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viernes, 3 de enero de 2020

Maldito y bienamado bibelot. Heberto de Sysmo

 
 


Maldito y bienamado bibelot
Heberto de Sysmo
Baile del Sol Ediciones, Tenerife, 2017
 
 
De indagación saussureana podríamos denominar a este poemario de Heberto de Sysmo, heterónimo lírico del escritor José Antonio Olmedo López-Amor, Maldito y bienamado bibelot, pues a modo del lingüista suizo el aedo valenciano alumbra una nueva forma de abordar el signo poético, elaborando una suerte de metapoesía donde aúna ciencia y creencia, inteligencia y sentimiento, dicotomías que catalizan el impulso creador del poeta.

Publicado en la prestigiosa colección “Sitio de fuego” de Baile del Sol Ediciones, el libro cuenta a priori con dos grandes alicientes, por un lado ser el poemario ganador del II Certamen Nacional de las Letras “Isabel Agüera” Ciudad Villa del Río, y por otro el extraordinario prólogo de José Luis Rey, poeta de referencia del autor, que señala con gran acierto que es un «libro de amor al lenguaje, a su aventura radical y lúcida». En efecto, Heberto de Sysmo se ha propuesto como pocos investigar el sentido último de aquello que da sentido a todo, el lenguaje que alienta el pensamiento creativo, crítico.

Quinto poemario de Heberto de Sysmo, que nos vuelve a sorprender tras La flor de la vida. Elogio de la geometría sagrada (Lastura, 2016) con un título tan singular como apodíctico, que hace referencia al galicismo “bibelot”, inmaterial fetiche que actúa como trasunto del lenguaje, “patria” del poeta, herramienta, arma, invento, odiado en ocasiones y siempre amado.

Tras unas pertinentes notas introductorias de Jesús Leirós León, el poemario se abre con una cita de Miguel de Unamuno que describe a la perfección el espíritu que anima el libro: “el que alma encuentra tras la carne, tras la forma encuentra idea”, en efecto, esa es la labor del poeta, encontrar la forma idónea, el nombre exacto de las cosas, para alumbrar un fondo verdadero.

Merece la pena detenerse en la estructura del libro, dividido en cuatro partes con títulos tan significativos como las citas que las acompañan: “Physis”, Friedrich Nietzsche, donde el autor aborda la naturaleza del lenguaje; “Mathesis”, George Santayana, que trata del lenguaje como ciencia; “Mímesis”, Prior, sobre la imitación de la naturaleza por parte de la poética; y “Semiosis”, Maurice Blanchot, sobre los signos y la creación de significados. En total cuarenta y nueve poemas, cuarenta y nueve destellos de luz sonora, en su mayoría breves, pero densos e inteligentes, que abordan el lenguaje y su capacidad para decirse y decirnos, en definitiva para expresarnos.

Los versos de Heberto de Sysmo, de ritmo imparisílabo, donde heptasílabos, eneasílabos y endecasílabos se suceden con precisión milimétrica, son fruto de la intuición y el razonamiento, virtudes del vate humilde que busca la belleza, lejos de los “casi poetas”, «esos falsos maestros / presos en versos libres».

Nos encontramos con un poemario heterodoxo por el tema, complejo por su contenido, ultramoderno, donde Heberto de Sysmo toma la poesía como medio de conocimiento de la realidad pues «el lenguaje es la vida», de hecho somos lenguaje que en cada palabra se reinventa pues crecemos y morimos en la escritura, fuera de ella solo existe la nada, como señala en el poema “Orgullo letrado”: «La paz será el silencio».
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



martes, 11 de junio de 2019

Cartografías de Orfeo. Antología de Joven Poesía Valenciana

 
 



Publicada en 2014 en la Colección “Los nuevos caníbales” de Isla Negra Editores de Puerto Rico (San Juan) y República Dominicana (Santo Domingo), que dirige con mano maestra el catedrático, editor y poeta caribeño Carlos Roberto Gómez Beras, Cartografías de Orfeo es una antología de la joven poesía escrita en Valencia, en lengua castellana, que abarca autores nacidos entre 1970 y 1987.

El libro reúne doce poetas seleccionados por Sergio Arlandis, responsable de la edición y el prólogo, que dedica a sus maestros: Jaime Siles, Guillermo Carnero y Ricardo Bellveser.

Doce de las voces más notables de la poesía valenciana actual” que Alberto Martínez-Márquez, profesor del Departamento de Humanidades en el recinto de Aguadilla de la Universidad de Puerto Rico y autor del comentario de contraportada, encuadra en las siguientes tendencias:

- poiesis experiencial: María Paz Moreno, Manuel Valero Gómez, Javier Vicedo, Andrea Ceballos

- neoformalismo indagatorio: Xelo Candel, Heberto de Sysmo, Gregorio Muelas Bermúdez, Lola Mascarell

- epistemología del espacio: Andrés Navarro, José Ángel García Caballero, Elia Saneleuterio Temporal, Bibiana Collado Cabrera

 
 


viernes, 19 de mayo de 2017

La flor de la vida. Heberto de Sysmo

 
 


La flor de la vida. Elogio de la geometría sagrada
Heberto de Sysmo
Lastura, 2016
 
 
Poesía matemática, cuántica… estamos cansados de leer etiquetas abarcadoras, todas resultan insuficientes a la hora de calificar a una obra tan compleja en su entramado y con afán divulgador como la de Heberto de Sysmo pues su poesía, audaz e inteligente, no deja indiferente a nadie.

José Antonio Olmedo López-Amor está detrás, o más bien dentro, de Heberto de Sysmo, un seudónimo que engloba dos referentes de su poesía, la del poeta cubano Heberto Padilla (1932-2000), gran amigo de Evgeni Estuchenko, de quien adopta el nombre, y la del lenguaje vanguardista, de hecho el escritor valenciano es un confeso amante del neologismo, y ese “sysmo”, que más bien sería seísmo por el alcance de su palabra, es deudor de ese ardor creativo, de esa energía que en José Antonio Olmedo encuentra su horma. Así el libro se inicia con un afortunado neologismo, “laripse”, una palabra que leída del revés da como resultado la palabra “espiral”, que será fundamental a la hora de interpretar el texto.

Tras El Testamento de la Rosa (Ediciones Cardeñoso, 2014) y La soledad encendida (Ultramarina Cartonera & Digital, 2015), libro de haikus co-escrito con quien suscribe estas líneas, poemarios ya maduros donde Heberto de Sysmo probó diversas formas con maestría, le llega el turno a La flor de la vida, bellísimo título que se encadena con un no menos bello subtítulo, que nos pone en la pista de su temática, Elogio de la geometría sagrada. José Antonio Olmedo adopta el título de la figura geométrica compuesta de diecinueve círculos completos del mismo diámetro y treinta y seis arcos circulares que forman un conjunto hexagonal, que a su vez se incluye en un círculo mayor. Los diecinueve círculos completos se solapan creando patrones radiales simétricos que asemejan flores.

Publica Lastura, de la mano de Lidia López Miguel, que como muy bien reza su lema, “el idealismo como concepto editorial”, ha aceptado el riesgo de darle cabida en el n.º 42 de su magnífica colección de poesía Alcalima, que dirige Isabel Miguel.

El poemario, de entrada, cuenta con diversos atractivos a tener muy en cuenta, que, sin duda, aportan un valor añadido a un libro que es en sí una pieza de arte lingüístico y conceptual. En primer lugar la sugerente ilustración de cubierta, obra de la artista y también poeta Vanessa Torres, que además se encarga de ilustrar las portadillas, con su peculiar estilo gráfico, de imaginación desbordante y reminiscencias cósmicas. En segundo lugar, aunque no menos importante, un breve comentario de Francisco Brines, que figura en la contraportada.

Pero ahí no se acaban los resortes de la obra, nada más abrir el volumen nos hallamos con nuevas aportaciones: un prólogo del propio autor que nos introduce sabiamente en la lectura y que titula “Ensayo de un entrópico desorden. El axioma del sofisma”, donde nos desgrana algunas de las claves necesarias para desentrañar los versos, como la espiral logarítmica, la sucesión de Fibonacci o la teoría del centésimo mono o masa crítica, un texto erudito que expresa un loable interés por la ciencia, algo poco común en el gremio lírico.

Pero hay más, el análisis y notas del escritor vallisoletano David Acebes Sampedro, tan necesarias para comprender la esencia de las partes y las composiciones que las integran, pues es en su estructura, reflejo geométrico del tema en que se inspira, donde podemos descifrar su universo poético.

Siete cantos compuestos por siete poemas cada uno, con títulos más que sugerentes: “Cuerpos geométricos”, “Las llaves de la vida”, “Versos áureos”, “Humanas reflexiones”, “Sinergia del amor cuántico”, “Sonetos atlantes” y “Las siete leyes de la creación & Tradición Hermético-Alquímica”, y todos introducidos por una cita significativa de un autor representativo, a saber: Platón, Johannes Kepler, Francisco Salinas, Eddie J. Bermúdez, Antonio Praena, H.D.S., y Rabindranath Tagore, respectivamente. Por el camino nos encontramos con otros referentes, como Juan Eduardo Cirlot o la teósofa rusa Helena P. Blavatsky. Todo constituye un conjunto armónico cuyas piezas se sustentan unas a otras hasta reproducir en sus páginas esa “flor de la vida”, cuyo patrón ornamental está presente desde la Antigüedad.

Pero no acaban ahí sus múltiples reminiscencias pues el poemario es un dechado de virtudes líricas, no sólo por su vocabulario, extremadamente rico y culto, sino también por su ritmo, en él están presentes diversas formas, desde el endecasílabo blanco al verso libre, desde los siete sonetos “atlantes”, en que el último verso de cada estrofa rima y que dedica a los elementos, a los veintisiete “haikus” de “Humanas reflexiones”, que adoptan la estrofa japonesa pero basándose en la “Teoría de Cuerdas”.

Como podemos observar, nos encontramos con un poemario atípico, que exige una lectura atenta, con composiciones de gran belleza, he aquí una muestra:

LLAVE PSICOLÓGICA

Nuestro conocimiento es el estigma
que siempre sangrará contra sí mismo,
tratando de cruzar eternos puentes,
pensando en la pasión que lo arrebata.
Pero hay puentes a pasos invisibles
quizá muy cerca nuestro, quizá lejos,
que el propio ansia de ver niega convulso
cual claridad prohibida al impaciente.
En la morfología de una lágrima
podemos vislumbrar su procedencia;
si proviene de un llanto o de una risa,
mas no podemos comprender su origen
ni las formas que adopta su estructura…
Salina solución de un sentimiento.

Hasta aquí la epidermis de un poemario que es el fruto de cinco años de trabajo y que ya ha sido objeto de diversas reseñas, por parte de Carlos Alcorta, Manuel Guerrero Cabrera, Antonio Rivero Taravillo, José Carlos Rodrigo Breto o Jesús Cárdenas Sánchez, algo que da cuenta de su interés y alcance, y que lo han hecho merecido finalista de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana en su modalidad de poesía, que entrega la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE).
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



jueves, 20 de octubre de 2016

La flor de la vida, Heberto de Sysmo presenta en Torrent su nuevo poemario

 
 
 
 
 
Crónica de la presentación en MUNDIARIO:
 
 
El pasado miércoles día 5 de octubre tuvo lugar en el Salón de Actos de la Casa de Cultura de la localidad de Torrent (Valencia) un acontecimiento literario de primera magnitud, se presentaba en sociedad el nuevo poemario de Heberto de Sysmo, seudónimo literario del escritor José Antonio Olmedo López-Amor: La flor de la vida. Elogio de la geometría sagrada, publicado por Editorial Lastura, en el n.º 42 de su colección Alcalima, dirigida por Isabel Miguel.

El poeta valenciano supo rodearse de ilustres presentadores pues le acompañaban en la mesa Jaime Siles, mentor del autor, y Patricia Cuenca, presidenta de la asociación cultural Torrent de Paraules Tertulia Literaria, anfitriona del evento.
 
 

 
Entre los asistentes estuvieron presentes varias personalidades del mundo literario de Valencia, como Ricardo Bellveser, vicepresidente del Consell Valencià de Cultura, los poetas Blas Muñoz Pizarro, Luis Hernández Rubio y Félix Molina Colomer, la periodista y novelista Elga Reátegui Zumaeta y la escritora alemana Petra Dindinger Biermann, que tuvo la amabilidad de acudir desde Castellón.
 
 

 
El evento estuvo amenizado por la música al piano de la compositora Aroa Escobero, que deleitó a los asistentes con su virtuosismo, abriendo el acto con una bellísima composición y acompañando a los distintos rapsodas durante la lectura de poemas del libro, entre ellos podemos destacar a Miguel García Casas y Marcel Marck, grandes intérpretes que emocionaron al público con su declamación, a Blas Muñoz Pizarro, que compartió su experiencia con algunos de los vocablos empleados por Heberto, y a Petra Dindinger Biermann, que leyó una selección de haikus de La soledad encendida, anterior trabajo de Heberto de Sysmo, ex aequo con quien suscribe esta crónica, traducidos al alemán por la escritora afincada en Nules.
 
 
 
 

 
Durante la presentación, Patricia Cuenca hizo una bella disertación sobre el significado profundo del libro, y Jaime Siles destacó las muchas virtudes de un poemario realmente singular, que se destaca de la inmensa mayoría por su meditada elaboración e ingente trabajo de investigación, donde se acoplan en fraternal abrazo disciplinas aparentemente dispares pero complementarias como las Artes y las Ciencias, además alabó el erudito trabajo de análisis de David Acebes y la belleza de las ilustraciones de Vanesa Torres.
 
 

 
La presentación concluyó con una ronda de preguntas donde Heberto de Sysmo se explayó de forma amena sobre la génesis de un poemario que lejos de ser hermético supone una bella meditación sobre los misterios del conocimiento.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 


 

lunes, 26 de septiembre de 2016

Un fragmento de eternidad. Reseña de José Antonio Olmedo López-Amor

 
 



Reseña de José Antonio Olmedo López-Amor en Todoliteratura.es:
 
 
 
en Escritores.org:
 
 
 
en Sede Revista - Revista Cultural:
 
 
 
en Fanzine de literatura MANIFIESTO AZUL, número 15:
 
 
 
y en Acrópolis de la Palabra - Blog de Heberto de Sysmo:
 
 


Título: Un fragmento de eternidad
Autor: Gregorio Muelas Bermúdez
Género: Poesía
Editorial: Germanía
ISBN: 978-84-16044-33-7
Nº Páginas: 63
Encuadernación: Tapa blanda
Año de publicación: 2014

 
“Un fragmento de eternidad es el nuevo poemario de Gregorio Muelas. Un trabajo poético de altura, con ecos clasicistas, publicado en el número 10 de la colección “Viaje al Parnaso” de la editorial Germanía”.
 
La carrera literaria de Gregorio Muelas Bermúdez (Sagunto, 1977), ha pasado de ser prometedora a constatarse como un valor seguro. Su escritura, como trasunto de la vida, engloba sus debilidades, su pensamiento, pero sobre todo, la honda preocupación por ese estigma que sobre todos nosotros esculpe el Tiempo, la condición en fuga de estar vivo y saber que la Muerte se aproxima.
 
Gregorio Muelas, vehicula este poemario con el criterio y orden musical de una sinfonía; la concepción de su poética está suscrita a un germen musical, germen que durante el poemario se escenifica minoritariamente en rimas consonantes y mayoritariamente en rimas asonantes.
 
El poeta valenciano Rafael Coloma, redacta un prólogo notable en el que disecciona la estructura del poemario y a la vez confiesa encontrar un existencialismo latente que hilvana los diferentes bloques que conforman esta obra, un existencialismo que siempre subyace, vigoroso y reflexivo, en los tres temas principales del poemario: la Música, el Tiempo y la Naturaleza; no por nada, Coloma titula su prólogo de la siguiente manera: Música y paisaje.
 
En el año 2002, el escritor argentino Héctor A. Piccoli, publica un libro titulado Manifiesto fractal, en el cual propone a la comunidad literaria mundial, rescatar el ritmo y la musicalidad en la poesía para contrarrestar esa prosificación o versolibrismo prevalente, que tanto daño ha hecho a los contemporáneos amantes de la poesía clásica desde finales del siglo XX hasta la actualidad. Gregorio Muelas se suma a ese llamamiento abanderado por Piccoli y cultiva, entre otros formatos de su repertorio: la métrica en forma de soneto blanco o clásico, la rima jotabé, el heptasílabo, el verso libre y la asonancia.
 
El poemario comienza con un poema titulado “Preludio” que inaugura el discurso poético con la palabra «nada», curiosamente, podría considerarse a este poema una bisagra que ensambla todo su simbolismo con el último poema del libro, titulado “Nada”, formando un final-principio recursivo y eviterno, constituyendo un viaje desde la Nada al Todo, localizaciones donde la mirada del poeta revela su enamoramiento por la Vida y su fascinación por su efímero milagro: Pero sé que todo es final, / que todo acaba, / que sólo existen los instantes, / y que cada instante, / cíngulo del tiempo, / es un fragmento de eternidad.
 
 El primer bloque, titulado “Aurora y agonía”, se compone de dos sonetos —blanco y clásico respectivamente— que narran, casi en tono bíblico, la “aurora” de la formación del Universo, cuna y morada de la Música; y la “agonía” de la auto-coronación de Luzbel, siniestro Ángel Caído, como Señor de la Nada. Ambos momentos, tienen una importancia capital en la memoria del poeta, ya que, de esa culminación, nace su percepción de la Vida como un curso dual y binario de fuerzas complementarias, visión que vertebra el segundo bloque del poemario, “Música en la oscuridad”, pasaje que comienza con estos esclarecedores versos: Toda nota tiene su silencio. / También toda luz tiene su sombra.
 
El yo lírico de Gregorio Muelas se ubica en diferentes tribunas para pronunciar su alocución. En los sonetos: “Música callada” y “Olas al fondo”, utiliza la primera persona como ente presente y exclamativo, mientras que en los poemas: “Adagio”, “Bruckner” y “Schubert Park”, el foco emisor de su poesía es un narrador omnipresente. Los magmas de su mundo interior buscan, en todo momento, la forma más propicia para manifestarse. Ese ejercicio de adecuación, aderezado con el poder magnético de algunos arcaísmos que revelan un culturalismo, o relativismo posmoderno, denota una vasta formación y vocación en un autor que ama, respeta y cree en el valor de la palabra.
 
El cuarto bloque lleva por título “El peso de los días”, una alusión a la obra poética del poeta Blas Muñoz Pizarro, referente y amigo del autor, poeta al que además va dedicado uno de los poemas del bloque, “Otro cielo”. Pero también el título alude a ese agónico proceso de erosión que sufre el habitante citadino de las grandes y caóticas urbes, la soledad, la deshumanización, la prisa, una desazón reflejada perfectamente en poemas como “Hoy”: …entonces entonan vítores los televisores / y vuelan altivos los sueños / de los vivos murientes, / aquellos para los que el ayer no es más / que una borrosa instantánea, / una sonrisa congelada, / y el día a día un futuro sin presente.
 
En el cuarto bloque, además de la sombra del tiempo, incide argumentalmente una preocupación humanista, las descripciones del mundo y sus pobladores dibujan un panorama descorazonador, donde los seres humanos viven hastiados y llenos de carencias en un mundo desgastado y posmodernista. El poeta encuentra únicamente en las alturas de la poesía, pero no de una poesía cualquiera, sino de una poesía verdadera, auténtica, porque es forma de vida; una escalera hacia la belleza, ese axis mundi desde el que puede disertar sin ser juzgado, un lugar donde su alma de artista y su conciencia de hombre pueden dialogar armónicamente y de esa eufonía mística emerge su poemario, un poemario al que podríamos llamar exegético.
 
En el poema “Refutación a Adorno”, la palabra poética es para Gregorio Muelas un arma para luchar contra la injusticia y el olvido, un acto de civilización contra la sumisión y la barbarie, un elemento clave para defender, legar, constatar, vivir.
 
En el poema “Pessoana”, el amor nos dice que siempre ha estado ahí y se revela como otra luz que conquistar, otro arma que defender.
 
Ya en el quinto bloque, “Apuntes de paisaje”, como su propio nombre indica, es la Naturaleza quien inspira unos versos contemplativos, evocadores, que describen la belleza de un paisaje, el vuelo de un pájaro o un atardecer, al tiempo que inunda su poesía de pensamiento, de dolor, de nostalgia. En estos breves poemas el autor imprime siempre un ápice de esperanza; sus agrestes pinceladas dibujan una posible primavera en pleno otoño, un camino alternativo que podemos transitar sin pesadumbre.
 
En definitiva, Un fragmento de eternidad es un poemario atípico por su pluralidad de formatos poéticos, valiente por su apuesta literaria —tan formal como conciliadora— y un ensayo rico e ilustrador sobre el ser humano moderno y sus preocupaciones. Una excusa perfecta para reflexionar sobre nosotros mismos y nuestro entorno en este efímero lapso que es la vida. Su mensaje es un proyectil lanzado en dos direcciones, al conocimiento y al corazón, un mensaje que sin duda encontrará su destino en el amor y comprensión de los lectores.
 
 


 
 



sábado, 3 de septiembre de 2016

Aunque me borre el tiempo. Reseña de José Antonio Olmedo López-Amor

 
 


Reseña de José Antonio Olmedo López-Amor en Revista Literaturas.com:
 
 
y en Acrópolis de la palabra - Blog de Heberto de Sysmo:
 
 
 
Aunque me borre el Tiempo (Círculo Rojo, 2010), es una obra poética que engloba dos poemarios: Con las palabras, con el Tiempo y No hay vado en el fuego. Gregorio Muelas Bermúdez, escritor emergente en la literatura valenciana, nos presenta su obra dividida en dos partes, dos obras tan complementarias como diferenciables.
 
Por un lado, su versificación en Con las palabras, con el tiempo, está declaradamente unida al metro clásico, mayoritariamente al verso endecasílabo, cuya máxima representación está contenida en catorce sonetos que perviven en sus hojas. Sin embargo, en No hay vado en el fuego nos ofrece concesiones al verso libre, así como una mayor utilización del eneasílabo, lo que demuestra que además de conocer los cánones, amarlos y respetarlos, el autor da buena cuenta de su versatilidad como literato.
 
La utilización de la rima consonante, asonante, o la inclusión de haikus, son evidencias de la gran variedad lírica que Muelas Bermúdez nos ofrece en esta ópera prima, riqueza que su talento sabe extender al ámbito gramatical utilizando un léxico tan implícito con las imágenes que describe como acertado por su sencillez. Esa patente sencillez, —que no simplicidad— es una desnudez en sus versos que sobrecoge; su testigo es un presente en pos de la breve sinceridad.
 
Esa condición visual de la palabra es una de las bazas fuertes en la poesía de Bermúdez, la pulcritud en la descripción del tiempo y del espacio hacen de esta poética un baluarte evocador. No hay artificio, hasta me atrevería a decir que no hay retórica, por lo menos, no forzada exageradamente, sólo Poesía en su hondo calado argumental.
 
Al leer la primera parte del libro Con las palabras, con el Tiempo, uno siente la desazón del que vive en la duda y lanza preguntas metafísicas que nadie responde, pero el poeta, no sólo dramatiza esa angustia del ser humano como lamento, sino que nos ofrece además un hilo de esperanza. El tono, solemne por musical y universalista por humano, se resuelve por ambos poemarios como si un mismo velo los envolviera, un velo de hondura y transfiguración tan agreste como espiritual, tan terrenal como divino.
 
En No hay vado en el fuego los poemas circunscriben un mosaico de versos neorrománticos, una alborada de poemas de amplia gama cromática llenos de intensidad y sentimiento. Un buen ejemplo de ello es el poema “Canto” dedicado a Rafael Puerto, amigo del autor, o “Perderás la luz”.
 
No es casualidad encontrar en esta obra referencias a Tarkovski o Bergman, brillantes cineastas admirados por el autor, pues de la misma manera que estos invadieron sus obras con intensos mensajes metafísicos y atractivas puestas en escena, Muelas Bermúdez hace lo propio, quizá en homenaje a ellos, por tanto talento ofrecido.
 
Con su poema titulado “Bella de día”, que tal vez —y dada su formación audiovisual— haga alusión a la mítica cinta de Buñuel (Belle de jour), alcanza cotas de un lirismo barroco que no deja indiferente al lector e invita a su degustación una y otra vez.
 
Pero si hay una constante en la poética de Gregorio Muelas, además de su visual pasión por lo que hace, es una omnipotente e inexorable sombra del Tiempo. El Tiempo en los versos de Bermúdez, discurre líquido, ejerciendo todo su poder como centinela; la cuenta atrás de ese imparable reloj de la muerte intenta macerar una voz que se rebela y como resultado trasciende el triunfo poético de esa experiencia vital.
 
Gregorio Muelas concibe aquí, entre otras formas, la poesía de forma melódica —por la consonancia de su rima— así como antropológica y telúrica por la profundidad de sus temáticos matices, rasgo este que lo emparenta a la poesía de José Hierro, referente rastreable por toda la obra.
 
Aunque me borre el tiempo es un libro maduro y arriesgado pese a la corta trayectoria de su autor, cualidades inequívocas del compromiso vital entre el autor y su obra; además de revelarse como el punto de partida de un letraherido en busca de sí mismo, algo maravilloso, porque no olvidemos: cuando el poeta habla de sí mismo, también lo hace de todos nosotros.

AUNQUE ME BORRE EL TIEMPO
 
Aunque me borre el tiempo,
aunque sea ceniza mi cuerpo
y se lo lleve el viento
hacia lejanos páramos desiertos,
mi voz no sucumbirá al sueño. 
Aunque me borre el tiempo,
aunque me otorgue el cielo
adioses sin consuelo,
mi voz, como el ave fénix,
alzará de nuevo el vuelo. 
Aunque me borre el tiempo,
aunque de mí no queden
más que estos pocos versos,
mientras siga vivo un recuerdo
mi voz dará música al silencio.
 
Gregorio Muelas Bermúdez

 
 
 


sábado, 6 de agosto de 2016

Luces de Antimonio. Heberto de Sysmo & Okoriades Varacri

 
 
 
 
Luces de Antimonio
Heberto de Sysmo & Okoriades Varacri
Ediciones Ateneo Blasco Ibáñez, Valencia, 2011
 
 
Luces de Antimonio es una antología poética escrita a cuatro manos por dos autores emergentes de la nueva poesía valenciana, Heberto de Sysmo y Okoriades Varacri, pseudónimos literarios de José Antonio Olmedo López-Amor y Juan Antonio López-Amor Martínez respectivamente, sobrino y tío. Este evidente nexo familiar ofrece a esta primera obra de los autores una unidad paradójicamente indisoluble por cuanto a pesar de la antinomia que pudiera existir entre ambos por el hecho de tratarse de una antología y la pluralidad de temas que remueven y conmueven a cada uno, lejos de semejar compartimentos estancos, se imbrican y complementan armoniosamente pues son muchas las complicidades que se establecen entre ambos y la influencia mutua que se aprecia en ciertas composiciones, así como el gusto por lo esotérico como instrumento válido para trascender lo mundano.
Más allá de las ideas y sentimientos propios de cada autor, ambos obran el milagro alquímico, el mismo título da cuenta de ese interés común por la magia y el misterio que dimana de la palabra como fuente inagotable de saber, de transmitir con pasión contenida, si por tal podemos entender el continente que ofrece el infinito marco de las palabras, los hechos y deshechos que anidan en el corazón y el alma humana.
De Poesía lenitiva podríamos calificar el enciclopédico esfuerzo de los autores por transcribir su universo creativo, pues el hecho de expresar con rabia o con dolor las experiencias sirve de consuelo. Como si de un acto de exorcismo se tratara se acusan las injusticias de un mundo que se deshumaniza a pasos agigantados, qué mejor forma de frenar esa creciente deshumanización que levantar diques merced a la cultura contra el furioso mal de la ignorancia. El mundo duele y es un dolor ambiguo por cuanto a veces nos regocijamos en él y otras lo conjuramos con alivio.
Heberto de Sysmo inicia su antología con un beso huracanado como “maravilloso gesto para decir te quiero”, bello proemio de una poética que es un canto de amor a la Poesía y que culmina en otro beso, en esta ocasión más casto pero igualmente divino, al decir de ella que “es el beso de Dios a los hombres”.
Heberto es consciente de la condición efímera del ser humano y de la utilidad de la palabra como eficaz instrumento para trascender su telúrica inmanencia, pues sólo aspiramos a una inmortalidad nominal. Así en él la eterna duda se plantea de forma diferente, ya no es la levedad del ser y su insoportable hermetismo la que aparece en primer término, sino una cuestión más humana, un principio sin el cual seríamos simples autómatas: sentir o no sentir, esa es la cuestión.
Heberto traza un amplio mapa temático, desde lo puramente humano, como el amor o el desamor, paradigma de ello serían los bellos y barrocos sonetos “Lance de amor” y “Retrato de oleaje” en el primer caso, y “Desengaño” y “Tempestad de lágrimas” en el segundo; hasta lo más sacro, como en “Por si hay algún dios” donde en la duda se revela la existencia o “Padre nuestro”, un canto de sumisión, de humildad y despojo de todo aquello que nos hace pecaminosos. También podemos apreciar una interesante vertiente meta-poética por cuanto hace alusión a la génesis del poema o plantea un amplio mosaico de ideas acerca de la propia poesía, como sucede en poemas como “Carlitos” o “Las palabras”, donde como diestro orfebre declara que se decanta por lo clásico, con un claro dominio de las formas fijas, sin desdeñar por ello el verso blanco y hasta el verso libre en otras composiciones de amplia resonancia y hondo calado. Amante de los juegos de palabras, sabe aunar conceptismo y barroquismo en iguales dosis, y nos seduce con acrósticos y hasta un poema reversible dando buena muestra de su abundante ingenio.
Por su parte, Okoriades Varacri comienza con una antipoética en la que declara sin rubor que no es poeta, pero cómo podría no ser poeta aquel que dice tanto, aquel que ama la palabra y reconoce su poder terapéutico, su indubitable valor como ingenio de denuncia. Anti-poeta tal vez, pero poeta al fin y al cabo, poeta si se quiere de lo oculto, crítico mordaz de la pantomima, de lo políticamente correcto, que habla desde la tramoya del gran teatro del mundo, que detesta la opulencia y la hipocresía y apuesta por la esencia del ser humano acusando con denuedo a todos aquellos que perpetúan la comedia de la vida. Su poesía es una decidida apuesta por una sabia vuelta a la humildad más pura, desprovista de servidumbres y egolatrías.
Okoriades es un poeta que canta, ebrio de amor, a lo que permanece oculto en la sombra o detrás de las apariencias, y que deliberadamente renuncia a la rima haciendo alarde de un dominio del lenguaje poético que le sirve para expandir su voz hacia regiones convulsas, y de un lirismo evocador, con versos sencillos e incisivos: “todo Amor, vivirá/ más allá de esta muerte/ porque de Amor/ está formado el Universo”. Imágenes cósmicas, versos satíricos y ritmos apasionados se suceden a través de unos poemas que ponen en tela de juicio el mundo en el que vivimos.
Un libro bellamente ilustrado, no hay que olvidar la faceta pictórica de los autores, que acompañan sus versos con sugerentes dibujos que enfatizan si cabe más el contenido. Y un libro complejo que habla desde un yo poemático que trata de hallar certezas a través de sus versos y lo hace con un lenguaje elegante y barroco pero nada hermético en el caso de Heberto, y desprendido y airado en el caso de Okoriades, en suma hondo y descriptivo, que se interroga constantemente sobre el valor de la poesía, la posición del poeta en el mundo y su facultad para poder cambiarlo.
Un título sugerente que trata de arrojar luz sobre las oscuridades del alma poniendo en solfa la grandeza y miseria del ser humano, dos formas de entenderlo y de expresarlo y no obstante afines. Una lectura muy recomendable en este principio de siglo que nos augura un futuro incierto.

 




viernes, 1 de enero de 2016

El Testamento de la Rosa. Heberto de Sysmo

 
 



El Testamento de la Rosa
 
Heberto de Sysmo
 
Ediciones Cardeñoso, Vigo, 2014
 
 
Heberto de Sysmo, seudónimo literario del escritor valenciano José Antonio Olmedo López-Amor, es un autor con una proyección meteórica, que en apenas dos años ha pasado de ser una promesa a un valor firme y seguro, los numerosos premios y menciones que ha cosechado durante este período avalan su ascendente trayectoria, que permite vaticinar una carrera tan perdurable como exitosa.
Su nuevo poemario, El Testamento de la Rosa, publicado por ediciones Cardeñoso y finalista en el VI Certamen de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador” 2014, se trata de su segundo poemario publicado y el primero en solitario, pues el anterior, Luces de Antimonio, volumen XI de la Colección “Algo que Decir” del Ateneo Blasco Ibáñez, lo publicó en noviembre de 2011 con su tío, Okoriades Varacri. En ese primer poemario Heberto reunió en 250 páginas composiciones de las más diversa índole, desde poemas de juventud a otros experimentales, donde ya se advierte la inquietud y afán de superación y riesgo de un autor conocedor de la obligación del poeta de crear lenguaje, de innovar e incorporar nuevos registros, en este sentido Heberto es un sagaz investigador del lenguaje y notable creador de neologismos, que además gusta de rescatar arcaísmos y cultismos para enriquecer y embellecer su discurso, siempre desde el respeto a la tradición clásica, siendo un gran cultivador de su forma más perfecta, el soneto, el cual practica tanto en rima consonante como en verso blanco.
Sin embargo aquí, en el Testamento de la Rosa, Heberto no se deja llevar por los cantos de sirena de la poesía clásica y decide apostar por una forma y un lenguaje más contemporáneo, acorde con los tiempos de crisis que nos toca vivir, así el poeta adapta su lenguaje a la realidad para cantar sin desencanto las muchas virtudes que aún nos quedan y denunciar algunos, si no todos, de los grandes defectos que nos acucian, pues Heberto es consciente, como intelectual activo y comprometido, que sólo por el lenguaje se puede dar el cambio, un cambio de rumbo que nos encauce en la dirección correcta.
Heberto tiene la virtud y la osadía de adoptar un símbolo en apariencia tan manido como la rosa para darle una magistral vuelta de tuerca y mostrarnos un rostro nada amable de las circunstancias y las cosas que conforman nuestro mundo. Así la rosa se muestra frágil en la intemperie de los hombres, pero también incólume frente a las adversidades y es su obstinada resistencia la que permite invocar a la esperanza como una mota de luz esplendente en la oscuridad.
Con un lenguaje altamente expresivo, rico en matices y sugerente en extremo, Heberto se hace eco de los problemas sociales con un aguda crítica que denuncia la inacción y el conformismo que devienen en una general ausencia de compromiso, que se manifiesta en un gran silencio colectivo que no hace más que otorgar legitimidad a una injusticia cada vez más institucionalizada.
Los versos de Heberto de Sysmo nos sumergen en un viaje iniciático por espacios urbanos e infectos, entre tinieblas. Callejuelas, suburbios, infaustas avenidas, son el escenario de una cruenta lucha entre el bien y el mal, entre la virtud y el pecado, pero donde aún es posible el milagro, pues el espíritu, aunque moribundo, aún late como un corazón delator, como posible y necesario recinto de subversión frente al desigual orden establecido.
El volumen, que Heberto dedica a su madre (rosa entre las rosas), se abre con un extenso y apasionado prólogo del poeta valenciano Blas Muñoz Pizarro, que con acierto titula Atrio y donde dialoga con el autor al hilo de las reflexiones que con agudeza e ingenio va trazando sobre los diferentes aspectos que integran el libro, desgranando el contenido de las diversas partes y culminando con una sentida coda personal donde da cuenta de su fraternal amistad con los mejores deseos para un poeta y un poemario que desde el mismo título, tan hermoso y sugerente como el dibujo de la portada, obra del joven pintor surrealista valenciano Julio Viadel, son el bello prolegómeno de un libro que se articula en torno a tres grandes apartados: Imperfección, Transformación y Revelación, a través de los cuales asistimos a un trepidante proceso metamórfico, donde la rosa, alter ego del autor, es testigo, entre frescas fragancias y pestilentes efluvios, de la erosión de los valores, de la caída en un tiempo de abulia y desazón. No obstante, el testamento que erigen estos versos lejos de ser la última voluntad de una esperanza ninguneada por múltiples intereses, acaba siendo un eficaz revulsivo contra la falta de fe y bondad en el mundo. En consonancia resulta muy efectiva la manera sutil de intercalar breves poemas en cursiva a modo de contrapunto, como necesario asidero para el lector activo, como si la voz de la esperanza articulara un discurso paralelo. 
En la primera parte, Imperfección, advertimos un tono oscuro y expresionista, así los dos primeros poemas, “Espectros en la niebla” y “No hay Dios en los suburbios” dan cuenta de una realidad tan cruda como fantasmagórica merced a un empleo febril de la metáfora y un vocabulario tan coloquial como erudito. En el tercer poema, “Una obra maestra”, sin embargo, el autor introduce un tono sentimental y melancólico, se trata de una elegía anticipada, donde el autor reflexiona sobre ese fin ineluctable al que nos condena la vida. En “Darte de mí” y “Muda de prejuicios” Heberto realiza un malabarista ejercicio de autocrítica que parte de la imperfección congénita del ser humano: yo sólo alcanzo a ser el molde/ de un medio hombre, imperfecto:/ un medio acantilado/ buscando esa mitad del vértigo/ que lo devuelva a ser montaña, y no abismo; para alcanzar el ejemplo de perfección de la rosa que aunque maculada nos sigue mostrando su belleza exultante, primorosa, limpia de prejuicios. “Los lenguajes imperfectos” es un poema ecléctico, donde Heberto se sirve con destreza del paralelismo para trazar un puente entre la palabra y el silencio, entre la insuficiencia del lenguaje y la locuacidad del deseo. Loable lección la de la rosa que clama a la gallardía del ser humano como mejor aval para aletargar el paso de una esperanza que aunque efímera se hace necesaria para provocar el cambio.
En la segunda parte, “Transformación”, asistimos a la irrupción de la luz de una conciencia que invoca a la esperanza, que a pesar de los numerosos infortunios aún sigue creyendo en ella, que es capaz de respirar el flagrante perfume que emana de la rosa pisoteada, sangrante, y donde sólo el amor, verdadero mensaje de la rosa, puede redimirnos de la mentira, de la maldad, del odio. En esta parte los poemas son más breves y los versos más densos, donde Heberto hace gala de un lenguaje tan elocuente como excelso pues nos seduce su belleza y nos conciencia su sentido.
La tercera parte, “Revelación”, está integrada por dos poemas de ritmo endecasílabo y un tercero parisílabo, donde el autor nos revela quién somos: cuerpo destinado a arder en la venida del invierno; el enemigo íntimo que anida en nuestro interior y que muestra su rostro cada vez que nos asomamos al espejo; aquel que lucha con denuedo, hasta la extenuación, en la linde del sueño, para alcanzar el mensaje divino.
La obra se cierra con un epílogo del que firma estas palabras, donde pretendo resaltar la vigencia y trascendencia de la rosa, con todo su simbolismo, frente a la inmanencia de la oscuridad, que la cerca y lacera, y sobre todo demostrar que el empleo de un lenguaje lúcido y simbólico también sirve para denunciar los grandes males de nuestro tiempo.
En conclusión, Heberto de Sysmo nos ofrece una poética que incide en aspectos tan actuales como eternos, que a pesar de su enfoque testamentario pretende ser todo lo contrario, principio y no fin, a través de un mensaje tan delicado y sugestivo como ese personaje principal que recorre las páginas de un libro muy recomendable para este tiempo de crisis de conciencia y de concienciación.