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jueves, 6 de octubre de 2016

Un fragmento de eternidad. Reseña de José Antonio Santano

 
 
 
 
 
Reseña de José Antonio Santano en Diario de Almería y en Cuadernos de Caridemo. Revista Digital de Literatura:
 
 
en El olivar de la luna:
 
 
y en A.C.E. Asociación Colegial de Escritores de España. Sección Autónoma Andalucía:
 
 
 


UN FRAGMENTO DE ETERNIDAD
 

Una vez más, y en la historia de la poesía han sido muchas las ocasiones, el hombre proyecta hacia afuera al poeta que nunca dejó de habitarle. En esa extraña y mágica comunión y, valiéndose de la palabra, como esencia misma en el decurso de la vida, el poeta proclama su reino, su infierno y paraíso. Nada se escapa a la honda mirada del poeta, y aunque la temática se repita de unos a otros vates, siempre existe la posibilidad de hallar otros mundos y universos, si no desconocidos, sí disímiles. La nómina de poetas que han tratado la fugacidad del tiempo, la naturaleza o la muerte sería extensa, pero no cabe duda alguna que cada uno de ellos nos ha dejado su impronta, proyectado su visión del mundo. Por qué, habría que preguntarse, esa necesidad inherente al poeta de refugiarse en la soledad en su búsqueda por la luz de la palabra, el pensamiento, la filosofía en sí misma, la existencia. En los matices está tal vez la clave, en la capacidad para observar y transferir luego lo aprehendido. “Un fragmento de eternidad”, segundo libro de poesía de Muelas, es un canto a la vida, a sus luces y sombras, esas que nos habitan a todos los seres humanos, nos alegran o entristecen, pero que aquí el poeta nos revela con su esencial y honda mirada al mundo que le rodea. El tiempo, la música y la naturaleza son los temas que, fundamentalmente, aborda Muelas Bermúdez en este poemario, abrigado por la presencia del metro endecasíllabo (sonetos), el heptasílabo, de más clara tradición clásica, aunque también, de un acertado versolibrismo. Esos tres bloques temáticos se concretan, a su vez, en cuatro apartados: “Aurora y agonía”, “Música en la oscuridad”, “El peso de los días” y “Apuntes de paisaje”, a los que hay que añadir el preludio y coda final. El preludio es ya una reafirmación del poeta en la esencialidad de la existencia, “carpe diem”, de la necesidad de vivir intensamente cada segundo de vida, al concebir el instante, el tiempo, la nada casi, en “un fragmento de eternidad”, pero es también un grito ante la indiferencia: «Nada / me hiere más que una mirada indolente, / que un silencio, que un adiós». El posicionamiento del poeta es claro desde la primera página, y así lo continúa en “Aurora y agonía”, en alusión a la nada y el todo, alfa y omega vivencial, a ese existencialismo contenido en los sonetos “Génesis” y “Luzbel”, representación de la luz edénica, lo demonial, de la felicidad y el sueño contrapuesto al dolor y la amargura. “Música en la oscuridad”, es trasunto del tiempo, de la vida que aflora con intensidad en la voz del poeta, en la armonía de una sinfonía versal que va "in crescendo": «El hombre gira y gira / hasta que la música se consume. / En calma, exaltado, escucha el silencio», en esa búsqueda interior que lo serene. Comienza la tercera parte con "El peso de los días" y una cita de Paul Celan referida al tiempo: "Tiempo es que sea tiempo". Es en esta dimensión donde el sujeto poético se transforma, abraza la otredad como signo inequívoco de fraterna solidaridad: «Después de Auschwitz / se escribe poesía / para decir con eco inextinguible / que la muerte no es la única salida».
En este camino nos encontramos con la voz del poeta Gregorio Muelas (Sagunto, Valencia, 1977), con su existencialismo vivaz, definidor de su poética, enriquecido por el lenguaje y el ritmo melódico, musical de la palabra trascendida.
El hombre y el poeta frente a frente, en la soledad del silencio que grita el desconsuelo del mundo, del desvalimiento en un tiempo oscuro e incierto. El tiempo como discurso poético capaz de ser haz de esperanza, amor y entrega, de mostrar la luz al final del camino, tal vez leve, pero precisa, rotunda. Nada se opone ni obstaculiza al poeta en su objetivo, en su desvelo por mostrarnos la gran diversidad de paisajes, esenciales todos y que el poeta rescata de la memoria hasta insertarlos en su ser como propios. La escritura como salvación y la naturaleza como tránsito hacia la luz que resplandece en comunión perfecta con los sentidos y los sentires. La primavera como símbolo de un tiempo nuevo cargado de sueños y horizontes, de libertad plena: «Gritemos libertad / para que el día de mañana / el silencio no sea. / Para que en el más crudo invierno / pueda brotar / una primavera perpetua». Pone punto y final a este libro la coda, con el poema “Nada”, que el poeta dedica a otro poeta, Antonio Praena, y con el que nos recuerda esos otros versos de José Hierro, cuando dice: “Qué más da que la nada fuera nada / si más nada será, después de todo, / después de tanto todo para nada”. “Un fragmento de eternidad”, de Gregorio Muelas, nos sitúa en el camino hacia la verdadera luz de la poesía.

Título: Un fragmento de eternidad
Autores: Gregorio Muelas Bermúdez
Editorial: Germanía (Valencia, 2014)


domingo, 6 de diciembre de 2015

Tiempo gris de cosmos. José Antonio Santano

 
 


Tiempo gris de cosmos
 
José Antonio Santano
 
Editorial Nazarí, Granada, 2014
 
 
José Antonio Santano es un poeta con una fructífera trayectoria avalada por numerosos reconocimientos, como el Premio Internacional “Barro” de Sevilla, 1993, por Profecía de Otoño; el Premio de Poesía “Ciudad de El Ejido”, 1995, por Exilio en Caridemo; el Premio Nacional de Poesía 2000 por La piedra escrita; el Premio Andalucía de la Crítica “Ópera Prima” 2005 por Trasmar; el X Premio Internacional de Poesía “Luis Feria” 2008 de la Universidad de La Laguna, Tenerife, por Razón de ser; además ha sido traducido al italiano por Emilio Coco en Il volo degli anni - Antologia poetica personale, 2007, XIV Premio Internazionale di Poesia e Letteratura “Nuove Lettere” 2009 del Instituto Italiano di Cultura di Napoli.
Este cordobés de Baena afincado en Almería también es crítico literario en prensa y revistas, colaborador habitual del Diario de Almería y del Instituto de Estudios Almerienses, actualmente dirige la publicación literaria “Cuadernos Metáfora”.
En Tiempo gris de cosmos, su último poemario hasta la fecha, publicado por Editorial Nazarí en su colección Daraxa, Santano articula un canto de fraternidad con “todos los habitantes del planeta”. El libro se inaugura con unos versos de Francisco Peralta, de quien toma el título, que a modo de tesis nos advierte del tono del poemario, donde el poeta adopta una posición necesariamente crítica para entonar un canto a la cruda realidad actual, tan muda de esperanza, donde el autor se identifica con los más desfavorecidos para devolver al hombre el centro y la capacidad de seguir soñando en un mundo donde la primavera le gane el pulso al invierno.
El poemario se divide en dos grandes secciones. En la primera parte, “Tiempos de silencio”, los poemas son por lo general breves y en ellos el poeta se sirve de elementos de la naturaleza, como la lluvia, para alzar su voz contra la injusticia e hilvanar de paso un discurso poético de altura, que pone el acento en aspectos tan actuales como eternos, siempre con una actitud crítica hacia la realidad, tan adversa como llena de incertidumbres, así en “Certeza” Santano define la rutina como ese zapato que nos aprieta y nos condena a la oscuridad y el silencio de la celda que habitamos cada día.
Santano pone en solfa los símbolos que coartan la libertad del hombre: patria, Dios y bandera, por tanto nos encontramos ante una poesía donde la belleza de los versos se aúna con el mensaje social, con un inconformismo crítico que pone el acento en los grandes males que nos acucian: el hambre, la ignorancia, la soledad. Para Santano la única salvación es posible a través de las palabras y los sentimientos, capaces de sofocar “el fuego de los tiranos”.
La poética de Santano suscribe el célebre verso de Gabriel Celaya (“la poesía es un arma cargada de futuro”), para enarbolar la bandera de la dignidad contra “la vil corrupción de los gobiernos/ el saqueo de los banqueros/ y la insolencia de la Iglesia” (“Indignado”). En “El campus”, la noche que se cierra sobre las aulas actúa como símbolo de un futuro desconcertante. Solo la luz de la palabra, verdadero recinto de subversión contra la tiranía y la avaricia, puede iluminar un mundo oscurecido, triste, frío.
En la segunda parte, que comparte epígrafe con el título del poemario, los poemas son más densos y su extensión se dilata al hilo de un discurso candencioso tan rico en imágenes como efectivo en ideas, donde Santano se sirve de la tópica pregunta de una red social para dar rienda suelta a una horda de sentimientos donde el presente y el pasado se imbrican de tal forma que conforman un nuevo tiempo: gris por el contexto, cosmos por el universo del poeta. Diez poemas, diez cantos, diez confesiones que reúnen el sentir de un soñador que afirma su ser en un mundo amenazado por la Nada.
El poemario concluye con una aproximación crítica a la poética del libro de José Cabrera Martos, donde éste realiza un profundo análisis ético y filosófico de los temas que animan el quehacer poético de José Antonio Santano, un poeta que escribe para liberarse y liberarnos de un sistema asténico.