domingo, 12 de febrero de 2017

Un fragmento de eternidad. Comentario de Alejandro López Andrada

 
 



La obra Un fragmento de eternidad rezuma autenticidad y hondura emocionada. Un poemario lleno de una luminosidad sobria y trascendente que traspasa la realidad de un dolor metafísico, de un humanismo sustancial que aclara e ilumina las sombras y los recovecos de nuestra existencia. También, por otro lado, en algunos poemas aparecen elementos de la naturaleza muy interesantes y muy bien imbricados en el discurso poético, de modo que suavizan y atenúan la desolación del poemario, sus aristas más duras y sombrías, endulzándolas de algún modo, poetizando la áspera realidad del mundo exterior. En fin, un libro hondo, emotivo, sincero y emocionado.



lunes, 6 de febrero de 2017

Fiera venganza del tiempo. Carlos Vaquerizo

 
 


Fiera venganza del tiempo
Carlos Vaquerizo
Ediciones Rialp, Madrid, 2006
 
 
Fiera venganza del tiempo, con este título, extraído de una célebre canción de Carlos Gardel, que expresa el indefectible final que nos reserva el tiempo como elemento que mediatiza y determina el carácter de nuestra existencia, obtuvo el poeta sevillano Carlos Vaquerizo (1978) el Premio “Adonais” 2005. Doble mérito si tenemos en cuanto que el emblemático premio le fue otorgado por su primer poemario, que edita Rialp en el número 588 de su clásica colección. Y es poesía existencial la que albergan estos versos forjados en el yunque del endecasílabo y el heptasílabo y que configuran un conjunto armonioso que aúna con sabiduría fondo y forma para hacerse eco de las grandes preocupaciones del hombre contemporáneo.

El poemario se estructura en siete apartados, desde “Génesis”, donde reinterpreta el tiempo primigenio y exalta los elementos naturales: el fuego, la lluvia, el aire; hasta “Eros”, donde canta a la mujer amada y su recuerdo: “Estás aquí./ Elemental./ Tus manos bastan.”. Por el camino “La herencia”, “Infancia”, “La belleza”, “Tiempo en travesía” y “Psique y el tiempo”, hasta llegar al último poema, “A modo de final”, donde declara: “todo confluye, al fin, en un principio”.

Carlos Vaquerizo nos entrega un primer poemario maduro, que aborda con brillante intuición aquellos temas en que se traduce el anhelo del ser humano por perdurar. Poesía metafísica que en sus siguientes trabajos, hasta los más recientes Quienes me habitan (La Isla de Siltolá, 2015) y Rebato del tiempo (Samarcanda, 2016), ha merecido el favor de la crítica.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



miércoles, 1 de febrero de 2017

Las exploraciones. Manuel García Pérez

 
 


Las exploraciones
Manuel García Pérez
Editorial Neopàtria, Alzira, 2016
 
 
Editorial Neopàtria publica Las exploraciones, el segundo poemario de Manuel García Pérez (Orihuela, 1976), una obra que viene a refrendar el estilo del autor de Luz de los escombros (Germanía, 2013), marcado por un lenguaje incisivo, que se expresa en verso libre para inquirir metafóricamente en las entrañas de una sociedad embrutecida por las circunstancias.

Sorprende a priori el tema del poemario por lo inusual de su propuesta: una reflexión sobre la violencia humana. Sin embargo, el poeta explora con la intención de arrojar luz sobre los recovecos del alma cuando ésta ha perdido toda esperanza. Y es en esa indagación donde el poeta es capaz de hallar un resplandor que se aproxime a una especie de belleza.

Sin duda, Las exploraciones marca una continuidad con su anterior trabajo poético pues guarda no pocas concomitancias con aquel en cuanto a fondo y forma, pues aquí encontramos de nuevo imágenes deslumbrantes, cautivadoras y tan cortantes como el filo de una navaja, que recrean el inquietante mundo en que vivimos, donde la muerte siempre acecha en lo oscuro.

El poemario se abre con un prólogo firmado por Luisa Pastor, que toma un verso de R. G. Collingwood para titular el texto y definir el conjunto: “La zarza encendida”. No es la poesía de Manuel García Pérez un asidero, sino un desasosiego continuo, que pone en solfa los excesos del hombre contemporáneo.

Antes de adentrarnos de lleno en el contenido del poemario, conviene mencionar los sugerentes dibujos que ilustran los títulos de las cuatro secciones en que se divide el conjunto, obra de Roberto Ferrández Gil, que repite colaboración con el escritor oriolano.

Como decimos, el libro se estructura en cuatro apartados con títulos muy significativos, así el primero, “Sentir las figuras”, viene introducido por una cita de Ernesto Sábato que marca la intención de los poemas, remover al lector de su fosa. Para Manuel García Pérez “la escritura es un fósil que niega su memoria y su historia” o más bien un proceso de creación y destrucción perpetua, porque el poeta intuye que escribir y “asesinar” comparten en el fondo un extravagante estado de pureza.

En la segunda parte, “Los asesinatos”, es una cita de Miguel Veyrat la que advierte al lector de unos versos “trastornados” en los que se relatan historias truculentas con una sobriedad asombrosa: “el agua no era roja”.

En “Llévame a la iglesia” y “El acontecimiento” es de nuevo Sábato el autor de las citas que preludian unos versos donde predomina el paisaje rural (cabañas, pozos, cañada, olivos, gredal) y donde se hace recurrente la imagen de los perros como elemento cotidiano y amenazador.

Manuel García Pérez explora los límites del alma humana, “lo oculto es la espina”, cuando las manos tiemblan y “se oyen las campanas”, emplea para ello un lenguaje críptico, de una crudeza aséptica, que se alimenta de imágenes que parecen extraídas de una pesadilla, porque lo que el poeta nos comunica es lo oscuro, cruel y despiadado que anida en el interior del ser humano. Sus versos se hacen eco del final, son pura consecuencia, las causas, las que determinan el poema, permanecen fuera, a la espera de una lectura reveladora que desnude la apariencia.

“Escribir es crear desde la destrucción” afirma el poeta en el texto de contraportada y no podía definir mejor su proceso de escritura creativa, que equipara al exterminio por cuanto tiene de privación, de renuncia, de sacrificio, y que a la postre acaba configurando una manera de ser y una forma de estar en el mundo.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
 
 
 
 



viernes, 27 de enero de 2017

El que silba entre las cañas. Blas Muñoz Pizarro

 
 


El que silba entre las cañas
Blas Muñoz Pizarro
Ediciones Cardeñoso, Vigo, 2010
 
 
Publicado por ediciones Cardeñoso, El que silba entre las cañas obtuvo el Premio II Certamen de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador” 2010, convocado por la Plataforma Cultural “Raíces de Papel” de Madrid, creada en 2009 por Juan Calderón Matador y Javier Bueno.


“Cuando la noche ciega
el día en mi ventana
          enciendo
          con mi mano
una lámpara humilde.


En lo mínimo, a veces,
se oculta algún prodigio:


con la luz encendida
          se hace azogue la noche
                 y espejo
                        la ventana.”


El poemario supone un impasse en la tensión poética de Blas Muñoz Pizarro (Valencia, 1943), entre Viva ausencia y La herida de los días, aquí el verso se distiende y adopta el pentasílabo y el heptasílabo para hablar con aparente sencillez de las cosas que mudan y del tiempo que pasa, entre el anhelo y la esperanza: “Escribió/ el primer verso/ como si fuera el último.”.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



martes, 17 de enero de 2017

Mujeres en Marcha Alfafar, el camino cultural a la igualdad

 
 



Artículo publicado en MUNDIARIO:
 
 
 
Después de varios años de intensa actividad cultural, la asociación Mujeres en Marcha, con sede en Alfafar (Valencia), ha consolidado su posición como una de las agrupaciones más dinámicas del actual panorama de la Comunidad Valenciana, plagado de interesantes iniciativas culturales por parte de asociaciones literarias de ciudades como Valencia (CLAVE, Concilyarte, Ateneo Blasco Ibáñez, A-Rimando), Castellón (ALCAP, Poetas sin sofá, El Almadar) y Torrent (Torrent de Paraules), y de localidades como Almussafes (Argila de l´aire), Silla (Amics de la Poesia) y Quart de Poblet (La Platea).

Alfafar se suma a esta incesante actividad literaria en general y poética en particular, de la mano de Mujeres en Marcha, que cuenta con el apoyo y patrocinio del Consistorio y de la Concejalía de Cultura, encabezada por Amparo Sanjuán Albentosa, gracias a la encomiable labor de su presidenta Carmen Prieto y, sobre todo, de Concha Prieto Linares, verdadera alma mater de la asociación, que fuera responsable de Ámbito Cultural de El Corte Inglés en Valencia, período durante el cual este espacio vivió una auténtica edad dorada con múltiples e interesantes proyectos. Ahora Concha, una vez jubilada, traslada su inquietud y buen hacer a desarrollar las actividades de la asociación en beneficio de sus vecinos, dinamizando la actividad cultural de la localidad a través del Taller de Poesía y el Club de Lectura, amenizados con presentaciones de libros y salidas culturales, que animan a un nutrido grupo de mujeres, que encuentran en sus actividades el estímulo necesario para continuar formándose y esforzándose por participar en los recitales que organizan.

La asociación desarrolla sus actividades en espacios emblemáticos del municipio, como el Espai d´Igualtat, la sala Ventura Alabau y el Salón de Actos de la Casa Consistorial, y entre sus actividades cabe destacar las presentaciones de libros de autores consagrados del ámbito valenciano, como las de los poemarios Desorden, de Sergio Arlandis, De la luz al olvido, de Blas Muñoz Pizarro, y más recientemente, Un mismo viento, de Ana Noguera y Luis García Trapiello; y de las novelas, como Braganza, de César Gavela, y Diario de una sombra, de María García-Lliberós.

Actualmente desarrolla el Curso “La poesía escrita por mujeres en España y Latinoamérica. Una aproximación práctica” dentro del citado Taller de Poesía y que imparte quien suscribe estas palabras, en paralelo con el interesante Club de Lectura que coordina Concha Prieto.

En definitiva, Mujeres en Marcha promete seguir avanzando por el camino de la excelencia como una de las asociaciones de referencia dentro del floreciente panorama literario de las provincias de Valencia y Castellón.
 
 
 
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez




miércoles, 11 de enero de 2017

Olum. Antonio Medinilla

 
 


Olum
Antonio Medinilla
Ejemplar único, Alcira, 2016
 
 
Ejemplar Único, el proyecto editorial que dirige el artista Gabriel Viñals, publica el trigésimo cuarto título de su apasionante colección Poética y peatonal: Olum, de Antonio Medinilla.
Antes de adentrarnos en el análisis del poemario, conviene detenernos un momento para destacar la loable labor que Gabriel Viñals viene realizando al frente de esta original propuesta editorial desde su residencia en la localidad de Alcira (Valencia), donde aúna poesía y pintura en un concepto único de arte. Como en los anteriores títulos de la colección, la tirada de Olum es muy limitada, de 20 a 25 ejemplares artesanales, donde cada ejemplar va acompañado de una exclusiva pintura realizada a mano directamente sobre una camiseta negra por este inquieto y atrevido editor, que se inspira en los poemas del libro para materializar su concepto de arte efímero, donde interactúan y dialogan dos artes complementarios. En su nómina de autores conviven algunos consagrados con otros noveles y emergentes, entre todos conforman un amplio panorama de la poesía española contemporánea.
En esta ocasión le toca el turno a Antonio Medinilla (Málaga, 1965), poeta afincado en Estepona, que se inició en el mundo literario con la publicación de su primer poemario, Medievo (adamaRamada ediciones, 2004), y que más recientemente, en 2013, ha publicado un original poemario titulado Gretl, en la colección de_Sastre de Editorial Palimpsesto 2.0, con prólogo de Juan Gallo, primera parte de una trilogía que completarán Inanna y Aviana, todavía inéditos. Por el camino ha participado en varias antologías entre España y Argentina, país al que se traslada en 2009 y donde comienza a trabajar para Ediciones de la Iguana como corrector y diseñador gráfico. De vuelta a España, no ha dejado de escribir con un estilo muy personal que se caracteriza por nombrar lo innombrable, y que se sitúa en las antípodas de los cánones comerciales establecidos.
Entrando de lleno en el poemario que nos ocupa, he de confesar que rara vez en mi labor de crítico literario me he enfrentado a un texto tan sugestivo y, como veremos más adelante, tan necesario, en forma y en fondo. De entrada el tema elegido resulta inusual, pues Antonio Medinilla canta un encuentro lírico-histórico con el pueblo selk`nam, originario de Tierra del Fuego y que ocupó el norte de la isla Grande durante más de diez mil años, hasta que fue víctima de una terrible tragedia tras la llegada, y la posterior ocupación y explotación, del hombre blanco y su economía capitalista colonial, que dio lugar a uno de los últimos genocidios del siglo XX. Como reza su autor: “Olum resucita lo que siempre debió vivir en paz. Olum nos recuerda que el pueblo selk’nam aún pervive entre las calles de nuestro mundo civilizado.”
Sería insuficiente calificar a la poesía de Antonio Medinilla como “social”, habría que sumar otros vocablos, como solidaria, activa, y, sobre todo, reivindicativa, pues el autor da voz a los que no la tuvieron para denunciar tan infausto hecho histórico a través de un diálogo fragmentario y documental, una declaración de principios morales que apela a un presente y un futuro inciertos, pues el poeta sabe que sólo a través de la memoria se puede conjurar el olvido, que siempre amenaza con repetir errores del pasado.
Tras una oportuna cita de León Felipe, comienza esta indagación poética sobre el ocaso de una milenaria civilización, con estas desconsoladas palabras: “¿Lola, dónde se fueron las mujeres que cantaban como canarios? Había muchas mujeres. ¿Dónde se fueron?”.
El poemario se estructura en diecinueve apartados numerados por un cardinal acompañado, en los dos primeros, de un nombre propio (lola kiepja y ángela loij) y concluye con un pertinente “Cuaderno de notas”, donde Antonio Medinilla facilita datos significativos y descifra el significado de las palabras de la lengua selk´nam, cuyo uso y recurrencia aportan una veracidad realmente conmovedora.
Antonio Medinilla no duda en esgrimir toda una amalgama de formas para entregar su mensaje al lector cómplice, de conciencia alerta, de la manera más pura y directa, emplea para ello un lenguaje alejado de toda retórica, limpio de prejuicios, desnudo de alambicados juegos verbales, pero de una belleza serena y sencilla, veamos un ejemplo, donde define el paisaje y la incomprensión: “Nuestro nombre es selk’nam. No somos Ona. Eso es cosa de yámana y hombre blanco. Nuestro mundo era un Norte marítimo y el Sur nevado, nuestro cielo era el viento del Oeste y el Este de la Palabra, donde reíamos y cantamos. Y así el mundo y el canto orientados. El pastor no sabe, Bridges no entiende. Las misiones serán crucifixiones. El pastor no sabe, no entiende qué pradera o bosque, qué pintura roja, qué nombres, qué mar nos sobrecoge.”.
Aquí el lenguaje se vuelve coral y adopta la fisonomía del habla nativa para transcribir y describir el dolor por el inevitable final de todo un pueblo condenado por la avaricia y la codicia del hombre “civilizado”. Además, Antonio Medinilla sabe combinar con maestría la prosa, el diálogo y el verso, con composiciones de altura:


“ –Luna fue la primera hóowin que huyó al ciclo de la nieve y la estrella.
Sol la perseguiría hasta el final de los tiempos.
Entonces un hóowin del Norte llamado Muerte, vino.
Y el hóowin, inmortal, no pudo convivir con Muerte y marchó.
Los Xo’on se transformaron en astros, árboles, nieve, viento, lluvia.
Huyeron los inmortales como animales de cuatro cielos mortales.
De un terrón de tierra se amasó al primer hombre selk’nam.
LUEGO un niño rojo o roja nació, lleno de plumas.”


En definitiva, nos hallamos ante un texto audaz y sensible, un canto de fraternidad con las comunidades extintas, y una bellísima muestra de poesía inclusiva, además de un objeto artístico. Un extraordinario ejemplo de cómo la poesía aún puede salvar un mundo.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



martes, 3 de enero de 2017

Apunte sobre poesía mística actual

 
 
 (Grabado de Antoni Tàpies)


La poesía mística ha gozado de una larga tradición en la lengua castellana, basta con citar algunos ejemplos clásicos, por otro lado verdaderas cumbres de nuestra lírica, como es el caso de Santa Teresa de Jesús (1515-1582), San Juan de la Cruz (1542-1591), Fray Luis de León (1527-1591) o Miguel de Molinos (1628-1696), sin embargo, no me detendré en su obra, pues sobre ella han corrido ríos de tinta.

Sí haré, en cambio, un apunte sobre su pervivencia en la actualidad, donde merece especial atención la reciente obra de María Victoria Caro Bernal, Tierra amada. Espíritu de perfección (ViveLibro, 2014), un caso que sin ser aislado sí resulta verdaderamente curioso por su fidelidad a los cánones pero afectado por las inquietudes de nuestro agitado y convulso siglo XXI.

El poemario de María Victoria Caro Bernal constituye por su interés un ejemplo máximo de la poesía mística más actual y me incita a trazar un brevísimo panorama sobre la situación de dicha poesía en nuestra lírica contemporánea, así cabe señalar su absoluta vigencia en México, donde a la poderosa voz de Concha Urquiza (1910-1945), se ha sumado recientemente la de Claudia Posadas, que en Liber Scivias rinde culto a la mística medieval, y en España, donde han destacado, sobre todo, José Ángel Valente (Al Dios del lugar) y el grupo Cántico, de Córdoba, con Pablo García Baena a la cabeza, y más recientemente Javier Lostalé (La rosa inclinada), de amplia resonancia mística, que parte de lo cotidiano para iluminar las sombras de un presente propicio al desencanto; y Antonio Praena con Actos de amor, donde se imbrican lo místico y lo existencial.

 
Gregorio Muelas Bermúdez