sábado, 29 de septiembre de 2018

Bulovka

 
 



BULOVKA

A Bohumil Hrabal


Palabras. Él las soltó un día,
aletearon cual palomas
desde su alféizar de la quinta planta,
y fueron a parar a otra boca más oscura.

Palabras mustias en el mediodía,
lloradas tiempo atrás, tal vez soñadas,
acaso presentidas, más allá
del olvido, ya para siempre heridas.


(Poema revisado de Aunque me borre el tiempo)



viernes, 21 de septiembre de 2018

Lejos de Roma. Pablo Montoya

 
 


Lejos de Roma
Pablo Montoya
Sílaba Editores, Medellín, 2014
 
 
Lejos de Roma no es La muerte de Virgilio (Der Tod des Virgil, 1945) del austriaco Hermann Broch, ni Memorias de Adriano (Mémoires d´Hadrien, 1951) de la franco-belga Marguerite Yourcenar, tampoco pretende serlo, esta novela de corta extensión y largo aliento poético viene firmada por el escritor colombiano Pablo Montoya Campuzano (Barrancabermeja, 1963), uno de los principales narradores actuales de su país junto a Héctor Abad Faciolince (El olvido que seremos), Fernando Vallejo (El desbarrancadero), Piedad Bonnett (Lo que no tiene nombre) y William Ospina (El país de la canela), y ganador del prestigioso Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en 2015 por Tríptico de la infamia.

Editada primero por Alfaguara en 2008 y reeditada después por Sílaba Editores e Igitur Ediciones, Lejos de Roma puede sorprender a priori por lo inusual del tema pues el título alude al exilio de Publio Ovidio Nasón (43 a. C. – 17 d. C.), forzosamente desterrado en el Ponto por orden del emperador Augusto, acusado de corromper con sus versos lascivos a la juventud romana. Alejado de su propia contemporaneidad y en un estilo elegante, sobrio y eminentemente lírico, en la pluma de Pablo Montoya el autor de Arte de amar (Ars amandi) y Las metamorfosis (Metamorphoseis) despliega sus vivencias entre los bárbaros, los dacios, y su particular y desesperada añoranza de Roma en forma de monólogo dividido en cuarenta breves capítulos, en realidad secuencias, encabezados por un epígrafe que sintetiza su contenido, desde “La llegada” hasta “La luz”, veamos el comienzo:

Mi mirada se proyecta hacia el horizonte. Desde él una gaviota se precipita. Bajo su vuelo el mar surge como una exhalación gris. Después aparece la nave. Más allá de sus velas un sol se oculta entre vagos resplandores. Los hombres van surgiendo y sus gritos pueblan el puerto de Tomos.”

La figura de Ovidio ya había sido recreada por el escritor rumano Vintila Horia (1915-1992) en su novela Dios ha nacido en el exilio (Dieu est né en exil, 1960), por la que obtuvo el Premio Goncourt y donde narra en forma de diario el descenso al infierno del gran poeta latino, hecho que cristalizaría en los dísticos elegíacos de Tristezas (Tristia). Aquí, sin embargo, Pablo Montoya da una vuelta de tuerca al poner en boca de su personaje su propia experiencia en el exilio, léase su libro de poesía Cuaderno de París (2006), donde el desplazamiento, el desarraigo y la nostalgia son el leitmotiv de la obra. Montoya escribe, pues, sobre la condición del exiliado a través de un personaje capital de la cultura europea pero desde una perspectiva más amplia, americana si se quiere, en definitiva universal.

El exilio del anciano Ovidio en Tomos, hoy Constanza, “puerto del espanto” a orillas del Mar Negro, se convierte en manos del escritor colombiano en una suerte de recreación histórica de las grandes preocupaciones y la responsabilidad del artista, así este Ovidio, en realidad un trasunto de Montoya, reflexiona con hondura y sabiduría sobre el poder y la soledad, sobre la violencia y el amor, temas tan inherentes a la condición del ser humano que ni los veinte siglos transcurridos ni los miles de kilómetros que separan a la actual Rumanía del país andino han podido transmutar.

En conclusión, Pablo Montoya consigue con su segunda novela, tras La sed del ojo (2004), entrar en el Parnaso de las obras ambientadas en la antigua Roma, ocupando un sillón junto a Robert Graves (Yo, Claudio) y Thornton Wilde (Los Idus de marzo) al reinventar el género histórico con una prosa tan bella como precisa que confirma el talento de un escritor que ya se cuenta entre las voces fundamentales de la nueva narrativa latinoamericana.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



martes, 18 de septiembre de 2018

Mandarina y los piratas. Mado Vidal

 
 


Mandarina y los piratas
Mado Vidal
Valencia, 2018
 
 
La literatura infantil es fundamental para la formación del futuro adulto pues además de asentar el necesario hábito de la lectura, fomenta, sobre todo, el desarrollo cognitivo de los niños, estimulando su imaginación.

Aún recuerdo con ternura mis primeras lecturas, una recopilación de cuentos ilustrados y Robi, Tobi y el aeroguatutu de Boy Lordsen, poco después llegarían Las aventuras del barón Munchausen de Rudolf Erich Raspe, El pequeño vampiro de Angela Sommer-Bodenburg, Las vacaciones del pequeño Nicolás de René Goscinny y Jean-Jacques Sempé y Las brujas de Roald Dhal, verdaderos clásicos del que tal vez sea, junto a la novela histórica, el género más vendido en nuestro país.

Es por ello que cuando el libro que motiva el presente artículo llegó generosamente a mis manos me provocara poco menos que una nostalgia al revés, pues al adentrarme en sus bonitas páginas no he podido dejar de sentir una emoción que ya creía perdida y que gracias a esta inesperada lectura sé que permanece como sustrato esencial sobre el que se han ido superponiendo las diversas piezas que con forma de libros han ido edificando mi corpus intelectual.

Mandarina y los piratas, así se titula este sencillo artefacto firmado por Mado Vidal Vera (1976), psicóloga y actriz valenciana, autora de la pieza teatral Mamá, papá ¿Qué es una fobia?, hará, sin duda, las delicias de los niños a los que les guste soñar con nuevos mundos. Se trata de una cuidada edición de la propia autora, con ayuda de Amparo Baixauli en la maquetación, que facilita el manejo del libro: tapas duras y formato cuadrangular, que contiene un colorido cuento, bellamente ilustrado por la escritora, donde se narran las ingeniosas aventuras de una niña alegre e inquieta, Mandarina, “cuando el mundo ya no era más que una gran bola de agua poblada por islas de barcos, ciudades de barcos, incluso países de barcos”, que vive en un pueblo llamado Quizás amenazado por los... ¡piratas!

En apenas cuarenta páginas Mado Vidal consigue condensar una pequeña gran historia, donde se imponen el coraje y la inteligencia de un grupo de niños frente a la incomprensión y la violencia de los adultos, poniendo en valor el entusiasmo, la solidaridad y el trabajo en equipo.

El libro se cierra con un caligrama, las figuras recortables de los protagonistas y el paso a paso para construir un barco de papel. Enhorabuena a Mado Vidal por esta amena y constructiva incursión en la maravillosa literatura para niños pequeños y mayores.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



lunes, 17 de septiembre de 2018

Canto

 
 
Dibujo de Sara García Lafont
 
 
 
CANTO


Habrá que desandar esos caminos
que un día anduvimos con pies descalzos
por verdes parajes nunca antes hollados.

Habrá que reinventar las historias,
que érase una vez nos contaron
a media voz en el regazo,
que hablaban de héroes anónimos,
intrahistóricos, ignorados.

Habrá que lamentar las viejas penas,
aquellas que vertieron el llanto
en incesantes noches de espanto.

Habrá que no olvidar el pasado,
rehacer los caminos quebrados,
rescatar las voces de los enterrados,
llorar por aquello que ellos lloraron
y entonar por primera vez el canto.


(De Aunque me borre el tiempo, 2010)




martes, 11 de septiembre de 2018

Luis Báez Mayor, el poeta secreto canario

 
 


Se conoce por “poeta secreto” a aquel que habiendo siendo prácticamente desconocido en vida, con escasas publicaciones que pasaron en su día inadvertidas pero con una amplia obra que por circunstancias permaneció oculta en la privacidad de un cajón, goza en la actualidad de una memoria imperecedera, citemos los casos más paradigmáticos: el griego de Alejandría Constantino Cavafis (1863-1933) y el lisboeta Fernando Pessoa (1888-1935), y más recientemente en España el barcelonés José María Fonollosa (1922-1991), el inolvidable autor de esa obra maestra titulada Ciudad del hombre (1990-1993).

Desconocidos para el público y la crítica hasta después de su muerte, estos autores permanecieron al margen de las corrientes literarias de su época, lo que sin duda dificultó su popularidad pero favoreció su productividad, siendo fieles a sí mismos, creando un estilo propio y a la vez universal.

No son los únicos como veremos, los autores que podríamos encasillar en esta etiqueta se cuentan por decenas, y aunque en muchos casos sus obras no haya obtenido todavía el merecido reconocimiento, merecen ser estudiadas y conocidas, así en Canarias debemos citar el caso de Luis Báez Mayor (Telde, 1907 – 1941), un periodista, escritor, poeta y dramaturgo que comenzó sus estudios de Derecho en Madrid, donde tuvo como maestro a Julián Besteiro, futuro presidente del PSOE, de la UGT y de las Cortes, y que por razones de salud los acabó en La Laguna, Tenerife, y más tarde se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana. En la capital de Cuba viviría la bohemia de sus noches tropicales y conocería a destacados intelectuales de la isla, tales como Alberto Váldez Brito, Agustín Acosta o García Bárcena, con los que entablaría una fructífera amistad, además de colaborar en revistas como Bohemia y publicar artículos en los periódicos habaneros El Espectador y el Diario de la Marina (1844-1960), “El Decano de la prensa cubana”. Su relación con la isla, en la que residió durante tres períodos, fue tan estrecha que acabó adoptando la nacionalidad cubana.
 
Su poesía, donde destacan los sonetos idealistas, es de carácter sentimental, de un romanticismo becqueriano, y de clara influencia modernista, donde suenan ecos del gran Rubén Darío (1867-1916) y de Salvador Rueda (1857-1933), precursor del movimiento en España. Luis Báez Mayor no llegaría a ver ningún libro publicado en vida, su obra vería parcialmente la luz en la posterior antología 96 poetas de las Islas Canarias (1966), y en las más recientes 4 Poetas de Telde (1991) y Poetas de Telde (2001).
 

¿Y he de seguir, ¡Dios mío! siendo una mezcla
burda de estúpidas flaquezas e indecisión suicida
¡Oh, no! que por encima de esta existencia absurda
se yergue inexorable la realidad, la vida.




Luis Báez murió muy joven, con apenas treinta y cuatro años, no obstante, vivió de manera intensa pues sus inquietudes literarias y políticas le llevaron a alternar entre dos grandes islas, con un clima y una arquitectura parecida, Gran Canaria y Cuba. Así tras completar sus estudios de Filosofía y Letras en La Habana, hacia 1927, el “indiano” retorna a Telde como consecuencia de ciertas divergencias familiares debido a su vida nocturna, cuando ya empezaba a descollar en los medios intelectuales.
 

Sé que nací bohemio y he de morir bohemio…
sin la mugrienta pipa ni la melena fútil,
porque hice el bien que pude sin esperar el premio
y he llevado mi vida como una carga inútil.
 

En Telde desarrolla una destacada actividad política durante el período de la Segunda República, ejerciendo como abogado y fundando el PSOE de la ciudad, además de dar conferencias, colaborar en la prensa de Las Palmas y formar parte del Grupo Aparte, donde conocería a los principales escritores grancanarios, como Montiano Placeres Torón (1885-1938). Fue tal su implicación política que con el estallido de la Guerra Civil debió volver a Cuba hasta que su frágil salud le obligó a regresar en 1938, ya no volvería a viajar a su querida isla antillana. Una calle de su ciudad lleva su nombre, donde una placa conmemorativa señala la casa en la que vivió el insigne poeta.


Gregorio Muelas Bermúdez





domingo, 9 de septiembre de 2018

Memoria crepuscular. Joaquín Riñón Rey

 
 


Memoria crepuscular
Joaquín Riñón Rey
Olé libros, Valencia, 2018
 
 
Memoria crepuscular es, tal vez, el canto de cisne de un poeta “recién cansado” -parafraseando el título de un poemario de Jon Juaristi-, Joaquín Riñón Rey (1943), un autor madrileño afincado en Valencia que ha decidido publicar, ya septuagenario, su primera colección de poemas. Un hecho curioso por cuanto Joaquín Riñón no es, ni mucho menos, un poeta novel, dado que ya había dado a la imprenta numerosos poemas, que se han ido publicando en los cuatro volúmenes antológicos de “El limonero de Homero” (I, II, III y IV, de 2010 a 2017), grupo literario al que pertenece, también integrado por Blas Muñoz Pizarro, Antonio Mayor, Vicente Barberá y María Teresa Espasa. Además, Joaquín Riñón ya había sido premiado en varios certámenes, como el “Fiesta de la Primavera” que organiza la asociación Amigos de la Poesía de Valencia.

La pulcra edición, con cuadro de portada de Carlos Mayor, corre a cargo de Olé libros del editor Toni Alcolea, que con la reciente puesta de largo de varias colecciones tiene el objetivo de convertirse en un referente nacional de la poesía española.

El libro se abre con una introducción del propio autor donde reconoce que los poemas incluidos han sido escritos durante los últimos doce años, un dilatado tiempo de escritura que ha dado lugar a “distintos estados de madurez o de creatividad”. De las diferentes etapas da buena cuenta Antonio Mayor en el extenso prólogo que le sigue, quince páginas donde hace un resumen vital de las seis secciones que conforman el poemario.

Una cita de Miguel Romaguera invita a la lectura de la primera parte, constituida por un único poema, que da título a todo el conjunto, una larga composición estructurada en diez apartados con un lúcido preámbulo donde Joaquín Riñón expresa las inquietudes que le impulsan a crear: nostalgia, muerte, vacío y silencio, pero a pesar de la gravedad de los temas que aborda no hay rendición, tan solo una perceptible resignación que se ve atenuada por la intrínseca belleza de la vida y la naturaleza: “busco en cada paisaje una salida / a mis ojos”. Si hay dolor también hay paz interior donde la soledad y la noche son refugio. En cuanto a la forma, sobresale una clara voluntad de revalorizar la función del adjetivo, veamos algunos ejemplos: “húmeda niebla”, “luz sedosa”, “amarillas durezas”, “negras sombras”…

Una significativa estrofa de José Ángel Valente da paso a los doce poemas que conforman la segunda parte, donde Joaquín Riñón elige de nuevo el ritmo imparisílabo y la adjetivación para dar consistencia al tiempo que se marca en el reloj y ante el espejo. Aquí persiste un tono metafísico que trata de asumir la vejez y la postrera ausencia a través del amor “redimido / del tiempo sordo de la tarde agraz”. Cierra esta parte “El silencio de Dios”, un poema que por su hondura y significación reproduzco a continuación:

Perdónanos
Señor
pero
nuestros ojos
se pierden en la noche

y sólo encuentran
las sombras

que la piel de la luz
deja entre tus huesos.”

Esta composición enlaza con la cita de Celso Emilio Ferreiro que nos introduce en la tercera sección, compuesta por el poema en tres partes “De la frontera”, que le hizo merecedor del Premio de Primavera “Luis Chamizo”, de Villafranca del Penedés, en 2015. Las citas de Pedro J. De la Peña, Antonio Gamoneda y Vicente Gallego incitan a Joaquín Riñón a adoptar un tono existencialista que se desbroza en versos de milimétrica precisión con destellos cultistas: calígine, panóptico, dilúculo, furente, febriciente.

Un cielo otoñal, como advierte la cita de Ángel González, gravita en la cuarta sección, así bajo un sol de noviembre conviven la serenidad y el duelo, el pasado y el presente con hechura de elegía. Consciente de que después de las campanadas llega el silencio definitivo, Joaquín Riñón medita por la casa fría y vacía o en medio del campo, por donde pasea nostálgico en busca de la luz, de la melodía “que trasciende el olvido”. Es en esta acotación de la memoria donde el poeta espera “la inmortalidad de la esencia”.

En la quinta sección el silencio se vuelve mortal y la luz esquiva, así Joaquín Riñón hilvana una “Poética inexacta” de acuerdo con la cita de Juan Gustavo Cobo, “sólo el poeta sabe de su radical inexistencia”. En contraste con la agilidad de los primeros poemas, el autor reúne en esta parte algunas composiciones de largo aliento donde indaga en la mirada y en la materia soñada del poema, como en “Divagación”, con el que obtuvo el Primer Premio del X Certamen Internacional de Poesía “Aldaba” en 2011, o en “La búsqueda”, de alma y oficio, de razón y fe.

La sexta y última sección toma un verso de Virgilio (“Y el dolor por fin dejó pasar su voz”) como sibilante proemio a los tres poemas que la componen, donde el mar y su reminiscencia acústica, rumor de olas o ruido de blancas sábanas, revelan la insoslayable condición caduca del hombre. Destaca “Muerte en la Malvarrosa”, un largo poema con varios niveles de lectura donde el poeta traza un ingenioso paralelismo con el mítico final de Muerte en Venecia del realizador italiano Luchino Visconti. Con la amarga contemplación de la sensualidad, de la belleza, que se admira y se esfuma, acaba Memoria crepuscular, un poemario maduro de un poeta que merece retener en la memoria.

 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 2 de septiembre de 2018

I Premio Internacional de Investigación Literaria "Revista Crátera"

 
 



Género: Investigación

Premio: trofeo, diploma, publicación, suscripción gratuita y 3 ejemplares

Abierto a: sin restricciones por nacionalidad o residencia

Entidad convocante: Asociación Literaria Cratarroja

País de la entidad convocante: España

Fecha de cierre: 01:12:2018




BASES

Primero.-
Convocatoria y objeto del Premio

La Asociación Literaria Cratarroja, entidad editora de
CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea, convoca el I Premio Internacional de Investigación Literaria “Revista Crátera” con el fin de incentivar el conocimiento, difusión e investigación sobre aspectos relacionados con la poesía contemporánea en lengua española, así como la creación literaria y los estudios humanísticos. Se pretende que aquellos investigadores que tengan algo que aportar al avance del conocimiento sobre el género y una época literaria puedan ver su trabajo reconocido y publicado en una revista que garantice su difusión nacional e internacional.

Segundo.-
Participantes y requisitos

1. Podrán concurrir al premio todos aquellos autores que lo deseen, con independencia de su nacionalidad, con un trabajo en lengua española, de carácter teórico o crítico, que deberá versar sobre un tema concerniente a la poesía en lengua española de los siglos XX y XXI.

2. Los trabajos presentados deberán ser originales y rigurosamente inéditos; no podrán haber sido publicados total o parcialmente por cualquier procedimiento impreso o electrónico, ni haber sido premiados en otro certamen.

3. La extensión de los trabajos no será inferior a 4 páginas a espacio 1.5, con letra Times New Roman de 12 puntos, ni superior a 6 páginas de las mismas características, además, la bibliografía empleada deberá figurar dentro de estos límites de extensión. En su caso, las citas amplias desgajadas del cuerpo del escrito podrán ir a un espacio, al igual que las notas a pie de página, cuyo tamaño de letra podrá ser de 10 puntos.

4. En ningún caso deberá figurar en los originales el nombre del autor ni indicación alguna que lo identifique, tanto en la obra como en el correo del envío. No se enviará acuse de recibo ni se mantendrá contacto con los autores, salvo con el ganador para notificarle el resultado del premio.

Tercero.-
Presentación de originales

1. Lugar y forma

Las obras se presentarán en formato word y se remitirán a través de correo electrónico a la dirección de la revista:
revistacratera@gmail.com, con el asunto “I Premio Internacional de Investigación Literaria Revista Crátera”, en el correo también se enviará un archivo adjunto con el nombre “Plica”, donde se incluirán los datos de identificación del participante:

Nombre, apellidos, dirección postal completa, correo electrónico, teléfono de contacto del autor, título de la obra presentada y breve currículum.

2. Plazo

El plazo de presentación de las obras comenzará a partir del día siguiente al de publicación de la presente convocatoria en http://revistacratera.blogspot.com y en la página de la revista en Facebook, y finalizará el 1 de diciembre de 2018.

Cuarto.-
Jurado y fallo

El jurado encargado de fallar el premio estará formado por los directores de la revista, y dos críticos literarios y acreditados especialistas en las áreas y materias objeto del premio. El fallo del jurado, que se hará público el día 22 de diciembre, será inapelable.

Quinto.-
Premio

1. Para la presente convocatoria el premio consistirá en la publicación del trabajo galardonado en la sección “Investigación” del n. º 6 de
CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea.

2. El trofeo consistirá en una escultura realizada en madera por el artista y poeta Marcelo Díaz.

3. El autor del trabajo ganador recibirá 3 ejemplares del número de la revista donde se publique su obra.

4. Además, el ganador obtendrá una suscripción gratuita a la revista durante un año y un diploma acreditativo. La fecha y el lugar de entrega del premio se harán públicos una vez conocido el fallo del jurado (la entidad convocante no se hará cargo de los desplazamientos del ganador).

Sexto.-
Aceptación de las bases

1. La participación en este premio implica la total aceptación de las bases.

2. El incumplimiento de las obligaciones que imponen las bases podrá ser motivo de revocación de los beneficios de esta convocatoria.


 
 
 











lunes, 27 de agosto de 2018

Ars moriendi. André Cruchaga

 
 


Ars moriendi
André Cruchaga
Teseo Ediciones, El Salvador, 2018
 
 
La poética de André Cruchaga (El Salvador, 1957) posee un decir único fruto de una densa introspección que se devana de forma torrencial en versos de honda raíz surrealista donde el autor, sensible a todo lo que le rodea, ausculta el acontecer de las cosas. Ars moriendi es la nueva entrega de este insigne y prolífico poeta salvadoreño, la publica Teseo Ediciones con un excelente prólogo de Teresa Moncayo, que rotula con el juanramoniano “La forma de su huida”, y un atinente comentario de contraportada del poeta valenciano Pere Bessó, que ya vertió al catalán el anterior poemario de Cruchaga, Calles / Carrers (2017).

De nuevo el verso libre es el vehículo de expresión para el alma de un autor que acepta la muerte, tema central del libro, como la eterna aliada del poeta que canta los “instantes fenecidos”. Este poemario, integrado por setenta y cinco composiciones con el inconfundible estilo grave que Cruchaga atesora, se inicia con “Álbum del viento”, hecho de instantáneas tan efímeras como “las hojas de otoño, los destinos del rocío”, a las que, sin embargo, el poeta se aferra procurando “vivir lo que muere”; y acaba en el monólogo en prosa “La muerte del poema”, un epígrafe harto significativo para una composición donde desaparecen hasta los signos de puntuación, “las varices del abecedario...”.

Por el camino André Cruchaga nos ofrece poemas sobre la duración del tiempo, la decadencia y el caos, y es que el autor lleva las palabras “hasta la agonía de la garganta”. Destaca la congruencia de las citas, donde encontramos desde frases de grandes narradores latinoamericanos, como Bolaño o Skármeta, hasta fragmentos de letras de canciones de grupos de rock tan conocidos como The Doors, Jimi Hendrix, Ramones o Pink Floyd; y la asunción de dos imágenes recurrentes, el reloj, que marca el “tiempo acumulado en cementerios”, y el espejo, como reflejo soñado del breve lapso que nos queda.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 19 de agosto de 2018

Carta astral. Óscar Navarro Gosálbez

 
 


Carta astral
Óscar Navarro Gosálbez
Boria Ediciones, Murcia, 2018
 
 
Boria Ediciones, sello murciano que dirige Luis Sánchez Martín, publica Carta astral de Óscar Navarro Gosálbez (1971), número 11 de su colección de poesía, con ilustración de cubierta de Diana Escribano Henarejos. Opera prima del autor alicantino, éste ya había publicado algunos poemas en fanzines tan conocidos como “El Manifiesto Azul”, además de participar en alguna antología y ser miembro fundador de la asociación de agitación cultural “Letras de Contestania”.

El poemario, compuesto por veintidós composiciones en verso libre con algunos fragmentos en prosa, cuenta con un “Frontispicio astrológico” a modo de prólogo de las también “contestanas” Carmen Juan (Amar la herida, 2014) y Sara J. Trigueros. Las citas de Epicuro y Hölderlin nos introducen en un libro con una curiosa estructura interna que responde a la perfección con lo esotérico del título, así a cada poema largo sobre un signo zodiacal al cual se asocia un estado característico, le sigue otro breve sobre un cuerpo celeste, por ejemplo en “Aries, o el renacimiento” y “Júpiter”, o en “Tauro, o la consolidación” y “Venus”.

Por ello Óscar Navarro Gosálbez emplea dos voces líricas, una más irracional, entrecortada, que en ocasiones recuerda por su frescura y espontaneidad a la escritura automática de los surrealistas pero sobre un fondo de denuncia social, que se expresa en los poemas dedicados a cada uno de los doce signos, no hay más que leer estos versos: “Hay [..] un latoso tic-tac como de autómatas que arrastran los pies / metálicos hacia las oficinas.”; y otra más íntima con flecos culturalistas, por donde desfilan desde James Dean a Olivier Messiaen, que canta contenida en los poemas inspirados por los planetas, la Luna y el Sol. Dos voces distintas pero complementarias en un mismo espacio infinito donde la lógica a veces se diluye como manifestación de la alteridad de la conciencia.

En definitiva, Carta astral es un dechado de matices que denotan la singularidad de un autor “herido de letras” con ganas de soñar con la esperanza de no irse andando con la muerte.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



lunes, 6 de agosto de 2018

Lágrima de mar. Mariajosé Sangorrín García

 
 


Lágrima de mar
Mariajosé Sangorrín García
Verba Manent, 2017
 
 
Lágrima de mar es la primera obra de la poeta navarra afincada en Castellón de la Plana Mariajosé Sangorrín García (1951), que ha decidido publicarla en la Colección Verba Manent, grupo que con este volumen inicia su propia senda editorial. El libro cuenta de entrada con diversos alicientes: una bella ilustración de portada con forma de medusa, obra de Antoni Albalat Salanova, y un interesante texto de contraportada de la poeta Cristina Penalva Pastor.

Ya en su interior encontramos un oportuno prólogo de Soledad Benages Amorós, coordinadora de Verba Manent, amiga y compañera de versos en “Poetas sin sofá”, a quienes Sangorrín dedica el poemario, donde la poeta de L´Alcora apunta algunas claves interpretativas y realiza un breve recorrido por las influencias literarias de la autora.

Si la poesía es un don, como señala la cita de María Zambrano que inaugura el libro, Mariajosé Sangorrín nos lo ofrece con destreza y generosidad en un poemario extenso, compuesto por más de setenta poemas divididos en tres grandes apartados con los siguientes rótulos: “Tiempo por vivir”, “Lágrima de mar” y “Poemas del viaje”.

La poesía de Mariajosé Sangorrín es de dicción clara y honesta, para ella todo el tiempo es poesía pues ésta se filtra en cada instante de su continuo transcurrir. Una pasión vocacional que la ha motivado a hilvanar un libro de lágrimas luminosas que renacen cada día en forma de palabras. La poeta sabe que la palabra es vida y memoria por eso “uno encuentra su origen allí / donde su final”.

Marijosé Sangorrín aborda multitud de temas, algunos desgarradores, como en “Chernobil”, sobre el célebre desastre nuclear, o en “Siglo veintiuno Ciudad Juárez”, “donde el miedo tiene rostro de mujer”, pero también dispone un lugar para la ternura, no hay más que leer el segmento “Re-volotear” donde a la delicadeza de los versos acompaña unas bellas ilustraciones de pájaros de M.ª Jesús Sangorrín y los ecos musicales de Mendelssohn y Leopold Mozart (“Sinfonía de los juguetes”); y el amor:

“… veo en ti lo mejor de mí
y lo nombro para que pueda ser.
Amor amar ser en Otro.”

Por último, destacan sus poemas viajeros, que desde Amman a Colorado, pasando por Estambul y Vietnam, nos trasladan a los paisajes humanos de los más distantes lugares del globo. Y es que Marijosé Sangorrín es capaz de leer a Kant, mirar el Facebook, cocinar bacalao y entregarnos su palabra limpia, sin artificios de diccionógrafo, pues su alquimia convierte las cicatrices “en la más bella y valiosa celebración”.

 
Gregorio Muelas Bermúdez




sábado, 4 de agosto de 2018

Poemas desde mi jardín. Alfonso Aguado Ortuño

 
 


Poemas desde mi jardín
Alfonso Aguado Ortuño
Ediciones Frutos del Tiempo, Elx, 2010
 
 
Ediciones Frutos del Tiempo / Ediciones para los amigos publicó en 2010 Poemas desde mi jardín de Alfonso Aguado Ortuño, un poemario integrado por cuarenta y una composiciones de carácter breve. Se trata del n.º 15 de la colección “Los Cuadernos Imposibles”, dirigida por Pedro J. Serrano y Javier Cebrián. Me parece importante señalar quiénes son los artífices que hacen posible, gracias a su desvelo y tesón, el fondo de muchas iniciativas editoriales sin las cuales el panorama de la poesía actual en lengua española sería más tenue. Volviendo al libro, nos encontramos ante una cuidada edición que se nos revela desde la misma cubierta, con esa delicada rosa que figura en portada, acuarela de Elvira Roch Minué.

Ya en su interior, los poemas se suceden sin división en partes, como un continuo fluir de versos en armonía, introducidos por una deliciosa cita de Arthur Rimbaud. Los poemas que aquí se agrupan, en los que predomina el endecasílabo y el alejandrino, destilan un aroma decadente en el mejor sentido, pues Alfonso Aguado Ortuño, prolífico creador que se mueve con soltura en diversos campos, como la pintura y el diseño, siendo un destacado poeta visual, habla desde su “fúnebre jardín” donde “huele a humedad y a abubilla”, así entre una variada flora (pinos, malvas, cipreses, morera, lantana, agapanto, algarrobo, limonero, higuera, hibiscus, ginkgo, jazmín, cerezo, petunia, adelfas, glicinias, zinnas…) y fauna (córvidos, cornejas, vencejos, gatos, lagartijas, culebras, arañas, pulgones, hormigas, cochinillas, ciempiés, luciérnagas, mariposas…) se yergue un cementerio viviente donde cuando el poeta lo abandone para siempre “crecerá la maleza”.
 
Destaca el poema dedicado a Volney ("Me rige un dios de sepulcros y ruinas"), conde ilustrado, filósofo y orientalista francés, autor de la mítica Las ruinas de Palmira o Meditaciones sobre las revoluciones de los imperios (1791), que ejerció una gran influencia en la literatura gala del siglo XIX.

En definitiva, Alfonso Aguado Ortuño nos ofrece un poemario repleto de hallazgos y de ritmo donde demuestra una especial destreza en la combinación de elementos claros y sombríos, marca de un autor inquieto a tener muy en cuenta.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



sábado, 28 de julio de 2018

Ricardo Llopesa, in memoriam

 
 


Se ha ido un gran hombre y nos deja a cambio una importante obra para su recuerdo y el estudio del Modernismo literario hispanoamericano. Ricardo Llopesa ha muerto en Valencia, ciudad en la que residía desde 1967, a los setenta años después de una vida dedicada a la escritura. Narrador, poeta y máximo especialista en el estudio de la obra de su genial compatriota, Rubén Darío, Llopesa fundó, además, la Asociación y Editorial Instituto de Estudios Modernistas, donde dio la oportunidad de publicar a jóvenes escritores que hoy se cuentan entre los más reconocidos de nuestra región, y llegó a ser presidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios.

Fue en Valencia donde su magisterio, carisma y generosidad calaron hondo en un gran número de autores de nuestra ciudad, yo fui uno de ellos y siempre le estaré agradecido por abrirme las puertas de su casa una calurosa tarde de septiembre del año 2010. Yo acababa de publicar mi primera colección de poemas bajo el título Aunque me borre el tiempo y allí fui en compañía de Pepe Portalés, que me había hablado de él, con la intención de regalar un ejemplar al maestro e intercambiar algunas impresiones. Nunca olvidaré la profunda emoción que me causó entonces aquellas paredes forradas de libros, aquellas estancias atestadas de volúmenes de las más diversas materias y procedencias, en suma aquella fastuosa biblioteca que parecía invadir cada palmo del piso. Encontré a un afable erudito que me ofreció los primeros consejos sobre el oficio y me dedicó su poemario Paraíso terrenal (1986 / 2001), un curioso “librito sobre el alcohol” prologado por Ricardo Bellveser. Nos vimos unos meses después en la ceremonia de entrega de los Premios de la Crítica Valenciana en Benetusser y acudió a la presentación de mi segundo poemario, Un fragmento de eternidad (2014), en el Salón de Actos de la SGAE de Valencia. La última vez que lo vi fue en compañía de mi hermano de letras, José Antonio Olmedo López-Amor (Heberto de Sysmo), para hablar sobre la posible publicación de nuestro libro de haikus, La soledad encendida (2015), y aunque la cosa no cuajó pasamos una tarde memorable con el maestro, callejeando por el centro de la ciudad y departiendo sobre la poesía japonesa y los escritores modernistas. Desde entonces, ya delicado de salud, mantuvimos una relación epistolar.
 



Se ha ido un gran hombre y me deja el cariño, el respeto y la admiración hacia su vida y su obra. Allí, al "Paraíso terrenal" donde ya habita para siempre, vayan mi afecto y agradecimiento infinito.
 
 

Gregorio Muelas Bermúdez
 

 

 



lunes, 16 de julio de 2018

Sendas de Bashô

 
 
 

El haiku (俳句) está de moda, esta afirmación no debe sorprendernos pues en los últimos años se ha multiplicado el número de publicaciones dedicadas a la célebre estrofa japonesa, y es que desde su descubrimiento e introducción en la literatura hispanoamericana a principios del siglo XX, de la mano del escritor mexicano Juan José Tablada (1871-1945), ha venido seduciendo cada vez más a los autores de nuestra lengua hasta el punto de generar una verdadera confusión sobre su auténtica esencia.

De hecho no existe unanimidad y es posible reconocer al menos dos grandes vertientes o sendas. La primera es la que podríamos denominar como “ortodoxa” por estar próxima a la filosofía original de su disciplina y está encabezada por el teórico Vicente Haya y la Escuela de Makoto, integrada por Félix Arce Araiz (Momiji), Mercedes Pérez (Kotori) y Manuel Díez Orzas, autores de Sin otra luz (2012) y a la postre discípulos del maestro Haya; la Asociación de la Gente del Haiku en Albacete (AGHA), con Frutos Soriano y Elías Rovira Gil a la cabeza; y el equipo de redacción de la revista Hojas en la acera, dirigida por Enrique Linares, además de otros núcleos de producción importantes como Levante y Navarra, donde es reconocible la labor de Mila Villanueva, Xaro Ortolá o Gorka Arellano.

La segunda senda es la que hemos definido como “lírica” por cuanto hace del haiku una vía más estética que espiritual y donde, además, es posible reconocer cierta influencia de otras formas breves típicas del castellano, así sucede en las composiciones de Susana Benet, Verónica Aranda, José Cereijo y Ricardo Virtanen. Entre ellos Virtanen supone un caso particular por cuanto ha sido capaz de recorrer con notables aciertos ambas sendas, siendo predominantemente fiel, como la mayoría de los citados, al que José Antonio Olmedo López-Amor y quien suscribe hemos denominado “canon occidental”, es decir, el que se ciñe a la forma más tradicional, y por ende más extendida, en nuestra lengua: 17 moras dispuestas en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas.

Más allá la senda marcada por Matsuo Bashô (1644-1694) se bifurca hacia un horizonte inabarcable de autores y de obras donde se impone por lo general un yo lírico que arruina la verdadera esencia del haiku y que tan sólo conservan de él las diecisiete sílabas, es decir, una de sus múltiples formas.

 
Gregorio Muelas Bermúdez