martes, 1 de noviembre de 2016

Anestesia. Inaxio Goldaracena

 
 


Anestesia
Inaxio Goldaracena
Baile del Sol Ediciones, Tenerife, 2016
 
 
Anestesia es el título del primer poemario publicado de Inaxio Goldaracena y lo edita Baile del Sol en el número 182 de su colección “Sitio del fuego”. A pesar de ser la primera obra que envía a imprenta, el autor navarro ya posee una interesante trayectoria poética pues ha sido incluido en diversas antologías, como Cosmopoética (Cosmoanónimos, 2015), En legítima defensa (Bartleby Editores, 2014) o Diva de mierda (Ediciones Liliputienses, 2014), además de haber sido premiado por dos poemarios inéditos: el Premio Elvira Castañón, 2009, por Laberinto de Sueños; y el Premio NajiNaaman, Beirut, 2010, por Piel sin fronteras. Actualmente modera la tertulia de poesía “La casa roja”, en la librería Katakrak de su ciudad natal, Pamplona.

Isabel Bono firma un breve y lírico prólogo que bajo el título “Los lobos no comen manzanas” sitúa al autor en “el camino hacia el lobo que “es el fruto de los poetas”.

El poemario se compone de treinta y un poemas repartidos en cinco apartados, con títulos muy significativos: “Exactamente antes”, “Sonámbulo”, “No duerme el animal”, “Intemperie” e “Instante”, donde el autor nos confía sus inquietudes escribiendo a un tú que en verdad es el yo del poeta, que unas veces se disfraza con piel de cordero, tras el que acecha el lobo “malherido/ por el puñal de la vida”, y otras se obsesiona con el tiempo ucrónico, dedicando horasa pensar en lo que nunca fue”.

La escritura de Inaxio Goldaracena ahorma su verso en la cruda realidad, haciéndose eco de problemas cotidianos, se trata, pues, de una poesía de corte social, con una aguda actitud de crítica, así sucede en “Trueque”, donde tanto paciente como psiquiatra tratan de transformar en sueños su realidad a través del diálogo y los barbitúricos, o en el poema que da título al conjunto, donde el frío y la soledad invitan a “pulsar off/ en el botón de pensar”.

Y es que no podía titular mejor el libro el poeta navarro, pues versifica desde un nivel superior de conciencia que pone el acento en la necedad de un sistema que aliena y adocena al individuo para que permanezca insensible e hipócrita, como en “Funeral”, donde manifiesta: “el dolor se ha repartido/ como un pastel./ Cada uno/ ha escogido su pedazo”. También hay lugar para la reflexión, sobre la propia poesía en “Noche en blanco”, y sobre acontecimientos del pasado aún presentes en “Amnesia”, fechado en 1938, donde dos basureros “lustran la Historia” “para que nadie/ resbale mañana”.

Inaxio Goldaracena escribe desde el insomnio, acompañado por los recuerdos, la “alta fidelidad” de la radio o el sabor amargo del café solo, mas no teme enfrentarse cada mañana ante el espejo del W.C. aunque quiera “tirar de la cadena/ para empezar de nuevo”. Multitud de temas, aparentemente banales, son tratados con verdadero ingenio por el poeta navarro, que arroja una mirada incisiva que desvela el revés de la trama, por ejemplo, el abuso de medicamentos en un mundo afectado de hipocondría, o la colonización de las playas por los edificios que ocultan el paisaje del mar.

Pero si hay un tema crucial es el del inexorable paso del tiempo y, sobre todo, su pérdida, en escenarios nocturnos de fábricas y tugurios, he aquí un poema paradigmático:

DUELO

Pasa el tiempo en su anochecer.
Pasa el tiempo huérfano de luz.
Pasan los minutos y los segundos,
después pasa una sombra,
más tarde el guante del insomnio.

Pasan las horas
y la noche
vuelve a ganar al tiempo.

Inaxio Goldaracena reflexiona sobre el instante , “un lunes de diciembre”, por ejemplo, y su velocidad en las calles de la ciudad, donde se torna “un adorno existencial”, una rapidez que, sin embargo, está regulada y ordenada y que a la postre genera un estado de parálisis y abotargamiento que deviene en inmovilismo.

El paisaje urbano adquiere un peso superior en los versos, así la ciudad aparece transida por un clima de tristeza auspiciado por las nubes y la lluvia, donde la vida y los sueños se baten tras el cristal de la ventana o en habitaciones de alquiler, sobre el gris asfalto o en una “fotografía” de invierno, para finalmente acabar durmiendo a la intemperie al caer “el telón de los sueños”.

En definitiva, Inaxio Goldaracena versifica el contagioso estado de astenia que se propala sin freno, con el objetivo de despertar al lector activo e inquieto, y lo hace con poemas de tan bella factura como “Nighthawks (Edward Hopper, 1942)”.

 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



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