viernes, 18 de diciembre de 2015

Laberinto de efectos. Ricardo Virtanen

 
 


Laberinto de efectos
 
Ricardo Virtanen
 
Amargord Ediciones, Madrid, 2014
 
 
Amargord Ediciones publica la colección de aforismos líricos Laberinto de efectos, del escritor madrileño Ricardo Virtanen, que con este libro da forma a un primer estadio de su obra aforística, que se complementa con el volumen inédito La idea en el hecho. Virtanen es un autor polifacético, que reúne el ejercicio de diversas disciplinas con la misma maestría, así a su más que notable faceta poética, donde destaca su libro de haikus, Sol de hogueras (Renacimiento, 2010), une la crítica literaria y la de músico profesional en el grupo Lobos negros.
El presente libro reúne una escogida muestra de las greguerías del autor, que se hace amplio eco de problemas tan actuales como eternos, dando forma concisa a toda una suerte de ideas que encuentran en el humor, el paralelismo, la ironía y la paradoja su mejor expresión. Virtanen podría haber titulado el libro “Diccionario de efectos”, dado que se entrega a una ingeniosa tarea de redefinición de la realidad, que causa en el lector toda una gama de efectos: sorpresa, gracia, etc.
Las dos citas que inauguran el libro, de Fernando Pessoa y Joseph Joubert, sirven para introducir las intenciones del autor, por un lado marca la pauta que guiará todo el libro, el humor como realidad intrínseca, y por otro señala la síntesis de ideas necesaria para el desempeño de la escritura.
El libro se estructura en cuatro partes: “La realidad frotada (Silueta de humorismos)”, que es la más extensa; “Pompas y circunstancias”, que ya viera la luz en forma de cuaderno en 2008, “Espejismos sin espejo”; y “Orientalismos sin Oriente”, que es la más breve. Estos aforismos, que se agrupan por temas, nos ofrecen una visión del mundo alternativa y/ o distorsionada merced a la asociación de conceptos dispares con el afán de denunciar situaciones absurdas e injustas, así la crisis económica y sus consecuencias están presentes en estas mínimas, basten un par de ejemplos para advertir la intención crítica del autor:
Hoy ya no vendemos nuestra alma al diablo. Los bancos se ocupan de todo.
Hay que reconocer que el banquero siempre mantiene el tipo.
Ramón Gómez de la Serna y Carlos Edmundo de Ory son sus principales referentes, de ellos adopta el humor y la inventiva, cuando la realidad interna choca con el exterior da lugar a un estado de conciencia que interpreta las cosas como símbolos, a esta dinámica se entrega Ricardo Virtanen para alumbrar sus aforemas, dado que un profundo lirismo los anima. De efectos y de afectos se conforma el mundo que nos rodea, y Virtanen sabe combinar ambos para dar rienda suelta a su necesidad de expresión poética.



lunes, 14 de diciembre de 2015

Sucesión de lunas. Jesús Cárdenas

 
 


Sucesión de lunas
 
Jesús Cárdenas
 
Anantes Gestoría Cultural, 2015
 
 
Sucesión de lunas, publicado por Anantes Gestoría Cultural, es el quinto poemario de Jesús Cárdenas. Esta nueva obra viene a confirmar la madurez creativa del escritor sevillano.
Desde Algunos arraigos me vienen (2005), Jesús Cárdenas ha ido trazando una trayectoria poética tan interesante como ascendente, que gracias a su tesón y buen hacer le ha permitido afianzarse en la lírica de nuestros días.
El poemario que nos ocupa se abre con un prólogo firmado por el poeta, narrador y crítico Manuel Rico, titulado “La dialéctica del amor bajo la lluvia”, donde da cuenta de la asombrosa capacidad de imaginación de Cárdenas en un libro de materia amorosa que transita sin red por espacios de luz y de sombra, nos ilustra sobre las virtudes de su estructura y hace una descripción sucinta de las dos partes que lo integran.
En efecto, el poemario se divide en dos partes cuyo epígrafe sintetiza la idea que vertebra el contenido de cada una. Así la primera parte, que lleva por título “Un prodigio en la palabra”, trata precisamente del poder de ésta para retener instantes y pensamientos donde la amada es la protagonista de unos versos configurados bajo el cielo oscurecido de la noche, así, luna tras luna, el poeta vierte su voz en cuarenta y tres breves poemas que cosidos página a página en verdad configuran un solo poema de amor que reúne los estadios por los que este necesariamente pasa y cuya huella se ahonda en un discurso metafórico donde se imbrican sentimiento y naturaleza. Las citas de Pizarnik, Cernuda y Valente, nos advierten del tono de unos poemas no exentos de melancolía, pues no hay llanto sin alegría y no hay miedos sin dudas, así Cárdenas va trazando un bello discurso donde el verso y la prosa se conjugan para aliviar su alma, y he aquí uno de los grandes aciertos del poeta pues esa amalgama entre poemas de ritmo imparisílabo, con preferencia por el endecasílabo, y poemas en prosa obran en favor de un lenguaje ecléctico que busca un punto intermedio entre sentimiento e inteligencia, en este sentido, el poeta logra rehuir las trampas del corazón con elegancia merced a la precisión de la palabra cincelada por la experiencia.
La segunda parte, titulada “Promesas de espejo”, está compuesta por treinta y seis poemas donde la brevedad vuelve a ser la nota dominante de unas composiciones, en prosa la mayoría, donde la lluvia y su simbología se adueñan de buena parte de los versos, si la gota es espejo en miniatura, este se multiplica en solitaria compañía pues siempre la lluvia trae recuerdos de promesas fragmentadas. Tal vez el afán del poeta en esta segunda parte sea ordenar la memoria, torrencial cuando se desata la tormenta. Tan sólo en el silencio de la noche y por la palabra ordenada sabe el poeta que puede calmar el frío de la herida, pues también el agua, con su promesa de transparencia puede aclarar la duda, pues si hay ausencia es porque hubo compañía y a la postre todo es cuestión de tiempo.
En definitiva nos hallamos ante un poemario tan rico en imágenes como intenso en palabras, donde el autor sabe sintetizar con sabiduría la experiencia del amor y su reverso. Celebración y melancolía se reparten unos versos sencillos en apariencia, que dejan entrever un gran trabajo de introspección donde la emoción es contenida por el filo agudo de la palabra exacta,  y cuya lectura, a buen seguro, no dejará indiferente al lector avezado en la materia.

 



martes, 8 de diciembre de 2015

Quince días de fuego. Mario Lourtau

 
 


Quince días de fuego
 
Mario Lourtau
 
Ediciones Rialp, Madrid, 2010
 
 
Accésit del Premio Adonáis 2009, Quince días de fuego es el tercer poemario del autor cacereño Mario Lourtau, después de Donde gravita el hombre (2008) y Catálogo de deudores (2009). Aquí Lourtau alcanza una cota de madurez que le ha hecho merecedor de tan distinguida recompensa, un trabajo que destaca sobre todo por su gran coherencia temática y estructural, que se articula en torno al poder destructor y renovador del fuego, como necesaria transición en el estado de las cosas.
El poemario se abre con una cita de Esquilo de Eleusis que hace hincapié en lo ineludible del destino pues no hay fuego, ni siquiera el del hogar, que acoja al hombre en su anhelada permanencia. A continuación nos encontramos con un hermoso poema a modo de prólogo, “Invierno en los cerezos”, que además de glosar la cita de Esquilo, sintetiza uno de los grandes temas que vertebran el poemario: el poder creador de la palabra, verdadero remanso a la espera de que se cumpla nuestro sino.
El libro se articula en cuatro apartados, en el primero, “Bosque”, Lourtau se adentra en el bosque de las palabras para alcanzar el árbol del conocimiento, así la naturaleza adquiere un peso superior en estos versos y es el fondo sobre el que el autor reflexiona sobre el amor, la soledad y la nostalgia, emplea para ello metáforas y paralelismos, como la que equipara la carne rugosa de las manos del leñador y los anillos del tronco cortado. Aquí el fuego es símbolo de la esperanza contra el frío de la noche que llega con el hacha. Pero aún hay espacio para el milagro, como el del árbol caído que se levanta para clavar de nuevo sus raíces, metáfora del anhelo mayor del hombre.
La segunda parte, “Los estados del fuego”, se inicia con unos versos de Jorge Luis Borges donde se dan cita los cuatro elementos. Lourtau emprende un viaje iniciático desde “La creación del universo” hasta “El espíritu del fuego”. En el principio se forja el Verbo, pues por el fuego existen las palabras sombra y luz, sobre las cuales se sustenta el equilibrio de los cuerpos. Por el camino se encuentra con Heráclito de Éfeso e Ícaro El Estoico, y reflexiona sobre los múltiples usos del fuego: pira, brasa, forja.
En la tercera parte, “Arche”, Lourtau se hace eco de una cita de Félix Grande: únicamente vive lo que arde, así trenza la llama con los colores del fuego: rojo, azul, amarillo y blanco, que da lugar a otros tantos poemas homónimos con un gran poder sugeridor. En esta parte se relaciona el fuego con el ardor del cuerpo de los amantes, aunque siempre amenazado por la nevada. También hay una vista de Pompeya, cuyas calles se transformaron en verdaderos ríos de fuego y lava, y donde ahora solo queda el frío seco de las cenizas. Pero si hay un sentimiento que se impone es la nostalgia, a la que invita el crepitar de la leña que arde igual que un gran recuerdo en la noche silenciosa.
La cuarta parte, “La sed de las cenizas” está integrada por cuatro poemas, que figuran entre los más densos de todo el libro, es el caso de “Ciudad de marzo”, un gran poema dividido en cuatro partes que avanzan desde la blancura del invierno al gran solsticio verde de las flores de una incipiente primavera, un bellísimo poema donde se combinan con acierto elementos urbanos con el poder de la naturaleza, donde el invierno invita a una crítica al consumismo y su acerba exigencia que conduce al hombre a la destrucción, pero el mes de marzo da la bienvenida a la esperanza. En el poema que da título a esta última parte del libro, Lourtau se interroga sobre el destino de todas las cosas que contemplamos en la vida cuando ésta se acaba, de nuevo aparece aquí el anhelo de remar contra corriente . El poemario se cierra con el poema que da título a todo el conjunto, un broche de oro por haber vencido a la sed de las palabras, durante este período ese hombre que caminando sobre el fuego y no se quema se ha visto sorprendido por la música interior con que los bardos sueñan.
En definitiva nos hallamos ante un poemario emotivo y rico en contrastes, que consigue, merced a un ritmo deslumbrante y una gran minuciosidad, dar otra vuelta de tuerca a un símbolo tan manido como el fuego. Una lectura muy recomendable en estos tiempos que amenazan con quemar la verdadera esencia del hombre.



domingo, 6 de diciembre de 2015

Tiempo gris de cosmos. José Antonio Santano

 
 


Tiempo gris de cosmos
 
José Antonio Santano
 
Editorial Nazarí, Granada, 2014
 
 
José Antonio Santano es un poeta con una fructífera trayectoria avalada por numerosos reconocimientos, como el Premio Internacional “Barro” de Sevilla, 1993, por Profecía de Otoño; el Premio de Poesía “Ciudad de El Ejido”, 1995, por Exilio en Caridemo; el Premio Nacional de Poesía 2000 por La piedra escrita; el Premio Andalucía de la Crítica “Ópera Prima” 2005 por Trasmar; el X Premio Internacional de Poesía “Luis Feria” 2008 de la Universidad de La Laguna, Tenerife, por Razón de ser; además ha sido traducido al italiano por Emilio Coco en Il volo degli anni - Antologia poetica personale, 2007, XIV Premio Internazionale di Poesia e Letteratura “Nuove Lettere” 2009 del Instituto Italiano di Cultura di Napoli.
Este cordobés de Baena afincado en Almería también es crítico literario en prensa y revistas, colaborador habitual del Diario de Almería y del Instituto de Estudios Almerienses, actualmente dirige la publicación literaria “Cuadernos Metáfora”.
En Tiempo gris de cosmos, su último poemario hasta la fecha, publicado por Editorial Nazarí en su colección Daraxa, Santano articula un canto de fraternidad con “todos los habitantes del planeta”. El libro se inaugura con unos versos de Francisco Peralta, de quien toma el título, que a modo de tesis nos advierte del tono del poemario, donde el poeta adopta una posición necesariamente crítica para entonar un canto a la cruda realidad actual, tan muda de esperanza, donde el autor se identifica con los más desfavorecidos para devolver al hombre el centro y la capacidad de seguir soñando en un mundo donde la primavera le gane el pulso al invierno.
El poemario se divide en dos grandes secciones. En la primera parte, “Tiempos de silencio”, los poemas son por lo general breves y en ellos el poeta se sirve de elementos de la naturaleza, como la lluvia, para alzar su voz contra la injusticia e hilvanar de paso un discurso poético de altura, que pone el acento en aspectos tan actuales como eternos, siempre con una actitud crítica hacia la realidad, tan adversa como llena de incertidumbres, así en “Certeza” Santano define la rutina como ese zapato que nos aprieta y nos condena a la oscuridad y el silencio de la celda que habitamos cada día.
Santano pone en solfa los símbolos que coartan la libertad del hombre: patria, Dios y bandera, por tanto nos encontramos ante una poesía donde la belleza de los versos se aúna con el mensaje social, con un inconformismo crítico que pone el acento en los grandes males que nos acucian: el hambre, la ignorancia, la soledad. Para Santano la única salvación es posible a través de las palabras y los sentimientos, capaces de sofocar “el fuego de los tiranos”.
La poética de Santano suscribe el célebre verso de Gabriel Celaya (“la poesía es un arma cargada de futuro”), para enarbolar la bandera de la dignidad contra “la vil corrupción de los gobiernos/ el saqueo de los banqueros/ y la insolencia de la Iglesia” (“Indignado”). En “El campus”, la noche que se cierra sobre las aulas actúa como símbolo de un futuro desconcertante. Solo la luz de la palabra, verdadero recinto de subversión contra la tiranía y la avaricia, puede iluminar un mundo oscurecido, triste, frío.
En la segunda parte, que comparte epígrafe con el título del poemario, los poemas son más densos y su extensión se dilata al hilo de un discurso candencioso tan rico en imágenes como efectivo en ideas, donde Santano se sirve de la tópica pregunta de una red social para dar rienda suelta a una horda de sentimientos donde el presente y el pasado se imbrican de tal forma que conforman un nuevo tiempo: gris por el contexto, cosmos por el universo del poeta. Diez poemas, diez cantos, diez confesiones que reúnen el sentir de un soñador que afirma su ser en un mundo amenazado por la Nada.
El poemario concluye con una aproximación crítica a la poética del libro de José Cabrera Martos, donde éste realiza un profundo análisis ético y filosófico de los temas que animan el quehacer poético de José Antonio Santano, un poeta que escribe para liberarse y liberarnos de un sistema asténico.
 



domingo, 22 de noviembre de 2015

Piedras al agua. Antonio Cabrera

 
 


 
Piedras al agua
 
Antonio Cabrera
 
Tusquets Editores, Barcelona, 2010
 
 

Antonio Cabrera es un poeta con obra y consecuencia, que ha sido merecedor de algunos de los premios más importantes que se convocan en nuestro país, como el XII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe y el Premio Nacional de la Crítica por En la estación perpetua (Visor, 2000) o el XXV Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla por Con el aire (Visor, 2004). También ha publicado un bellísimo tratado de ornitología en forma de colección de haikus titulado Tierra en el cielo (Pre-Textos, 2001). Cabrera conforma junto a Carlos Marzal y Vicente Gallego un trio fantástico de poetas nacidos entre 1958 y 1963, que descuellan como verdaderos puntales de una generación que comenzó su etapa de creación a finales de los años ochenta y que acabará constituyendo la denominada “poesía de la experiencia”.
Publicada en la prestigiosa colección “Nuevos textos sagrados” de Tusquets Editores y con un dibujo de portada de José Saborit, Piedras al agua es un poemario pleno de madurez expresiva, Cabrera nos ofrece un conjunto de poemas de ritmo imparisílabo que a modo de piedras arrojadas al agua generan ondas expansivas en su superficie como reflejo de lo que hay en el fondo.
El poemario se estructura en tres apartados sin epígrafe, así en la primera parte, Cabrera comienza cantando “El alrededor”, el aire que contiene la esencia de las cosas que suceden a nuestro lado, como una forma sana para huir del “yo” que las cubre de cotidianidad. La naturaleza tiene un peso superior en estos versos, es el espacio donde aún es posible el milagro, donde el sol y la sombra se disputan las fachadas, donde el paisaje es tiempo, secanos, pinares, riscos y peñascos bordean nuestro paso liminar por el mundo. Pero hay dos poemas que por su fondo y forma se erigen en verdadero epicentro de esta primera parte: “Suite de la CV202”, un largo poema estructurado en cinco movimientos donde describe el paisaje que se divisa desde la carretera en el trayecto de Matet a Villamalur: una fuente, las higueras, las curvas cerradas, las cumbres y una nostálgica panorámica del punto de llegada;  y el que da título al libro, donde el poeta quiebra la quietud del estanque para remover la capa de invisibilidad que vela las cosas. Para Cabrera el paisaje es fuente de conocimiento, la naturaleza se erige en verdadera protagonista al captar la mirada contemplativa del poeta, que sabe esperar a que suceda su apacible espectáculo.
En el segundo apartado el espacio se hace íntimo, doméstico (“El espíritu de la casa”) y aflora el sentimiento a través de las figuras familiares, así Cabrera evoca a la madre ingrávida como aquella rama que aún se mece en la memoria; reflexiona sobre la música, la tristeza y la lentitud al hilo de un pasaje para oboe que estudia el hijo; recuerda un eclipse en la infancia; y escribe un emotivo “Poema de cumpleaños” dedicado a su hija Adelina al cumplir la mayoría de edad: la sombra es mucha. Mira a su través. En “Serenidad” el eco de la lluvia nocturna le revela que somos pura contradicción, mínima certeza destinada a la mayor de las incertidumbres.
En el tercer apartado, Cabrera nos ofrece “una poética” que bien podría ser tomada por tesis del libro, donde aflora un discurso filosófico de alto vuelo, y es que toda la poesía de Cabrera está impregnada de la filosofía luminosa que destila lo sencillo. Aquí los lugares se hacen concretos: la visita al templo de Poseidón en Sunion, a la casa natal de Georg Trakl en Salzburgo, a Roma o al cementerio de Peliciera son fuente inagotable de discernimiento, de reflexión tamizada de melancolía. En definitiva, Cabrera demuestra que lo complejo parte de lo sencillo, y ello con un lenguaje elegante y sugerente en extremo. El poemario concluye con un “Vivac” donde el protagonista poemático yace tendido a la intemperie, transido de nocturnidad y con el pulso tomado por el sueño.
En sus manos el paisaje se convierte en materia poética, es motivo de una honda reflexión como trasunto del paisaje interior del poeta, cuya mirada pensativa descifra significados ocultos y enfoca lejanías. Sin duda nos hallamos ante un poemario que viene a confirmar una voz propia y madura, que parte de lo inmanente para alcanzar la trascendencia, poniendo el acento en toda aquello que nos rodea.


jueves, 12 de noviembre de 2015

Viva ausencia. Blas Muñoz Pizarro

 
 


Viva ausencia
 
Blas Muñoz Pizarro
 
Diputación Foral de Álava, 2010
 
 

Blas Muñoz Pizarro es uno de los poetas valencianos más destacados y laureados de las últimas décadas y por este poemario, que bajo el significativo título de Viva ausencia reúne los poemas compuestos entre 2007 y 2009, recibió el Premio “Ernestina de Champourcín” 2010 concedido por la Diputación Foral de Álava.
El libro se abre con un prólogo de Antonio Mayor, compañero de versos en la tertulia “El limonero de Homero”, que con fino olfato sabe rastrear las claves de un poemario tan íntimo como necesario en la trayectoria literaria de Blas Muñoz, que como bien señala el prologuista, ha sabido aunar con precisión estética fondo y forma para ofrecernos una poesía a la vez actual y eterna.
Viva ausencia se divide en VII apartados y un Final a modo de epílogo soñado. Como antesala a las diversas estancias por las que el poeta nos adentra, nos encontramos unos versos de un heterónimo de Pessoa, Alberto Caeiro, que sintetizan la tesis principal que inspira el libro: la soledad creadora, dolorosa y fructífera.
La primera parte, que da título al conjunto, está compuesta por siete sonetos de factura clásica, donde el poeta entabla un diálogo con el tiempo huido, un ajuste de cuentas con el pasado. Esta parte contiene el “Tríptico de tu ausencia”, de hondo tono elegíaco, donde se advierte que la ausencia de la figura del padre marcó un verdadero punto de inflexión, pues a ese gran ausente le debe el poeta no sólo la vida, sino el silencio, y la palabra rediviva.
La segunda parte, titulada “Naturaleza muerta”, está integrada por siete décimas inspiradas en objetos cotidianos como un jarrón, un guante, un sillón, un disco de vinilo o una manzana, donde el poeta anima lo inerte con ánimo de conjurar lo perdido.
En la tercera parte, “Tal vez tú”, Blas Muñoz retoma el soneto en siete bellas composiciones donde su destreza rítmica se pone al servicio de la profundidad psicológica, aquí el paisaje y los fenómenos que en ellos se vislumbran (crepúsculo, lluvia), unido a la atmósfera propia del otoño y el invierno, devienen en nostalgia.
La cuarta parte, con el título “Nada”, está encabezada por una significativa cita de Francisco Brines, que nos introduce en el único poema que compone esta parte, que merced a la deconstrucción de su estructura y la rima segmentada oficia de centro sobre el que se ordena todo el poemario.
En la quinta parte, “Unas décimas de fiebre”, nos hallamos de nuevo con siete ingeniosas décimas que son fruto del recuerdo de momentos dichosos marcados por la alegría de la pena.
La sexta parte, titulada “Ardido ardid”, la integran un poema en prosa y siete bellísimos sonetos, que bien nos sorprenden por su abruptos encabalgamientos, es el caso “Forma segunda”, o nos deleitan por su propuesta metapoética pues el poeta reflexiona sobre su arte al discernir la belleza de lo pútrido, como el vuelo de las gaviotas sobre el vertedero, y en sendos homenajes a Gérard de Nerval y la paloma de Alberti.
En la séptima y última parte, “Álbum de esbozos”, Blas Muñoz vuelve a la décima, pero en esta ocasión adaptando su forma a un modo muy particular de ordenar su discurso con la gracia y el ingenio que le inspiran la luz, el viento y la lluvia de las tierras andaluzas.
En definitiva, nos hallamos ante un poemario que gracias al magistral empleo de ciertas estructuras clásicas, como el soneto y la décima, permiten al poeta ordenar ese caos que a veces es la vida y asumir sus derrotas. Sin duda, una lectura estimulante en un tiempo donde el verso libre domina el panorama.
 


domingo, 8 de noviembre de 2015

Pobreza. Víktor Gómez

 
 


Pobreza
 
Víktor Gómez
 
Calambur, Madrid, 2013
 
 
 
Víktor Gómez, madrileño de cuna y valenciano de corazón, es uno de los animadores culturales más influyentes del panorama literario actual, su floreciente labor como coordinador de la Asociación Poética Caudal y las presentaciones y recitales que organiza en la librería Primado, por donde pasa la poesía en Valencia, atestiguan una inquietud vital e intelectual digna de encomio. Como autor ha demostrado poseer una voz propia, con el empleo de un lenguaje combativo, que desde un humanismo militante parte de lo existencial para “despertar” conciencias al poner el acento en la problemática social. Víktor cuenta con un amplio bagaje de publicaciones: Detrás de la casa en ruinas (Amargord, 2010), Huérfanos aún (Baile del Sol, 2010), Incompleto (4 de agosto, 2010), Trazas del calígrafo zurdo (Varasek, 2013) y recientemente Pobreza (Calambur, 2013), además su interesante labor como co-director, junto a Javier Gil, de la colección ONCE de poesía y ensayo de Ediciones Amargord, avalan a un autor incansable y comprometido.
En Pobreza hallamos un lenguaje rico en matices, que disecciona la realidad con la habilidad de un entomólogo, en sus manos parece que el lenguaje se dilata, se curva, para decir de otra forma cosas que deben ser dichas. Estamos ante una poesía crítica con la realidad circundante, que hace del lenguaje un material altamente maleable, donde se imbrican diversos géneros, registros y dialectos, y cuya sabia combinación consigue poner en crisis las trampas y falsos asideros que una moral impuesta ha ido poniendo en el camino. Víktor Gómez tiene la extraordinaria habilidad de tensar el lenguaje poético como un arco que dispara saetas cargadas de humanidad al centro de la diana de la hipocresía y el nepotismo que gobiernan un mundo adocenado y conformista.
El libro se organiza en torno a dos apartados o libros, el primero, el más extenso, que lleva por título “Aún sin nombre”, se abre con dos citas que a modo de tesis avanzan su contenido, la primera de ellas tomada de una pintada en alguna pared del “trullo”, es la que da título al poemario, y asevera que en ese lugar maldito sólo se castiga la pobreza. La otra cita es de Salvatore Quasimodo y alude a lo terrible que anida en la apariencia más bella, sin duda estas citas denotan la voluntad de crítica de un autor que rompe con todo orden establecido para dar nombre a aquello que aún no lo tiene o lo ha perdido: la dignidad que hace al ser humano.
El libro I se inicia con un breve poema de gran belleza que se asemeja en fondo y forma a la tanka (o “traza”): pequeños trapos/ tendidos/ la humedad pesa/ tensa una cuerda/ que tiembla al viento. Le sigue toda una serie de poemas de tono altamente expresivo, que denuncian la pobreza del alma que se abandona a las sombras en versos de gran hondura: si no sangra/ el poema/ se pudre o ¿Qué pobreza es esta que ni sabe qué nombre tiene lo posible?. Sorprende la capacidad de Víktor para trenzar discursos aparentemente disímiles y aunarlos en un todo común a través de una sugerente escritura que emplea onomatopeyas, neologismos y extranjerismos y renuncia a determinados signos convencionales de la lengua como el punto final o la mayúscula al inicio de frase para apostar por otros menos comunes pero más expresivos, como el guión, el paréntesis y la cursiva, que le permiten deconstruir los tópicos de la versificación.
Otro aspecto interesante a comentar es lo que podríamos llamar la arquitectura del poema pues Viktor Gómez dispone y ordena los versos con milimétrica precisión para orquestar un discurso con altas dosis de compromiso social, donde los espacios en blanco invitan al lector activo a rellenar los huecos, en este sentido los poemas no son conclusivos, sino textos abiertos que incitan a pensar y replantearse la orfandad del mundo.
El libro II, titulado “Jana”, se inicia con un largo poema en prosa que emparenta el origen del universo con el sexo de la amada, donde la carne se hace verbo. Le siguen toda una serie de poemas donde el poeta invoca el pasado a través de recuerdos interrogantes y donde el lenguaje se hace más sensual, con una aureola metafísica: sexo y boca se besan  -fluyen en ese brío-/ salado mar de ebrios dioses. Culmina el poemario un único verso que sintetiza la idea vertebral del libro: ¿y no habrán de resucitar los vivos?.
La poética de Víktor Gómez no deja indiferente a nadie, ofrece y exige compromiso ético para tratar de desvelar los intereses creados, el abuso y el derroche de unos pocos contra la inmensa mayoría. Una lectura muy recomendable en estos tiempos de miseria moral y creciente incertidumbre.