lunes, 13 de julio de 2020

Algún día. Obra poética en aragonés (1989-2000). Josep Carles Laínez

 
 


Algún día. Obra poética en aragonés (1989-2000)
Josep Carles Laínez
Lastura, 2019
 
 
Lastura publica en el Nº 139 de su colección “Alcalima”, que dirige con mano maestra la poeta Isabel Miguel, Algún día. Obra poética en aragonés (1989-2000) de Josep Carles Laínez, un volumen que, como reza en el subtítulo, recoge una parte esencial de la poesía del aedo valenciano escrita en aragonés, lengua romance propia de la región de Aragón. Una rareza, como él mismo reconoce en la Nota final, pues se trata de un rico patrimonio lingüístico geográficamente arrinconado en unos valles pirenaicos que, sin embargo, se encontró con él a una temprana edad dado el conocimiento que tenía de algunas palabras significativas que en realidad pertenecían a la fabla o aragonés común. Nos encontramos, pues, con una antología bilingüe seleccionada y traducida por el propio autor en una bella edición, al cuidado de Lidia López Miguel.

El volumen, que no alberga ninguna cita que coadyuve al lector, se abre con una extensa introducción a modo de prólogo de la escritora Rosa María Rodríguez Magda, que con el elocuente título “La poesía en aragonés de Josep Carles Laínez” hace un recorrido por la trayectoria del poeta, primero centrándose en su tiempo, perteneciente por edad y vocación a la que Douglas Coupland denominó Generación X pero en la que muy pronto destaca por su frenética creatividad en muy diversos ámbitos. La filósofa valenciana abarca desde sus primeras composiciones hasta un estudio en profundidad de su poemario más elaborado, Bel diya, que da título al conjunto. Rosa María Rodríguez Magda explora las innovaciones del escritor del Alto Palancia en la lírica en aragonés común, como el carácter urbano que impregna buena parte de sus versos, en contraste con el ruralismo típico de la Renaxedura, y sobre todo su lenguaje actual, “pleno de referencias internacionales”.

Como podremos observar, el autor centró su producción en los años noventa, en los que se dedicó a rescatar y remozar todo un género en una lengua minoritaria pero de una gran riqueza léxica, una encomiable labor de la que da buena cuenta este libro. Para esta antología Josep Carles Laínez ha escogido cinco poemas de En o gudrón espígol xuto / En el asfalto espliego seco (1991), tres de Fosal de brempas / Cementerio de sombras (1991), siete de Peruigilium veneris (1992), veintiuno de Bel diya / Algún día (1998), y seis de Del tiempo enrunau / Del tiempo sepultado (2000), su último poemario en aragonés hasta la fecha. Dada la importancia que tuvo en su momento la publicación de Bel diya, nos centraremos en analizar esta obra, con la que el autor obtuvo un accésit en la VIII edición del Premio “Ana Abarca de Bolea”.

Con este poemario Laínez engrosa su estilema y alcanza su madurez creativa. Comienza con “Molestias”, una composición de carácter crítico e irónico, que será en adelante el tono dominante, donde adelgaza el verso hasta la mínima unidad de sentido. Del verso de arte menor pasa a los decasílabos y tridecasílabos de “Entreacto”, donde pone el acento en el ritmo frenético de la vida moderna y sus fatales consecuencias. Precisamente será el adiós que inevitablemente prosigue a todo encuentro, el que impregne la mayor parte de los poemas, así sucede en una de sus composiciones más emblemáticas, “Una fotografía”:

Estos rostros que miras ahora con delirio
mañana solo serán fragmento estéril,
la vida que fenece en cualquier zarzal,
el adiós más solitario desde todas las ventanas.

Otro tema recurrente será la soledad, que encontrará su mejor expresión en los versos libres de “París”, “Tiempos de sida” y “Última sesión”, y que de alguna manera empapará la práctica totalidad de los versos. Pero tal vez sea en el poema homónimo, verdadero paradigma y que no por azar se sitúa en el corazón mismo del libro, donde Josep Carles Laínez sintetice los rasgos más distintivos de su peculiar estilo. Lo que no fue, lo que no será y lo que ha pasado son los estadios del amor, “una palabra que nace en la anochecida”, en su ideario, un amor que devendrá en dolor y que será el motivo principal del último tercio del poemario, donde las composiciones se dilatan tanto en el número de sílabas como en el de versos, como si pretendieran atrapar con las palabras ese tiempo que “ya no es el mismo”.

En definitiva, Josep Carles Laínez hace en Algún día un recuento de un período crucial de su producción literaria y que le llevará a la reivindicación de una modalidad lingüística próxima a la desaparición y cuyo conocimiento debe en gran parte a su familia. Un decenio no es poco y este volumen recoge lo más granado de un autor comprometido cuya aportación es merecedora de elogio. Que “el beso que ofrecimos a la nada en los lindes del adiós” no caiga en saco roto.

 
Gregorio Muelas Bermúdez



jueves, 2 de julio de 2020

Mis versos, tu nombre. Matteo Barbato

 
 


Mis versos, tu nombre
Matteo Barbato
Editorial Juglar, 2016
 
 
Mis versos, tu nombre, significativo título que alude a la raíz amorosa del acto poético, es el segundo trabajo de Matteo Barbato, poeta napolitano afincado en Madrid desde hace veinte años. El autor es un destacado miembro de la Unión Nacional de Escritores de España (UNEE), además de un activo colaborador de la revista Proverso.

Publicado tres años después de su debut lírico con Recuerdos, amores y sueños (Art Gerust, 2013), y editado en el n.º 5 de la colección de poesía “Ayla” de Editorial Juglar, que dirige Javier González, el libro contiene varios alicientes, en primer lugar su carácter políglota pues el texto se presenta en cinco idiomas, el original en castellano e italiano, y las traducciones al inglés, francés y alemán, realizadas por Silvia Cuevas-Morales, George-Henry González y Luis Íñigo Paarmann, respectivamente. En segundo lugar, y no menos importante, la obra viene ilustrada en portada e interiores, a modo de portadillas de cada traslación, por Hasbia M. Aomar, pintora y escritora de Melilla afincada en Valencia, que aporta su peculiar estilo pictórico para pincelar aquello que los versos de Matteo Barbato sugieren.

El poemario, que el autor dedica a su hijo, se estructura en ocho secciones, precedidas de un breve prólogo firmado por la radiofonista Blanca Rosa Fernández Moreno, donde cada sección se divide a su vez en tres segmentos de longitud variable de acuerdo con su sentido íntimo. Desde el primer verso Matteo Barbato expone su lógica del amor, donde los amantes se desnudan para combatir el invierno.

Por lo que toca a la forma, el poeta italiano elige el verso libre, con algunos pasajes en prosa, para dar rienda suelta a sus sentimientos, así el autor se identifica con el yo lírico para transmitirnos su anhelo: el amor verdadero, el que libera, aquel capaz de superar la soledad y el silencio, así lo describe en “Reencontrarse”:

Te recuerdo y me duele,
te dejo ir y me llenas de ti,
te dejo volver
y me albergas en tu poesía.

La poesía de Matteo Barbato se debate entre el silencio y el recuerdo, una distancia donde solo la poesía es capaz de conjurar el olvido que “se hace piedra”. Destacan los poemas en prosa donde el autor relata con vivacidad sus pensamientos durante un viaje en metro o un paseo por la Plaza Mayor. Otro aspecto interesante son las citas, donde el poeta manifiesta sus filias, así Leonard Cohen, Vicente Aleixandre, Mario Benedetti y Jaime Sabines completan el sentido de algunas composiciones.

En conclusión, Matteo Barbato nos ofrece un poemario donde es posible apreciar una voluntad de estilo que persigue llenar el vacío con la poesía hecha carne.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



sábado, 13 de junio de 2020

Tiempo vivo. Carlos Alcorta

 
 


Tiempo vivo
Carlos Alcorta
Septentrión Ediciones, 2019
 
 
Como reza el subtítulo de Tiempo vivo, el nuevo poemario de Carlos Alcorta, se trata de un volumen de “haikus y otras formas breves” que hace de esta edición para amigos, con la que Septentrión Ediciones inaugura su colección “Abra del Pas”, un libro atractivo no solo para los amantes de la célebre estrofa japonesa sino también para aquellos que encuentran en la expresión mínima la verdadera esencia de la razón lírica.

Con una cuidada edición, cubierta verjurada con solapas y guardas, el volumen se divide en tres apartados, el primero y principal, donde el poeta de Torrelavega agrupa más de doscientos haikus, que en su inmensa mayoría se ciñen al canon que desde finales de los años cincuenta se impuso en los países de habla hispana, especialmente en España y México; una segunda parte donde tienen cabida esas otras formas breves, desde aforismos a seguidillas, con un amplio arco temático; y por último un texto en prosa a modo de epílogo donde el autor trata de justificar la elección de dichas formas para expresarse.

Como decíamos, Carlos Alcorta decide emplear los dos géneros literarios más de moda en los últimos años y que no se encuentran entre sus predilectos a la hora de crear, como confiesa en la aclaración final, es por ello que lo hace con actitud crítica, reuniendo composiciones dispersas con un criterio ético y estético, que si bien son ortodoxas en la forma no lo son tanto en el fondo pues sus temas se alejan de la naturaleza, fundamental en Japón, para centrarse en los pensamientos y las emociones, donde las inquietudes y los recuerdos del poeta afloran irremediablemente pues el paisaje que describe es interior, donde el tiempo excede la fugacidad del instante para eternizar otros momentos, en los que no faltan las reflexiones sobre el sentido de la poesía.

Podemos hallar, sin embargo, algunas composiciones que nada tienen que enviar al haijin más avezado, veamos un ejemplo:

La niebla ciega
la cumbre del collado.
Lluvia en los párpados.

Pero es en los “haikus” más heterodoxos donde brilla la mirada introspectiva del poeta:

Ola tras ola
olvido mis pesares.
Luego regresan.

Una mirada particular que se intensificará en la segunda parte, donde el autor alcanza un sereno equilibrio entre ingenio y gracia:

El viento que agitaba
tu pelo en la fotografía
sigue soplando en mi memoria.

En conclusión, Carlos Alcorta nos viene a demostrar una vez más su compromiso con la poesía, y en esta ocasión lo hace de una manera especial, sintetizando su estilo en aras de alcanzar el núcleo de la idea, ofreciendo al lector una imagen, un tacto, un sonido, un olor o un sabor familiar para que este la complete con su propia experiencia. Gracias por esta libertad sensitiva.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



miércoles, 27 de mayo de 2020

Ai(m)ée. Florencio Luque

 
 


Ai(m)ée
Florencio Luque
Karima Editora, 2019
 
 
El escritor sevillano Florencio Luque nos ofrece su tercer trabajo literario, tras el poemario Lo que el tiempo nombra (Ediciones En Huida, 2014) y el libro de aforismos El gato y la madeja (Karima Editora, 2018), Ai(m)ée, número 8 de la colección “Aisé” de poesía de Karima Editora, en una bellísima edición al cuidado de Sara Castelar Lorca y con una sugerente ilustración de portada del propio autor, que logra retratar el espíritu que anima el libro y cuya inspiración se recoge en el Prefacio: el caso de Marguerite Anzieu, que en 1931 atacó con un cuchillo a la actriz Huguette Duflos y que fue motivo de estudio del célebre psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Lacan (1901-1981), que le dedicó su tesis doctoral, Acerca de la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad.

El poemario se estructura en tres grandes apartados con títulos significativos que sintetizan el estado de desequilibrio del “objeto” de estudio: “Animal insomne”, “La soledad del vigía” y “Umbral de nada”, con un epílogo, “El yo-piel”, en el que se narra que Didier, hijo de Marguerite, tras convertirse en psicoanalista, decidió abandonar las prácticas lacanianas tras conocer la identidad del “caso Aimée”.

No es baladí que todo el poemario esté jalonado de citas de poetas franceses, como Henri Michaux, que abre el volumen apelando a la condición entomológica del ser humano, “noble insecto”, René Char y Paul Eluard, así como citas de Sigmund Freud, Slavoj Zizek, José Ángel Valente, T.S. Eliot y Chantal Maillard, que nos ayudan a comprender el alcance y significado de la debacle íntima de Marguerite Anzieu.

Imbuido del contexto de la época y con un lenguaje elegante y efectivo, Florencio Luque progresa por sus páginas en poemas sin más título que el número romano que los distingue y ordena y donde trata de descifrar los pensamientos de la protagonista, sumida en un lúcido proceso de autodestrucción que el autor sabe transmutar en palabras, veamos un ejemplo paradigmático:

Sobre la tierra
he abierto mis manos
a la cumbre de todos los silencios.

Acaricié la ebriedad de los frutos
que alienta la desolación.

Solo en las sombras
crecieron alas.

Abundan las palabras que hacen referencia a la oscuridad, al insomnio, a la soledad, tríptico sobre el que se sustenta la mente de Marguerite, que conforme avanza el poemario se va descomponiendo y que el poeta sabe plasmar en su forma, así los versos se adelgazan, las estrofas se desgajan e incluso desaparecen los signos ortográficos de pausas. Florencio Luque consigue expresar de forma coherente “el vértigo del deseo” en el que se sumerge Aimée, nombre con el que Lacan llamaba a su paciente.

Entre auras sonoras, con los temas “Avec le temps” y “Bye, bye, Blackbird”, de Léo Ferré y Mort Dixon, respectivamente, como música de fondo, y sesiones variables, el poeta sevillano despliega las alas de una mente enjaulada en setenta y seis composiciones de oscura belleza y que en ocasiones recuerda a la lírica de Alejandra Pizarnik, otro ser atormentado que encontró en la poesía su punto de fuga. Como ella, Aimée se refugia en el sueño y su quimera para evadirse de una realidad que siente adversa, así invoca a la noche: “Álzate, noche, / álzate sobre mí / cúbreme, / haz que no despierte, / invádeme de todas tus promesas”.

En conclusión, Florencio Luque nos entrega un libro escrito con “el indescifrable alfabeto del aire”, tan original en su fondo como alucinado en su forma y que nos demuestra que del todo a la nada tan solo hay un paso, tan leve e insoportable como la propia esencia del ser humano.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes. Basilio Sánchez

 
 


He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes
Basilio Sánchez
Visor Libros, 2019
 
 
La naturaleza viva de Basilio Sánchez
 
 
Ganador del XXXI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes -uno de los títulos más bellos de la Colección Visor- de Basilio Sánchez (Cáceres, 1958), es un poemario de una gran unidad temática que supone una reconciliación con la esencia del ars poetica: decir a la luz de la lámpara de cobre que ilustra la portada, “de la que se desprenden las palabras”, las pequeñas cosas, tal vez las más importantes, que nos otorga la naturaleza, con un aliento místico de hondo calado que retoma al poeta como ser contemplativo, evocador de un mundo sensorial que sabe captar con humilde maestría.

Basilio Sánchez es un autor con obra y consecuencia, que inició su andadura lírica en 1983 con A este lado del alba, que fue accésit del prestigioso Premio Adonáis, y que tras un largo período de silencio de diez años, retoma con Los bosques interiores (1993) hasta Esperando las noticias del agua (2018). He aquí una obra coherente, jalonada por importantes galardones, como el Premio Unicaja, el Tiflos y el Ricardo Molina, que dan fe de una progresiva depuración estilística.

Dedicado a su mujer y sus hijos, y sin una sola cita que condicione o distraiga al lector, el libro se divide en tres ejes con títulos de una belleza arrobadora: “Hay un olor de agua y de resinas”, “Mi mesa de madera es del tamaño de un nido”, y “El mar ha edificado una iglesia a la salida del sol”, rematados por una “Coda” que alberga la tesis del libro: “Hay en el interior de cada uno / un hombre conmovido / que no nombra las cosas con grandeza / sino con gratitud”. Es esta actitud la que define la obra de madurez del poeta extremeño, pues el aedo es un observador atento que canta “la grandeza sencilla de las cosas”, ese milagro cotidiano que la naturaleza nos ofrece con su luz y sus sombras, y con el misterio que solo el poeta sabe desvelar y donar en sus ahuesadas páginas.

Basilio Sánchez expresa su mensaje con hondura y serenidad: “La poesía no explica ni argumenta, / la poesía solo llama a las cosas.”. Es ese afán por nombrar el que guía su discurso pues diciendo las cosas estas se hacen, como el pintor que pinta a un poeta pues solo así se puede esquilmar “el muro de lo desconocido” para retener el espacio, el paisaje que nos protege y aleja de la muerte.

La poesía de Basilio Sánchez es telúrica, íntima, casi sacra: “Somos hijos de un árbol / al que le falta sólo una manzana”. La aparición de los cuatro elementos es constante: el fulgor de la luz en sus diversas fases horarias, el aire y las nubes que el viento arrastra, el agua tranquila de un acuario o el continuo movimiento del mar, y la presencia inmarcesible de la tierra, elementos que se devanan en los versos con excelsa naturalidad, ese es el prodigio de Basilio Sánchez, saber hilvanar imágenes serenas con otras de gran emotividad.

El silencio y la lentitud también se propalan por los poemas, así dice el poeta: “Amo lo que se hace lentamente, / lo que exige atención, / lo que demanda esfuerzo”. En efecto, Basilio Sánchez conoce que su oficio exige compromiso y tenacidad, hacer arder a las palabras, un quehacer en soledad sabiéndose parte de algo más grande que él, “el agua de una nube” o el “árbol del camino”, solo así podrá prepararse para lo incomprensible.

Basilio Sánchez tiene la virtud de crear imágenes de gran plasticidad donde los aperos del poeta (cuaderno, mesa) se funden con el paisaje o escena que recrea, es admirable su dominio del lenguaje de la flora y la maestría que demuestra en el ejercicio del ritmo imparisílabo, que dota al conjunto del equilibrio necesario para transmitir al lector la vibración interior de las palabras cuando se las sabe juntar.

Pero el libro es, también, una aguda reflexión sobre su medio de expresión, así lo define el poeta: “es una forma / de sentirte tú mismo siendo otro”. En efecto, su objetivo primordial es “asumir la existencia de los otros / como si fuese tuya”. Con esta idea desarrolla sesenta y tres maneras de sentirse vivo, que es el número de composiciones, en buena parte breves, que conforman este poemario lúcido, revelador.

En conclusión, Basilio Sánchez nos ofrenda una poesía sutil que logra sublimar ética y estética y que avanza de lo conocido a lo desconocido en un itinerario iniciático que desde la soledad llama a las puertas del silencio, “el sonido de la página en blanco”, para golpear con las palabras la piedra del papel.
 
Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
 
Reseña publicada en el nº 7 de CRÁTERA Revista de crítica y poesía contemporánea
 
 
 




lunes, 18 de mayo de 2020

La risa loca de los ángeles. Paula Giglio

 
 


La risa loca de los ángeles
Paula Giglio
Ediciones Liliputienses, 2018
 
 
La poeta argentina Paula Giglio obtuvo con La risa loca de los ángeles el “I Premio Centrifugados de poesía joven” en 2018 y el mismo año vio la luz en la colección de poesía del mismo nombre en Ediciones Liliputienses, de mano del incombustible poeta y docente José María Cumbreño, que desde la legendaria y errante isla de San Borondón consigue la cuadratura del círculo gracias a su impagable labor editorial al frente de la entidad cultural extremeña que sostiene una de las editoriales independientes de referencia en nuestro país.

Paula Giglio divide su poemario en dos partes con los siguientes epígrafes: “Correspondencias” y “Bitácora”, cada una introducida por una cita significativa que funciona a modo de tesis, de Joseph Brodsky y Joan Margarit, respectivamente. Les precede unas oportunas notas de Robin Myers sobre estos “poemas con conciencia y dignidad”, veinticinco composiciones sin título y en verso libre donde laten con fuerza dos corazones porteños a través de las palabras escritas con precisión, y es que a pesar de su juventud la poeta de Córdoba demuestra poseer un estilo hecho, propio, cocinado en la lectura y en la observación.

En “Correspondencias”, la autora entabla una conversación fragmentada a través del teléfono y de las cartas que Él le envía desde París, Ella, en Buenos Aires, le extraña y recibe su voz y sus palabras con la misma temperatura “para que nada se rompa” y la promesa de ir. Aquí la poeta entabla un diálogo en la distancia que se plasma en la alineación de los versos sobre la página: a la derecha Él y a la izquierda Ella.

En “Bitácora” la poeta tras cumplir su promesa redacta el cuaderno de un invierno en París, veamos su lúcida apertura: “comprender una ciudad / es adentrarse en sus orificios / y recibir todo lo nuevo / como un oleaje”. En su caminar por la capital francesa confunde sus edificios con los de Buenos Aires pero París suena diferente, más agudo, y su ritmo es más ordenado, y la poeta “ansía volver a casa”. La nostalgia aflora en cada sílaba pero aunque “la materia se cansa de existir”, el espíritu, poblado por ángeles ebrios, no se cansa de reír.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



martes, 21 de abril de 2020

PARAÍSO Revista de Poesía, número 15

 
 
 


PARAÍSO Revista de Poesía, número 15
VV.AA.
Diputación de Jaén, 2019
 
 
PARAÍSO. Revista de poesía, editada por la Diputación de Jaén, alcanza su número 15 en un bellísimo volumen de 192 páginas, con ilustraciones de portada y contraportada y dibujos interiores de Marco Lamoyi, donde combina la representación clásica de las constelaciones con naves espaciales futuristas. Su director, el poeta y crítico literario Juan Carlos Abril, realiza una encomiable labor editorial publicando a muchas de las mejores plumas de nuestro país en sus habituales secciones:

Tres morillas”, con un artículo de Ángelo Nestore sobre la aplicación de los estudios Queer en la disciplina poética; un texto de Javier Helgueta Manso que redacta una aproximación a la “ascestética” de la singular obra lírica del gran poeta argentino Hugo Mujica, y las profundas impresiones de Luis I. Prádanos sobre cómo la crisis ecológica y epistemológica inciden en la extinción de biodiversidad y de diversidad cultural a escala planetaria, de ahí la necesidad de desarrollar una ecocrítica en el ámbito de la cultura española: “Hay que exigir poesía y belleza”.

Poesías completas”, con un amplio estudio de Francisco Díaz de Castro sobre el volumen Acuerdo verbal. Poesía completa (1986-2014) (Visor, 2018) de Benjamín Prado, donde el gran crítico y poeta valenciano realiza un recorrido pormenorizado por las sucesivas etapas del poeta de Las Rozas, desde su opera prima, Un caso sencillo (1986) hasta su libro más reciente, Ya no es tarde (2014).

Bonus track”, con el interesante artículo de Javier Payeras sobre las “hablas” y la poética acumulada de la poesía guatemalteca actual, con especial énfasis en el Festival Octubreazul del año 2000.

Altavoz”, donde Francisco Javier Díez de Revenga realiza una evocación personal de sus aportaciones, con la participación en numerosos encuentros internacionales y la elaboración de textos en diversos y prestigiosos medios de comunicación, al centenario del nacimiento de Miguel Hernández en 2010. Díez de Revenga concluye: “Participar en esta comprobación directa de la universalidad de Miguel Hernández ha sido una de las experiencias personales y profesionales más gratas e inolvidables de toda mi trayectoria académica.”

En la sección central, “Plateado Jaén”, podemos gozar de una selección de poemas de Andrea Bernal, Antonio Lucas, Guillermo López Gallego, José Luis López Bretones, Juan Cobos Wilkins, Ketty Blanco Zaldívar, Mayco Osiris Ruiz, Mónica Doña, Pablo Acevedo y Rosa Berbel.

Paraíso perdido”, es el particular homenaje de la revista a poetas queridos y desaparecidos el año anterior: Pablo García Baena (1921-2018), Nicanor Parra (1914-2018), Claribel Alegría (1924-2018) y Carilda Oliver (1922-2018).

Y por último “Los alimentos”, donde se recogen veinticuatro reseñas sobre otros tantos poemarios, desde Ángulo muerto, de Javier Calderón, hasta Viento del frente, pueblo del sur: Miguel Hernández en Jaén (1937), publicado por el Ayuntamiento de Jaén, veinticuatro libros que se cuentan entre los más interesantes de los dos últimos años, con nombres fundamentales de nuestra poesía actual, como Rafael Courtoisie, Antonio Jiménez Millán, Andrés Navarro, Javier Lostalé, Víctor Rodríguez Núñez, Luis Bagué Quílez, José Luis Puerto, Alejandro Céspedes, Rosa Berbel o Francisco José Martínez Morán. Destacan los estudios de Ser y tiempo. Antología poética, de Emilio Prados, por Antonio Moreno Ayora, y Thule (Antología poética, 1898-1936) de Francisco Villaespesa, por Antonio Lafarque. Entre la nómina de reseñistas vemos nombres fundamentales de nuestra crítica, como Álvaro Salvador, Erika Martínez, Guillermo Morales Sillas, Joaquín Juan Penalva, Antonio Manilla, Idoia Arbillaga, Fruela Fernández, Antonio Moreno Ayora o Verónica Aranda.

Como broche de oro, podemos leer en la contraportada el emblemático “Canto a Andalucía” de Manuel Machado:

Cádiz, salada claridad; Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga cantaora.
Almería dorada.
Plateado Jaén. Huelva, la orilla
de las Tres Carabelas…
y Sevilla.

En definitiva, Paraíso es, desde su nacimiento una de las publicaciones señeras sobre poesía en nuestro país, un goce ético y estético para los amantes del verso inspirado y meditado. Enhorabuena a los que han hecho posible esta edición de coleccionista.
 
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez