sábado, 17 de octubre de 2020

Abecedario imposible. Salomé Chulvi

 


Abecedario imposible

Salomé Chulvi

Olé Libros, 2020


La escritora de Catarroja Salomé Chulvi nos presenta un libro tan sorprendente como estimulante, su título, Abecedario imposible, describe a la perfección el impulso creador de las veintisiete composiciones, tantas como letras tiene el abecedario del español, que integran este volumen editado con primor por Olé Libros, grupo editorial que dirige desde Valencia Toni Alcolea, infatigable activista cultural que desde múltiples frentes espolea la creatividad y el compromiso con las artes escritas.

El libro se abre con un sucinto prólogo del poeta y presidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE) Juan Luis Bedins, que logra pincelar los trazos fundamentales de un libro “difícil de encasillar” y que destaca por su originalidad y singularidad. En efecto, la escritora nos enfrenta al reto de una lectura diferente, que se puede concebir tanto como prosa, por su forma, la sucesión ininterrumpida de palabras “con sentido”, un sentido, como veremos, que va más allá de la pura aliteración; o como verso, por su fondo, de donde es posible extraer un ritmo marcado por los signos de puntuación, que como un gong producen múltiples tonos acústicos, donde cada palabra se hilvana con la posterior y la precedente buscando, y hallando, un nuevo significado, y donde es posible discernir un orden armónico, lejos del fácil automatismo.

He aquí, pues, un libro redactado en tautogramas, es decir, textos cuyas palabras comienzan todas por la misma letra, un juego a priori complejo pero que demuestra el carácter inconformista de su autora y un ingenio poco común, tanto como para crear un género nuevo, híbrido, y sin embargo, autoconclusivo, por lo que tiene de irrepetible.

Entre los diversos temas que podemos rastrear a través de este ecléctico abecedario destaca la crítica social, así denuncia Salomé Chulvi la política cainita, la estratificación y la violencia doméstica: “Inés idolatraba idiotas, idealizándolos”, “jerarquizados jornaleros jíbaros”, “Mi marido me mata”.

Reproduzco dos fragmentos, de la R y la X, para ejemplarizar lo que he venido comentando:

Ramón rescataba recuerdos, rentablemente. Reactivaba registros: regresiones. Rejuvenecía regañinas remotas, recetas reconstituyentes, raigambres, relaciones rotas.

Xavier xilografiaba xilófonos. Xano xerografiaba xerófilos. Xavier-Xano: X. Xilófaga xenofobia.

El volumen, además, se presenta con un gran atractivo que lo convierten en un objeto hermoso, apetecible: su bello grafismo. Las ilustraciones de Kolo, de un expresionismo marcado por la preferencia de líneas rectas y el uso del blanco y el negro, con su infinita gama de grises, que el dibujante emplea en todas y cada una de las escenas que ilustra, una por cada letra de este abecedario imposible que un malabarista arlequín, trasunto de la autora, voltea en el aire con voluntad de equilibrio. Con la misma destreza y habilidad Salomé Chulvi nos mantiene en vilo durante todas las páginas de este libro único.


Gregorio Muelas Bermúdez


miércoles, 7 de octubre de 2020

Ocho sonetos fúnebres. Luis López Suárez




Ocho sonetos fúnebres

Luis López Suárez

Cuadernos "Heracles y nosotros", Gijón, 2020

 

Cuadernos “Heracles y nosotros” publica su n.º 30, Ocho sonetos fúnebres, del poeta ovetense Luis López Suárez. La célebre colección de poesía con sede en Gijón se ha ganado un justo prestigio gracias a sus dos denominadores comunes, la calidad y la elegancia. En cuanto al primero no hay más que ver su esmerado catálogo, con nombres como los de Jaime Priede, Jordi Doce, Miguel Floriano o Sandra Sánchez, por citar algunos con los que uno mantiene trato y tiene cierta afinidad. Por lo que toca al segundo, sus ediciones no venales en papel y cartulina verjurado, numeradas y firmadas por sus autores son una auténtica delicia, un auténtico dechado de sencillez.


La plaquette viene ilustrada por tres sugerentes infografías de Luis Rodríguez-Vigil, ubicadas al principio, mitad y final del escrito, que en contra del título del conjunto se compone de diez sonetos, pues a los ocho citados en la portada hay que sumar los que actúan como prólogo y epílogo.


El cuaderno se inaugura con una significativa cita del Cantar de los Cantares, que emparenta la fortaleza del amor con la de la Muerte, de este modo se nos introduce en la materia de los versos pues ambos serán los motivos principales de los sonetos aquí reunidos. Sonetos de factura impecable, de un excelso clasicismo que funciona como un preciso mecanismo de relojería, de este modo a la fría concepción de la forma, de acuerdo con el canon en cuanto a longitud de los versos, endecasílabos, rima, consonante, y ritmo, en sexta, “mármol lunar”, se añade el fondo pasional de sus cuartetos y tercetos, “luz solar”, y juntos amalgaman esa suerte de pugna entre el dolor por la pérdida y la esperanza del reencuentro, una pugna que el tiempo pergeña a nuestro paso, demasiado breve, por la vida.


Porque “la tierra es leve” y, en cambio, “el tiempo pesa”, Luis López Suárez firma estos cantos al amor ausente, ese que no puede recordar sin dolerse y al que no puede nombrar porque el silencio le vence, con la palabra viva, escrita, esa que alivia y que como memoria resiste, pues aunque al final “sueño y muerte son lo mismo”, no hay mejor manera de volver atrás “las albas, los ocasos” que compartir el dolor bellamente.

 

 Gregorio Muelas Bermúdez


 

 

 

 

 

domingo, 20 de septiembre de 2020

Corteza de abedul. Antonio Cabrera

 
 
 
 
Corteza de abedul
 Antonio Cabrera
 Tusquets Editores, Barcelona, 2016
 
 

El «manotazo duro» de la muerte ha querido que Corteza de abedul sea el testamento lírico de Antonio Cabrera (Medina Sidonia, Cádiz, 1958 – Valencia, 2019), un poemario que supone una indagación lúcida y serena en la dimensión metafísica de la naturaleza. Publicado en la prestigiosa colección “Nuevos textos sagrados” de Tusquets Editores y con una bellísima ilustración de cubierta de José Saborit, que recrea un tronco de abedul, realizada expresamente para esta edición por el artista valenciano para su amigo, este libro es, precisamente, un homenaje a la amistad, así muchos poemas están dedicados a personas que acompañaron al poeta en su itinerario, como Josep M. Rodríguez -antólogo de Cabrera en Montaña al sudoeste (Renacimiento, 2014)-, Rafa Correcher, Susana Benet, Lola Mascarell, Teresa Garbí, Andrés Navarro, Juan Vicente Piqueras, Fernando Delgado, sus hermanos de letras Carlos Marzal y Vicente Gallego, su mentor Francisco Brines o el desaparecido José Luis Parra, entre otros. Y es que Antonio Cabrera, gaditano de nacimiento y valenciano de respiración y de escenario vital, como a él mismo le gustaba decir, fue ante todo un gran hombre y es justamente esa dimensión humana la que impera en sus versos. Dos dimensiones que conviven en secreta armonía y que el poeta ha sabido expresar en equilibradas composiciones de ritmo imparisílabo.


Galardonado con el Premio de la Crítica Literaria Valenciana 2017, que concede CLAVE (Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios), el poemario se abre con dos citas altamente significativas, de Théophile Gautier y Rafael Cadenas, que ponen el acento en la existencia de aquello que nos rodea, el mundo exterior habitado por flores, pájaros y nubes, estos serán, precisamente, los motivos principales del libro, como en el poema inaugural que da título al conjunto, donde confronta «un poco de corteza de abedul» que «está muerta» con la mano viva que se le acerca, «lo contrario a mí».


Todo el poemario, que se organiza como un continuo armónico, como la naturaleza que recrea, sin división interna en partes que condicione la comprensión del lector, es un tributo a la flora y a la fauna que dan sentido a nuestra existencia, al alrededor que nos hace, he aquí, pues, una aguda reflexión sobre la necesidad de pararse a contemplar el mundo lejos del mundanal ruido y del ritmo de vida frenético de las grandes urbes. Solo así el sujeto que contempla logra insertarse en el entorno para meditar sobre el sentido de su existencia.


Una palmera solitaria, unas aves marinas, el sol otoñal de octubre, unos albaricoques en la loza blanca de un plato, cantos rodados, piedras y guijarros, «los brotes nuevos de las moreras», una sabina, el «ejemplar pulido» de una mantis religiosa, el rumor de la lluvia, los lirios amarillos, el muro de un bancal, un cielo nublado, el recuerdo de unas hojas de arce que «imperturbables difunden su razón», una plaza desierta, un merendero, un granado en flor, la visita al maestro Brines en la mítica Elca, «la casa escrita» y «la casa real», son los motivos hacedores del verso, en un ejercicio que desde el afuera se dirige hacia el adentro del poeta -«primero se ve el haz, luego el envés»-, que mira y piensa con la sobriedad y la precisión de un asceta.


Destaca el poema en cinco movimientos “Cota Alta”, en el Pico Salada, Abejuela, Teruel: “Panorama”, “Interludio: la collalba”, “Cumulonimbo”, “Interludio: el buitre” y “Flores diminutas”, una sinfonía para los sentidos, desde una «nube imparable» al «suelo firme». Otros paisajes completan su senda: el Alto Tajo, la playa de Bolonia, en Cádiz, y la Sierra de Espadán, en Castellón, lugares donde los pasos dejaron huella en su memoria.


En conclusión, en Corteza de abedul Antonio Cabrera mira de cerca a las cosas pero con el respeto que éstas merecen, así, testigo, «ser inaccesible», celebra un mundo al que pertenece pero que sabe que no le pertenece, con esa humildad logra el poeta ahondar en él, sentirse parte diminuta de algo más grande, donde colores, aromas, sonidos y texturas envuelven una conciencia que piensa, he aquí una filosofía que emana de «la evidencia» y que «cede ante la arbórea eternidad».

 

 Gregorio Muelas Bermúdez

 

Reseña publicada en el Número 16 de PARAÍSO Revista de poesía.

 

 

 

 

 

 


domingo, 2 de agosto de 2020

Blas Muñoz Pizarro: Del olvido a la luz

 
 


Artículo publicado en Dossier de poesía española
Núm. 2 de EXÉGESIS (Otoño 2018 - Primavera 2019).
Revista de la Universidad de Puerto Rico en Humacao.
 
 

Blas Muñoz Pizarro:
Del olvido a la luz



Por Gregorio Muelas Bermúdez



Blas Muñoz Pizarro (Valencia, 1943) es uno de los poetas más destacados y laureados de las letras españolas, numerosos premios jalonan su obra, que se inició en 1971 con una primera etapa de creación, que abarca hasta 1981 con la publicación de Naufragio de Narciso, luego permanece en silencio durante cinco lustros, un largo período dedicado a la reflexión e introspección, hasta que en 2007 finaliza La mirada de Jano, que mereció el prestigioso Premio de Poesía “Paco Mollá” 2008, y que le devuelve a la primera plana. Desde entonces no ha dejado de cosechar galardones, algunos tan importantes como el Premio Miguel Labordeta 2010 del Gobierno de Aragón por La herida de los días, que además obtuvo en 2012 el Premio de la Crítica Literaria Valenciana, que concede la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (C.L.A.V.E.); el Premio “Ernestina de Champourcín” 2010 concedido por la Diputación Foral de Álava por Viva ausencia; el Premio del XXVIII Certamen Poético “Ángel Martínez Baigorri” 2011, convocado por el Exmo. Ayuntamiento de Lodosa (Navarra), por La mano pensativa; y el Premio “Flor de Jara” de Poesía 2012 otorgado por la Institución Cultural “El Brocense” de la Diputación Provincial de Cáceres por En la desposesión, que supone un punto de inflexión en la obra del autor, que con este libro inicia un ejercicio metalingüístico donde explora nuevos cauces de expresión.

Nos hallamos, pues, frente a una obra influyente y extensa, caracterizada por un gran rigor técnico y estético y un estilo muy depurado, que alcanza su cenit en 2015 con la edición de De la luz al olvido. Antología personal (1960-2013), publicada por Ediciones Vitruvio. Un elegante volumen de 250 páginas, con un extenso y documentado prólogo de Sergio Arlandis, donde el poeta valenciano reúne lo más granado de su obra poética, desde los inéditos rescatados de sus primeros poemas, escritos entre 1960 y 1965, hasta una amplia muestra de su más reciente trabajo inédito, El paso de la luz.


La herida de los días

Blas Muñoz Pizarro demuestra un impecable dominio del endecasílabo en este conjunto de veintinueve sonetos blancos, sin rima consonante, donde alcanza altas cotas de percepción de la realidad poemática. El bellísimo título sintetiza la loable aspiración del autor de plasmar cómo el ineluctable paso del tiempo, siempre en fuga, acrecienta la herida por dónde el olvido se apropia de la memoria necesaria.

El libro se inaugura con un “Pórtico” a modo de prefacio, que nos habla de la inveterada condición del héroe, ser abocado a avanzar en silencio bajo la mirada admonitoria de aquellos que le amaron, testigos mudos del sacrificio que se le exige y que no admite el fracaso. El poemario se clausura con un poema, “Mi óbolo”, como dádiva que el hombre entrega en agradecimiento por su paso, breve, por la vida.

Estructurado en forma de diario, Blas Muñoz Pizarro nos conduce de la mano a través de un inquietante viaje iniciático por un mundo constantemente amenazado por la nada. La luz que recién nacida ya vislumbra su postrer apagamiento, el dolor que agrieta el alma con la irrevocable ausencia de seres que aún transitan por la memoria, la ceniza como residuo fúnebre de aquello que antes rebosaba de vida, pero también celebración de ésta última, por tanto himno tamizado de elegía. Nos hallamos, pues, ante una poesía de corte metafísico que trata de hallar certezas desbrozando el todo de la nada.

Elegancia e inteligencia definen el estilo de un poeta capaz de describir el mundo de un modo auténtico y personal. Solo la experiencia del poeta es capaz de rescatar pasajes acerados en la memoria. El tiempo hiere y marca cicatrices en el alma sensible del poeta, que revive ciertos momentos al contactar de nuevo con aquellos lugares donde el recuerdo se ha obstinado en permanecer más allá de la conciencia y que como la magdalena proustiana, solo espera la circunstancia idónea para manifestarse, así en “Día de Reyes” una fecha le devuelve un episodio de infancia enmarcado tras una ventana, como un cuadro de nostalgia; o en “1950 (por ejemplo)” donde la mirada del poeta arroja luz sobre las sombras que habitan en la antigua casa familiar.

La creación poética también ocupa un lugar importante en composiciones tan memorables como “Otro fulgor”, “Poética (o no)”, “Razón de ser”, “Este oficio de penumbras”, o el emotivo “Un libro dedicado (1974)”, que evoca la figura y el magisterio del gran poeta alicantino Juan Gil-Albert.

En definitiva, “esta suma de restos, o de restas” que es la poesía de Blas Muñoz Pizarro es capaz, merced a la sabiduría y el instrumento de la bella palabra, de avivar las cenizas, de recomponer un mundo interior erosionado por el paso implacable de los días.


En la desposesión

En En la desposesión, Blas Muñoz Pizarro prescinde de las estructuras clásicas que venía cultivando en anteriores trabajos para ahondar en una forma novedosa donde cada palabra adquiere un peso específico, ocupando un espacio en el poema que resulta esencial para su significado. El lenguaje también se ve sometido a un ejercicio de despojamiento de toda retórica en el afán del poeta por encontrar la palabra exacta, aquella que albergue el máximo sentido, para ello Blas Muñoz recurre en ocasiones a cultismos y arcaísmos de una belleza contundente: alcuza, decalógico, nidal, turbión, esquinza, hialino, parusía, celajes, barda, sólita, coadjutor, nadir...

El poemario se abre con una emotiva dedicatoria al amigo desaparecido José Luis Parra, “que creyó en este libro”, y le sigue una significativa cita de José Ángel Valente, con quien comparte cierta voluntad de fondo y cuya influencia se deja sentir a lo largo de todo el poemario (“cuando ardían / las palabras de la tribu / alrededor de nuestras frentes”), que nos invita a trasminar la estrecha linde donde la luz y la oscuridad se imbrican tersamente. Los versos de Blas Muñoz se forjan en el yunque de la palabra contenida, un ejercicio que obra a favor de un sentir profundo que se reparte en cuarenta y tres cantos de ritmo imparisílabo, divididos en tres grandes secciones sin más título que su correspondiente número cardinal, una estructura que tiene mucho que ver con el sentido global del libro, que tiende a una suerte de minimalismo que lo aproxima a la denominada “poesía del silencio”. Un exigente trabajo de condensación que, sin embargo, consigue soslayar el hermetismo característico de este tipo de poesía por la capacidad de Blas Muñoz para generar imágenes de gran plasticidad.

En el límite herido de la luz
empieza el canto.

Así comienza un poemario que reflexiona sobre temas que tocan a la condición del hombre en cuanto a ser sensible que se cuestiona su sentido, su estar en el mundo. Son frecuentes los vocablos que denotan un interés metafísico y que gracias a un ritmo deslumbrante le permiten alcanzar una cima lírica. Las citas de Luis Rosales y Carlos Marzal, que introducen la segunda y tercera parte respectivamente, ahondan en el sentido de un poemario tan coherente como heterogéneo donde Blas Muñoz templa su pluma sobre tres grandes temas: la desposesión del lenguaje, “los signos / de la desolación / de la mano que escribe”; la desposesión de la vida, “entre sueños y olvidos”; y la desposesión del ser, “la ceguera implacable / que en su luz nos oculta”. Blas Muñoz ordena su discurso del lenguaje a la nada, del tiempo de la escritura al “tiempo endurecido” del silencio, un mensaje que cierra a modo de tesis:

Y en la desposesión
dueño soy
de una ausencia.

En conclusión, nos encontramos con un poemario en el que Blas Muñoz Pizarro revisa su estilo en aras de conseguir, si cabe, una mayor densidad expresiva. He aquí un libro con un alto poder sugeridor que por su alcance y hondura merece figurar entre las grandes obras del decenio.



lunes, 27 de julio de 2020

Zoologías. Miguel Ángel Real

 
 


Zoologías
Miguel Ángel Real
Ediciones En Huida, 2019
 
 
Miguel Ángel Real, escritor, traductor y poeta afincado en Quimper, Bretaña (Francia), donde trabaja desde 1991 como catedrático de español en el Lycée de Cornouaille, publica su primer poemario, Zoologías, en la Colección Extravaganza de Ediciones En Huida. Sin embargo, el vallisoletano no es un autor novel pues viene publicando poemas y reseñas en prestigiosas revistas, como Crátera, Letralia, El coloquio de los perros o Le Capital des Mots, además de dirigir la sección bilingüe “Le Piranha Transocéanique” en la revista mexicana La Piraña, donde realiza una impagable labor de traducción, dando a conocer a una pléyade de autores españoles en su lengua de adopción.

Con una sugerente ilustración de portada de Emma Real Molina, que parece representar a uno de los pulpos protagonistas del primer poema, que no desesperan “hasta que sienten el agua / hirviente de la cazuela”, se presenta esta sencilla edición que se abre con una cita en francés de André Breton y Philippe Soupault, que incide en el carácter animal del hombre industrializado.

El pequeño volumen está integrado por cuarenta y tres composiciones de ritmo libre, en su mayoría breves, y sin división interna en partes, Miguel Ángel Real no necesita seccionar su discurso pues que este se sucede de forma natural gracias a su unidad temática y un peculiar estilo desnudo, que palabra sobre palabra se expresa sin grandes artificios y que parece comulgar con la filosofía lírica del gran José Hierro, pues como el poeta madrileño opta por expresarse de forma sencilla pero imbuyendo sus versos de un contexto metafórico. Un recurso del que se hace eco el título, no podría rotular mejor su autor el libro, en efecto será la variada fauna humana la que lata con fuerza en su fondo. El camaleón, las orugas, las cochinillas, las cigüeñas, los erizos, los zopilotes o los gusanos serán la excusa perfecta para dilapidar ciertos aspectos inherentes a la condición humana, y lo hará con una ironía digna de encomio, veamos un magnífico ejemplo:

Dicen que el ruido de las termitas
que devoran con tesón y secreto
las vigas de una casa abandonada
es comparable con el que crean las pesadillas
al frotarse contra las almohadas.
Pero cualquier cosa
antes que este silencio.

Pero la propuesta de Miguel Ángel Real va más allá, así no faltan las composiciones que por su forma o espíritu nos recuerdan a otras harto célebres, como el haiku:

Se alejan los estorninos
de un árbol torvo
que no soporta sus filigranas.

O la greguería:

Lo que hacemos con las ostras
es allanamiento de morada.

Pero fiel a su discurso, Miguel Ángel Real se desvía de la senda trazada en su día por Matsuo Bashô o Ramón Gómez de la Serna para seguir la suya propia en una línea crítica que pone en solfa algunos de los mayores defectos de nuestra especie: la servidumbre, la hipocresía o la cobardía, todos ellos derivados por el temor irracional de una mente racional, acostumbrada a doblegar sus impulsos primarios, frente a la nobleza inmanente de los animales.

Pero será en aquellos poemas donde el autor reescribe algún pasaje significativo de su vida donde se dejará sentir su verdadero pulso, allí donde una anécdota personal es capaz de conectar con la mirada y el sentir del otro, y es que aquel que trascienda el blanco de la cubierta para inmersionar en sus páginas emergerá letraherido.

En conclusión, Miguel Ángel Real nos plantea una interesante diálogo entre el instinto animal y la razón humana, una suerte de parataxis que se alimenta de la pura observación y ante todo de una gran capacidad analítica, que le permite poner el acento en los aspectos cotidianos de nuestra sensibilidad y que él reproduce de manera elegante y sincera pues para Miguel Ángel Real la poesía es su forma de decir la verdad en toda su pureza.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



viernes, 24 de julio de 2020

La mirada deshabitada. Amparo Santana Marí

 
 


La mirada deshabitada
Amparo Santana Marí
Araña editorial, 2019
 
 
La poeta valenciana Amparo Santana Marí irrumpió con fuerza en el panorama lírico nacional en 2014 con la obtención del prestigioso premio “Gerargo Diego” de la Excm. Diputación de Soria por su primer poemario, Línea Helicoidal (2015). Antes y después ha participado en numerosas antologías, como Polimnia (2003-2013), 10 años de poesía en la Universidad Politécnica de Valencia, Un viejo estanque (2014), Miradas para compartir la luz (2016), Ártemis II (2017) y Antología de Poesía de Escritoras del Mediterráneo (2018).

También ha participado en algunos talleres de poesía, con maestros de la talla de Elena Escribano, Andrés Navarro, Laura Giordani y Antonio Méndez Rubio, es precisamente este último el que pone palabras a la contraportada de su nuevo poemario, La mirada deshabitada, publicada por Araña editorial, que dirige Julia De la Rúa, en su Colección la bella araña. Antonio Méndez Rubio nos da la clave: “Los poemas llevan el daño a las palabras, entran en el mundo como cuchillos”, un dictamen que se refrenda en el poema “Ser en la oscuridad”, significativo rótulo que inaugura la primera de las dos partes en las que se divide el conjunto, así dice Amparo Santana: “La maldición del poeta: / tentar en la oscuridad / la búsqueda de una voz.” En efecto, rasgar la negra oscuridad para arrancar a las palabras del silencio y dañarlas para que hablen con su propia voz sobre la página en blanco, solo así podrán decir con exactitud su nombre verdadero. No es extraño que Juan Ramón Jiménez sea el autor citado para abrir esta parte, titulada “Una poética” e integrada por otros dos poemas que subrayan la misma aspiración: “¿Cómo nombrar el daño?”.

Si la primera parte incide en la veta metapoética, la segunda, que lleva por título “Insomnios” y que está integrada por las treinta y nueve composiciones restantes, reproducen las preocupaciones de índole metafísica de su autora. Una cita de José Luis Falcó da paso al poema que da título a todo el conjunto y que en su primera estrofa recoge la tesis del libro: “¿Habéis sentido / la extrañeza del ser? / ¿De ver el mundo lejos, / mirándote?”, dos preguntas retóricas donde expresa el temor a la extrañeza que produce esa mirada enajenada.

Con un discurso mayoritariamente imparisílabo, Amparo Santana va ensartando las cuentas de la vida, desde la tristeza y la nostalgia hasta el sueño y la esperanza, con una voluntad de crítica social que se hace palpable en multitud de versos, veamos algunos ejemplos. En “Brokers” dice: “Los políticos se parapetan / en sus ministerios”; y en “Otra vez el mar” señala: “El mar es una tumba / de náufragos...”. La poeta busca “lugares que rediman”, formas para “salir de un mundo encorsetado”, en definitiva “un lugar donde perderse” para eludir el mal que amenaza con tocarnos y cambiarnos para siempre. De ahí que la poesía sea esa manera de no saberse solo, de combatir la amnesia para existir, aunque la duda marque el camino y nos confunda.

En su devenir la poeta señala dicho camino con algunos hitos culturalistas, de la música al cine, desde la célebre canción “I´m the Walrus” de The Beatles a la obra maestra futurista de Ridley Scott, Blade Runner, pasando por la recreación de la noche de los monstruos en Villa Diodati, en Suiza, a orillas del lago Lemán, en “1816”, que alumbró a Franskenstein y El vampiro de la mano de Mary Shelley y John William Polidori, respectivamente. Así también Amparo Santana parece convocar a sus monstruos interiores para redimirse y atrapar la luz que se escapa “cuando todo prometía”.
 
 
Gregorio Muelas Bermúdez



lunes, 20 de julio de 2020

Vicios ocultos. Alfonso Brezmes

 
 


Vicios ocultos
Alfonso Brezmes
Editorial Leviatán, Buenos Aires, 2020
 
 
Alfonso Brezmes publica su quinto poemario, Vicios ocultos, en la Colección Poesía Mayor de la Editorial Leviatán con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con esta afán “exhibicionista” se presenta el poeta madrileño ante el lector argentino, en adelante “voyeur”.

Alfonso Brezmes es un poeta con obra y consecuencia, sus anteriores títulos, La noche tatuada (2013), Don de lenguas (2015) y Ultramor (2017), publicados en la prestigiosa editorial Renacimiento, y sus antologías, vertidas al italiano y al inglés, avalan a un autor con un estilo bien hecho, madurado a fuego lento en el ejercicio y la lectura de sus poetas preferidos: “Borges y Pizarnik, Eliot y Juarroz / y algunos versos de Cernuda”, públicas virtudes que en el poemario que nos ocupa adoptan un tono irónico, a priori menos grave, pero que en realidad suponen una nueva cota lírica, veamos por qué.

Alfonso Brezmes demuestra poseer un sentido del humor fuera de lo común, un humor inteligente que dirigiéndose a sí mismo no duda en girar el “espejito mágico” para contemplar de modo crítico su alrededor, un humor que se pone de relieve desde las primeras palabras del libro, en la autodedicatoria en la que se agradece “escapar de él de vez en cuando”. A continuación, el autor coloca dos citas harto significativas: el artículo 1474 del Código civil español, cuyo contenido le sugiere el título, y dos versos de la poeta italiana Alda Merini, que apelan a la prudencia y la virtud de permanecer en silencio en determinadas situaciones.

Alfonso Brezmes estructura el volumen en cinco partes cuyos epígrafes sintetizan la tesis que expresan los poemas que las componen, a saber: “Examen de conciencia”, “Dolor de los pecados”, “Propósito de enmienda”, “Confesión de los pecados” y “Cumplir la penitencia”, todas ellas integradas por el mismo número de poemas, diez, una medida simetría que contrasta con la libertad de los versos, que, no obstante, se ensartan con la precisión de la palabra exacta. No es baladí que se impongan los poemas cortos pues el autor prescinde de lo alimenticio para quedarse con lo justo y necesario, de ahí que opte por un lenguaje sencillo, cincelado a golpe de tachón, paradójicamente no hay proceso más complejo.

Alfonso Brezmes abre el libro con el poema “Si así os parece”, que actúa a modo de prefacio y que ejerce de auténtica poética, así dice: “vine para robar las manecillas / a los relojes de pared y dejar / la marca indeleble de un zarpazo / en la frágil memoria de la gente”. He aquí su voluntad de dejar huella en un mundo donde la música en muchas ocasiones se escucha demasiado baja, apenas como un sonido de fondo, soterrada por el ruido circundante. Sobre la dificultad de hacerse oír y el papel y la necesidad de la poesía versarán muchas de las composiciones, como en “Le regret du poéte”:

Yo, que nunca fui
aquel en cuyos brazos fallecías,
siempre seré
aquel en cuyos versos sobrevives.

Alfonso Brezmes es un músico y lo demuestra en cada una de sus composiciones, ninguna tiene desperdicio, empezando por los títulos, tan ingeniosos como elocuentes, veamos unos cuantos: “Paraíso en obras”, “Cosmoagonía”, “Épica de bolsillo”…, otros son un claro homenaje al autor al que aluden: “Belleza cruel”, a Ángela Figuera Aymerich; “Rayuela”, a Julio Cortázar; “Rilkeana”, a Rainer Maria Rilke. En todos el poeta se interroga sobre el germen y propósito de su medio de expresión en una suerte de metapoesía cuyo punto de referencia siempre es el yo lírico, que aspira así al autoconocimiento, un proceso donde sigue la senda marcada por Saint John Perse o Miguel d’Ors.

El cine es otro de los referentes del poeta, así varios títulos aluden a filmes concretos, como “Lost in Translation”, de Sofia Coppola, “Fallen Angels”, de Wong Kar-Wai, o “Perdición, de Billy Wilder, en otros, en cambio, una película es el detonante del poema, así sucede en “Solo las brujas malas son feas”, donde toma como punto de partida el clásico de Victor Fleming para identificarse con el hombre de hojalata.

Para concluir, existen dos poemas donde Alfonso Brezmes encuentra la quintaesencia de su voz: “Reproche a Alfonso Brezmes”, y el que clausura el volumen, “El poeta siente celos de sus versos”. En el primero ejerce la autocrítica en los siguientes términos: “elegiste ser yo, / este mal remedo / de otro poeta cascarrabias, / que encima escribe / mucho mejor que tú”, donde el humor, de una agudeza que tiende al negro, es el verdadero sentido que vehicula el discurso del libro. En el último critica con ingenio ese pecado social que irremediablemente, y por fortuna, le conduce a ser “yo mismo” una y otra vez:

Y no ha de escribir nada más,
para que aquellos no logren
hacerse fuertes allí
en donde aquel solo sueña.

 
 
Gregorio Muelas Bermúdez