domingo, 19 de agosto de 2018

Carta astral. Óscar Navarro Gosálbez

 
 


Carta astral
Óscar Navarro Gosálbez
Boria Ediciones, Murcia, 2018
 
 
Boria Ediciones, sello murciano que dirige Luis Sánchez Martín, publica Carta astral de Óscar Navarro Gosálbez (1971), número 11 de su colección de poesía, con ilustración de cubierta de Diana Escribano Henarejos. Opera prima del autor alicantino, éste ya había publicado algunos poemas en fanzines tan conocidos como “El Manifiesto Azul”, además de participar en alguna antología y ser miembro fundador de la asociación de agitación cultural “Letras de Contestania”.

El poemario, compuesto por veintidós composiciones en verso libre con algunos fragmentos en prosa, cuenta con un “Frontispicio astrológico” a modo de prólogo de las también “contestanas” Carmen Juan (Amar la herida, 2014) y Sara J. Trigueros. Las citas de Epicuro y Hölderlin nos introducen en un libro con una curiosa estructura interna que responde a la perfección con lo esotérico del título, así a cada poema largo sobre un signo zodiacal al cual se asocia un estado característico, le sigue otro breve sobre un cuerpo celeste, por ejemplo en “Aries, o el renacimiento” y “Júpiter”, o en “Tauro, o la consolidación” y “Venus”.

Por ello Óscar Navarro Gosálbez emplea dos voces líricas, una más irracional, entrecortada, que en ocasiones recuerda por su frescura y espontaneidad a la escritura automática de los surrealistas pero sobre un fondo de denuncia social, que se expresa en los poemas dedicados a cada uno de los doce signos, no hay más que leer estos versos: “Hay [..] un latoso tic-tac como de autómatas que arrastran los pies / metálicos hacia las oficinas.”; y otra más íntima con flecos culturalistas, por donde desfilan desde James Dean a Olivier Messiaen, que canta contenida en los poemas inspirados por los planetas, la Luna y el Sol. Dos voces distintas pero complementarias en un mismo espacio infinito donde la lógica a veces se diluye como manifestación de la alteridad de la conciencia.

En definitiva, Carta astral es un dechado de matices que denotan la singularidad de un autor “herido de letras” con ganas de soñar con la esperanza de no irse andando con la muerte.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



lunes, 6 de agosto de 2018

Lágrima de mar. Mariajosé Sangorrín García

 
 


Lágrima de mar
Mariajosé Sangorrín García
Verba Manent, 2017
 
 
Lágrima de mar es la primera obra de la poeta navarra afincada en Castellón de la Plana Mariajosé Sangorrín García (1951), que ha decidido publicarla en la Colección Verba Manent, grupo que con este volumen inicia su propia senda editorial. El libro cuenta de entrada con diversos alicientes: una bella ilustración de portada con forma de medusa, obra de Antoni Albalat Salanova, y un interesante texto de contraportada de la poeta Cristina Penalva Pastor.

Ya en su interior encontramos un oportuno prólogo de Soledad Benages Amorós, coordinadora de Verba Manent, amiga y compañera de versos en “Poetas sin sofá”, a quienes Sangorrín dedica el poemario, donde la poeta de L´Alcora apunta algunas claves interpretativas y realiza un breve recorrido por las influencias literarias de la autora.

Si la poesía es un don, como señala la cita de María Zambrano que inaugura el libro, Mariajosé Sangorrín nos lo ofrece con destreza y generosidad en un poemario extenso, compuesto por más de setenta poemas divididos en tres grandes apartados con los siguientes rótulos: “Tiempo por vivir”, “Lágrima de mar” y “Poemas del viaje”.

La poesía de Mariajosé Sangorrín es de dicción clara y honesta, para ella todo el tiempo es poesía pues ésta se filtra en cada instante de su continuo transcurrir. Una pasión vocacional que la ha motivado a hilvanar un libro de lágrimas luminosas que renacen cada día en forma de palabras. La poeta sabe que la palabra es vida y memoria por eso “uno encuentra su origen allí / donde su final”.

Marijosé Sangorrín aborda multitud de temas, algunos desgarradores, como en “Chernobil”, sobre el célebre desastre nuclear, o en “Siglo veintiuno Ciudad Juárez”, “donde el miedo tiene rostro de mujer”, pero también dispone un lugar para la ternura, no hay más que leer el segmento “Re-volotear” donde a la delicadeza de los versos acompaña unas bellas ilustraciones de pájaros de M.ª Jesús Sangorrín y los ecos musicales de Mendelssohn y Leopold Mozart (“Sinfonía de los juguetes”); y el amor:

“… veo en ti lo mejor de mí
y lo nombro para que pueda ser.
Amor amar ser en Otro.”

Por último, destacan sus poemas viajeros, que desde Amman a Colorado, pasando por Estambul y Vietnam, nos trasladan a los paisajes humanos de los más distantes lugares del globo. Y es que Marijosé Sangorrín es capaz de leer a Kant, mirar el Facebook, cocinar bacalao y entregarnos su palabra limpia, sin artificios de diccionógrafo, pues su alquimia convierte las cicatrices “en la más bella y valiosa celebración”.

 
Gregorio Muelas Bermúdez




sábado, 4 de agosto de 2018

Poemas desde mi jardín. Alfonso Aguado Ortuño

 
 


Poemas desde mi jardín
Alfonso Aguado Ortuño
Ediciones Frutos del Tiempo, Elx, 2010
 
 
Ediciones Frutos del Tiempo / Ediciones para los amigos publicó en 2010 Poemas desde mi jardín de Alfonso Aguado Ortuño, un poemario integrado por cuarenta y una composiciones de carácter breve. Se trata del n.º 15 de la colección “Los Cuadernos Imposibles”, dirigida por Pedro J. Serrano y Javier Cebrián. Me parece importante señalar quiénes son los artífices que hacen posible, gracias a su desvelo y tesón, el fondo de muchas iniciativas editoriales sin las cuales el panorama de la poesía actual en lengua española sería más tenue. Volviendo al libro, nos encontramos ante una cuidada edición que se nos revela desde la misma cubierta, con esa delicada rosa que figura en portada, acuarela de Elvira Roch Minué.

Ya en su interior, los poemas se suceden sin división en partes, como un continuo fluir de versos en armonía, introducidos por una deliciosa cita de Arthur Rimbaud. Los poemas que aquí se agrupan, en los que predomina el endecasílabo y el alejandrino, destilan un aroma decadente en el mejor sentido, pues Alfonso Aguado Ortuño, prolífico creador que se mueve con soltura en diversos campos, como la pintura y el diseño, siendo un destacado poeta visual, habla desde su “fúnebre jardín” donde “huele a humedad y a abubilla”, así entre una variada flora (pinos, malvas, cipreses, morera, lantana, agapanto, algarrobo, limonero, higuera, hibiscus, ginkgo, jazmín, cerezo, petunia, adelfas, glicinias, zinnas…) y fauna (córvidos, cornejas, vencejos, gatos, lagartijas, culebras, arañas, pulgones, hormigas, cochinillas, ciempiés, luciérnagas, mariposas…) se yergue un cementerio viviente donde cuando el poeta lo abandone para siempre “crecerá la maleza”.
 
Destaca el poema dedicado a Volney ("Me rige un dios de sepulcros y ruinas"), conde ilustrado, filósofo y orientalista francés, autor de la mítica Las ruinas de Palmira o Meditaciones sobre las revoluciones de los imperios (1791), que ejerció una gran influencia en la literatura gala del siglo XIX.

En definitiva, Alfonso Aguado Ortuño nos ofrece un poemario repleto de hallazgos y de ritmo donde demuestra una especial destreza en la combinación de elementos claros y sombríos, marca de un autor inquieto a tener muy en cuenta.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



sábado, 28 de julio de 2018

Ricardo Llopesa, in memoriam

 
 


Se ha ido un gran hombre y nos deja a cambio una importante obra para su recuerdo y el estudio del Modernismo literario hispanoamericano. Ricardo Llopesa ha muerto en Valencia, ciudad en la que residía desde 1967, a los setenta años después de una vida dedicada a la escritura. Narrador, poeta y máximo especialista en el estudio de la obra de su genial compatriota, Rubén Darío, Llopesa fundó, además, la Asociación y Editorial Instituto de Estudios Modernistas, donde dio la oportunidad de publicar a jóvenes escritores que hoy se cuentan entre los más reconocidos de nuestra región, y llegó a ser presidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios.

Fue en Valencia donde su magisterio, carisma y generosidad calaron hondo en un gran número de autores de nuestra ciudad, yo fui uno de ellos y siempre le estaré agradecido por abrirme las puertas de su casa una calurosa tarde de septiembre del año 2010. Yo acababa de publicar mi primera colección de poemas bajo el título Aunque me borre el tiempo y allí fui en compañía de Pepe Portalés, que me había hablado de él, con la intención de regalar un ejemplar al maestro e intercambiar algunas impresiones. Nunca olvidaré la profunda emoción que me causó entonces aquellas paredes forradas de libros, aquellas estancias atestadas de volúmenes de las más diversas materias y procedencias, en suma aquella fastuosa biblioteca que parecía invadir cada palmo del piso. Encontré a un afable erudito que me ofreció los primeros consejos sobre el oficio y me dedicó su poemario Paraíso terrenal (1986 / 2001), un curioso “librito sobre el alcohol” prologado por Ricardo Bellveser. Nos vimos unos meses después en la ceremonia de entrega de los Premios de la Crítica Valenciana en Benetusser y acudió a la presentación de mi segundo poemario, Un fragmento de eternidad (2014), en el Salón de Actos de la SGAE de Valencia. La última vez que lo vi fue en compañía de mi hermano de letras, José Antonio Olmedo López-Amor (Heberto de Sysmo), para hablar sobre la posible publicación de nuestro libro de haikus, La soledad encendida (2015), y aunque la cosa no cuajó pasamos una tarde memorable con el maestro, callejeando por el centro de la ciudad y departiendo sobre la poesía japonesa y los escritores modernistas. Desde entonces, ya delicado de salud, mantuvimos una relación epistolar.
 



Se ha ido un gran hombre y me deja el cariño, el respeto y la admiración hacia su vida y su obra. Allí, al "Paraíso terrenal" donde ya habita para siempre, vayan mi afecto y agradecimiento infinito.
 
 

Gregorio Muelas Bermúdez
 

 

 



lunes, 16 de julio de 2018

Sendas de Bashô

 
 
 

El haiku (俳句) está de moda, esta afirmación no debe sorprendernos pues en los últimos años se ha multiplicado el número de publicaciones dedicadas a la célebre estrofa japonesa, y es que desde su descubrimiento e introducción en la literatura hispanoamericana a principios del siglo XX, de la mano del escritor mexicano Juan José Tablada (1871-1945), ha venido seduciendo cada vez más a los autores de nuestra lengua hasta el punto de generar una verdadera confusión sobre su auténtica esencia.

De hecho no existe unanimidad y es posible reconocer al menos dos grandes vertientes o sendas. La primera es la que podríamos denominar como “ortodoxa” por estar próxima a la filosofía original de su disciplina y está encabezada por el teórico Vicente Haya y la Escuela de Makoto, integrada por Félix Arce Araiz (Momiji), Mercedes Pérez (Kotori) y Manuel Díez Orzas, autores de Sin otra luz (2012) y a la postre discípulos del maestro Haya; la Asociación de la Gente del Haiku en Albacete (AGHA), con Frutos Soriano y Elías Rovira Gil a la cabeza; y el equipo de redacción de la revista Hojas en la acera, dirigida por Enrique Linares, además de otros núcleos de producción importantes como Levante y Navarra, donde es reconocible la labor de Mila Villanueva, Xaro Ortolá o Gorka Arellano.

La segunda senda es la que hemos definido como “lírica” por cuanto hace del haiku una vía más estética que espiritual y donde, además, es posible reconocer cierta influencia de otras formas breves típicas del castellano, así sucede en las composiciones de Susana Benet, Verónica Aranda, José Cereijo y Ricardo Virtanen. Entre ellos Virtanen supone un caso particular por cuanto ha sido capaz de recorrer con notables aciertos ambas sendas, siendo predominantemente fiel, como la mayoría de los citados, al que José Antonio Olmedo López-Amor y quien suscribe hemos denominado “canon occidental”, es decir, el que se ciñe a la forma más tradicional, y por ende más extendida, en nuestra lengua: 17 moras dispuestas en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas.

Más allá la senda marcada por Matsuo Bashô (1644-1694) se bifurca hacia un horizonte inabarcable de autores y de obras donde se impone por lo general un yo lírico que arruina la verdadera esencia del haiku y que tan sólo conservan de él las diecisiete sílabas, es decir, una de sus múltiples formas.

 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
 




miércoles, 4 de julio de 2018

A la intemperie de tu boca. Isabel Alamar

 
 


A la intemperie de tu boca
Isabel Alamar
Playa de Ákaba, 2018
 
 
Aunque sus publicaciones en solitario son muy recientes, Isabel Alamar ya había sido incluida en diversas antologías, algunas tan prestigiosas como Poesía experimental española (Calambur, 2012) o Un viejo estanque (Comares - La Veleta, 2013). Conocida fundamentalmente por su interesante y original contribución al haiku en lengua española, ahora nos sorprende con un poemario de escritura tradicional pero de un lenguaje arrebatador, colmado de sinestesias.

A la intemperie de tu boca es el significativo y bello título que Isabel Alamar ha elegido para nombrar a su segunda creación poética, tras aquellos Cantos al camino que vieron la luz el año pasado en la misma editorial, Playa de Ákaba. Significativo, digo, porque desde el propio epígrafe se nos advierte del tono general del libro, poesía amorosa, tan pasional y sensorial como al propio género le es permitido sin caer en veleidades eróticas, y bello, sin duda, por la afortunada unión de dos vocablos en principio antitéticos, como son “intemperie”, que denota inclemencia o falta de protección, y la “boca”, sensual a la par que esencial por muchos motivos, entre ellos su connotación como vehículo de expresión de la pasión amorosa, tanto vocal como fisiológica.

La edición viene introducida por unas palabras preliminares que Alfonso López Gradolí ha tenido a bien incluir para hacer justicia a los versos de la poeta valenciana en un libro que el poeta denomina “original e inolvidable”, y que destaca como un “canto con todas las letras a la pasión y a la vida”.

En cuanto a la estructura, el volumen se abre con un poema-prefacio, “Te busco y te deseo”, inspirado en una cita de Jaime Siles. Es este un poema que anticipa el fondo del libro, donde la autora entrelaza con dulzura y delicadeza la esencia misma del amor con el quehacer lírico que lo sustenta.

Continua con el grueso de los poemas que componen el libro, “Contexto labial”, introducido esta vez por unos versos de Mila Villanueva y que se divide en dos partes simétricas, I y II, donde se agrupan diecisiete poemas por cada apartado, y donde destaca por su extensión e intención el poema “Brevedades”, donde la autora incluye veintinueve composiciones que en unos casos adoptan la forma del haiku y en otros se aproximan al senryu y a la tanka.

Por último, con una cita de Kepa Murua abre “Luz ovárica”, que cierra el libro y que está integrada por cuatro composiciones donde lo posmoderno, por ejemplo en el poema homónimo donde un famoso spot publicitario le sirve de impulso, y lo metaliterario se imbrican como una herida luminosa para dar claridad a la voz, no hay más que leer el poema “Sintaxis del vértigo”.

Boca, lengua, labios, saliva, besos impregnan los rótulos de muchos poemas, dándole múltiples matices y las más variadas formas, veamos algunos de estos títulos: “Besos oceánicos”, “El ritmo de tu boca”, “Labios victoriosos”, “Licencia para besar”, “Besos punteros… besos fronterizos”, “Me enamoran los besos” o “El incendio de tu boca”.

En todos la autora se expresa con voz anhelante y cálida, con el fervor que solo este tipo de poesía requiere y es aquí donde Isabel Alamar halla su verdadera originalidad: en la elección, porqué no decirlo, arriesgada, de un tema tan manido como el amor y sus efectos en un contexto como el actual, donde se encuentra relegado del centro de interés creativo, que apuesta por temas más causales o perentorios.

Pero el concepto del amor que Isabel Alamar plasma en sus versos dista mucho del ideal romántico pues al dramatismo dominante en este tipo de composiciones, ella impone un sentimiento renuente y vitalista que no solo anhela sino que también interpela al amante como objeto de deseo.

En definitiva, Isabel Alamar consigue transmitirnos y emocionarnos con su vorágine de palabras, adjetivando con sus versos el cuerpo de la poesía.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



sábado, 23 de junio de 2018

El sur de tu frontera. Jorge de Arco

 
 


El sur de tu frontera
Jorge de Arco
Detorres Editores, Córdoba, 2017
 
 
Jorge de Arco publica su octavo trabajo poético, El sur de tu frontera, número 14 de la Colección Año XVII de Ediciones de Detorres Editores, con una ilustración de portada de Joaquín Salgado.

Director de la Revista de Poesía “Piedra del Molino” y ganador de prestigiosos premios, como el “San Juan de la Cruz” 2009 por La casa que habitaste o el “José Zorrilla” por Las horas sumergidas (2013), el poeta madrileño reúne doce poemas escritos al sur del corazón, un Sur que aparece como un espacio onírico, que el poeta aprendió a amar gracias a sus padres, a quienes dedica el conjunto.

Escrito en versos de ritmo imparisílabo, El sur de tu frontera, título tomado de una cita de Francesco Leone, comienza con un “presagio”, “señal de amor definitivo”, hasta alcanzar la calma estival del recuerdo enamorado. Con un estilo elegante que se inspira en los cálidos paisajes del sur, su sol, su madrugada y sus playas, Jorge de Arco hilvana un discurso tan delicado (“En mi azotea / persiguen los vencejos / tus ojos verdes” como melancólico (“Tu ausencia es mi vigilia”).

Dotado con la serena belleza de lo sencillo, Jorge de Arco escribe desde su insomne soledad para invocar a la memoria y desterrar la niebla y su brillo, consciente de que “No es el amor quien muere; él es quien mata”.


Gregorio Muelas Bermúdez



CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea N.º 4 Especial Poesía Hispanoamericana

 
 

CRÁTERA
Revista de crítica y poesía contemporánea
N.º 4 / Verano 2018
ESPECIAL POESÍA HISPANOAMERICANA
 
 
 
Sumario

 
Inéditos

Hugo Mujica, Mercedes Roffé, Miguel Ángel Zapata, Nilton Santiago, Paulo Franchetti, Caridad Atencio, Laura Giordani, María Negroni, Arturo Borra, Carlos Roberto Gómez Beras, Pedro Antonio Valdez, Álvaro Torres-Calderón, Silvia Goldman, Abel Dávila Sabina, Carlos Castillo Quintero, Boris Rozas

La mirada de Basho

Mirta Gili, Elías Dávila Silva, León Leiva Gallardo

Experimental

Rosa Gravino, Maya López Muro

Traducción

Mónica de la Torre, Angela Gabriela Nache Mamier, Stelios Hourmouziadis

La entrevista

Aníbal Cristobo, entrevistado por Jorge Ortiz Robla

Investigación

Hablar y deshablar, tener y destener. La innovación lingüística en la poesía de Juan Gelman como vestigio de la herida, por Marisa Martínez Pérsico; La poesía de Jacobo A. Rauskin: período del escepticismo, por José Vicente Peiró; Ficciones fónicas, por Gabriela Milone

Reseñas

El frío de vivir, por Adalber Salas Hernández; Margen interno. Ensayos y semblanzas, por Juan Marqués; Décimas lezámicas, por David Acebes Sampedro; Los habitados, por José Ángel García Caballero; Mar en los huesos, por Álvaro Hernando Freile; Borealis, por Gregorio Muelas Bermúdez; Los espejos comunicantes, por José Antonio Olmedo López-Amor

Leído por

El último apaga la luz, por Ramón Campos; Un hogar fuera de mí, por Bibiana Collado Cabrera; Cesto de trenzas, por Jorge Ortiz Robla; Indrets del temps, por Eduard Xavier Montesinos

Biobibliografías

 
Ilustraciones

- Portada y contraportada: Juan Carlos Mestre
- Portadillas: Jorge Mejías Garrón, Hilario Barrero, Sara García Lafont, Juan G. Sorlí
 
 
 

 
 
 

 



 
 
 

 



lunes, 11 de junio de 2018

La mitad silenciada. Marina Izquierdo

 
 
 
 
La mitad silenciada
Marina Izquierdo
Lastura, 2017
 
 
Finalista del III Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador y candidata a los XXXVI Premios de la Crítica Valenciana en la modalidad de poesía, que otorga la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE), La mitad silenciada es la primera obra poética, grito y susurro, de Marina Izquierdo Rodríguez, del que se ha hecho eco Lastura, que le ha dado acogida en el n.º 60 de su colección Alcalima, que dirige Isabel Miguel.

Ganadora del XXVII Premio Voces Nuevas de Poesía, Marina Izquierdo goza además de un amplio currículum como escritora, periodista y docente de lengua y literatura en diversas instituciones y universidades estadounidenses (Columbia y Manhattanville), así como de la Universidad de Malta, especializándose en el papel de la mujer en la Literatura.

Ahora nos presenta una bella publicación que ya ha alcanzado su segunda edición y que se abre con dos significativas citas, de Gioconda Belli y María Teresa Espasa. Le sigue un preciso prólogo de María Sangüesa, que se adentra en un libro que define como necesario pues nos habla con hondura y actitud reivindicativa de los Derechos de la Mujer. Nos encontramos, pues, con una obra que denuncia las injusticias cometidas contra las mujeres por cuestiones de género a través del empleo significativo del verso libre.

Pero el libro va más allá. Integrado por treinta y siete poemas, en los que se alternan composiciones con título con otras más breves sin epígrafe, a modo de interludios líricos, La mitad silenciada da voz a «la otra mitad» en la que se reconoce la autora: «La que ama, la que duele, / la que te amamanta / la que te amortaja», «la mitad Imprescindible». Anhelos, sueños y recuerdos se imbrican entre gritos y susurros de esperanza para «escribirse en todas» pues es la mujer, en sus múltiples facetas, la verdadera protagonista del poemario.

Marina Izquierdo aborda con valentía y sensibilidad las principales cuestiones relacionadas con los derechos de la mujer, como el maltrato de género en “A golpe de silencios”, tal vez la forma más sutil de violencia. Ante esta situación la autora decide invocar al olvido para deshacerse de las «señas», de las «mañas», de las «tretas”, de un «nombre» que prefiere borrar para estar a solas consigo misma, para encontrarse, para ser y estar en ella.

A priori sorprende la madurez expresiva desplegada por la autora en su primer poemario, algo que, sin embargo, no debe extrañar dada su dilatada trayectoria en el ámbito literario, una experiencia que, sin duda, le ha permitido crear un discurso aparentemente sencillo, que en verdad refleja un gran trabajo de síntesis, y de una notable elegancia formal que se manifiesta, sobre todo, en el tratamiento de temas tan sumamente delicados.

En sus páginas Marina Izquierdo denuncia los más diversas formas de violencia perpetradas contra las mujeres en las diferentes sociedades y culturas, desde la trata de blancas y la prostitución en “Muñecas rotas”: «Mujeres todavía por hacer / vuelta y vuelta en la lujuria / de los lobos / en la estepa moderna»; hasta el feminicidio y la mutilación en “¿Piedra, ácido o navaja?”: «Macabro juego este / en el que siempre se pierde / por nacer / mujer»; pasando por una crítica al tópico cliché de la belleza, que lleva implícito el sufrimiento y la vergüenza, en “No quiero ser Marilyn”: «embalsamada en el tiempo detenido / de la muerte a destiempo».

Pero es en el poema que da título al conjunto, el más extenso del libro, donde la escritora valenciana expresa su tesis: la desigualdad, la invisibilidad y el silencio que todavía hoy padece la mujer por su tradicional condición de “segundo sexo” y es esta situación intolerable «en la ciudadanía que / fingen plena» la que Marina Izquierdo denuncia con vehemencia.

En definitiva, nos hallamos frente a una obra valiente y decidida donde Marina Izquierdo da voz a las víctimas de la violencia de género en sus más variadas y perversas manifestaciones, alzando su voz en nombre de todas las mujeres con el fin de concienciar sobre la necesidad de escuchar a esa mitad sin la cual no existiría la humanidad.


Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
Reseña publicada en el nº 3 de CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea
 
 



domingo, 10 de junio de 2018

Hogueras de la carne. Pedro Juan Gomila Martorell

 
 


Hogueras de la carne
Pedro Juan Gomila Martorell
Ed. La Lucerna, Palma, 2017
 
 
Hogueras de la carne es la culminación de la tetralogía Eidolon del poeta mallorquín Pedro Juan Gomila Martorell. Como en las entregas anteriores (Arcadia desolada, En la tierra de Nod, La pasión según Dioniso) publica Ed. La Lucerna, con una ilustración de portada de Nando Ros.

El volumen cuenta con un extenso prólogo de Ramón Bascuñana, que bajo el sugerente título “La destrucción, el fuego” desgrana con sabia agudeza algunas de las claves compositivas del libro. Dice Bascuñana: “La poesía de Gomila se construye sobre una herida abierta que supura y no acaba de cicatrizar nunca”. En efecto, la obra de Martorell es un grito esperanzado contra la hipocresía social y la sumisión a un sistema que parece auspiciar lo que en verdad coarta, la libertad intrínseca del individuo. Es precisamente la serie que nos ocupa el itinerario poético de una identidad en busca de una expresión libre de prejuicios, y lo hace a través de un lenguaje elegante y refinado, cargado de mitología y simbolismos, donde “todo empieza con la turbulencia”.

Gomila Martorell es un poeta apasionado que pone la carne en la hoguera porque solo en la “fluencia hay compromiso”. Así, con el alma encendida y el corazón tembloroso, el poeta se desmanda en unos versos de arte mayor, con preferencia por el endecasílabo y el dodecasílabo. Entre cultismos, arcaísmos y múltiples referencias culturales y filosóficas, el poeta desarrolla un mensaje dionisíaco que sabe que en el fuego está la virtud de la ceniza.

Pero abierto mar azul de la memoria”, así concluye esta “epopeya íntima” (Bascuñana dixit), un poemario singular que supera el clasicismo de su forma con el orfismo de su fondo, donde Pedro Juan Gomila Martorell apela a la memoria contra la brevedad y el olvido, en definitiva contra el límite del cuerpo.

 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 3 de junio de 2018

De exilios y moradas. José Luis Zerón Huguet

 
 


De exilios y moradas
José Luis Zerón Huguet
Polibea, 2016
 
 
José Luis Zerón Huguet (Orihuela, 1965) publica De exilios y moradas en el número 57 de la colección de poesía “El levitador” de Editorial Polibea, una pulcra edición con una sugerente fotografía de portada de José Luis Rayos.

El autor de Sin lugar seguro (Editorial Germanía, 2013) es un poeta influyente, cofundador y director de la revista de creación Empireuma (1985-2015), desde la que ejerció un feraz magisterio que ha auspiciado a toda una pléyade de poetas oriolanos que constituyen una parte esencial del panorama lírico actual, me refiero a José Manuel Ramón, Ada Soriano y Manuel García Pérez.

Lo primero que llama la atención es lo singular del título por lo inusual de la preposición y de los términos que emplea pues inmediatamente nos remiten a un período particular de nuestra lírica, el siglo XVI. Con eco teresiano y a modo de tratado sobre una realidad paradójica donde se conjugan todos los contrarios que configuran la existencia, el autor intuye que la vida es pura sinestesia, “catarsis y condena”, como afirma Alberto Chessa en las palabras preliminares que, con el título “El vuelo en la espesura”, abren este libro, un lúcido prólogo donde se desgranan con hondura algunas de las claves necesarias para comprender la poética de Zerón.

Una significativa cita de André Breton da paso al extenso poema prefacio, “Moloch”, nombre del Dios de origen canaaita adorado por fenicios y cartagineses. En efecto, José Luis Zerón se sirve de la mitología para crear un discurso agónico porque “nosotros, ebrios de esperanza/ adoramos a la muerte/ y la vejamos”. La revisión de este mito, símbolo de crueldad pero también de fertilidad, le permite poner de relieve el dualismo de la vida donde “esclavos e insumisos” “quedaremos cegados/ como ciegos nacimos”.

A esta composición iniciática le siguen cuarenta y seis poemas organizados en cuatro grandes apartados. En el primero, que lleva por título “El ruido del mundo”, se agrupan catorce poemas donde Zerón elabora un discurso cargado de referencias culturales, así unos versos de Goethe o las citas de Pere Gimferrer y Ovidio desencadenan unos poemas de “alto voltaje” donde el poeta oriolano reconoce que no hay “silencio sin alboroto”.

No hay lugar seguro”, afirma Zerón, porque somos seres caducos, de fulgor pasajero, que, conscientes del fin, nos empeñamos en persistir en la memoria pues “de las cenizas de lo que fue/ y del fuego de lo que es se alzará/ lo que ha de venir”.

En general sorprende el tono del lenguaje, solemne, grave, e incluso, en ocasiones, deliberadamente arcaico (ustorias, bruna, piélago), donde el verso libre, domeñado por el pulso del demiurgo-poeta, fluye por las amplias avenidas de una conciencia renuente, crítica. Este es un rasgo común a todo el poemario, donde las imágenes, tan plásticas como deslumbrantes, se tiñen de claroscuros, así el dolor, el miedo, la muerte y las tinieblas conviven en extraña armonía con la luz y la esperanza.

En la segunda parte, Le dur désir de durer, título tomado de un verso de Paul Éluard que ratifica su filiación surrealista, reúne catorce poemas donde se manifiesta de forma fehaciente la veta culturalista de Zerón, desde San Juan de la Cruz a Leopoldo María Panero pasando por Novalis, oración y elegía con esa vocación obicua donde afirma: “Camino hacia el Todo/ para no ser nada.”.

Si la vida es un camino de demolición también lo es de aprendizaje, porque vivimos para aprender a morir, parafraseando el aserto de Montaigne, esa es la tragicomedia del sobremuriente, que apenas recién nacido ya es consciente de su postrera desaparición, es en ese tiempo donde se fragua la memoria que ha de pervivirnos y que aquí se plasma en alegoría para hilvanar un discurso aparentemente hermético como expresión profética del por venir.

Las dos partes que siguen, “Las razones del corazón” y “Hit et nunc”, son más breves y más intensas, integradas por nueve y siete poemas respectivamente, donde Zerón da rienda suelta a sus sentimientos, no hay más que leer el sobrecogedor “Poema para mi hija”, donde expresa: “Solo te pido que pongas/ tu corazón a resguardo/ del sol de la impotencia”, y, sobre todo, “Cuatro poemas para Ada”: “Ecfrasis de la tormenta”, “Ars amandi”, “Playa de Poniente” y “Ars amandi (variación)”, que el poeta dedica a su compañera de versos.

Pero si hay un rasgo característico de todo el poemario ese son los ojos que configuran la mirada, impaciente, inquieta, pues “no puede dejar de mirar” aunque no vea más que el misterioso y fascinante abismo que sólo la memoria escrita es capaz de salvar.

En definitiva, la lectura de Zerón nos deja un poso que recuerda a Celan o a Cioran, como ellos nos embriaga y nos desasosiega pues el tiempo imperecedero abre llagas “en el hoy de este instante”.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
Reseña publicada en el nº 2 de CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea