martes, 11 de septiembre de 2018

Luis Báez Mayor, el poeta secreto canario

 
 


Se conoce por “poeta secreto” a aquel que habiendo siendo prácticamente desconocido en vida, con escasas publicaciones que pasaron en su día inadvertidas pero con una amplia obra que por circunstancias permaneció oculta en la privacidad de un cajón, goza en la actualidad de una memoria imperecedera, citemos los casos más paradigmáticos: el griego de Alejandría Constantino Cavafis (1863-1933) y el lisboeta Fernando Pessoa (1888-1935), y más recientemente en España el barcelonés José María Fonollosa (1922-1991), el inolvidable autor de esa obra maestra titulada Ciudad del hombre (1990-1993).

Desconocidos para el público y la crítica hasta después de su muerte, estos autores permanecieron al margen de las corrientes literarias de su época, lo que sin duda dificultó su popularidad pero favoreció su productividad, siendo fieles a sí mismos, creando un estilo propio y a la vez universal.

No son los únicos como veremos, los autores que podríamos encasillar en esta etiqueta se cuentan por decenas, y aunque en muchos casos sus obras no haya obtenido todavía el merecido reconocimiento, merecen ser estudiadas y conocidas, así en Canarias debemos citar el caso de Luis Báez Mayor (Telde, 1907 – 1941), un periodista, escritor, poeta y dramaturgo que comenzó sus estudios de Derecho en Madrid, donde tuvo como maestro a Julián Besteiro, futuro presidente del PSOE, de la UGT y de las Cortes, y que por razones de salud los acabó en La Laguna, Tenerife, y más tarde se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana. En la capital de Cuba viviría la bohemia de sus noches tropicales y conocería a destacados intelectuales de la isla, tales como Alberto Váldez Brito, Agustín Acosta o García Bárcena, con los que entablaría una fructífera amistad, además de colaborar en revistas como Bohemia y publicar artículos en los periódicos habaneros El Espectador y el Diario de la Marina (1844-1960), “El Decano de la prensa cubana”. Su relación con la isla, en la que residió durante tres períodos, fue tan estrecha que acabó adoptando la nacionalidad cubana.
 
Su poesía, donde destacan los sonetos idealistas, es de carácter sentimental, de un romanticismo becqueriano, y de clara influencia modernista, donde suenan ecos del gran Rubén Darío (1867-1916) y de Salvador Rueda (1857-1933), precursor del movimiento en España. Luis Báez Mayor no llegaría a ver ningún libro publicado en vida, su obra vería parcialmente la luz en la posterior antología 96 poetas de las Islas Canarias (1966), y en las más recientes 4 Poetas de Telde (1991) y Poetas de Telde (2001).
 

¿Y he de seguir, ¡Dios mío! siendo una mezcla
burda de estúpidas flaquezas e indecisión suicida
¡Oh, no! que por encima de esta existencia absurda
se yergue inexorable la realidad, la vida.




Luis Báez murió muy joven, con apenas treinta y cuatro años, no obstante, vivió de manera intensa pues sus inquietudes literarias y políticas le llevaron a alternar entre dos grandes islas, con un clima y una arquitectura parecida, Gran Canaria y Cuba. Así tras completar sus estudios de Filosofía y Letras en La Habana, hacia 1927, el “indiano” retorna a Telde como consecuencia de ciertas divergencias familiares debido a su vida nocturna, cuando ya empezaba a descollar en los medios intelectuales.
 

Sé que nací bohemio y he de morir bohemio…
sin la mugrienta pipa ni la melena fútil,
porque hice el bien que pude sin esperar el premio
y he llevado mi vida como una carga inútil.
 

En Telde desarrolla una destacada actividad política durante el período de la Segunda República, ejerciendo como abogado y fundando el PSOE de la ciudad, además de dar conferencias, colaborar en la prensa de Las Palmas y formar parte del Grupo Aparte, donde conocería a los principales escritores grancanarios, como Montiano Placeres Torón (1885-1938). Fue tal su implicación política que con el estallido de la Guerra Civil debió volver a Cuba hasta que su frágil salud le obligó a regresar en 1938, ya no volvería a viajar a su querida isla antillana. Una calle de su ciudad lleva su nombre, donde una placa conmemorativa señala la casa en la que vivió el insigne poeta.


Gregorio Muelas Bermúdez





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