lunes, 11 de junio de 2018

La mitad silenciada. Marina Izquierdo

 
 
 
 
La mitad silenciada
Marina Izquierdo
Lastura, 2017
 
 
Finalista del III Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador y candidata a los XXXVI Premios de la Crítica Valenciana en la modalidad de poesía, que otorga la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE), La mitad silenciada es la primera obra poética, grito y susurro, de Marina Izquierdo Rodríguez, del que se ha hecho eco Lastura, que le ha dado acogida en el n.º 60 de su colección Alcalima, que dirige Isabel Miguel.

Ganadora del XXVII Premio Voces Nuevas de Poesía, Marina Izquierdo goza además de un amplio currículum como escritora, periodista y docente de lengua y literatura en diversas instituciones y universidades estadounidenses (Columbia y Manhattanville), así como de la Universidad de Malta, especializándose en el papel de la mujer en la Literatura.

Ahora nos presenta una bella publicación que ya ha alcanzado su segunda edición y que se abre con dos significativas citas, de Gioconda Belli y María Teresa Espasa. Le sigue un preciso prólogo de María Sangüesa, que se adentra en un libro que define como necesario pues nos habla con hondura y actitud reivindicativa de los Derechos de la Mujer. Nos encontramos, pues, con una obra que denuncia las injusticias cometidas contra las mujeres por cuestiones de género a través del empleo significativo del verso libre.

Pero el libro va más allá. Integrado por treinta y siete poemas, en los que se alternan composiciones con título con otras más breves sin epígrafe, a modo de interludios líricos, La mitad silenciada da voz a «la otra mitad» en la que se reconoce la autora: «La que ama, la que duele, / la que te amamanta / la que te amortaja», «la mitad Imprescindible». Anhelos, sueños y recuerdos se imbrican entre gritos y susurros de esperanza para «escribirse en todas» pues es la mujer, en sus múltiples facetas, la verdadera protagonista del poemario.

Marina Izquierdo aborda con valentía y sensibilidad las principales cuestiones relacionadas con los derechos de la mujer, como el maltrato de género en “A golpe de silencios”, tal vez la forma más sutil de violencia. Ante esta situación la autora decide invocar al olvido para deshacerse de las «señas», de las «mañas», de las «tretas”, de un «nombre» que prefiere borrar para estar a solas consigo misma, para encontrarse, para ser y estar en ella.

A priori sorprende la madurez expresiva desplegada por la autora en su primer poemario, algo que, sin embargo, no debe extrañar dada su dilatada trayectoria en el ámbito literario, una experiencia que, sin duda, le ha permitido crear un discurso aparentemente sencillo, que en verdad refleja un gran trabajo de síntesis, y de una notable elegancia formal que se manifiesta, sobre todo, en el tratamiento de temas tan sumamente delicados.

En sus páginas Marina Izquierdo denuncia los más diversas formas de violencia perpetradas contra las mujeres en las diferentes sociedades y culturas, desde la trata de blancas y la prostitución en “Muñecas rotas”: «Mujeres todavía por hacer / vuelta y vuelta en la lujuria / de los lobos / en la estepa moderna»; hasta el feminicidio y la mutilación en “¿Piedra, ácido o navaja?”: «Macabro juego este / en el que siempre se pierde / por nacer / mujer»; pasando por una crítica al tópico cliché de la belleza, que lleva implícito el sufrimiento y la vergüenza, en “No quiero ser Marilyn”: «embalsamada en el tiempo detenido / de la muerte a destiempo».

Pero es en el poema que da título al conjunto, el más extenso del libro, donde la escritora valenciana expresa su tesis: la desigualdad, la invisibilidad y el silencio que todavía hoy padece la mujer por su tradicional condición de “segundo sexo” y es esta situación intolerable «en la ciudadanía que / fingen plena» la que Marina Izquierdo denuncia con vehemencia.

En definitiva, nos hallamos frente a una obra valiente y decidida donde Marina Izquierdo da voz a las víctimas de la violencia de género en sus más variadas y perversas manifestaciones, alzando su voz en nombre de todas las mujeres con el fin de concienciar sobre la necesidad de escuchar a esa mitad sin la cual no existiría la humanidad.


Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
Reseña publicada en el nº 3 de CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea
 
 



domingo, 10 de junio de 2018

Hogueras de la carne. Pedro Juan Gomila Martorell

 
 


Hogueras de la carne
Pedro Juan Gomila Martorell
Ed. La Lucerna, Palma, 2017
 
 
Hogueras de la carne es la culminación de la tetralogía Eidolon del poeta mallorquín Pedro Juan Gomila Martorell. Como en las entregas anteriores (Arcadia desolada, En la tierra de Nod, La pasión según Dioniso) publica Ed. La Lucerna, con una ilustración de portada de Nando Ros.

El volumen cuenta con un extenso prólogo de Ramón Bascuñana, que bajo el sugerente título “La destrucción, el fuego” desgrana con sabia agudeza algunas de las claves compositivas del libro. Dice Bascuñana: “La poesía de Gomila se construye sobre una herida abierta que supura y no acaba de cicatrizar nunca”. En efecto, la obra de Martorell es un grito esperanzado contra la hipocresía social y la sumisión a un sistema que parece auspiciar lo que en verdad coarta, la libertad intrínseca del individuo. Es precisamente la serie que nos ocupa el itinerario poético de una identidad en busca de una expresión libre de prejuicios, y lo hace a través de un lenguaje elegante y refinado, cargado de mitología y simbolismos, donde “todo empieza con la turbulencia”.

Gomila Martorell es un poeta apasionado que pone la carne en la hoguera porque solo en la “fluencia hay compromiso”. Así, con el alma encendida y el corazón tembloroso, el poeta se desmanda en unos versos de arte mayor, con preferencia por el endecasílabo y el dodecasílabo. Entre cultismos, arcaísmos y múltiples referencias culturales y filosóficas, el poeta desarrolla un mensaje dionisíaco que sabe que en el fuego está la virtud de la ceniza.

Pero abierto mar azul de la memoria”, así concluye esta “epopeya íntima” (Bascuñana dixit), un poemario singular que supera el clasicismo de su forma con el orfismo de su fondo, donde Pedro Juan Gomila Martorell apela a la memoria contra la brevedad y el olvido, en definitiva contra el límite del cuerpo.

 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 3 de junio de 2018

De exilios y moradas. José Luis Zerón Huguet

 
 


De exilios y moradas
José Luis Zerón Huguet
Polibea, 2016
 
 
José Luis Zerón Huguet (Orihuela, 1965) publica De exilios y moradas en el número 57 de la colección de poesía “El levitador” de Editorial Polibea, una pulcra edición con una sugerente fotografía de portada de José Luis Rayos.

El autor de Sin lugar seguro (Editorial Germanía, 2013) es un poeta influyente, cofundador y director de la revista de creación Empireuma (1985-2015), desde la que ejerció un feraz magisterio que ha auspiciado a toda una pléyade de poetas oriolanos que constituyen una parte esencial del panorama lírico actual, me refiero a José Manuel Ramón, Ada Soriano y Manuel García Pérez.

Lo primero que llama la atención es lo singular del título por lo inusual de la preposición y de los términos que emplea pues inmediatamente nos remiten a un período particular de nuestra lírica, el siglo XVI. Con eco teresiano y a modo de tratado sobre una realidad paradójica donde se conjugan todos los contrarios que configuran la existencia, el autor intuye que la vida es pura sinestesia, “catarsis y condena”, como afirma Alberto Chessa en las palabras preliminares que, con el título “El vuelo en la espesura”, abren este libro, un lúcido prólogo donde se desgranan con hondura algunas de las claves necesarias para comprender la poética de Zerón.

Una significativa cita de André Breton da paso al extenso poema prefacio, “Moloch”, nombre del Dios de origen canaaita adorado por fenicios y cartagineses. En efecto, José Luis Zerón se sirve de la mitología para crear un discurso agónico porque “nosotros, ebrios de esperanza/ adoramos a la muerte/ y la vejamos”. La revisión de este mito, símbolo de crueldad pero también de fertilidad, le permite poner de relieve el dualismo de la vida donde “esclavos e insumisos” “quedaremos cegados/ como ciegos nacimos”.

A esta composición iniciática le siguen cuarenta y seis poemas organizados en cuatro grandes apartados. En el primero, que lleva por título “El ruido del mundo”, se agrupan catorce poemas donde Zerón elabora un discurso cargado de referencias culturales, así unos versos de Goethe o las citas de Pere Gimferrer y Ovidio desencadenan unos poemas de “alto voltaje” donde el poeta oriolano reconoce que no hay “silencio sin alboroto”.

No hay lugar seguro”, afirma Zerón, porque somos seres caducos, de fulgor pasajero, que, conscientes del fin, nos empeñamos en persistir en la memoria pues “de las cenizas de lo que fue/ y del fuego de lo que es se alzará/ lo que ha de venir”.

En general sorprende el tono del lenguaje, solemne, grave, e incluso, en ocasiones, deliberadamente arcaico (ustorias, bruna, piélago), donde el verso libre, domeñado por el pulso del demiurgo-poeta, fluye por las amplias avenidas de una conciencia renuente, crítica. Este es un rasgo común a todo el poemario, donde las imágenes, tan plásticas como deslumbrantes, se tiñen de claroscuros, así el dolor, el miedo, la muerte y las tinieblas conviven en extraña armonía con la luz y la esperanza.

En la segunda parte, Le dur désir de durer, título tomado de un verso de Paul Éluard que ratifica su filiación surrealista, reúne catorce poemas donde se manifiesta de forma fehaciente la veta culturalista de Zerón, desde San Juan de la Cruz a Leopoldo María Panero pasando por Novalis, oración y elegía con esa vocación obicua donde afirma: “Camino hacia el Todo/ para no ser nada.”.

Si la vida es un camino de demolición también lo es de aprendizaje, porque vivimos para aprender a morir, parafraseando el aserto de Montaigne, esa es la tragicomedia del sobremuriente, que apenas recién nacido ya es consciente de su postrera desaparición, es en ese tiempo donde se fragua la memoria que ha de pervivirnos y que aquí se plasma en alegoría para hilvanar un discurso aparentemente hermético como expresión profética del por venir.

Las dos partes que siguen, “Las razones del corazón” y “Hit et nunc”, son más breves y más intensas, integradas por nueve y siete poemas respectivamente, donde Zerón da rienda suelta a sus sentimientos, no hay más que leer el sobrecogedor “Poema para mi hija”, donde expresa: “Solo te pido que pongas/ tu corazón a resguardo/ del sol de la impotencia”, y, sobre todo, “Cuatro poemas para Ada”: “Ecfrasis de la tormenta”, “Ars amandi”, “Playa de Poniente” y “Ars amandi (variación)”, que el poeta dedica a su compañera de versos.

Pero si hay un rasgo característico de todo el poemario ese son los ojos que configuran la mirada, impaciente, inquieta, pues “no puede dejar de mirar” aunque no vea más que el misterioso y fascinante abismo que sólo la memoria escrita es capaz de salvar.

En definitiva, la lectura de Zerón nos deja un poso que recuerda a Celan o a Cioran, como ellos nos embriaga y nos desasosiega pues el tiempo imperecedero abre llagas “en el hoy de este instante”.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
Reseña publicada en el nº 2 de CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea
 
 
 




viernes, 1 de junio de 2018

El primer día. Julio César Galán

 
 


El primer día
Julio César Galán
La isla de Siltolá, 2016
 
 
Publicado por Ediciones de La isla de Siltolá en el número 34 de su colección de poesía, El primer día es el quinto poemario de Julio César Galán (Cáceres, 1978), profesor en la Universidad de Extremadura, crítico literario y autor teatral, y el séptimo del autor si tenemos en cuenta aquellos que ha publicado bajo alguno de sus heterónimos (Luis Yarza, Pablo Gaudet y Jimena Alba). Nos encontramos, pues, con un poeta con obra y consecuencia, que desde la publicación de Tres veces luz (La Garúa, 2007) nos ha ido entregando su quehacer lírico con vocación vanguardista y afán renovador, una actitud que encuentra en el libro que nos ocupa su mayor hito.

Como escribe Eduardo Espina en el comentario de contraportada, “en El primer día Julio César Galán revisa el acto de la escritura a mediados de la segunda década del siglo XXI, en efecto, el poeta enfrenta al lenguaje con sus múltiples formas, integrando el propio acto de la creación porque como ha manifestado el autor “crear es interpretar y viceversa”.

Una pertinente “Nota del autor” abre el libro y nos introduce en sus claves compositivas, fruto de un intenso trabajo de investigación sobre el lenguaje y su expresión escrita que se desarrolla en dos períodos de creación poética: el de la escritura, entre 1996 y 2003, y el de la reescritura, hasta 2015. No es de extrañar que Stéphane Mallarmé y Antonin Artaud, antecedentes de las vanguardias, además de Juan Luis Martínez y David Rosenmann-Taub, sean algunas de sus influencias manifiestas y abran el poemario con sus citas.

Tres libros conforman su estructura: “Para comenzar todo de nuevo”, “Con orejas de trébol” y “Montoncitos de desnudez”. Títulos verdaderamente significativos que ilustran la enorme capacidad indagatoria del autor, febril e imaginativo, que asombra y desconcierta y que, sin duda, supone un reto y un estímulo para lector activo dado que el poeta extremeño pretende trasladar el propio proceso de creación, que es el fin que busca, para hacer del lector un actor crítico del poema, de ahí, tal vez, el título del conjunto, eliotiano en más de un sentido, pues parece sugerir que en el último empieza el primer día.

Nos enfrentamos pues a una metapoesía que aspira a hallar el punto cero de su escritura a través de infinidad de formas y recursos en un ejercicio de reconstrucción de la modernidad, enumeremos las más características: práctica ausencia de los signos de puntuación (excepto los dos puntos y los suspensivos siempre que sean significativos); versos tachados, glosas al margen, notas a pie de página, lenguaje iconográfico, inserción de onomatopeyas, empleo de diferentes tipos y tamaños de letra, guiones a modo de diálogo donde el autor conversa con sus alter ego, espacios dejados en blanco como en “Oda al blanco casi”. Pero también el uso expresivo de la cursiva, la inclusión de fragmentos en inglés y en prosa o un bien dosificado y justificado culturalismo donde se dan cita desde Lope de Vega a Jackson Pollock, pero también cineastas, como David Lynch o Tim Burton, y músicos, como Van Morrison.

Sin duda la poesía es un género híbrido, capaz de albergar las más diversas formas hasta conformar un todo inclasificable, pero no acaba ahí la cosa porque El primer día es mucho más, es, en definitiva, un compendio de lo mejor de su autor. Aunque el estilo de Julio César Galán puede resultar en ocasiones críptico, es, ante todo, un discurso coherente, que se nutre de múltiples rasgos, así, en ocasiones, deviene aforístico, veamos un espléndido ejemplo: “le daremos a la derrota la parte de victoria que tuvimos”.

Pero si algo nos muestra Julio César Galán es su proceso de elaboración del poemario, de ahí que todos los recursos que articulan el discurso final sean elevados al mismo nivel que el propio discurso porque son parte esencial de él, sólo por ellos se es capaz de “comprender” todo el conjunto, ese irse haciendo, deshaciendo y rehaciendo queda plasmado en las numerosas notas y glosas que pueblan el libro, siempre a la altura de los versos que inspiran, reproduzco un bello ejemplo:

[U7]
Cuando tengas un
hijo y mires estos
campos te dirás: "El
monte está peinado
de olivares y en los
oteros las alturas
y las luces hacen
encaje de bolillos".

El primer día es un poemario sofisticado pues nos encontramos con un ensayo poético o con una poesía ensayística donde el autor no duda en poner de relieve el origen y las fuentes de su escritura, así a lo largo de la lectura podemos asistir al “extásis de momentos” que conforman la creación en una especie de juego metapoético que culmina en “el instante en que el autor termina el libro”.

Sorprende que una edición tan sencilla albergue un poemario tan complejo, tan rico en matices, tan polifónico, que desde el mismo título parece remitir a la capacidad de reinvención, de reconstrucción, a la que nos invita su sugestiva lectura. Enhorabuena a Julio César Galán por dar un paso hacia delante y anticipar una nueva época “y un final feliz...”.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
Reseña publicada en el nº 2 de CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea
 
 
 
 
 

 

 
 



domingo, 20 de mayo de 2018

Dondequiera que vague el día. Ada Soriano

 
 


Dondequiera que vague el día
Ada Soriano
Ars Poetica, Oviedo, 2018
 
 
Ars Poetica (EntreAcacias, S.L.) publica con pulcra exquisitez el nuevo libro de la poeta oriolana Ada Soriano (1963) con el bello título Dondequiera que vague el día. La calidad de la colección que le da acogida, “Carpe Diem”, donde acaban de ver la luz los últimos trabajos de los también oriolanos José Luis Zerón Huguet (Perplejidades y certezas) y José Manuel Ramón (La tierra y el cielo), y el lema que la Sociedad editora que le da soporte, “boutique de poesía”, revelan el cuidado y la elegancia que el género lírico tiene para Ilia Galán, director editorial.

Es precisamente José Manuel Ramón, miembro fundador junto a Ada Soriano, José Luis Zerón y José María Piñeiro de aquella memorable revista de creación llamada Empireuma, quien añade sus palabras en la contracubierta para afirmar la condición de rara avis de la autora, “ajena a los cantos de sirena de la insulsa posmodernidad”, en efecto, Ada Soriano es una poeta que puede presumir de un estilo propio donde lo autobiográfico se entrelaza con lo cotidiano en perfecta sincronía. Nos hallamos con un estilo pulido y sencillo que dignifica la palabra como vehículo de una emoción donde las luces se atenúan con las sombras dando paso a una serena reflexión.

No encontramos en su poesía una compleja estructura, el libro se compone de veintinueve poemas divididos en dos partes, la que da título al conjunto y “Seis poemas delicados”, que dedica a su madre y a José Luis Zerón, entre otros, donde el punto de vista se torna más sentimental si cabe.

Una cita de António Ramos Rosa introduce el “alumbramiento”, los “esbozos de luz” donde “cae lento el sol”. Los cerezos, las nubes, las rosas, los caballos, son fuente de inspiración para una meditación íntima o para la expresión del deseo, de la entrega, del arrebato.

Pero es en el poema que da título al libro donde Ada Soriano sintetiza su discurso, como en estos versos: “Dondequiera que vague el día / buscan los amantes un refugio / donde saciar sus deseos / al margen de la mirada inquisitoria / de una sotana y su púlpito”. Así la poesía se erige en un instrumento eficaz para la crítica social y, ante todo, como verdadero refugio para la sensibilidad de una autora capaz de hacer perennes los pétalos de las “flores en el río”.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 13 de mayo de 2018

Cronología de Tarkovski. Joaquín Juan Penalva

 
 


Cronología de Tarkovski
Joaquín Juan Penalva
Huerga & Fierro editores, Madrid, 2018
 
 
Cronología de Tarkovski es el sorprendente título del nuevo poemario de Joaquín Juan Penalva, y digo sorprendente porque más bien parece el título de un libro monográfico sobre el cineasta ruso Andrei Tarkovski (1932-1986), uno de los genios indiscutibles del séptimo arte, que fue capaz de crear un estilo inconfundiblemente lírico.

El poeta de Novelda se reconoce un gran admirador de Tarkovski y este poemario es su particular homenaje al director de siete obras maestras del cinematógrafo, así los diez poemas que componen este libro se inspiran directamente en el visionado de sus películas. Joaquín Juan Penalva nos propone un viaje íntimo por el celuloide grabado a fuego en la retina, introducido por un ingenioso “Glosario de imágenes (para una cartografía de A. T.)” de Luis Bagué Quílez, hermano de letras del autor, donde el reciente ganador del Premio de Crítica por Clima mediterráneo desglosa aquellos términos que son fundamentales en la filmografía de Andrei Arsenevich, así dice de sacrificio: “Ofrenda al árbol de la infancia”.

Un poema de Arseni Tarkovski, padre de Andrei, sirve de preludio a los poemas oníricos de Joaquín Juan Penalva, que elige el verso libre de arte menor para contar con la mayor sencillez y gran hondura las esquirlas de Tarkovski.

Mención aparte merece la esmerada edición de Huerga & Fierro, con una ilustración de portada de Luis Mira Seller, que adapta un icono de Andrei Rublev con el rostro del cineasta, y un bellísimo poema en la contraportada que remite a El espejo (Zerkalo, 1975), donde el escritor alicantino reproduce la escena de unos exiliados españoles de la Guerra Civil: “alguien habla español / en el cuarto de al lado / y da algunos pases / a la manera / de Palomo Linares”.

En definitiva, Cronología de Tarkovski viene a confirmar la madurez expresiva que Joaquín Juan Penalva había alcanzado con Anfitriones de una derrota infinita (2015) y es, ante todo, un sentido tributo a uno de los grandes artistas del siglo XX.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



lunes, 30 de abril de 2018

De 40 autores, 12 son valencianos

 
 


Publicado en “El Mundo” (edición impresa, Comunidad Valenciana) del lunes 23 de abril de 2018.

Autor del texto: Ricardo Bellveser

Temática: sobre el libro de crítica y ensayo Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017) de José Antonio Olmedo López-Amor y Gregorio Muelas Bermúdez (Lastura Ediciones & Editorial Juglar, 2017).

 

El crítico valenciano José Antonio Olmedo López-Amor, utiliza como “percha” de introducción a su libro de rarísimo título, Polifonía de lo inmanente, escrito en coautoría con el también valenciano Gregorio Muelas, una definición del poeta y profesor Jaime Siles, que dice: “La poesía es un estado de gracia, como la crítica lo es —o debería serlo— de conciencia”, interesante por lo que tiene de particular.


Mi titularidad académica universitaria es de ‘Crítica Literaria’, asignatura que en otros momentos se llamó ‘Poética’, terminología tomada de Aristóteles, incluso ‘Literatura Comparada’, y como tal la he entendido en el ámbito filosófico de la frase de Siles, pues para mí la Crítica Literaria significa pensamiento y reflexión pero además hay que exigirle que cumpla una función mediadora.


Este volumen de 328 páginas (coedición de Lastura Ediciones y Editorial Juglar, diciembre de 2017), selecciona a 40 autores sobre los que construyen unos “apuntes sobre poesía española contemporánea 2010-2017”, de los cuales, al menos doce son valencianos y el resto, mayoritariamente, andaluces o aragoneses, lo que hace pensar que para los autores la poesía española hoy, pasa por estos territorios.


A Joseph Addison, (1672-1719), un personaje realmente interesante cuando se habla de estas materias, le leí la siguiente maldad: “una buena señal para distinguir al crítico que carece de gusto y de instrucción es que raras veces se aventura a alabar pasaje alguno de una obra que no haya sido previamente bien acogida y aplaudida por el público, y que su crítica se ensaña en los defectos y errores más leves de un autor. En este su empeño, el crítico tiene tantas probabilidades de éxito, que aún el más vulgar lector, a la aparición de algún poema nuevo, posee la agudeza y mala voluntad bastante, para poner en ridículo algunos pasajes del mismo, y ciertamente, a menudo con razón”
José Antonio y Gregorio, en su libro, no sé si conscientes o no, se han puesto en fila en esta tradición de pensamiento, lo que incluye la concepción de la crítica literaria como un estado de conciencia a lo que yo acabo de añadir el concepto de mediación. 


Vamos a ver: entre las múltiples fórmulas de comprensión de la crítica literaria, prevalece la crítica erudita, aunque en mi opinión, el factor dominante debe ser el gusto. Se lo hemos oído antes a Joseph Addison luego no hablamos, de ninguna novedad.


José Antonio señala, en su introducción, que la crítica literaria “nunca ha dejado de ser necesaria”, por supuesto, eso la historia nos lo desvela, y Gregorio da un paso más y se pregunta “¿qué ocurre ahora?”. Ese es el quid de la cuestión, aparte de distinguir entre crítica e ideología, porque el prestigio de la crítica y teoría literaria marxista, representada por Mijaíl Bajtín, introductor del concepto de éthos, ética, desbancó a todas las demás, y pasó, ya en el siglo XX, del formalismo ruso, a la estilística europea (Dámaso Alonso) o la crítica estructuralista (Barthes).


Los autores de este libro miran con simpatía las posiciones postmodernas como las de Luis Alberto de Cuenca, quien considera que hoy el lector ha sustituido a Zeus por Supermán y reinterpretan a críticos futuristas como sucede con el
Canto a la máquina de Cano Ballesta ––la vida corre y los autores consideran como de especial interés a poetas ‘vivos’ como García Baena, al que el tiempo se ha llevado este mes de enero–– , pero no hay intención antológica en las autores seleccionados.


El libro se divide en dos partes, la primera es de teoría literaria, de todo aquello de lo que venimos hablando desde hace unos minutos aquí, y la segunda es una relativa aplicación del mundo teórico, aplicación sobre casos, libros y autores concretos. Pero recuerdan los autores que este libro no tiene ni propósito, ni deseo, ni intención, ni finalidad antológica , sino que reúne una lista de escritos críticos que los dos autores han venido elaborando durante el último lustro, desde 2013 cuando empezaron a publicar estos artículos, guiados principalmente por la subjetividad.


Por esta razón, a mí personalmente, mucho más que los poetas y escritores seleccionados, me interesa el discurso del método que desde la diletancia han establecido en las 75 primeras páginas, de formulación severamente teórica. De todos modos, son 40 las reseñas sobre otros tantos poetas o escritores, relación en la que figuran poetas muy conocidos y populares, y otros casi secretos por su juventud o porque sus obras han trascendido poco públicamente.
 
 
 





domingo, 29 de abril de 2018

Silva de varia erección. Marcos Matacana Martín

 
 


Silva de varia erección
Marcos Matacana Martín
Cuadernos de humo, Nueva York, 2017
 
 
Número dieciséis de los Cuadernos de humo que edita Hilario Barrero desde Nueva York, Silva de varia erección de Marcos Matacana Martín es el tercer trabajo lírico del poeta sevillano, tras la plaquette Mirador (Cuadernos de humo 3) y el poemario Polvo en el aire (Palimpsesto, 2017).

Marcos Matacana nos entrega diecinueve poemas de ritmo imparisílabo divididos en tres partes con epígrafes tan ingeniosos como el propio título de la obra, que parodia el clásico del humanista sevillano Pedro Mejía, Silva de varia lección (1540): “Tántalo va el cántaro a la fuente”, “Más durá será” y “Teoría del pie en la rampa jabonosa”, a las que acompañan sendas ilustraciones interiores de Hilario Barrero, todo precedido por una elocuente “Poética” inspirada en el célebre verso de Juan Ramón Jiménez “que así es la rosa” y que reza:

"Stercus quique suum bene olet,
pero antes, caro Fabio,
tendrás que darle forma."

Las citas serán una constante a lo largo de todo el poemario, desde la inicial de Gregory Corso hasta la final de Charles Simic, así todas las composiciones van introducidas por una cita que motiva el fondo y el tono de su escritura.

Marcos Matacana nos cuenta en impecables endecasílabos sus peripecias, y pérdidas, sentimentales entre la gracia y el puro arte e ingenio, empleando para ello un lenguaje donde consigue armonizar lo culto y lo coloquial, creando un peculiar estilo donde encontramos desde modernas referencias musicales (Dire Straits, Barón Rojo, Jim Morrison) a grecolatinas (Aristóteles, Plinio el Joven, Marco Aurelio). El autor se mueve con soltura del culturalismo, como en “Venecia, 1990”, de un exquisito barroquismo, a la desnuda sencillez, verdadero paradigma en el poema “La Gorda”, no es de extrañar que entre arcaísmos, latinismos y anglicismos se inserten vocablos populares, propios de la conversación oral, como en el poema “Vita nuova”:

"Un cielo bruno sobre un mar de plomo,
septiembre presentido en el agudo
ahogado filo frío de las rocas,
en un romper de olas que repiten ,
con un vitral de sombras, para qué,
el eco, el eco, el eco, si he calmado
efímeros la sed con otros cuerpos ,
y la he olvidado al fin, con dos cojones."

Pero no acaba ahí el virtuosismo de Marcos Matacana en el empleo de las formas clásicas, además de la silva que da título al conjunto, también nos entrega un soneto blanco, “A Rosa”, entre otras combinaciones de estrofas simétricas.

En definitiva, Silva de varia erección es un poemario coherente en su discurso, desenfadado y alegre en ocasiones, que viene a confirmar a un autor original en su manera de decir las cosas que nos vulneran y excitan, y que a la postre nos constituyen.

 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 15 de abril de 2018

Mares de escarcha. José Luis García Herrera

 
 


Mares de escarcha
José Luis García Herrera
Ediciones Vitruvio, Madrid, 2016
 
 
José Luis García Herrera (Esplugues de Llobregat, 1964) no es solo uno de los poetas más prolíficos de nuestro país, sino también uno de los más laureados de los últimos años, con una trayectoria ascendente que ha culminado recientemente en el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana 2017 por La semilla del óxido (Devenir).

Anteriormente había publicado Mares de escarcha en el n.º 612 de la colección Baños del Carmen de Ediciones Vitruvio, que dirige Pablo Méndez. El poemario, merecedor del XXI Premio de poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza, viene a confirmar el estilo torrencial y colorido que el autor atesora. En este libro, compuesto por veintisiete poemas sin división en partes, José Luis García Herrera versifica el paisaje invernal de la región de Matarraña, en el Bajo Aragón.

Introducido por una cita majestuosa de Antonio Gamoneda, el autor nos presenta en el poema inaugural, “Visión del invierno”, la belleza triste de un terreno sobre el que se yergue “un mar de escarcha” donde “puntean las briznas de hierba seca”.

En versos de arte mayor, con preferencia por el endecasílabo y el alejandrino, se componen estos poemas donde se hace referencia a algunos lugares de la zona, como la población de Calaceite (“Testamento de piedra”), el Salto de Tastavins (“La Portellada”) o el propio Río Matarraña, cuya historia y fisonomía inspiran una poesía impresionista con preocupaciones existenciales, como en esta estrofa de “Carbón de invierno”:

¿Dónde buscaré el resplandor del ocaso
si las raíces de las sombras
crecen en mis propios pies
y tras el aluvión de sombra alargo la condena
que a mi carne impone la vida que no tuve?”

Escritos “en la fría madrugada” y “en el fragor de la noche”, bajo la lluvia y el cierzo, José Luis García Herrera demuestra, una vez más, esa madurez expresiva que le ha convertido en un autor de referencia en el actual y complejo panorama lírico de nuestro país.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez




miércoles, 11 de abril de 2018

Cronófago. Soledad Benages Amorós

 
 


Cronófago
Soledad Benages Amorós
Ediciones Babilonia, 2017
 
 
La poeta Soledad Benages Amorós (L´Alcora, 1955) publica su segunda colección de poemas, tras Soledumbre (Alejo ediciones, Lima, Perú, 2016), con un título siniestro, Cronófago, que remite a la palabra griega cuyo significado es “devorador de tiempo”, es decir, al inexorable paso del tiempo, el maldito tempus fugit, y sus fauces, que devoran el presente haciendo del pasado el único tiempo que de verdad existe. Esto queda marcado desde la propia portada del libro, donde figura una ilustración de Leonor Seguí Nebot, que reproduce el célebre insecto metálico del Reloj Corpus, sito en el Corpus Christi College, de la Universidad de Cambridge.

Soledad Benages es una celebridad en su provincia natal, Castellón, donde colabora activamente en diversas iniciativas culturales y solidarias, y donde participa con asiduidad en actos literarios y benéficos, además de coordinar el grupo literario Poetas sin sofá, junto a María José Sangorrín. Benages viene realizando una loable labor en favor de la poesía como puente de unión entre España y Latinoamérica, que tiene su mejor manifestación en el Cuaderno de Poesía de Poetas sin sofá , que acaba de editar su número 10.

Publicado por Ediciones Babilonia, que coordina Paco Pérez Belda, en el número 25 de la colección “Pliegos de la Palabra”, nos encontramos con una segunda edición, la primera datada en marzo de 2017, y esta segunda en agosto de 2017, que dice mucho del carisma e influencia de la poeta castellonense pues, como es sabido, en los difíciles tiempos que corren es una auténtica proeza.

El libro está compuesto por treinta y un poemas de varia hechura donde fluyen los versos con la libertad de quien sabe encauzar sus formas hacia un mar de significados. La poesía de Soledad Benages es un recuento de horas, aquellas que ese monstruo con forma de saltamontes que remata el citado Reloj Corpus no ha podido engullir y que gracias a la palabra viva, la palabra impresa, consiguen perpetuarse en la memoria escrita de su autora. No poco de autobiográfico hay en estas composiciones donde los sueños de infancia se imbrican con preocupaciones sociales, por el camino se suceden hitos de vida y esperanza.

El poemario se abre con cuatro significativas citas de José Ángel Buesa, José Emilio Pacheco, Jaime Gil de Biedma y Antonio Machado, cuatro autores ya clásicos, dos latinoamericanos y dos españoles, cuya elección refleja su doble filiación, de hecho América es un espacio mítico que Soledad Benages ha transitado en numerosos viajes con motivo de encuentros y recitales en Cuba, México, Perú y Bolivia. Algo que podemos vislumbrar en el poema “Noche en Palenque”.

La nostalgia a través de la evocación de una infancia feliz y rural entre “almendros, olivos y tierra seca” o el recuerdo amado del padre carpintero que “no fue educado para la caricia” devienen “en la vetusta fotografía de una calle sin asfalto”, un tiempo envuelto en la “bruma amarillenta” donde su paso “solo se ve / en las arrugas de la piel”.

Soledad Benages escribe sobre muchas cosas, como el deseo de caricias, de ternura, que el exceso de hipocresía arruina para hacernos llegar tarde. De nuevo el tiempo se filtra entre los versos para decirnos qué es la vida, de ahí la inutilidad de “matar el tiempo”, que sería como decir “morir la vida”.

Hay una necesidad de la poesía para ahuyentar la nada, para “atraer la luz”, de ahí que Soledad Benages se valga de numerosas citas -de Octavio Paz, de Tolstoi, de Marc Granell, de Miguel Hernández, de Pere Gimferrer, Matsuo Bashô, entre otros- para encauzar su discurso hacia “el azul de Ítaca”.

Destaca, así, su lirismo, fijénse en la delicadeza de este breve e intenso poema:

Sobre la nieve cayó
la rosa más bella.
La mano que la lanzó
nunca supo que era
la última esperanza
de la diosa primavera.

La soledad, el dolor y la tristeza son otros temas capitales del libro y como todo están supeditadas a ese verdugo de momentos que es el tiempo que se escapa dejando tras de sí un erial donde solo llueven lágrimas.

Además, Soledad Benages hace gala de un lenguaje tan elegante como rico, donde combina ciertos cultismos y arcaismos (céfiro, selénico, horrísono, giflo, proterva) con una forma en apariencia sencilla, donde el fondo se ahorma con destreza a la forma del poema. En efecto, Soledad somete la longitud del verso a la necesidad de su significado en un ejercicio contra “la soledad del silencio”, veáse el poema que da título a todo el conjunto, donde afirma con vehemencia su voluntad de permanencia, de futuro.

Tras su aparente abstracción, Soledad Benages crea un discurso acorde con las inquietudes de nuestro tiempo, donde la premura y el utilitarismo han relegado a un segundo plano la verdadera esencia del ser humano. En definitiva, Cronófago es la obra de madurez de una poeta que tiene mucho que decir y lo dice sin prisa.

 
Gregorio Muelas Bermúdez