viernes, 8 de enero de 2016

Dragoste y Los finales y los sueños. Julia De la Rúa

 
 



Dragoste y Los finales y los sueños
 
Julia De la Rúa
 
Araña editorial, Valencia, 2012
 
 
Araña editorial publica en el número 2 de su colección “La Bella Araña” el volumen Dragoste y Los finales y los sueños de la escritora, poeta, editora, artista plástica y activista cultural Julia De la Rúa, un libro bellamente editado que reúne los dos primeros poemarios de la autora, publicados en 1998 y 1999 respectivamente, en la editorial madrileña Bernal.
En perfecta simbiosis con los poemas del libro, encontramos las ilustraciones de carácter surrealista del artista mexicano Luis Enrique Pérez Ostoa, que se imbrican en el contenido de tal modo que resulta difícil deslindar asunto y dibujo, pues Pérez Ostoa consigue traducir en imágenes los pensamientos de Julia. A esta estrecha colaboración rinde Julia unas palabras al comienzo del libro, precedidas de otras, esta vez de Pérez Ostoa, sobre su trabajo en Dragoste.
Dragoste significa “amor” en rumano y he aquí el asunto y materia del poemario, que sintetiza en sesenta y siete composiciones, sin división en partes, la experiencia personal de un sentimiento tan vital como contradictorio. Desde el largo poema en prosa inicial, titulado “Esencia de mujer”, hasta el tríptico final que aspira a recuperar el amor perdido a través de los lugares donde estuvimos juntos, Julia De la Rúa derrocha pasión a raudales (“Amor éxtasis”) sin obviar la dimensión espiritual pues cuerpo y alma son dos partes integrantes de una misma esencia que siente y piensa. De la Rúa hace uso del verso libre, con un ritmo en ocasiones asonantado, para dar rienda suelta al torbellino de sentimientos que le provoca la presencia o ausencia del ser amado.
En Los finales y los sueños los versos se dilatan en treinta composiciones dedicadas a su hijo Enrique, donde abarca ese todo que es su mundo y donde también se hace eco de las injusticias sociales, de nuevo nos hallamos ante una amalgama de sentimientos donde prevalece el sabor agridulce de la nostalgia, del barrio abandonado, de la infancia, de la persona amada, sin duda, este poemario da cuenta de un proceso de cambio vital, un punto de inflexión de una artista que camina hacia la madurez, que va del intimismo de Dragoste hacia la apertura al exterior que experimenta en Los finales y los sueños, por tanto un tránsito de la sensación a la reflexión. El poemario culmina con un largo poema dividido en ocho partes, “El sueño junto al mar”, donde el sueño se hace recuerdo que lucha por mantenerse a flote para no sumergirse en el olvido. Pasión y sinceridad, es lo que nos ofrece Julia De la Rúa en un libro apto para mentes inquietas.




domingo, 3 de enero de 2016

En la desposesión. Blas Muñoz Pizarro

 
 



En la desposesión
 
Blas Muñoz Pizarro
 
Diputación de Cáceres, 2013
 
 
Premio “Flor de Jara” de Poesía 2012 otorgado por la Diputación de Cáceres, En la desposesión supone un punto de inflexión en la obra poética de Blas Muñoz Pizarro, que con este poemario inicia un ejercicio metalingüístico donde el autor explora nuevos cauces de expresión, abriendo paso a un amplio abanico de significados.
En la desposesión, Blas Muñoz Pizarro se despoja de las ataduras clásicas para ahondar en una forma novedosa donde cada palabra tiene un peso específico sobre la página en tanto ocupa un lugar determinado que por su milimétrica ubicación viene a decir algo esencial, en este sentido los poemas presentan una estructura interna que se sabe fundamental para su significado. También el lenguaje se ve sometido a un premeditado despojo de toda retórica superflua, aquí Blas Muñoz busca y encuentra la palabra exacta como eco contenido de una pluralidad de significantes y significados.
El poemario se abre con una emotiva dedicatoria a José Luis Parra, amigo del autor, y prosigue con una significativa cita de José Ángel Valente, cuya influencia se deja sentir a lo largo de todo el poemario. Así los versos de Blas Muñoz se forjan en el yunque de la palabra sabiamente contenida, un ejercicio que obra a favor de un saber y un sentir profundo que se reparte en cuarenta y tres cantos divididos en tres grandes secciones sin más título que el número cardinal que por orden les corresponde. Esta estructura tiene mucho que ver con el sentido global del libro, que tiende a un cierto minimalismo que lo aproxima a la denominada “poesía del silencio”. Un trabajo de densificación que, sin embargo, no incurre en el hermetismo por la capacidad de Blas Muñoz para generar imágenes de gran plasticidad.
En el límite herido de la luz/ empieza el canto. Así comienza un poemario que reflexiona sobre algunos temas esenciales que tocan a la condición del hombre en cuanto a ser sensible que se cuestiona su sentido, su estar en la tierra. Son frecuentes los vocablos que delatan un interés metafísico de primer orden que merced a un ritmo deslumbrante le permiten alcanzar una cima lírica. Blas Muñoz se sirve del heptasílabo y el endecasílabo para ordenar un mensaje que se cierra a modo de tesis: Y en la desposesión/ dueño soy/ de una ausencia.
Las citas de Luis Rosales y Carlos Marzal, que introducen la segunda y tercera parte respectivamente, ahondan en el sentido de un poemario tan coherente como heterogéneo pues son variados los temas sobre los que Blas Muñoz templa su pluma.
En definitiva, nos encontramos ante un poemario donde su autor revisa su estilo en aras de conseguir, si cabe, una mayor densidad expresiva. Nos encontramos, pues, ante un libro con un alto poder sugeridor que, sin duda, satisfará al lector exigente.




viernes, 1 de enero de 2016

El Testamento de la Rosa. Heberto de Sysmo

 
 



El Testamento de la Rosa
 
Heberto de Sysmo
 
Ediciones Cardeñoso, Vigo, 2014
 
 
Heberto de Sysmo, seudónimo literario del escritor valenciano José Antonio Olmedo López-Amor, es un autor con una proyección meteórica, que en apenas dos años ha pasado de ser una promesa a un valor firme y seguro, los numerosos premios y menciones que ha cosechado durante este período avalan su ascendente trayectoria, que permite vaticinar una carrera tan perdurable como exitosa.
Su nuevo poemario, El Testamento de la Rosa, publicado por ediciones Cardeñoso y finalista en el VI Certamen de Poesía “Poeta Juan Calderón Matador” 2014, se trata de su segundo poemario publicado y el primero en solitario, pues el anterior, Luces de Antimonio, volumen XI de la Colección “Algo que Decir” del Ateneo Blasco Ibáñez, lo publicó en noviembre de 2011 con su tío, Okoriades Varacri. En ese primer poemario Heberto reunió en 250 páginas composiciones de las más diversa índole, desde poemas de juventud a otros experimentales, donde ya se advierte la inquietud y afán de superación y riesgo de un autor conocedor de la obligación del poeta de crear lenguaje, de innovar e incorporar nuevos registros, en este sentido Heberto es un sagaz investigador del lenguaje y notable creador de neologismos, que además gusta de rescatar arcaísmos y cultismos para enriquecer y embellecer su discurso, siempre desde el respeto a la tradición clásica, siendo un gran cultivador de su forma más perfecta, el soneto, el cual practica tanto en rima consonante como en verso blanco.
Sin embargo aquí, en el Testamento de la Rosa, Heberto no se deja llevar por los cantos de sirena de la poesía clásica y decide apostar por una forma y un lenguaje más contemporáneo, acorde con los tiempos de crisis que nos toca vivir, así el poeta adapta su lenguaje a la realidad para cantar sin desencanto las muchas virtudes que aún nos quedan y denunciar algunos, si no todos, de los grandes defectos que nos acucian, pues Heberto es consciente, como intelectual activo y comprometido, que sólo por el lenguaje se puede dar el cambio, un cambio de rumbo que nos encauce en la dirección correcta.
Heberto tiene la virtud y la osadía de adoptar un símbolo en apariencia tan manido como la rosa para darle una magistral vuelta de tuerca y mostrarnos un rostro nada amable de las circunstancias y las cosas que conforman nuestro mundo. Así la rosa se muestra frágil en la intemperie de los hombres, pero también incólume frente a las adversidades y es su obstinada resistencia la que permite invocar a la esperanza como una mota de luz esplendente en la oscuridad.
Con un lenguaje altamente expresivo, rico en matices y sugerente en extremo, Heberto se hace eco de los problemas sociales con un aguda crítica que denuncia la inacción y el conformismo que devienen en una general ausencia de compromiso, que se manifiesta en un gran silencio colectivo que no hace más que otorgar legitimidad a una injusticia cada vez más institucionalizada.
Los versos de Heberto de Sysmo nos sumergen en un viaje iniciático por espacios urbanos e infectos, entre tinieblas. Callejuelas, suburbios, infaustas avenidas, son el escenario de una cruenta lucha entre el bien y el mal, entre la virtud y el pecado, pero donde aún es posible el milagro, pues el espíritu, aunque moribundo, aún late como un corazón delator, como posible y necesario recinto de subversión frente al desigual orden establecido.
El volumen, que Heberto dedica a su madre (rosa entre las rosas), se abre con un extenso y apasionado prólogo del poeta valenciano Blas Muñoz Pizarro, que con acierto titula Atrio y donde dialoga con el autor al hilo de las reflexiones que con agudeza e ingenio va trazando sobre los diferentes aspectos que integran el libro, desgranando el contenido de las diversas partes y culminando con una sentida coda personal donde da cuenta de su fraternal amistad con los mejores deseos para un poeta y un poemario que desde el mismo título, tan hermoso y sugerente como el dibujo de la portada, obra del joven pintor surrealista valenciano Julio Viadel, son el bello prolegómeno de un libro que se articula en torno a tres grandes apartados: Imperfección, Transformación y Revelación, a través de los cuales asistimos a un trepidante proceso metamórfico, donde la rosa, alter ego del autor, es testigo, entre frescas fragancias y pestilentes efluvios, de la erosión de los valores, de la caída en un tiempo de abulia y desazón. No obstante, el testamento que erigen estos versos lejos de ser la última voluntad de una esperanza ninguneada por múltiples intereses, acaba siendo un eficaz revulsivo contra la falta de fe y bondad en el mundo. En consonancia resulta muy efectiva la manera sutil de intercalar breves poemas en cursiva a modo de contrapunto, como necesario asidero para el lector activo, como si la voz de la esperanza articulara un discurso paralelo. 
En la primera parte, Imperfección, advertimos un tono oscuro y expresionista, así los dos primeros poemas, “Espectros en la niebla” y “No hay Dios en los suburbios” dan cuenta de una realidad tan cruda como fantasmagórica merced a un empleo febril de la metáfora y un vocabulario tan coloquial como erudito. En el tercer poema, “Una obra maestra”, sin embargo, el autor introduce un tono sentimental y melancólico, se trata de una elegía anticipada, donde el autor reflexiona sobre ese fin ineluctable al que nos condena la vida. En “Darte de mí” y “Muda de prejuicios” Heberto realiza un malabarista ejercicio de autocrítica que parte de la imperfección congénita del ser humano: yo sólo alcanzo a ser el molde/ de un medio hombre, imperfecto:/ un medio acantilado/ buscando esa mitad del vértigo/ que lo devuelva a ser montaña, y no abismo; para alcanzar el ejemplo de perfección de la rosa que aunque maculada nos sigue mostrando su belleza exultante, primorosa, limpia de prejuicios. “Los lenguajes imperfectos” es un poema ecléctico, donde Heberto se sirve con destreza del paralelismo para trazar un puente entre la palabra y el silencio, entre la insuficiencia del lenguaje y la locuacidad del deseo. Loable lección la de la rosa que clama a la gallardía del ser humano como mejor aval para aletargar el paso de una esperanza que aunque efímera se hace necesaria para provocar el cambio.
En la segunda parte, “Transformación”, asistimos a la irrupción de la luz de una conciencia que invoca a la esperanza, que a pesar de los numerosos infortunios aún sigue creyendo en ella, que es capaz de respirar el flagrante perfume que emana de la rosa pisoteada, sangrante, y donde sólo el amor, verdadero mensaje de la rosa, puede redimirnos de la mentira, de la maldad, del odio. En esta parte los poemas son más breves y los versos más densos, donde Heberto hace gala de un lenguaje tan elocuente como excelso pues nos seduce su belleza y nos conciencia su sentido.
La tercera parte, “Revelación”, está integrada por dos poemas de ritmo endecasílabo y un tercero parisílabo, donde el autor nos revela quién somos: cuerpo destinado a arder en la venida del invierno; el enemigo íntimo que anida en nuestro interior y que muestra su rostro cada vez que nos asomamos al espejo; aquel que lucha con denuedo, hasta la extenuación, en la linde del sueño, para alcanzar el mensaje divino.
La obra se cierra con un epílogo del que firma estas palabras, donde pretendo resaltar la vigencia y trascendencia de la rosa, con todo su simbolismo, frente a la inmanencia de la oscuridad, que la cerca y lacera, y sobre todo demostrar que el empleo de un lenguaje lúcido y simbólico también sirve para denunciar los grandes males de nuestro tiempo.
En conclusión, Heberto de Sysmo nos ofrece una poética que incide en aspectos tan actuales como eternos, que a pesar de su enfoque testamentario pretende ser todo lo contrario, principio y no fin, a través de un mensaje tan delicado y sugestivo como ese personaje principal que recorre las páginas de un libro muy recomendable para este tiempo de crisis de conciencia y de concienciación.



viernes, 18 de diciembre de 2015

Laberinto de efectos. Ricardo Virtanen

 
 


Laberinto de efectos
 
Ricardo Virtanen
 
Amargord Ediciones, Madrid, 2014
 
 
Amargord Ediciones publica la colección de aforismos líricos Laberinto de efectos, del escritor madrileño Ricardo Virtanen, que con este libro da forma a un primer estadio de su obra aforística, que se complementa con el volumen inédito La idea en el hecho. Virtanen es un autor polifacético, que reúne el ejercicio de diversas disciplinas con la misma maestría, así a su más que notable faceta poética, donde destaca su libro de haikus, Sol de hogueras (Renacimiento, 2010), une la crítica literaria y la de músico profesional en el grupo Lobos negros.
El presente libro reúne una escogida muestra de las greguerías del autor, que se hace amplio eco de problemas tan actuales como eternos, dando forma concisa a toda una suerte de ideas que encuentran en el humor, el paralelismo, la ironía y la paradoja su mejor expresión. Virtanen podría haber titulado el libro “Diccionario de efectos”, dado que se entrega a una ingeniosa tarea de redefinición de la realidad, que causa en el lector toda una gama de efectos: sorpresa, gracia, etc.
Las dos citas que inauguran el libro, de Fernando Pessoa y Joseph Joubert, sirven para introducir las intenciones del autor, por un lado marca la pauta que guiará todo el libro, el humor como realidad intrínseca, y por otro señala la síntesis de ideas necesaria para el desempeño de la escritura.
El libro se estructura en cuatro partes: “La realidad frotada (Silueta de humorismos)”, que es la más extensa; “Pompas y circunstancias”, que ya viera la luz en forma de cuaderno en 2008, “Espejismos sin espejo”; y “Orientalismos sin Oriente”, que es la más breve. Estos aforismos, que se agrupan por temas, nos ofrecen una visión del mundo alternativa y/ o distorsionada merced a la asociación de conceptos dispares con el afán de denunciar situaciones absurdas e injustas, así la crisis económica y sus consecuencias están presentes en estas mínimas, basten un par de ejemplos para advertir la intención crítica del autor:
Hoy ya no vendemos nuestra alma al diablo. Los bancos se ocupan de todo.
Hay que reconocer que el banquero siempre mantiene el tipo.
Ramón Gómez de la Serna y Carlos Edmundo de Ory son sus principales referentes, de ellos adopta el humor y la inventiva, cuando la realidad interna choca con el exterior da lugar a un estado de conciencia que interpreta las cosas como símbolos, a esta dinámica se entrega Ricardo Virtanen para alumbrar sus aforemas, dado que un profundo lirismo los anima. De efectos y de afectos se conforma el mundo que nos rodea, y Virtanen sabe combinar ambos para dar rienda suelta a su necesidad de expresión poética.



lunes, 14 de diciembre de 2015

Sucesión de lunas. Jesús Cárdenas

 
 


Sucesión de lunas
 
Jesús Cárdenas
 
Anantes Gestoría Cultural, 2015
 
 
Sucesión de lunas, publicado por Anantes Gestoría Cultural, es el quinto poemario de Jesús Cárdenas. Esta nueva obra viene a confirmar la madurez creativa del escritor sevillano.
Desde Algunos arraigos me vienen (2005), Jesús Cárdenas ha ido trazando una trayectoria poética tan interesante como ascendente, que gracias a su tesón y buen hacer le ha permitido afianzarse en la lírica de nuestros días.
El poemario que nos ocupa se abre con un prólogo firmado por el poeta, narrador y crítico Manuel Rico, titulado “La dialéctica del amor bajo la lluvia”, donde da cuenta de la asombrosa capacidad de imaginación de Cárdenas en un libro de materia amorosa que transita sin red por espacios de luz y de sombra, nos ilustra sobre las virtudes de su estructura y hace una descripción sucinta de las dos partes que lo integran.
En efecto, el poemario se divide en dos partes cuyo epígrafe sintetiza la idea que vertebra el contenido de cada una. Así la primera parte, que lleva por título “Un prodigio en la palabra”, trata precisamente del poder de ésta para retener instantes y pensamientos donde la amada es la protagonista de unos versos configurados bajo el cielo oscurecido de la noche, así, luna tras luna, el poeta vierte su voz en cuarenta y tres breves poemas que cosidos página a página en verdad configuran un solo poema de amor que reúne los estadios por los que este necesariamente pasa y cuya huella se ahonda en un discurso metafórico donde se imbrican sentimiento y naturaleza. Las citas de Pizarnik, Cernuda y Valente, nos advierten del tono de unos poemas no exentos de melancolía, pues no hay llanto sin alegría y no hay miedos sin dudas, así Cárdenas va trazando un bello discurso donde el verso y la prosa se conjugan para aliviar su alma, y he aquí uno de los grandes aciertos del poeta pues esa amalgama entre poemas de ritmo imparisílabo, con preferencia por el endecasílabo, y poemas en prosa obran en favor de un lenguaje ecléctico que busca un punto intermedio entre sentimiento e inteligencia, en este sentido, el poeta logra rehuir las trampas del corazón con elegancia merced a la precisión de la palabra cincelada por la experiencia.
La segunda parte, titulada “Promesas de espejo”, está compuesta por treinta y seis poemas donde la brevedad vuelve a ser la nota dominante de unas composiciones, en prosa la mayoría, donde la lluvia y su simbología se adueñan de buena parte de los versos, si la gota es espejo en miniatura, este se multiplica en solitaria compañía pues siempre la lluvia trae recuerdos de promesas fragmentadas. Tal vez el afán del poeta en esta segunda parte sea ordenar la memoria, torrencial cuando se desata la tormenta. Tan sólo en el silencio de la noche y por la palabra ordenada sabe el poeta que puede calmar el frío de la herida, pues también el agua, con su promesa de transparencia puede aclarar la duda, pues si hay ausencia es porque hubo compañía y a la postre todo es cuestión de tiempo.
En definitiva nos hallamos ante un poemario tan rico en imágenes como intenso en palabras, donde el autor sabe sintetizar con sabiduría la experiencia del amor y su reverso. Celebración y melancolía se reparten unos versos sencillos en apariencia, que dejan entrever un gran trabajo de introspección donde la emoción es contenida por el filo agudo de la palabra exacta,  y cuya lectura, a buen seguro, no dejará indiferente al lector avezado en la materia.

 



martes, 8 de diciembre de 2015

Quince días de fuego. Mario Lourtau

 
 


Quince días de fuego
 
Mario Lourtau
 
Ediciones Rialp, Madrid, 2010
 
 
Accésit del Premio Adonáis 2009, Quince días de fuego es el tercer poemario del autor cacereño Mario Lourtau, después de Donde gravita el hombre (2008) y Catálogo de deudores (2009). Aquí Lourtau alcanza una cota de madurez que le ha hecho merecedor de tan distinguida recompensa, un trabajo que destaca sobre todo por su gran coherencia temática y estructural, que se articula en torno al poder destructor y renovador del fuego, como necesaria transición en el estado de las cosas.
El poemario se abre con una cita de Esquilo de Eleusis que hace hincapié en lo ineludible del destino pues no hay fuego, ni siquiera el del hogar, que acoja al hombre en su anhelada permanencia. A continuación nos encontramos con un hermoso poema a modo de prólogo, “Invierno en los cerezos”, que además de glosar la cita de Esquilo, sintetiza uno de los grandes temas que vertebran el poemario: el poder creador de la palabra, verdadero remanso a la espera de que se cumpla nuestro sino.
El libro se articula en cuatro apartados, en el primero, “Bosque”, Lourtau se adentra en el bosque de las palabras para alcanzar el árbol del conocimiento, así la naturaleza adquiere un peso superior en estos versos y es el fondo sobre el que el autor reflexiona sobre el amor, la soledad y la nostalgia, emplea para ello metáforas y paralelismos, como la que equipara la carne rugosa de las manos del leñador y los anillos del tronco cortado. Aquí el fuego es símbolo de la esperanza contra el frío de la noche que llega con el hacha. Pero aún hay espacio para el milagro, como el del árbol caído que se levanta para clavar de nuevo sus raíces, metáfora del anhelo mayor del hombre.
La segunda parte, “Los estados del fuego”, se inicia con unos versos de Jorge Luis Borges donde se dan cita los cuatro elementos. Lourtau emprende un viaje iniciático desde “La creación del universo” hasta “El espíritu del fuego”. En el principio se forja el Verbo, pues por el fuego existen las palabras sombra y luz, sobre las cuales se sustenta el equilibrio de los cuerpos. Por el camino se encuentra con Heráclito de Éfeso e Ícaro El Estoico, y reflexiona sobre los múltiples usos del fuego: pira, brasa, forja.
En la tercera parte, “Arche”, Lourtau se hace eco de una cita de Félix Grande: únicamente vive lo que arde, así trenza la llama con los colores del fuego: rojo, azul, amarillo y blanco, que da lugar a otros tantos poemas homónimos con un gran poder sugeridor. En esta parte se relaciona el fuego con el ardor del cuerpo de los amantes, aunque siempre amenazado por la nevada. También hay una vista de Pompeya, cuyas calles se transformaron en verdaderos ríos de fuego y lava, y donde ahora solo queda el frío seco de las cenizas. Pero si hay un sentimiento que se impone es la nostalgia, a la que invita el crepitar de la leña que arde igual que un gran recuerdo en la noche silenciosa.
La cuarta parte, “La sed de las cenizas” está integrada por cuatro poemas, que figuran entre los más densos de todo el libro, es el caso de “Ciudad de marzo”, un gran poema dividido en cuatro partes que avanzan desde la blancura del invierno al gran solsticio verde de las flores de una incipiente primavera, un bellísimo poema donde se combinan con acierto elementos urbanos con el poder de la naturaleza, donde el invierno invita a una crítica al consumismo y su acerba exigencia que conduce al hombre a la destrucción, pero el mes de marzo da la bienvenida a la esperanza. En el poema que da título a esta última parte del libro, Lourtau se interroga sobre el destino de todas las cosas que contemplamos en la vida cuando ésta se acaba, de nuevo aparece aquí el anhelo de remar contra corriente . El poemario se cierra con el poema que da título a todo el conjunto, un broche de oro por haber vencido a la sed de las palabras, durante este período ese hombre que caminando sobre el fuego y no se quema se ha visto sorprendido por la música interior con que los bardos sueñan.
En definitiva nos hallamos ante un poemario emotivo y rico en contrastes, que consigue, merced a un ritmo deslumbrante y una gran minuciosidad, dar otra vuelta de tuerca a un símbolo tan manido como el fuego. Una lectura muy recomendable en estos tiempos que amenazan con quemar la verdadera esencia del hombre.



domingo, 6 de diciembre de 2015

Tiempo gris de cosmos. José Antonio Santano

 
 


Tiempo gris de cosmos
 
José Antonio Santano
 
Editorial Nazarí, Granada, 2014
 
 
José Antonio Santano es un poeta con una fructífera trayectoria avalada por numerosos reconocimientos, como el Premio Internacional “Barro” de Sevilla, 1993, por Profecía de Otoño; el Premio de Poesía “Ciudad de El Ejido”, 1995, por Exilio en Caridemo; el Premio Nacional de Poesía 2000 por La piedra escrita; el Premio Andalucía de la Crítica “Ópera Prima” 2005 por Trasmar; el X Premio Internacional de Poesía “Luis Feria” 2008 de la Universidad de La Laguna, Tenerife, por Razón de ser; además ha sido traducido al italiano por Emilio Coco en Il volo degli anni - Antologia poetica personale, 2007, XIV Premio Internazionale di Poesia e Letteratura “Nuove Lettere” 2009 del Instituto Italiano di Cultura di Napoli.
Este cordobés de Baena afincado en Almería también es crítico literario en prensa y revistas, colaborador habitual del Diario de Almería y del Instituto de Estudios Almerienses, actualmente dirige la publicación literaria “Cuadernos Metáfora”.
En Tiempo gris de cosmos, su último poemario hasta la fecha, publicado por Editorial Nazarí en su colección Daraxa, Santano articula un canto de fraternidad con “todos los habitantes del planeta”. El libro se inaugura con unos versos de Francisco Peralta, de quien toma el título, que a modo de tesis nos advierte del tono del poemario, donde el poeta adopta una posición necesariamente crítica para entonar un canto a la cruda realidad actual, tan muda de esperanza, donde el autor se identifica con los más desfavorecidos para devolver al hombre el centro y la capacidad de seguir soñando en un mundo donde la primavera le gane el pulso al invierno.
El poemario se divide en dos grandes secciones. En la primera parte, “Tiempos de silencio”, los poemas son por lo general breves y en ellos el poeta se sirve de elementos de la naturaleza, como la lluvia, para alzar su voz contra la injusticia e hilvanar de paso un discurso poético de altura, que pone el acento en aspectos tan actuales como eternos, siempre con una actitud crítica hacia la realidad, tan adversa como llena de incertidumbres, así en “Certeza” Santano define la rutina como ese zapato que nos aprieta y nos condena a la oscuridad y el silencio de la celda que habitamos cada día.
Santano pone en solfa los símbolos que coartan la libertad del hombre: patria, Dios y bandera, por tanto nos encontramos ante una poesía donde la belleza de los versos se aúna con el mensaje social, con un inconformismo crítico que pone el acento en los grandes males que nos acucian: el hambre, la ignorancia, la soledad. Para Santano la única salvación es posible a través de las palabras y los sentimientos, capaces de sofocar “el fuego de los tiranos”.
La poética de Santano suscribe el célebre verso de Gabriel Celaya (“la poesía es un arma cargada de futuro”), para enarbolar la bandera de la dignidad contra “la vil corrupción de los gobiernos/ el saqueo de los banqueros/ y la insolencia de la Iglesia” (“Indignado”). En “El campus”, la noche que se cierra sobre las aulas actúa como símbolo de un futuro desconcertante. Solo la luz de la palabra, verdadero recinto de subversión contra la tiranía y la avaricia, puede iluminar un mundo oscurecido, triste, frío.
En la segunda parte, que comparte epígrafe con el título del poemario, los poemas son más densos y su extensión se dilata al hilo de un discurso candencioso tan rico en imágenes como efectivo en ideas, donde Santano se sirve de la tópica pregunta de una red social para dar rienda suelta a una horda de sentimientos donde el presente y el pasado se imbrican de tal forma que conforman un nuevo tiempo: gris por el contexto, cosmos por el universo del poeta. Diez poemas, diez cantos, diez confesiones que reúnen el sentir de un soñador que afirma su ser en un mundo amenazado por la Nada.
El poemario concluye con una aproximación crítica a la poética del libro de José Cabrera Martos, donde éste realiza un profundo análisis ético y filosófico de los temas que animan el quehacer poético de José Antonio Santano, un poeta que escribe para liberarse y liberarnos de un sistema asténico.