
Tras
veinte años de relativa paz, el emperador Diocleciano se retira por
propia decisión a su palacio de Spalatum, dejando el poder en manos
de su heredero, Galerio. Es entonces cuando en la otra parte del
Imperio, surge otro gran líder, Constantino, primogénito del
augusto Constancio, que tendrá que luchar para seguir los pasos de
su amado padre y ser aceptado como miembro de la familia imperial.
Gregorio
Muelas,
autor
del libro, propone un apasionante viaje hacia la antigua Roma, un
viaje que lleva al lector a visualizar y contemplar con asombro los
pasajes donde se desarrolla una interesante y didáctica trama. Con
una prosa impecable, la novela está narrada en primera persona,
siendo Firminiano (alter
ego
del
autor), el personaje encargado de ser su propia voz narrativa y de
las memorias de Diocleciano y Constantino, dos de los grandes
protagonistas de esta historia. La estructura de la obra es compleja
pero no por ello menos atractiva, puesto que el autor no duda en
utilizar los recursos literarios que tiene a su alcance para conducir
al lector al punto que desea.
En
cuanto a los personajes: Galerio, Constantino, Diocleciano,
Maximiano, Licinio, Majencio, Fausta, Minervina… todos están
perfectamente descritos físicamente y emocionalmente, en algunos
casos gracias a la correspondencia que mantienen entre ellos,
mostrando así su lado más humano; unos personajes que calan hondo y
que dejan la sensación de querer saber más sobre sus sentimientos.
«Una
noche, a mitad de trayecto, mi padre se encontraba en la proa
observando con estupor las estrellas. No era la primera vez que se
veía obligado a contemplarlas en mitad de la mar, pero tal vez
intuía que sería la última. De espaldas, su capa ondeaba contra la
brisa dándole ese aire de grandeza que yo siempre había admirado»
El
primer tetrarca es
una novela de ficción histórica que nos muestra una época bastante
desconocida de la historia de Roma, donde la paz dependerá de la
unidad del Imperio y donde las traiciones, alianzas, batallas, luchas
de poder, sacrificios y encomiendas a los dioses, harán grandes a
unos hombres y empequeñecerán a otros. Un mundo pasado que en algún
momento nos puede recordar al presente, porque tal vez nuestra
sociedad, salvando las distancias, no sea tan diferente…
El
primer tetrarca
es, pues, un libro que emociona por su gran calidad literaria, en el
que se aprecia todo el esfuerzo, dedicación y trabajo de
documentación de un autor que ha sabido plasmar página a página,
con la belleza del lirismo de sus palabras, paisajes, ambiente,
vestuario y personas.
Un
autor cuyo propósito es: “hacer hablar a las estatuas y convertir
la piedra en carne y hueso”.
Ciertamente
lo ha conseguido…
«Apenas
se había dejado sentir el claror de las primeras luces del alba
rebotando en las brillantes aguas de aquel mar, que como un bosque de
olas oscilaba entre el azul cobalto y el verde oliva, cuando la
panzuda embarcación empezó a vislumbrar en el horizonte, ajado de
sombras, las cónicas torres del palacio imperial.»