de juego” aloja un poemario que se presenta con una hermosa imagen de cubierta, “Lilith”, arte de Laura Rodríguez Abreu, y que se inaugura con tres citas, de Baudelaire, Hanna Arendt y Octavio Paz, que justifican e inspiran el título.

No erro si afirmo que Carlos Roberto es uno de los poetas que mejor tratan el tema del amor en sus versos, con un lenguaje elegante que asimila la tersura de la piel que ama, el poeta canta con verdadera pasión y fe.

Gómez Beras divide su contenido en cuatro grandes apartados, con títulos muy significativos, así en el primero, “Heridas como labios”, reúne veintiún poemas, entre cosmopolitas (“Praga”, “Troya”) y culturalistas (“The remains of the day”, “Yeats”), donde se advierte lo autobiográfico en el sustrato de los versos para hilar experiencia y reflexión, ya en el poema inaugural afirma “Ven, acércate…” para concluir con un verso aforístico: “Y no puedo amar sino equivocándome”. Si el amor es deseo, también es “refriega”, “olvido y esperanza”, y silencio, por eso Gómez Beras derrocha sobre las páginas un torrente de palabras para invocar la memoria con versos lapidarios: “dormir sin ti es dormir despierto”.

En el segundo apartado, “Ocho estudios incompletos”, el autor reúne ocho poemas breves (etude), donde en tres versos apunta destellos amorosos, claroscuros, con vocación existencialista, veamos un bello ejemplo:

Ven, acércate como sólo tú sabes.
Duerme a mi lado, mientras finges que estás despierta.
Mañana el amor nos construirá otro paréntesis.”

El tercer apartado, “Las cosas que perdimos en el fuego”, es un ajuste de cuentas con el pasado, con sus seres queridos y consigo mismo, en forma de auto reproche o de despedida, como en “Elegía austral”. Destacan los poemas que dedica a su hija, como “Sol de Galileo”, “Marcela” o “La respuesta”, donde el poeta se expresa con ternura: “tu sonrisa es el horizonte donde nace/ el sol rojo de un alba sin ocasos.” En general, todos los poemas gozan de un ritmo mesurado por un estribillo (“Justo al medio del camino”, “En esta casa”) o por la música serena que destilan los versos.

En el cuarto y último apartado, “Fe de erratas”, Gómez Beras reflexiona sobre el ars poetica, así comienza advirtiendo “Al lector”: “Lector, no busques entre estas páginas/ lo que ya llevas en tus adentros”. Y continua definiendo su arte: “Cuando Dios se despierta sudado/ de un sueño donde él muere,/ ese sueño es la poesía.”. La dicotomía entre escritor y autor, y su origen prometeico, son objeto de versificación. Para el autor la poesía es luz, que alumbra la memoria frente al pasado y el olvido. Pero la poesía también es fe porque “es insólita, intrépida e inexplicable”. En “Biografía” Gómez Beras consagra su vida a su oficio pues sólo la poesía puede salvar de la muerte.

El libro se cierra con tres comentarios de contraportada, firmados por Margrit Klinger-Clavijo, Jüri Talvet e Hilario Barrero, que coinciden en definir su poesía como deslumbrante. Y es que Carlos Roberto Gómez Beras sabe que solo se escribe y se ama lo que se puede perder.
 


Gregorio Muelas Bermúdez



miércoles, 19 de abril de 2017

Revista CRÁTERA Nº 0. Contenidos y colaboradores

 
 



CRÁTERA
Revista de crítica y poesía contemporánea
Nº 0/1, Primavera, marzo-abril 2017
 



Dirección:

 
Comité asesor:

 

Contenidos y colaboradores:

Ilustraciones:

Cubierta (portada y contraportada): Juan Carlos Mestre
Interior (sumi-e): Sara García Lafont

La mirada de Basho (haikus): Susana Benet, Ricardo Virtanen, Gorka Arellano

Traducción: Robert Rozhdestvensky por Natalia Litvinova, Mircea Petean por Elisabeta Boțan, Eugenio Montale por Carlos Vitale, Hilde Domin por Gema Estudillo.

Experimental: Atilano Sevillano Bermúdez, Rafael Marín. (Selección de David Acebes Sampedro)

La entrevista: Marcus Versus por Jorge Ortiz Robla

Investigación: "Justo y perfecto" (aforismos de Juan Ramón) por Justo Serna

Reseñas: Blanco Roto, por Álvaro Valverde; El club del crimen, por Carlos Alcorta; Reflejos en el cristal cotidiano, por David Acebes Sampedro; Llamo desde otro planeta, por José Ángel García Caballero; Tópo, por Gregorio Muelas Bermúdez; Contra las cosas redondas, por Gregorio Muelas Bermúdez; Infierno y nadie: antología poética esencial 1978-2014, por José Antonio Olmedo López-Amor; Masa crítica, por José Antonio Olmedo López-Amor.

Leído por: Sabe la noche, por Ramón Campos RCb; Nostalgia de la acción, por Jorge Ortiz Robla; Sense treva, por Eduard Xavier Montesinos.