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lunes, 15 de febrero de 2021

Desobediencia. Edición de Marco Antonio Núñez y Óscar de la Torre

 



Desobediencia
VV. AA.
El sastre de Apollinaire, 2020


Desobediencia es el significativo título de este volumen antológico que publica El sastre de Apollinaire en el número 42 de su colección de poesía en una cuidada edición a cargo de Marco Antonio Núñez y Óscar de la Torre, con un sugerente collage de cubierta de Raquel Ramírez de Arellano.


Desobediencia es una antología atípica por cuanto reúne algunas propuestas rupturistas de la poesía española actual. Poesía non finito, intrapoesía, poesía especular, poesía de la otredad, son las tendencias vanguardistas que albergan estas páginas, firmadas por influyentes autores que desde hace más de una década vienen apostando por ellas, a saber: Vicente Luis Mora, Marcos Canteli, Julio César Galán, Juan Andrés García Román, Rubén Martín, María Salgado, Lola Nieto y Jimena Alba.


El volumen se abre con un pertinente prólogo de los editores, su epígrafe, “Centro y arista de la Insumisión”, no deja lugar a dudas sobre su intención disruptiva y se hace necesario para comprender el alcance e influencia de estas nuevas perspectivas del hecho poético, que surgen como respuesta al agotamiento de las corrientes poéticas del pasado siglo y al “descafeinado eclecticismo de la primera década del siglo XXI”.


Antes de adentrarnos en las innovadoras poéticas de cada uno de los autores seleccionados, conviene explicitar la intención de estas nuevas vías poéticas. Así, por poesía non finito se entiende aquella en la que el objetivo último del poema es su mismo proceso de creación, que se muestra sin ambages, haciendo visible el artificio; mientras, la intrapoesía incorpora el pensamiento crítico al pensamiento creativo, dando lugar a un proceso de re-creación donde crítica y poesía son una y la misma cosa pero siempre nueva; por su parte, la poesía especular se refiere al poema dentro del poema, donde éste resulta ser una matrioska, como un poema en abismo, su reflejo puede ser intertextual o interdiscursivo; para finalizar, la poesía de la otredad es la que se abre a los otros, ya sean ficticios o reales, dando lugar a una composición polifónica, una vocación abierta y plural que se puede hacer extensiva a todos los autores aquí antologados.


Vicente Luis Mora nos ofrece una poesía meditativa, reflexiva, interdisciplinar, con potentes ecos culturalistas, donde construye una identidad a partir de los fragmentos dispersos de la conciencia, así dice: “el arte es sólo un hombre que se mueve / en pos de una pregunta irrespondible”, y un poco más adelante afirma: “la poesía es solo geometría”.


Marcos Canteli parece ceder a una suerte de escritura automática con un estimulante predominio de las imágenes surrealistas, aquí la lógica del discurso se disloca en aras de hallar una mayor densidad expresiva, en radical contubernio con el subconsciente: “COMO ESPECTRO de oquedad había celadas que / una mano ni tamiza ni conjura carracas en los árboles / moscas sed”.


Julio César Galán tal vez sea el autor que más intensamente ha explotado esta veta vanguardista, santo y seña del rupturismo lírico en nuestro país, en él se encuentran, y se combinan, rasgos de todos los tipos de poesía que hemos mencionado; poseedor de una desbordante imaginación, su “Oda al blanco casi”, constituido únicamente por 17 notas a pie de página sobre un texto fantasma, es una verdadera cota lírica, y su “Pequeña formación del universo” es un caligrama del Big Bang donde la materia, las palabras, parecen expandirse hacia “la memoria y el olvido”.


Juan Andrés García Román nos presenta una poesía labrada, meditada, y en no pocas ocasiones medida, con imágenes de una belleza deslumbrante: “Flores hay / como mundos, / pero es la mariposa reparada con papel celo / la que ha inclinado la balanza hacia la primavera”. En él fondo y forma se conjugan de manera indivisible.


Rubén Martín nos propone una peripecia donde lo prosaico y lo lírico juegan al equilibrio entre versos tachados que nos muestran el envés de la trama, donde la mirada se posa como un pájaro que lleva dentro su jaula.


María Salgado nos presenta una poesía ergódica, posmoderna y declaradamente crítica, que no desdeña la forma del panfleto para despertar la conciencia del lector, en su poesía las ideas se acumulan y disgregan para hacer de la complejidad vórtice y cantil, precipicio y asidero.


Lola Nieto aporta una poesía visceral, esquemática, performativa, con abundantes notas y subnotas, cuadros, guiones, puntos suspensivos, en definitiva un maremágnum de palabras que son el reflejo íntimo de una conciencia desgarrada que siente y piensa en negro sobre blanco, y viceversa.


Jimena Alba, uno de los heterónimos de Julio César Galán, despliega, sin embargo, un estilo propio, inteligente, culto, que homenajea a Fernando Pessoa y a David Bowie, de quienes bebe con fruición para acabar hablando con Zaratustra de tú a tú.


En conclusión, Desobediencia viene a poner sitio a una poesía cada vez más influyente y tal vez la única capaz de reflejar el interior torrencial del poeta que emplea la palabra para decrear el yo.


Gregorio Muelas Bermúdez



viernes, 1 de junio de 2018

El primer día. Julio César Galán

 
 


El primer día
Julio César Galán
La isla de Siltolá, 2016
 
 
Publicado por Ediciones de La isla de Siltolá en el número 34 de su colección de poesía, El primer día es el quinto poemario de Julio César Galán (Cáceres, 1978), profesor en la Universidad de Extremadura, crítico literario y autor teatral, y el séptimo del autor si tenemos en cuenta aquellos que ha publicado bajo alguno de sus heterónimos (Luis Yarza, Pablo Gaudet y Jimena Alba). Nos encontramos, pues, con un poeta con obra y consecuencia, que desde la publicación de Tres veces luz (La Garúa, 2007) nos ha ido entregando su quehacer lírico con vocación vanguardista y afán renovador, una actitud que encuentra en el libro que nos ocupa su mayor hito.

Como escribe Eduardo Espina en el comentario de contraportada, “en El primer día Julio César Galán revisa el acto de la escritura a mediados de la segunda década del siglo XXI”, en efecto, el poeta enfrenta al lenguaje con sus múltiples formas, integrando el propio acto de la creación porque como ha manifestado el autor “crear es interpretar y viceversa”.

Una pertinente “Nota del autor” abre el libro y nos introduce en sus claves compositivas, fruto de un intenso trabajo de investigación sobre el lenguaje y su expresión escrita que se desarrolla en dos períodos de creación poética: el de la escritura, entre 1996 y 2003, y el de la reescritura, hasta 2015. No es de extrañar que Stéphane Mallarmé y Antonin Artaud, antecedentes de las vanguardias, además de Juan Luis Martínez y David Rosenmann-Taub, sean algunas de sus influencias manifiestas y abran el poemario con sus citas.

Tres libros conforman su estructura: “Para comenzar todo de nuevo”, “Con orejas de trébol” y “Montoncitos de desnudez”. Títulos verdaderamente significativos que ilustran la enorme capacidad indagatoria del autor, febril e imaginativo, que asombra y desconcierta y que, sin duda, supone un reto y un estímulo para lector activo dado que el poeta extremeño pretende trasladar el propio proceso de creación, que es el fin que busca, para hacer del lector un actor crítico del poema, de ahí, tal vez, el título del conjunto, eliotiano en más de un sentido, pues parece sugerir que en el último empieza el primer día.

Nos enfrentamos pues a una metapoesía que aspira a hallar el punto cero de su escritura a través de infinidad de formas y recursos en un ejercicio de reconstrucción de la modernidad, enumeremos las más características: práctica ausencia de los signos de puntuación (excepto los dos puntos y los suspensivos siempre que sean significativos); versos tachados, glosas al margen, notas a pie de página, lenguaje iconográfico, inserción de onomatopeyas, empleo de diferentes tipos y tamaños de letra, guiones a modo de diálogo donde el autor conversa con sus alter ego, espacios dejados en blanco como en “Oda al blanco casi”. Pero también el uso expresivo de la cursiva, la inclusión de fragmentos en inglés y en prosa o un bien dosificado y justificado culturalismo donde se dan cita desde Lope de Vega a Jackson Pollock, pero también cineastas, como David Lynch o Tim Burton, y músicos, como Van Morrison.

Sin duda la poesía es un género híbrido, capaz de albergar las más diversas formas hasta conformar un todo inclasificable, pero no acaba ahí la cosa porque El primer día es mucho más, es, en definitiva, un compendio de lo mejor de su autor. Aunque el estilo de Julio César Galán puede resultar en ocasiones críptico, es, ante todo, un discurso coherente, que se nutre de múltiples rasgos, así, en ocasiones, deviene aforístico, veamos un espléndido ejemplo: “le daremos a la derrota la parte de victoria que tuvimos”.

Pero si algo nos muestra Julio César Galán es su proceso de elaboración del poemario, de ahí que todos los recursos que articulan el discurso final sean elevados al mismo nivel que el propio discurso porque son parte esencial de él, sólo por ellos se es capaz de “comprender” todo el conjunto, ese irse haciendo, deshaciendo y rehaciendo queda plasmado en las numerosas notas y glosas que pueblan el libro, siempre a la altura de los versos que inspiran, reproduzco un bello ejemplo:

[U7]
Cuando tengas un
hijo y mires estos
campos te dirás: "El
monte está peinado
de olivares y en los
oteros las alturas
y las luces hacen
encaje de bolillos".

El primer día es un poemario sofisticado pues nos encontramos con un ensayo poético o con una poesía ensayística donde el autor no duda en poner de relieve el origen y las fuentes de su escritura, así a lo largo de la lectura podemos asistir al “extásis de momentos” que conforman la creación en una especie de juego metapoético que culmina en “el instante en que el autor termina el libro”.

Sorprende que una edición tan sencilla albergue un poemario tan complejo, tan rico en matices, tan polifónico, que desde el mismo título parece remitir a la capacidad de reinvención, de reconstrucción, a la que nos invita su sugestiva lectura. Enhorabuena a Julio César Galán por dar un paso hacia delante y anticipar una nueva época “y un final feliz...”.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
Reseña publicada en el nº 2 de CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea
 
 
 
 
 

 

 
 



miércoles, 8 de marzo de 2017

Limados. La ruptura textual en la última poesía española

 
 


Limados. La ruptura textual en la última poesía española
Edición de Óscar de la Torre
Ediciones Amargord, Madrid, 2016
 
 
La colección “fragmentaria-ensayo” de Ediciones Amargord publica Limados. La ruptura textual en la última poesía española, con edición y prólogo de Óscar de la Torre (1973), un volumen que cuenta además con un interesante “Epílogo bicéfalo” de César Nicolás y Marco Antonio Núñez.

En el extenso prólogo, de significativo título: “Non finito (un deseo llamado punto de fuga)”, Óscar de la Torre deja claro que no nos encontramos con una antología, sino con una amplia muestra que, más allá del necesario criterio selectivo, no pretende establecer un paradigma canónico, que en nuestra lengua cuenta con ilustres ejemplos, lejos de esta línea grandilocuente que pretende trazar un panorama generacional, Óscar de la Torre se centra en otros aspectos menos “académicos”. Así, los autores seleccionados coinciden en abordar el lenguaje poético como fin o aprendizaje para aprehender una realidad compleja, que el poeta fija con los recursos que tiene a su alcance para “interpretar” dicha realidad en la forma y complejidad con que esta se nos presenta, un ideal o anhelo que cada autor ha sabido plasmar a su manera, dando lugar a un estilo propio. Es esta concepción del acto poético la que permite aunar tendencias, y no las supuestas interrelaciones entre autores y editoriales.

Óscar de la Torre no tiene intención de concretar un movimiento literario en base a unos temas e intereses en común, sino que apunta a una corriente poética que emerge como reacción a fórmulas agotadas que solo parecían abordar una mínima porción de una realidad vasta y compleja. Más allá de cualquier etiqueta, los autores reunidos en Limados muestran la poesía como “fuga, variación y modulación incesantes”.

Ángel Cerviño (Lugo, 1956), Alejandro Céspedes (Gijón, 1958), Yaiza Martínez (Las Palmas de Gran Canaria, 1973), Enrique Cabezón (Logroño, 1976), Julio César Galán (Cáceres, 1978), Juan Andrés García Román (Granada, 1979), Mario Martín Gijón (Badajoz, 1979) y María Salgado (Madrid, 1984). Dos mujeres y seis hombres, ocho autores que tienen en común la necesidad de fracturar el lenguaje, de romper el discurso tradicional e indagar en el proceso creativo. Para ello no dudan en emplear los más variados e ingeniosos recursos: versos “barrados” y tachados, acompañados de extensas notas a pie de página (Ángel Cerviño y Julio César Galán), caligramas y amplios espacios en blanco (Alejandro Céspedes), paréntesis (Yaiza Martínez), versos emborronados (Enrique Cabezón), reminiscencias surrealistas (Juan Andrés García Román), palabras escindidas (Mario Martín Gijón) e inserción de versos en francés e inglés (María Salgado). Una miscelánea de formas que apuntan un fondo hondísimo.

El volumen se cierra con dos textos que suman cien páginas: “A manera de epílogo (Limados o la crítica de una poesía epigonal)” de César Nicolás, y “La última bala”, que firma Marco Antonio Núñez, que tratan el asunto desde dos perspectivas distintas y complementarias, que hacen de este libro una muestra representativa de una corriente en plena efervescencia que promete seguir dando generosos frutos a la ecléctica poesía española comntemporánea.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez