miércoles, 26 de febrero de 2020

La hilandera de los canales. Mª Carmen López Olivares

 
 


La hilandera de los canales
Mª Carmen López Olivares
Olé Libros, 2019
 
 
Publicada por Olé Libros en su colección “Cum Sideres”, y actualmente Nominada en la categoría de “Mejor cubierta” en la X edición de los Premios de Literatura Histórica del prestigioso portal HISLIBRIS, obra de la propia autora, La hilandera de los canales es la primera incursión de la pintora Mª Carmen Lopez Olivares (Navas de San Juan, Jaén, 1961) en el terreno de la novela.

En ella nos narra treinta y dos fragmentos, como el número de capítulos que la integran, de la vida de una joven hilandera oriunda de China, de tan solo diecinueve años de edad en el presente del relato, que responde al nombre de Ciolán, y que después de ser liberada de la esclavitud por su amo, un rico comerciante del que la protagonista dice: “Él ha sido mi padre y ángel de la guarda”, por salvarla de un destino cruel, recala en la próspera Amsterdam de principios del siglo XVII, después de una traumática escala en Batavia, donde será forzada por los marineros del despiadado comerciante señor Cohen.
En la capital holandesa conocerá a diversos personajes que marcarán definitivamente su existencia, el más importante, sin duda, será Joos, un pintor diez años mayor que ella del que se enamorará y con el que vivirá una sensual y tierna historia de amor y admiración mutua; la señorita Lievens, Cati, una libertina dama de la alta sociedad con la que se asociará; y Agnes, la prima de esta, que le permitirán viajar por distintas ciudades de Italia: Florencia, Bolonia, Padua y Venecia, de la que dirá: “La virtud y el pecado se pasean de la mano por encima y por debajo de los puentes, sobre las aguas y entre el adoquinado de las calles”. Un viaje iniciático donde Ciolán experimentará su particular “Síndrome de Stendhal” y que influirá notablemente en su devenir, hasta regresar definitivamente a Amsterdam para engendrar a su hijo o hija y fundar la casa de acogida “La pequeña Ciolán” junto a su amor, Joos.

Por el camino asistimos al proceso de enamoramiento de los protagonistas, como Joos encuentra a “la muchacha más bella que mis ojos habían contemplado jamás”, las mariposas en el estómago de la joven sobre la tarima de sándalo, los escarceos y excesos de Cati y Agnes, y la escandalosa vida de Vittorio en su villa, la casa maldita. Todo se enmarca dentro de una larga carta que la propia Ciolán escribe para el hijo que lleva en su vientre, a dos meses para que llegue al mundo. He aquí un relato epistolar en forma de diario en el que se insertan los pensamientos y cartas de Joos y diversas reflexiones sobre el significado del arte y la emoción que este genera.

En cuanto al estilo, destaca la delicadeza del texto por el virtuosismo y preciosismo de una autora que conoce con detalle los tipos y usos de las telas, así como las técnicas pictóricas. Otro aspecto a destacar es la inocencia y sensualidad de la prosa empleada para describir las escenas de contenido erótico que jalonan la narración, así el encuentro carnal de los amantes se hace con sumo respeto al otro, como el juego de seducción que realmente es, en contraste con otras escenas donde la provocación se erige en artefacto contra la hipocresía social de la época, es el caso de la fiesta organizada por la señorita Lievens, contrapunto y complemento necesario de Ciolán.

Otra de las virtudes es la ambientación, la forma con que la autora logra contextualizar el momento histórico en el que suceden los hechos pues lo hace con elegancia y precisión y sin necesidad de recurrir al contexto político o religioso pues en ningún instante se citan confesiones o entidades políticas, a Mª Carmen le basta con la descripción precisa de los enseres, atuendos y medios de transporte: barcos, carruajes y barcazas, y la inserción de ciertos artistas conocidos y activos en aquella época, así en su periplo italiano se nos contará una parte de la vida de Miguel Ángel y el encuentro con Galileo y su telescopio. También aparecerán otros personajes ilustres como el filósofo y matemático Descartes e incluso Lope de Vega.

En conclusión, en La hilandera de los canales la escritora afincada en Castellón nos ofrece una novela híbrida, histórica y romántica, cuya lectura no dejará indiferente a nadie.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 23 de febrero de 2020

Mapa físico. Jorge Ortiz Robla

 
 


Mapa físico
Jorge Ortiz Robla
Olé Libros, 2019
 
 
Merecedor del I Certamen Nacional de Poesía "Pintor José Lapasió", organizado por la asociación cultural Concilyarte y el artista que da nombre al premio, Mapa físico es el mapa de los afectos de Jorge Ortiz Robla, donde el prolífico poeta canario afincado en Catarroja, Valencia, realiza un viaje sentimental al pasado, recreando ciertos episodios de su infancia.

El volumen, bellamente editado por Olé Libros, grupo editorial que dirige Toni Alcolea y que en unos años se ha situado entre las editoriales punteras del panorama lírico actual, viene ilustrado, tanto en la cubierta como en el interior, con obra pictórica de José Lapasió Casamayor, artista que destaca por su particular estilo abstracto donde la fuerza de los colores y su combinación consigue reproducir la emoción de los versos en los que se basa, logrando una perfecta simbiosis que hace del libro un objeto de coleccionista.

Publicado en la magnífica colección "Imaginal" y dedicado a la memoria de sus abuelos,
Mapa físico, significativo título que alude a las plantillas escolares y que actúa como perfecta metáfora del paisaje y las personas con las que el autor tuvo un estrecho contacto en su infancia, cuenta a priori con un gran aliciente, el efectivo prólogo firmado por Ben Clark, y nunca mejor dicho pues el premio Loewe de 2017 estampa su rúbrica al final de su escrito para validar su opinión sobre un poemario donde, parafraseando el título de dicho prólogo: "La vida pasa, estable y sencilla".

El poemario se abre con cuatro significativas citas de poetas de referencia del autor: Juan Carlos Mestre, Julio Llamazares, Antonio Gamoneda y Ramón Campos Barreda, que marcan el latido de un libro que materializa el regreso al pasado del autor pues
«tan solo el presente nos concede el contenido».

Los poemas, treinta y cinco en total, se suceden sin división en partes, y señalan otros tantos momentos memorables de una existencia pausada, sosegada,
«la ciencia de la espera y la calma», que abre campo a la reflexión sobre el paso del tiempo y la inmutabilidad de los sentimientos y como es habitual en Jorge Ortiz, aderezado con una pizca de crítica social que reivindica otra forma de ver y conocer el mundo.

La vieja casa sita en la calle San Guillermo, 54, los veranos en Valderas, los panales de Aldearrubia la orilla del Cea o la calzada romana de Fuenfría tejen la luz del paisaje íntimo del poeta, “tierra de campos”, ese que se dibuja en su interior, en los recuerdos de una infancia de color “nata y fresa”, y lo hace de una forma sencilla, como la vida en aquellos años, que Jorge Ortiz recrea con serena nostalgia y que lejos de sentimentalismos apela a la conciencia del lector para recordarle que la vida pasa «como una columna trajana / hasta que se desmorona».

En su brevedad, libertad y efectismo resultan emotivas muchas composiciones, como la de despedida que dedica a su abuela Lucrecia o esa poética en miniatura que titula “Cornisas”:

«La poesía habita en las cornisas
oculta entre los filos,
posándose, como aves sin rostro,
hablándonos, contándonos
en el espacio que delimita
un robo al vacío.»

En conclusión, Mapa físico es el testimonio lírico de un autor que ama «las palabra más que las banderas» y que nos ofrece esta «madeja de recuerdos», un canto de celebración a las imágenes donde «el dolor precede a la gloria».
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



jueves, 6 de febrero de 2020

El salto del salmón. Rosa Montolío Catalán

 
 


El salto del salmón
Rosa Montolío Catalán
Olé Libros, 2019
 
 
Olé Libros publica en su colección “Imaginal” el nuevo poemario de Rosa Montolío Catalán, El salto del salmón, en una bella edición con el collage homónimo de Mariona Brines, sobrina del gran poeta de Oliva-Elca, en portada. El grupo editorial que dirige Toni Alcolea viene desarrollando una intensa actividad en Valencia que le ha llevado a editar de forma exquisita a algunas de las más respetadas plumas levantinas, como Jaime Siles o Ricardo Bellveser, a apostar por voces nuevas o emergentes con voluntad de crecer.

Tras el éxito de su anterior trabajo lírico, Las pieles y su instinto (Lastura, 2018), obra finalista de los Premios de la Crítica Valenciana, la escritora turolense afincada en la ciudad del Turia redacta un prólogo donde señala la tesis del libro: «este poemario es la unión de la literatura con el arte». En efecto, Rosa Montolío elabora un verdadero collage con palabras donde ese salto del título, que actúa como metáfora, donde cada poema forma una parte del cuadro o todo, es un salto metafísico «hasta alcanzar la simbología de la muerte».

Una significativa cita de Chantal Maillard, «Observar es un acto de conciencia», abre un poemario estructurado en siete partes que marcan un hito en el proceso de creación: “Desde las profundidades cuando llegan los silencios”, “En las superficies donde emana la belleza con tonalidades de colores cálidos y fríos”, “(Movimientos) Si unas manos acariciaran cuerpos”, “Subiendo entre papeles recortados”, “Casi en el punto álgido, oyendo el sonido de la cuerda en la parada de los tiempos”, “Absorbiendo el arte con el aire”, “Por la pendiente perpetua deslizándonos sobre un alambre”, y “A través de las zonas vacías de forma rocosa y naturaleza moribunda”.

El poema breve, en ocasiones próximo al aforismo y con algún guiño al haiku, es la forma que Rosa Montolío escoge para relacionar sus versos con las citas que los inspiran, desde cineastas, como Woody Allen (“Manhattan”) y Stanley Kubrick (“Espejismo”), a pintores, como Juan Gris, Frida Kahlo, Georges Braque, Francis Picabia y Pablo Picasso, a quien dedica el poema “Collage”, donde sintetiza la esencia del libro:

«Pensamiento.
Cóctel de visualizaciones.
Expresión. Libre.»

Filósofos, músicos y poetas, sobre todo poetas, motivan las composiciones. Destacan aquellas donde celebra la amistad con poetas “valencianos”, maestros y compañeros de viaje hacia el Parnaso: José Luis Falcó, Mila Villanueva, María Barceló, Jaime Siles, María Teresa Espasa, Mar Busquets Mataix, Roger Swanzy, Isabel Alamar, José Saborit, Francisco Brines, Elena Torres, Rafael Soler, Juan Pablo Zapater, Rafael Correcher y Juan Luis Bedins. Especialmente emotivo es el poema “Roca”, que dedica a la desaparecida Marina Izquierdo, un homenaje donde «aparecen las heridas, asoladas».

En conclusión, Rosa Montolío Catalán nos ofrece sesenta poemas sensoriales, sensuales, entrecortados, un conjunto multidisciplinar, tan original en forma como en fondo, que subraya la capacidad de la autora para plantearse retos literarios y tratar de superarlos.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 2 de febrero de 2020

Este nueve de enero. Francisco Caro

 
 


Este nueve de enero. Antología poética
Francisco Caro
Lastura, Ocaña, 2018
 
 
Con el objeto de celebrar el septuagésimo cumpleaños de Francisco Caro (1949), Lastura dedica el número 131 de su excelente colección “Alcalima” de poesía, que dirige con mano maestra la poeta Isabel Miguel, a la antología poética del historiador y poeta de Piedrabuena, Este nueve de enero, título que señala su fecha de aniversario, «una fecha que insta a la desobediencia», donde se agrupan ciento siete composiciones, extraídas de once de los doce poemarios que ha publicado hasta el momento, quedando fuera del recuento Lecciones de cosas (2008). Una bella edición, marca de la casa de Lidia López Miguel, que se ofrece como canto a la amistad y a la vida.

La selección, a cargo del grupo de amigos integrado por Davina Pazos, Francisco García Marquina, José Luis Morales, Manuel Cortijo Rodríguez, Pedro Antonio González Moreno y Rafael Soler, nos permite conocer el sentir lírico de un autor ampliamente reconocido con premios tan prestigiosos como el Premio de la Asociación de Escritores de Castilla La Mancha, el Juan Alcaide, el Premio Ciudad de Zaragoza, el Ateneo Jovellanos, el Ciudad de Alcalá, el Premio Nacional José Hierro, el Leonor y el Antonio González de Lama; poemas suyos también han sido galardonados con destacables premios, como Ángel Crespo, Francisco de Quevedo, Jorge Manrique, Villa de Iniesta, Andrés García Madrid, y Tomás Navarro Tomás.

El volumen se divide en once apartados con el título y año de publicación de cada poemario: “Salvo de ti” (2006), “Mientras la luz” (2007), “Las sílabas de noche” (2008), “Calygrafías” (2009), “Desnudo de pronombre” (2009), “Cuaderno de Boccaccio” (2010), “Paisaje (en tercera persona)” (2010), “Cuerpo, casa partida” (2014), “Plural de sed” (2015), “Locus poetarum” (2017) y “El oficio del hombre que respira” (2017); y en cada apartado se han seleccionado de ocho a diez poemas, lo que viene a dotar de equilibrio al conjunto.

De vocación temprana pero escritura tardía, la poesía de Francisco Caro adopta el ritmo imparisílabo, con predominio del heptasílabo y el endecasílabo, y aborda un amplio arco temático pues son muchos los puntos de interés del aedo manchego. El hecho de que el libro se inicie con un poema dedicado al cuerpo, “Como al norte”, cuyo contenido entronca con la ilustración de la cubierta: «como a las montañas blancas», «como el copo secreto» o «atmósfera nórdica», es harto significativo y este será precisamente uno de los temas capitales de su obra. Otro tema recurrente será el de la escritura, a la reflexión sobre el arte, y en especial sobre la creación lírica, dedicará muchas páginas, hasta el punto de solapar ambos, el cuerpo amado y el amor a la poesía, veamos un poema representativos, “Amarte”:

«Porque amar es un cuerpo
y otro cuerpo
-tan hondamente unidos
que no cabe ni el filo de un poema-
escribir de tu amor es algo inútil

lo sé de los poetas

amarte es aceptar el desafío.»

En la poética de Francisco Caro amar y escribir son verbos sinónimos, el poeta escribe y siente «las sílabas de noche» mientras escucha el tic tac inmarcesible del reloj. También el agua es un elemento a tener muy en cuenta en su obra, son numerosas las composiciones y las situaciones donde esta, dadora de vida, hace su aparición. Pero en sus versos también podemos rastrear algún atisbo de denuncia social y hasta un cierto toque culturalista, así los nombres de Keats, Hopper, Dylan Thomas o Boccaccio determinan el fondo de ciertos poemas.

En cuanto al lenguaje, Francisco Caro opta por una línea aparentemente clara y elegante, que lejos de ser fácil sí rehuye cualquier hermetismo y viene a señalar la voluntad del poeta de abrirse al otro, de compartir su experiencia para «arañar el vacío». Volver, a la infancia, a la casa, a los paisajes, a los objetos -como la máquina de coser Singer-, es su manera porque los versos «son ascuas y recuerdan”.

En conclusión, este regalo a ese «niño viejo» lo es también a la poesía con rigor y entusiasmo, que tiene en Francisco Caro a una de sus mejores plumas.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



domingo, 26 de enero de 2020

Redondear el óvulo. Abel Dávila Sabina

 
 


Redondear el óvulo
Abel Dávila Sabina
Ajuntament de Mislata, 2018
 
 
Con Redondear el óvulo Abel Dávila Sabina consiguió el premio en la modalidad de poesía en castellano de la XVI edición de los Premios de Literatura Breve “Villa de Mislata”, que publica el Ajuntament de Mislata en el número 65 de la colección “Literatura Breve”.
 
El artista y poeta cubano afincado en Valencia, ganador del XIX Certamen de Poesía Marc Granell – Vila d’Almussafes con Estos hueS.O.S de aire (Edicions 96, 2016), divide esta plaquette en dos partes: “Hijos. Origen I” y “Geografías. Origen II”, que estructuran las diecinueve composiciones breves, de cinco a ocho versos, que la integran. Poemas elaborados con libertad de ritmo, que se adapta perfectamente al discurso, y con un uso peculiar de la mayúscula en ciertas palabras clave que definen el estilo de un autor reivindicativo: «invisible Es el mar cuando los ojos son cadenas de espera».
 
Las citas de Joan Roís de Corella y Miguel Hernández avanzan el sentido del tiempo desolado que vivimos, de hijos sin futuro, donde el mar, fosa o abismo, fragmenta el hambre y la sed. Desnacer, gritar, desobedecer, palabras afiladas, serán las libertades o herramientas para vencer el hielo en los párpados.


Gregorio Muelas Bermúdez



sábado, 18 de enero de 2020

El pulso almado. Marcelo Díaz

 
 


El pulso almado
Marcelo Díaz García
Ediciones Intrépidas, 2018
 
 
Ediciones Intrépidas publica El pulso almado, del escultor y poeta Marcelo Díaz García (Villasequilla, Toledo, 1950), un volumen de artista, de esos que se ofrecen a la vista y al tacto, donde los poemas dialogan con las ilustraciones de las piezas labradas en madera por el autor afincado en Vila-real (Castellón), veinticuatro composiciones líricas que ponen voz a las vetas de otras tantas obras matéricas, contando el anverso y el reverso de la pieza que figura en la cubierta, donde podemos apreciar el elemento de color blanco que a modo de metáfora «en sosiego» se inserta casi en su centro.

El libro, de formato cuadrado y contratapas que reproducen la textura de la madera pulida, y cuyo título alude al pulso del artista a la hora de ejecutar su obra con el alma entre los dedos, se abre con un extenso prólogo bilingüe, en catalán y en castellano, firmado por Josep Anton Soldevila, que con el rótulo “Marcelo Díaz, el arte y el conocimiento”, describe el impulso y la mirada de un artista antidogmático, que se expresa con una radical libertad compositiva sea cual sea la materia prima sobre la que elige trabajar, papel o madera, pues tras cada palabra y su disposición en el poema, y tras cada hendidura y su proporción en el leño, hay una idea que en su conjunto forma un pensamiento crítico, un discurso verdadero. Marcelo Díaz tiene la facultad de devolver la vida a lo que estaba muerto y es que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, es una forma de resurrección.

Formas, colores y texturas se entrelazan con los versos para desatar lo atado, para hablar «aunque no pronuncies», para ser lo que se ha sido y alcanzar el otro lado. Naturaleza y ser son los puntos de partida y de llegada del artista toledano, que por el camino va creando belleza, formas líricas que se superponen para generar un nuevo significado, en este sentido se podría decir que Marcelo Díaz labra con la pluma y esculpe los poemas, dando lugar a una poesía de tono vanguardista, casi rupturista y en apariencia hermética, donde los vocablos se desplazan o dilatan su sentido con la precisión de quien domina las técnicas con las que vuela «sobre la tierra escrita con caminos / sobre el mar huido y mensajero».
 
En definitiva, Marcelo Díaz nos ofrece una experiencia visual sobre un fondo blanco, donde el negro de la palabra impresa y los diversos tonos de marrón de la madera expuesta donan su mensaje: «La vida es un instante infinito».
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



viernes, 3 de enero de 2020

Maldito y bienamado bibelot. Heberto de Sysmo

 
 


Maldito y bienamado bibelot
Heberto de Sysmo
Baile del Sol Ediciones, Tenerife, 2017
 
 
De indagación saussureana podríamos denominar a este poemario de Heberto de Sysmo, heterónimo lírico del escritor José Antonio Olmedo López-Amor, Maldito y bienamado bibelot, pues a modo del lingüista suizo el aedo valenciano alumbra una nueva forma de abordar el signo poético, elaborando una suerte de metapoesía donde aúna ciencia y creencia, inteligencia y sentimiento, dicotomías que catalizan el impulso creador del poeta.

Publicado en la prestigiosa colección “Sitio de fuego” de Baile del Sol Ediciones, el libro cuenta a priori con dos grandes alicientes, por un lado ser el poemario ganador del II Certamen Nacional de las Letras “Isabel Agüera” Ciudad Villa del Río, y por otro el extraordinario prólogo de José Luis Rey, poeta de referencia del autor, que señala con gran acierto que es un «libro de amor al lenguaje, a su aventura radical y lúcida». En efecto, Heberto de Sysmo se ha propuesto como pocos investigar el sentido último de aquello que da sentido a todo, el lenguaje que alienta el pensamiento creativo, crítico.

Quinto poemario de Heberto de Sysmo, que nos vuelve a sorprender tras La flor de la vida. Elogio de la geometría sagrada (Lastura, 2016) con un título tan singular como apodíctico, que hace referencia al galicismo “bibelot”, inmaterial fetiche que actúa como trasunto del lenguaje, “patria” del poeta, herramienta, arma, invento, odiado en ocasiones y siempre amado.

Tras unas pertinentes notas introductorias de Jesús Leirós León, el poemario se abre con una cita de Miguel de Unamuno que describe a la perfección el espíritu que anima el libro: “el que alma encuentra tras la carne, tras la forma encuentra idea”, en efecto, esa es la labor del poeta, encontrar la forma idónea, el nombre exacto de las cosas, para alumbrar un fondo verdadero.

Merece la pena detenerse en la estructura del libro, dividido en cuatro partes con títulos tan significativos como las citas que las acompañan: “Physis”, Friedrich Nietzsche, donde el autor aborda la naturaleza del lenguaje; “Mathesis”, George Santayana, que trata del lenguaje como ciencia; “Mímesis”, Prior, sobre la imitación de la naturaleza por parte de la poética; y “Semiosis”, Maurice Blanchot, sobre los signos y la creación de significados. En total cuarenta y nueve poemas, cuarenta y nueve destellos de luz sonora, en su mayoría breves, pero densos e inteligentes, que abordan el lenguaje y su capacidad para decirse y decirnos, en definitiva para expresarnos.

Los versos de Heberto de Sysmo, de ritmo imparisílabo, donde heptasílabos, eneasílabos y endecasílabos se suceden con precisión milimétrica, son fruto de la intuición y el razonamiento, virtudes del vate humilde que busca la belleza, lejos de los “casi poetas”, «esos falsos maestros / presos en versos libres».

Nos encontramos con un poemario heterodoxo por el tema, complejo por su contenido, ultramoderno, donde Heberto de Sysmo toma la poesía como medio de conocimiento de la realidad pues «el lenguaje es la vida», de hecho somos lenguaje que en cada palabra se reinventa pues crecemos y morimos en la escritura, fuera de ella solo existe la nada, como señala en el poema “Orgullo letrado”: «La paz será el silencio».
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez