jueves, 14 de abril de 2016

Ansina. Myriam Moscona

 
 


Ansina
 
Myriam Moscona
 
Vaso Roto Ediciones, Madrid, 2015
 
 
Vaso Roto Ediciones publica en las dos orillas, España y México, el nuevo poemario de la periodista, novelista y poeta mexicana de origen búlgaro sefardí, Myriam Moscona (Ciudad de México, 1955), Ansina.
Moscona es autora de diversos poemarios, como Último jardín (1983), Las visitantes (1989), con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, Vísperas (1996), Negro marfil (2000), El que nada (2006), De par en par (2009), y de una novela, Tela de sevoya (2012), cuyo título alude al proverbio sefardita “El meoyo del hombre es tela de sevoya”, por la que obtuvo el prestigioso Premio Xavier Villaurrutia. Entre otros reconocimientos ha merecido el Premio Nacional de Traducción en 1996 por La música del desierto, de William Carlos Williams, y una Beca de la Fundación Guggenheim en 2006.
Nos encontramos pues con una escritora con obra y consecuencia, que se halla en plena madurez creativa y que en los últimos años ha escrito y publicado en ladino (djudezmo) judeoespañol pero desde una óptica contemporánea, alejada de los temas clásicos de la tradición judeo-española. El presente volumen se publica íntegramente en su versión original en ladino, sin traducción al castellano actual, porque como la misma autora señala en el Exordio que abre el libro, hay cosas que sólo pueden ser dichas en una lengua y no en otra. Lo acompaña, eso sí, un impecable Glosario plegado, en papel negro con letras en color plata, al final del libro, para asistir al lector.
Ansina se presenta en una bella edición, marca de la casa, con un sugerente grabado de cubierta de Víctor Ramírez. Tras unas pertinentes aclaraciones ortográficas, donde explica la profusión de la letra “k” en la inmensa mayoría de las palabras, como producto de la revolución lingüística llevada a cabo por Kamel Ataturk en su decidido afán por occidentalizar Turquía, Moscona inicia el poemario con una significativa cita del escritor serbio de origen judío Danilo Kis: el hombre mira por la grieta. En efecto, la herida abierta en el pasado será uno de los temas recurrentes de la autora.
Ansina, que se podría traducir por “así es”, se estructura en cinco partes donde la preposición “de” marca la pauta sobre la que versará cada una de ellas. Una cita de Marcel Proust acompaña al título de la primera parte, “De empolvaduras”, donde Moscona evoca la memoria familiar, como la figura del padre en “De efsuenyos” (kizo/ fazer de mi/ una/ leona) o los consejos de la madre en “Un bomboniko” (el amor eterno/ no es bomboniko de dulsor). El amor está muy presente en estos versos, a él dedica Myriam bellísimos poemas, como el breve e intenso “Sodrera” o el apasionado “Loka por el deskonozido”. La autora no renuncia a ciertos recursos, como la aliteración y la rima, para conseguir un efecto cadencioso e hipnótico.
Una composición del poeta judío en lengua francesa Edmond Jabès introduce la segunda parte, titulada “De morideros”, donde Myriam Moscona evoca a los que se fuyeron/ kon prestor, el padre, la madre, vinieron/ i empués/ tomaron ayre, aquí los versos se dilatan para hilvanar un discurso entre nostálgico y redentor. Moscona nos regala de nuevo poemas primorosos, como “Simienta” o “La tripa”, donde la autora gusta de intercalar versos en castellano como contrapunto, como segunda voz, algo que será una constante a lo largo de todo el poemario.
Un fragmento del Libro del esplendor inaugura la tercera parte, “De kreaziones i undimientos”, que alberga el único poema en prosa del libro, “La letra beth: el muro”, la prima letra  de la kreazion, que según la cábala es komo una kaza con todos los muros aviertos manko uno, Moscona reflexiona sobre su significado profundo y entronca con la sabiduría rabínica para emprender un apasionante viaje metalingüístico desde el origen de la lingua con el deseo de recordar el olvido “para mejor morir”.
Otro judío universal, el físico alemán Albert Einstein, firma la cita que ilustra la cuarta parte, “De Sensya” (ciencia), donde la matematika se convierta en materia poetizable y conecta con la divinidad (el ojo del Dio) y la metafísica, así en “La kordela de Moebius” reflexiona sobre la creación del universo, donde principio y fin han de converger en un mismo punto (por kualo una kurva/ al ir y volver/ se torna al lugar ande ampezó?); en “Inyeve” asume el modelo de la geometría fractal, donde una gotita de nieve (estreia de sesh puntas) se puede multiplicar como un tornado y/o dividir hasta el infinito. En “Eskrivir de amor o sensya” Moscona defiende la lingua materna como lengua viva, capaz de asumir un discurso científico, y apuesta por la absoluta vigencia de una lengua minoritaria y siempre viva, en sí todo el poemario es un lúcido ejercicio de redescubrimiento.
En la quinta y última parte, titulada “De eskrivideros”, Myriam Moscona reflexiona sobre el uso de la escritura, que se expresa en las kantikas, y el sentido del avla para que ojalá entiendas de qué hablo. “Klase de djudeo-espanyol (El puerpo)” es el poema paradigma de una autora que conoce la tradición de las bavás y se esfuerza con dolor por hacerla suya y de su tiempo.
En definitiva, Myriam Moscona emprende una búsqueda iniciática de sus señas de identidad a través del ladino, lengua “sin patria ni academia”, pues sabe que la memoria, la imaginación y los biervos (palabras) conforman el mundo y lo proyectan hacia el futuro. Así pues la autora se entrega a un viaje vital y lingüístico donde pasado y presente confluyen y donde lo místico y lo coloquial se aúnan con hondura y sencillez. Un libro donde el lector cómplice podrá encontrar verdaderas razones para seguir creyendo en el poder de la poesía para cambiar el mundo, pues como reza Juan Gelman en la contraportada, “todo en Ansina es extraordinario”.



viernes, 8 de abril de 2016

Respiración del laberinto. Mario Santiago Papasquiaro

 
 



Respiración del laberinto
 
Mario Santiago Papasquiaro
 
Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, Sevilla, 2016
 
 
La Editorial Ultramarina Cartonera & Digital publica en el número V de su colección Bilingüe Mar Respiración del laberinto / Labyrinth Breath, del poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro (1953-1998), una antología póstuma que viera por primera vez la luz en 2008 gracias a la iniciativa de Raúl Silva, que propuso un proyecto de co-edición simultánea entre ocho editoriales cartoneras del ámbito latinoamericano, donde cada edición incluía un prólogo distinto, cuyo autor fue invitado por su cercanía personal o literaria con Papasquiaro: Pedro Damián y Joséantonio Suárez (La Cartonera, México), Bruno Montané (Animita Cartonera, Chile), Juan Villoro (Yiyi Jambo, Paraguay), Tulio Mora (Sarita Cartonera, Perú), Diana Bellessi (Eloísa Cartonera, Argentina), Homero Carvhalo (Yerba Mala Cartonera, Bolivia), Camila do Valle (Dulcinéia Catadora, Brasil). Y es precisamente en este ámbito donde la obra de Mario Santiago Papasquiaro, pseudónimo artístico de José Alfredo Zendejas Pineda, ha alcanzado verdadera repercusión y eco. Conocido por ser fundador junto a Roberto Bolaño, Ramón Méndez Estrada, Bruno Montané, Rubén Medina, José Vicente Anaya, José Rosas Ribeyro, Cuauhtémoc Méndez y Guadalupe Ochoa, entre otros, del movimiento poético “infrarrealista”, creado en 1975 como una alternativa de vanguardia y ruptura con la cultura oficial del momento. Por su actitud vital y la calidad de su obra, Mario Santiago fue el que mejor encarnó las propuestas del movimiento con poemas tan emblemáticos como “Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger”.
De nuevo una editorial cartonera se hace cargo de la edición, con una tirada limitada a cien ejemplares únicos y numerados gracias al trabajo de ilustración de las portadas de dos jóvenes artistas sevillanos, María Álvarez Romero y Cristóbal Colchero Jiménez. Un notable trabajo artístico que destaca por la textura rugosa, que semeja un laberinto rocoso, y la variación de colores. Además la obra cuenta con otro gran aliciente, que es su carácter bilingüe inglés/ español, gracias al excelente trabajo de traducción de Laura Patricia Burns. Cabe destacar la encomiable labor de Iván Vergara (Ciudad de México, 1979) como editor al publicar por primera vez en España a un autor de culto, poeta prolífico, con cerca de 2.000 poemas, pero que tan sólo publicó dos poemarios en vida: la plaquette Beso eterno (1995) y Aullido de cisne (Al Este del paraíso, 1996).
Esta fascinante edición viene a satisfacer el interés de las nuevas generaciones por un autor vinculado a un escritor ya mítico como el chileno Roberto Bolaño, con quien le uniera una estrecha amistad hasta el punto de aparecer en su célebre novela Los detectives salvajes (1998) con el nombre de Ulises Lima.
Nos encontramos con una antología integrada por 25 poemas que fueron seleccionados por su viuda, Rebeca López, y que constituyen un magnífico ejemplo del estilo revolucionario e iconoclasta de Papasquiaro, un estilo que se caracteriza por su vertiente culturalista pues son muchos los personajes de la Cultura Universal que transitan por sus páginas, como Lou Andreas Salomé, Friedrich Nietzsche, Houdini, Akira Kurosawa, Pier Paolo Pasolini, Piet Mondrian, Alexander von Humboldt, Joan Miró, Pablo Picasso, Miguel Ángel o Leonardo, en homenajes, dedicatorias o como protagonistas de los versos.
En España la obra de Papasquiaro está por descubrir siendo como es todo un icono de la vanguardia más revolucionaria en México, así pues hemos de agradecer la iniciativa de la editorial sevillana Ultramarina Cartonera & Digital por propiciar este primer acercamiento a un autor que gusta de emplear algunos recursos que a este lado del Atlántico nos pueden resultar cuanto menos curiosos y que sin embargo son moneda común en el acervo poético de los movimientos de vanguardia en México, como, por ejemplo, el uso del número cardinal 1 en lugar del artículo indefinido, del signo & en lugar de la conjunción copulativa española “y”, la inserción de palabras en otros idiomas (saudade, fulltime, freejazz, etc), y de signos ortográficos, como guiones, barras o paréntesis, en lugar de la clásica coma, todo ello a merced de un estilo que se sirve de la más pura imagen surrealista para incardinar sucesos o anécdotas de diversa índole.
Pero si llama la atención la forma, aún es más sorprendente el fondo por su radical libertad de acuerdo con los postulados del movimiento infrarrealista, que Papasquiaro lideró tras la partida de Bolaño a Europa. Así las imágenes surrealistas son continuas (relojes blandos; olla de grillos; ornitorrinco cantor; viento de culebras), como numerosas son las referencias al sexo (esperma-aguacero; vulva radiante; pezones de hadas; viaje coital). Como digno heredero de los movimientos rompedores de mediados de siglo, en especial de los beatniks, Papasquiaro también orilla nuevos horizontes e hilvana un discurso donde no duda en poner en solfa los mecanismos del poder mediante un lenguaje irreverente y cifrado.
El paisaje de Papasquiaro es eminentemente mexicano y sin embargo su mensaje consigue trascender para hacerse universal gracias a un lenguaje coloquial, revulsivo, delirante, provocador y liberador, pero también existencial, grotesco y finalmente desencantado. En definitiva su lectura no deja indiferente al lector inquieto por la extrema riqueza de su universo poético, conformado a partir de su propia vivencia y que da cuenta de un mundo desquiciado e irremediablemente (pos)moderno.
He aquí el poema-paradigma que da título al libro y alberga todos los rasgos de estilo del autor:
De 1 hilo de muerte cuelga la respiración del laberinto
Cada latido / cada espasmo
Cada cartucho de sangre en la piel de la culebra
Aquí donde las líneas de la mano son opio medular
Martillo de plata sobre esta cascada de uvas
Sol rojo en los sobacos
((Herencia de mis reinas))
La desnudez esculpida
contagia de susurros los senderos
Ya en la cresta de la ola
Ya en la higuera prima hermana de la horca
1 concierto demente cada célula



viernes, 25 de marzo de 2016

Gusanos de seda. José María Jurado García-Posada

 
 


Gusanos de seda
 
José María Jurado García-Posada
 
JMJ, Badajoz, 2016
 
 
El poeta sevillano José María Jurado García-Posada publica su quinto poemario, Gusanos de seda, en una bella edición del autor. Tanto el título como la ilustración y diseño de la portada, dos gusanos sobre un fondo que imita la textura y el color de la seda, obra de Pablo Pámpano Vaca, son muy sugerentes y albergan, como si de un capullo se tratara, treinta y tres poemas de delicada factura y honda materia.  
José María Jurado ha enviado a imprenta La memoria frágil (Diputación de Cáceres, 2009), Plaza de toros (Isla de Siltolá, 2010), Tablero de sueños (Isla de Siltolá, 2011) y Una copa de Haendel (Isla de Siltolá, 2013), cuatro poemarios en los que ha templado su pluma y madurado su voz hasta culminar en el libro que nos ocupa, un volumen donde el autor ha depositado su amplio bagaje cultural con actitud crítica hacia una realidad adversa y maniquea.
Uno de los grandes atractivos del poemario lo encontramos en su contraportada, donde podemos leer dos breves comentarios sobre el mismo firmados por dos grandes poetas: Luis Alberto de Cuenca y Antonio Colinas, poetas culturalistas que con sus sabias palabras enmarcan la obra en un renovado contexto cultural donde José María Jurado destaca con luz propia, heredero de aquellos en cuanto a intereses y referencias pero enteramente actual en la pluralidad de temas que trata.
Una cita de la Eneida de Virgilio acompaña la dedicatoria a la memoria del padre del autor, que clausura el libro con una fotografía donde aparece éste alzando con amor al hijo recién nacido, y es que una aureola de ternura rodea un libro que es una delicadeza en sí mismo.
El poemario se nos presenta sin división interna en partes, como un continuum de poemas de ritmo imparisílabo, con predominio del endecasílabo y el alejandrino. En el poema inaugural, que titula el libro, el autor establece un símil magistral entre el sueño de la metamorfosis de los gusanos en su caja de cartón y el sueño eterno al que el hombre está abocado. En “Águilas, 14” el nombre de una calle de Sevilla le devuelve a la casa materna, por donde desfilaron las águilas de Roma, y antes los fenicios, y ahora el recuerdo emocionado de la última “tarde clara de verano”.
Como digno continuador de la estética culturalista, José María Jurado despliega un amplio abanico de referencias culturales: literarias, Thomas Mann y sus Buddenbrooks en “Última Navidad en la Mengstrabe”; pictóricas, Diego Velázquez en “Pavana para una infanta difunta”, o Juan Sánchez Cotán en el bellísimo soneto “Bodegón”, que recrea una de sus célebres naturalezas muertas. También grandes poetas son objeto de homenaje: Fernando Pessoa en “Lisboa antiga”, y Antonio Colinas en “Giacomo Casanova lee Sepulcro de Tarquinia en la biblioteca del Conde de Waldstein, en Bohemia”. El cine es otro de los temas que animan al poeta a tomar la pluma con fervor e ingenio, es el caso de La dolce vita en el felliniano poema homónimo, o en el leoniano “Spaghetti Western”. Otros temas e intereses también encuentran acomodo en sus versos, como la música: de Robert Schumann en “Un piano en el Rhin”; de The Beatles en “Let it be”, donde rememora la historia de la mítica banda de Liverpool al son de uno de sus grandes éxitos; o del minimalista estonio Arvo Pärt en “Spiegel im Spiegel”. Y la filosofía en “Heideggeriana”, donde reflexiona sobre el ser como un viento al que suplica: “Tú que agitas las copas de los árboles/ sacude nuestra angustia al filo de la muerte/ y extiende nuestro tiempo más allá del abismo”.
Pero si hay un espacio mítico es Roma, la Ciudad Eterna parece condensar las aspiraciones del poeta, cuyos pasos se ahondan en algunos lugares emblemáticos, como el “antiguo estadio de Domiciano” en “Luna llena en Piazza Navona”, la Fontana de Trevi en “La dolce vita”, y el barrio de Trastévere en “Instagram”. José María Jurado es un poeta cosmopolita y culto, que borda con primor las palabras, que teje con hilos de oro, su andadura le lleva por remotos derroteros históricos y geográficos en un curso personal y único hasta desembocar en el emocionante poema epílogo “Entre dos fotografías”, la que figura en la anteportada, que retrata al autor en Via Veneto, y la que citamos anteriormente, entre ambas median cuarenta años y se inserta el poemario, aquí la memoria del padre alcanza su punto álgido, y el tono elegíaco, que domina todo el libro, su fin y su principio: “Son sagrados los restos de la vida/ y aunque nada hay de ti en esta urna,/ pues gozas de la gloria de los justos,/ yo la levanto al sol y digo padre,/ padre mío que estás en los cielos/ ahora y en la hora de mi muerte.
 



jueves, 10 de marzo de 2016

Motivos personales. José Luis Morante

 
 



Motivos personales
 
José Luis Morante
 
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015
 
 
Ediciones de la Isla de Siltolá publica en su colección “Aforismos” el nuevo libro del poeta y crítico literario José Luis Morante Martín, titulado Motivos personales. El escritor abulense afincado en Rivas, reúne en el presente volumen casi seiscientos aforismos escritos entre 2010 y 2013.
Morante es autor de ocho poemarios, desde su debut en 1990 con Rotonda con estatuas (Asociación de Escritores y Artistas españoles) hasta su más reciente creación, Ninguna parte (La Isla de Siltolá, 2013). En la antología Mapa de ruta (Maillot Amarillo, 2010) compendia los siete primeros. Pero también se ha destacado en la prosa, con títulos como el diario Reencuentros (LF Ediciones, 2007), y el libro de aforismos Mejores días (De la luna libros, 2009), y en el estudio, antología y edición de poetas, como Luis Felipe Comendador, a quien dedica el libro que nos ocupa, Herme G. Donis, Joan Margarit, Luis García Montero y Eloy Sánchez Rosillo, los tres últimos en la prestigiosa colección Letras Hispánicas, de Ediciones Cátedra. Todo ello da cuenta de una incesante y encomiable labor literaria que ha merecido el Premio Espadaña por el conjunto de su obra.
Las citas de Lao Zi, Jorge Luis Borges y Nicanor Parra nos introducen en un libro donde se dan cita los más diversos asuntos y temas, que José Luis Morante trata con la lucidez y el ingenio de un verdadero analista.
Cada náufrago reclama para sí la madera raída”, con este aforismo se inicia toda una imaginería lingüística que se ha de degustar con la meditación necesaria, Morante nos invita a reflexionar sobre cientos de asuntos cotidianos, que requieren el tiempo que merecen. Con gracia y sabiduría el autor nos muestra su visión paralela, una visión, por otra parte, imbuida de múltiples lecturas y experiencias, porque si hay un tema donde el autor aporta inestimables matices es el de la propia creación literaria, y lo hace con vuelo lírico, hondura y sapiencia.
José Luis Morante vierte con habilidad sentencias y apotegmas donde se dan cita autores universales, como Oscar Wilde, Charles Baudelaire, Robert Louis Stevenson, Julio Cortázar o José Saramago, con otros más cercanos por magisterio y afecto, como Jaime Gil de Biedma, Ángel González o José Ángel Valente. La poesía es, sin duda, uno de los temas esenciales, donde Morante demuestra su oficio y destreza.
José Luis Morante emplea multitud de recursos para verter sus motivos personales, pues no hay poco de biográfico en estas máximas, el autor sabe que su vida es su materia y sobre ella construye un organismo constituido por numerosas preguntas y algunas respuestas, pues sin incertidumbre no habría inquietud ni conocimiento. El autor duda pero su intuición y cultura son el mejor asidero ante una realidad a menudo incierta.
Abundan pues las citas, que le sirven al autor para asentir o reflexionar sobre aspectos concretos del quehacer literario. Tampoco falta la greguería, veamos un excelente ejemplo:
CEGUERA: onda expansiva del fogonazo.
Y es que el libro está plagado de fulgurantes destellos, Morante se entrega a la estimulante tarea de redefinir algunos términos para otorgarles un nuevo significado a la luz de una conciencia crítica. He aquí dos claras muestras:
ERRATAS. Impagables ejemplos de franqueza gráfica.”
SPLEEN. Líneas para sugerir la densidad filosófica del bostezo.”
De nuevo vuelve Morante al pensador chino Lao Zi para concluir la obra con una de sus célebres sentencias: “Cumplida la obra, retirarse:/ tal es el curso del cielo”. El comentario de la contraportada de Luis Felipe Comendador cierra un libro tan versátil como íntimo para conocer la idiosincrasia de un autor fundamental en el actual panorama literario.



miércoles, 2 de marzo de 2016

La zanja. Nuria Ruiz de Viñaspre

 
 



La zanja
 
Nuria Ruiz de Viñaspre
 
Editorial Denes, Paiporta, 2015
 
 
XII Premio César Simón de Poesía 2015, la Editorial Denes publica en el número 115 de su impecable colección Calabria, dirigida por Vicent Berenguer, el nuevo poemario de la escritora logroñesa Nuria Ruiz de Viñaspre, una autora que ha demostrado desde su primer libro, El mar de los suicidas y otros poemas (Huerga & Fierro, 1999), poseer una trayectoria tan deslumbrante como fructífera, donde cada poemario es un hito en ese camino de perfección que debe ser la vida literaria.
La zanja, que da título al libro, es el símbolo recurrente que vehicula todo el poemario, así la zanja se nos muestra en sus más diversas acepciones, unas veces como surco, otras como fosa, pero también como frontera (Gaza, Zanja Franja) y marcando la distancia y la intimidad de los cuerpos.
Lo primero que llama la atención en este espléndido poemario es su forma vanguardista, donde los poemas se (des)ordenan de acuerdo con el sentido de los mismos, dicha forma también se advierte a nivel ortográfico, así los puntos y las comas, cuando aparecen, no adoptan su uso tradicional, sino como cesura o sutura. Por su extravagante lógica, peculiar empleo de la metáfora, síntesis de imágenes y fusión de verso y plástica, este poemario se aproxima a los principios estéticos del mejor ultraísmo.
En este volumen encontramos poemas de las más diversos metros, los hay de dos versos, de dos páginas, en prosa, con estrofas en cursiva, versos dispuestos en cascada. Todo denota un empleo del lenguaje que se sabe maleable, que está ahí para mejor uso del poeta, verdadero creador de lenguaje, un lenguaje que dice y hace y que deja su huella de manera simbólica en la mirada y el adentro del lector activo, de conciencia abierta.
El poemario se divide en cuatro apartados, con un breve poema introductorio (conmigo…) que da cuenta  de la acción de entregarse a lo interminable, que es la acción de escribir. La primera parte, que lleva por título “Ciervos en zanjas”, es una declaración de principios morales, tomando como pretexto la Biblia, así parte de algunos pasajes clásicos para desembocar en el más puro surrealismo, donde el vocablo “ciervo” sustituye al original para acentuar su mensaje, que culmina con un ciervo se ha estampado en mi bolso.
La segunda parte, titulada “Pico”, alude al primero de los utensilios necesarios para hacer o deshacer la zanja. Una cita de Clarice Lispector introduce el contenido de esta parte donde el oficio de escribir ayuda al descontrol necesario para la libertad de expresión. Si el lenguaje es fuente de subversión y crítica, Nuria Ruiz de Viñaspre lo emplea con toda su agudeza gracias al trasunto y la metáfora, parece que Nuria Ruiz se desprende del lenguaje tradicional para orillar un nuevo cauce de expresión que le permita desposeerse de las ataduras que el propio lenguaje, como instrumento de dominio, impone: la desposesión del lenguaje/ te regalo mis zanjas/ -le dije-/ y así fuimos des-enterrando cuerpos.
En la tercera parte, que lleva el significativo título de “Pala”, Nuria completa el binomio y ahonda más, si cabe, en su actitud crítica, ya el brevísimo poema inicial: ex/ -cavo/ el poema, marca la pauta, ahora la autora pone en juego las palabras en un ejercicio de raigambre conceptista que se acentuará en los últimos poemas.
La cuarta parte, titulada “Zanja”, es el producto de las dos anteriores, ahora los poemas se sirven de la prosa para ordenar el fondo sobre el que caen los versos, que al principio se precipitan (ser/ no ser) para hilvanar un discurso aparentemente caótico e irracional pero que tiene mucho de metapoética (Blancanieves destruye la métrica con sus manos macrófagas). Todo conduce a la identificación final entre palabra y cuerpo, que es el destinatario de la zanja que Nuria Ruiz nos ha abierto en la conciencia a golpe de palabras, que se descomponen (bla/ bla/ bla) hasta el blanco de la página.
En definitiva, nos encontramos ante un poemario que resalta por lo arriesgado de su propuesta, la originalidad de su discurso y su indagación en la función del lenguaje y la escritura en una sociedad mediatizada por los imperativos de un sistema que precisamente se sirve del lenguaje para imponer sus leyes y sus normas, se trata pues de una lectura apasionante que siempre estimula y a veces desconcierta pero que nunca deja indiferente al lector activo en busca de una buena dosis de esperanza.



jueves, 25 de febrero de 2016

Tinta china. Hilario Barrero

 
 



Tinta china
 
Hilario Barrero
 
Cylea Ediciones, Segovia, 2014
 
 
Cylea Ediciones publica en el nº 3 de su colección Cuadernos de Salima la nueva obra lírica del escritor toledano afincado en Brooklyn, Nueva York, Hilario Barrero, con el título Tinta china. El volumen, de pequeño formato y enorme belleza, viene ilustrado por el propio autor, que incorpora diez dibujos, incluido el de la portada, donde hace gala de un estilo propio que entronca con el surrealismo figurativo.
Hilario Barrero es un escritor con una amplia trayectoria, que ha cultivado con fortuna varios géneros literarios: poesía, diarios, cuentos, con entregas tan interesantes como Libro de familia, Nueva York a diario y Cuentos para Toledo, respectivamente, además ha traducido a autores como Henry James, entre otros.
En Tinta china reúne noventa y nueve haikus de gran diversidad temática, donde aborda la estrofa japonesa con soltura e ingenio y apuesta por la tradición occidental que parte de Octavio Paz, así sus composiciones bordean el aforismo con elegancia y ritmo, sin desdeñar la retórica, un cauce donde se desenvuelve con sencillez y precisión.
El poemario se inicia con un haiku a modo de poética y se divide en cuatro partes o cuadernos donde las composiciones recogen elementos de la naturaleza y se hacen eco de asuntos humanos. Una suma de ideas con actitud zen: uno más uno es igual a uno más grande.
Así la primera parte, titulada “Calendario perpetuo”, se compone de doce haikus que describen los meses del año, veamos un hermoso ejemplo:
 
 La luz tan fría
se condena de fuego
sobre la nieve.” (Diciembre)
 
La segunda parte es la más extensa y bajo el título “Aroma de eucalipto”, Hilario Barrero agrupa haikus sobre temas diversos donde da una vuelta de tuerca a cosas tan cotidianas como el pan, un viaje o una cita, pero donde también habla de la naturaleza, verdadera fuente de inspiración de la tradición japonesa, aquí Hilario Barrero alcanza notables aciertos, he aquí un bello ejemplo:
 
En el estanque
una grulla de cal
blanquea el agua. (Jardín)
 
En la tercera parte, que da título a todo el conjunto, Hilario continúa auscultando la realidad con actitud crítica y sentido del humor, de nuevo nos invita a reflexionar sobre aquello que nos rodea, sin duda, sus haikus son una forma personal de interpretar el mundo.
Por último, en la cuarta parte, “Santoral ateo”, Hilario agrupa diez haikus que dedica a la música (Florestán), la pintura (Hopper) y la literatura (Garcilaso).
En definitiva, Hilario Barrero nos entrega un libro rico en matices, que hará las delicias de aquellos que quieran acercarse al género desde su vertiente más lírica. Un libro donde no faltan destellos de Oriente en su visión de la naturaleza ni la gracia del senryu, forma a la que se aproxima en ocasiones.
 



martes, 23 de febrero de 2016

El lento abandono de la luz en la sombra. José Luis García Herrera

 
 



El lento abandono de la luz en la sombra
 
José Luis García Herrera
 
Editorial Denes, Paiporta, 2014
 
 
 
El poeta barcelonés José Luis García Herrera posee ya una dilatada carrera literaria que se remonta a 1990 con Lágrimas de rojo niebla y que abarca hasta nuestros días con el poemario que nos ocupa, El lento abandono de la luz en la sombra, que ha merecido el Premio Germán Gaudisa de Poesía Discursiva, en los XXIII Premios Otoño-Villa de Chiva 2013. Por el camino García Herrera ha cosechado múltiples premios, algunos de tanto prestigio como el Premio Villa de Benasque por Los caballos de la mar no tienen alas (Devenir, 2000), el Premio Blas de Otero 2004 por Mar de Praga (Asociación de Escritores y Artistas Españoles, 2005), el Premio Mariano Roldán 2006 por La huella escrita, o el Premio Ateneo Guipuzcoano de Poesía Erótico-amorosa por El recinto del fuego (Huerga y Fierro Editores, 2008). Por tanto nos encontramos con un autor con una voz propia y contrastada, que desde 2008 escribe también en catalán, su carácter versátil atesora una calidad literaria que este poemario viene a refrendar de forma fehaciente.
La Editorial Denes lo publica con primor en el número 109 de su magnífica colección Calabria, que dirige el poeta Vicent Berenguer. El libro se abre con un prólogo de Blas Muñoz Pizarro, que el poeta valenciano titula “Collage de versos para un hombre sin su sombra”, donde entrelaza su discurso con los versos del autor para invitar al lector a sumergirse en sus luces y sombras.
El poemario se estructura en tres partes con títulos muy sugerentes, así en la primera parte, “Amanecen en ayer los días que nos llevan”, el mismo título sintetiza el sentimiento de nostalgia que domina en estos versos, un sentimiento que se manifiesta en el símbolo del agua, que unas veces aparece en forma de lluvia (Llueve. Llueve con furia y con rabia), y otras como aguanieve o barro; mar o charco, el agua, siempre fría, conecta con el pasado del poeta. En “Noviembre” prevalece la tristeza, que se acentúa con el paisaje otoñal marcado por las brumas. El tiempo y la memoria también adquieren un peso superior en estos versos pues también aparecen cargados de nostalgia, así la infancia (rostros de niño/ que siempre serán niños tras mis ojos) le devuelve la antigua risa de un tiempo lejano que se resiste al olvido en el juego de la vida.
Un único poema, el más extenso del libro, compone la segunda parte, titulada “A corazón abierto bajo la noche cerrada”, la cita de Luis García Montero nos sitúa a medio camino entre la realidad y el sueño, un punto desde donde el autor erige su poética como testimonio de su paso por la vida, aquí el poeta abre su corazón en un alarde de belleza: El frío del pasado quema mis manos/ y el silencio construye su templo entre mis labios. Entre el silencio y lo dicho importa más el verso callado porque en su esencia reside la enseñanza de la melancolía.
En la tercera y última parte, “Catálogo incompleto de hombres sin su sombra”, García Herrera rinde homenaje a la memoria de Juan Ramón Jiménez en “Nocturno”, con tintes modernistas, a Vicente Núñez en “Acaso en Poley”, donde el ocaso le recuerda sus palabras, y a Carlos de Arce en el bellísimo poema final “La inmortalidad”, donde apela a la memoria transgresora. Otros nombres desfilan por sus páginas, Octavio Paz, Emilio Prados, Blas de Otero, cuyas citas desencadenan los poemas, donde la introspección, la melancolía, la fe y la duda discurren con emoción y vehemencia.
Escribir para no morir (“Sobre el páramo agreste”), ese es el oficio de José Luis García Herrera. En definitiva, su poesía es un ferviente ejercicio de supervivencia ante la inminente amenaza de la nada, sólo la escritura es capaz de cruzar la estepa blanca en este reino de mentiras.